Azímut

24 de septiembre de 2017
“Ejercitan estos viajes la paciencia, borran todo rastro de egoísmo, enseñan a elegir por uno ...
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Diccionario de Nueva York

ALFONSO ARMADA

Editorial: PENINSULA
Lugar: ESPAÑA
Año: 0
Páginas: 408
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda

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No hay como pasar una temporada larga en una ciudad para empezar a cavar en su subsuelo olvidando que no podemos ser transeúntes, sino parte de ella misma. Si además posees una mirada afinada y curiosa y tienes la dicha de que te interesa casi todo acabas por poner orden en lo imprescindible. Por eso este diccionario, porque Alfonso Armada es de los que poseen una  mirada panorámica sobre la realidad de los lugares en su vínculo con la creación y así podemos imaginar esta relación de temas, personajes y lugares como una cartografía siempre renovada de la ciudad más cosmopolita del mundo.
Noticias en la Línea
  • Literatura de viajes: escritoras viajeras

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    El Club de Lectura 'Una habitación propia', promovido por la concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Avilés, dedica su próximo ciclo a la literatura de viajes, con obras de las escritoras Martha Gellhorn (11 de septiembre), Vita Sackville-West (9 de octubre), Brigitte Reimann (13 de noviembre) y Ella Maillart (11 de diciembre), de quien se leerá El camino cruel. Las tertulias se desarrollarán a las 17.30 horas en el centro de Documentación de Mujeres, ubicado en la calle Fernando ...[Leer más]

  • Emilia. Mujeres que se atreven

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    Doña Emilia Pardo Bazán era una mujer fuerte, inteligente y extraordinariamente divertida, además de una viajera impar que dejó testimonio de sus experiencias nómadas en varios libros —Mi romería (Recuerdos de viaje) (1888), Al pie de la torre Eiffel (1889), Por Francia y por Alemania (1889), Por la España pintoresca (1896), Cuarenta días en la Exposición (1900), Por la Europa católica (1902)...—. La escritora que  trató de ingresar sin éxito en la Real Academia de la ...[Leer más]

  • Universo Fang

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    El bosque es la fuente de recursos principal de los fang. De él extraen alimentos, madera, materias primas para la cestería y la ropa, remedios naturales para curar enfermedades, amuletos... En el bosque también nacen las leyendas que configuran la tradición oral de los fang. Y en el bosque encontraba la inspiración el escultor ecuatoguineano Fernando Nguema, a quien el Museo Nacional de Antropología le dedica hasta el 15 de octubre una exposición. “…Para buscar las maderas hay que ...[Leer más]

  • Montañas, entre el cielo y la tierra

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    Desde tiempos remotos, la montaña ha supuesto un reto físico para los seres humanos, pero también un terreno para la comprensión, pues flora, fauna, geología, geografía, climatología y otras ramas del saber tienen su expresión en estos reductos de la naturaleza, que fueron habitados por monstruos y dioses hasta que el alpinismo las conquistó. El Museo burgalés de la Evolución Humana explora todas las caras de estas eminencias topográficas con una exposición formada por más de ...[Leer más]

  • La naturaleza de las cosas

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    Chema Madoz.Con la misma mirada reposada con la que Chema Madoz retrata el fuego, el aire, las plantas... hay que ir a ver su última exposición fotográfica: unas cuarenta imágenes que nacen de la contemplación y que se exhiben durante el verano en la Escuela de Arte José María Cruz Novillo (Cuenca).

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El paisaje vacío

La Torá, la Biblia y el Corán, son literatura del desierto; como los libros de Theodor Monod y Paul Bowles, como los westerns y como ‘El gran vacío amarillo’, una novela escrita por Silvia Andrés y Rafael Manrique, quienes demuestran conocer a la perfección el desierto (si es que eso, en el caso del Sahara, es posible…).

10 de julio de 2017

Hablemos, pues, de la literatura del desierto. Unos pocos cuentos de Paul Bowles y los diarios de Theodor Monod bastarían para crear un género. Paul Bowles disputa a cualquier escritor del siglo XX el título de mejor autor de relatos cortos. Al margen de la excelente El cielo protector, que ya es en sí misma un subgénero. En cuanto a Monod, piadoso, un hombre que busca en el desierto el espíritu del bien humano, sobre todo en los lugares donde el desierto es más puro, que es tanto como decir donde más vacío de vida se halla, crea unos textos portentosos en los que la ecología se mezcla con la intriga religiosa. Sus paseos por las dunas armado del Nuevo Testamento crean, también, un subgénero de la escritura. Pero existen otras obras que, casi sin quererlo, toman como referente el desierto. Por ejemplo, las fronterizas. Allí donde no hay leyes, donde la frontera, en lugar de una línea, es un espacio que se extiende más allá del horizonte; los westerns más puros son también, a su modo, literatura del desierto; la trilogía de la frontera, de Cormac MacCarthy, podría entrar en este equipo. Como entraría algún testimonio de viajes: El solitario del desierto, de Edward Abbey, por ejemplo, o la obra de Ladislaus Almazy. Con todo ello, se podría hablar de un género narrativo a la altura de la literatura del mar.

Lybia

Pero no nos confundamos. La literatura del desierto es, en realidad, el germen de toda la literatura y de muchas cosas más: la Torá, la Biblia, el Corán, son literatura del desierto. Las tres grandes religiones monoteístas nacieron en el desierto y, a fecha de hoy, todavía los arqueólogos e historiadores, al margen de los especialistas en interpretar textos o los teólogos, buscan manuscritos y orígenes de la literatura del desierto, que es la raíz de nuestras raíces. El mérito del libro que nos trae a colación es reconocerlo. El gran vacío amarillo, obra a cuatro manos de Silvia Andrés y Rafael Manrique, es una novela que intenta abarcar todas las versiones de la literatura del desierto. De ahí que los personajes necesiten tener una cara oculta durante casi la mitad del libro, la que narra a la par dos desplazamientos por el desierto de Argelia. Por un lado, un grupo de occidentales, con distintos intereses supuestamente culturales, viajan de norte a sur; por otro, unos emigrantes sacrifican sus mejores días, hasta la extenuación, por el sueño de llegar a Europa.

Durante la relación de los viajes asistimos a una partida de cartas entre los protagonistas occidentales: sus juegos de seducción o de manipulación, la forma en la que establecen vínculos, suponen intereses que, sospechamos, deben ser egoístas. El segundo viaje, el de los emigrantes, es pura denuncia social. Conocemos aproximadamente el número de inmigrantes muertos en el Mediterráneo, pero no podemos imaginar cuántos perdieron la vida en el paisaje vacío, muertos de sed. La paradoja de morir de sed o morir ahogados estremece. Pero el libro va cambiando de intenciones cuando ya conocemos todo lo confesable sobre los personajes. Ahora queda por resolver el conflicto. Y en él están implicadas las religiones. Sí. Porque a medida que avanzamos en libro gana en trama. El viaje no era otra cosa más que una excusa para desarrollar una trama de espías, en la que intervienen los poderes religiosos que dominan ciertos países, algunos islámicos, enfrentados, como no podía ser menos, con Israel. ¿Quién es puro y quién es un traidor? ¿Quién pertenece a la raza de los espías y quién a la de los universitarios? ¿Quién es violento y quién un manipulador? Y todo ello dentro de esa gran cárcel que es el vacío amarillo, el desierto, que en lugar de rejas coloca a la sed para evitar la huida. De esta manera, los autores introducen un poco de todas las literaturas del desierto en una novela que gana en intensidad a medida que uno se adentra en ella.

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