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Conocer Irán

Editorial: FORCOLA
Lugar: MADRID
Año: 0
Páginas: 160
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda

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A ver, qué tendrá Irán que tanto apasiona a Patricia Almarcegui, pero no lo vamos a descubrir nosotros, mejor será abrir las páginas de este pequeño gran libro y buscar la pista en los artículos y crónicas que contienen y que han sido publicados en diferentes medios a lo largo de estos últimos años. Como son varios podremos rastrear los cambios del país, vertiginosos a veces, lentos otras, con los que avanza por el siglo XXI. Irán siempre merece una lectura atenta.
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Lisboa, la matamos porque era nuestra

La Lisboa de los libreros y anticuarios está desapareciendo por la gentrificación producida por el turismo incontrolado y por la especulación inmobiliaria. Nadie pone coto a los hostels y airbnbs, mientras Alfama, Mouraria, el Bairro Alto y la Baixa van perdiendo su carácter, su alma.

26 de febrero de 2018

La rua do Alecrim fue siempre una calle de médicos y de bric-à-brac. Aún hay varios anticuarios, la cerámica Sant’Anna y varios libreros. Por poco tiempo. Antes se llamaba rua do Conde de Vimioso, cuyo palacio desapareció en un incendio en 1726, en cuyo lugar está el que lo sustituyó, frente a la estatua de Eça de Queiroz. En él se hospedó el general francés Junot durante la ocupación napoleónica.

La rua do Alecrim (que quiere decir romero), con sus anticuarios, sus libreros, va a dejar de ser una calle con alma. Ya ha desaparecido el vetusto hotel Bragança, que se citaba en la obra de Eça de Queiroz y en El año de la muerte de Ricardo Reis, de José Saramago. Toda la margen izquierda de la calle, según se baja desde el Chiado, desde el Largo das duas Igrejas, es propiedad de los descendientes del Marqués de Pombal, Sebastião de Lorena. Estos señores (que están en su derecho, mal que nos pese) van a utilizar el llamado RAU, Regime de Arrendamentos Urbanos, que libera totalmente los viejos alquileres, norma aprobada por el anterior gobierno de Passos Coelho, para expulsar a los libreros y anticuarios, a los que les han dado la fecha de septiembre de este año para desalojar, sin más. No hay negociación posible, tienen que irse. De la nefasta RAU solo se pueden salvar, tras un largo y complicado proceso burocrático, las llamadas “lojas históricas”, tiendas históricas.

La Lisboa mezclada en la que convivían todo tipo de comercios, en que había palacetes junto a casas modestas, está desapareciendo por la gentrificación o gentrification producida por el turismo incontrolado y por la especulación inmobiliaria. Nadie pone coto a la desaparición de las viviendas pombalinas y queirosianas en pro de hostels y airbnbs. Alfama, Mouraria, el Bairro Alto, y sobre todo la Baixa, van perdiendo su carácter, su alma. Y sus habitantes seculares se van o se mueren.

Las antiguas tiendas de la Baixa son sustituidas por tiendas de quincalla turística propiedad de paquistaníes que no hablan portugués ni inglés y son antipáticos. También pasa con muchos antiguos restaurantes y casas de comidas, como la veterana Regional, que ya ha cerrado también.

Gentrificación turística en Lisboa, Portugal.

Los miradores de Graça y de Nossa Senhora do Monte no son sino aparcamientos de tuk tuks. Olvide el paseante esos lugares. Allí ya no se puede meditar ni contemplar nada tranquilamente.

El Largo das Portas do Sol, en Alfama, es intransitable por el exceso de turistas. El tranvía 28 se ha convertido en un bus turístico en el que muchos turistas se cuelan por la puerta de atrás sin pagar y además ninguno cede el asiento a las pocas viejecitas lisboetas (población en vías de extinción) que todavía lo cogen para ir a sus casas antes de que las desahucien para poner un airbnb.

Algunos dirán que gracias al turismo se restauran cosas, pero el resultado es discutible, aunque no cabe aquí tratar de urbanismo. La praça do Comercio o Terreiro do Paço, probablemente la plaza más bella del mundo, es ya una sucesión de terrazas para turistas, a precios desorbitados.

Así está pasando con muchas librerías (la última Aillaud & Lello), talleres, pequeñas tiendas, que van desapareciendo y los antiguos locales se usan para hoteles, hostels, bares de copas o cafés hipster para turistas, donde el café es más malo, más caro y el servicio peor.

Esa Lisboa que nos gustaba está pronta “a se acabar e consumir” por obra del turismo de masas y por una administración favorable al capitalismo más rapaz. Pacto faústico y mortal, por no decir claramente demoníaco. Amamos Lisboa, la amamos tanto que la mataremos porque era nuestra.

Hay otras formas de salvar una ciudad sin matar su alma, sin convertirla en una ‘commodity’.

Es que el turismo es la nueva Mesta, un arma de destrucción masiva.

No estaría de más, para concluir, recordar la frase del historiador portugués José-Augusto França, “uma cidade é ao mesmo tempo um facto cultural e consciencial, ou melhor… um facto de almas”.

gentrificación, Turismo, viaje a lisboa

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