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Imagen de la India

JULIAN MARIAS

Editorial: LA LINEA DEL HORIZONTE EDICIONES
Lugar: ESPAÑA
Año: 0
Páginas: 112
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda

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Finales de los cincuenta. ¿Quién sabía algo de India? Los hippies españoles, que veinte años después aparecieron por ahí, aún no habían nacido, pero era el país con el que había soñado Julián Marías desde niño y la ocasión le llevó hasta ese fascinante país gracias a un congreso de Filosofía. Marías abre los ojos de par en par. Todo le interesa, todo le conmueve y en ese primer acercamiento ya da cuenta de manera sencilla, como un viajero más, de los grandes temas que conforman una sociedad tan compleja y distinta. Un texto que no ha perdido la frescura con la que fue escrito y que podría pertenecer a un viajero sensible de hoy día.
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La Línea del Horizonte Ediciones




Tres colonias en el Jaén del siglo XVIII

La larga historia de la repoblación en España comienza con la Reconquista y la creación de tantas Villas nuevas, Pueblas y Villas francas. Montizón, Venta de los Santos y Aldea Hermosa son tres pequeñas poblaciones fundadas por Carlos III para reactivar territorios desiertos de la Sierra Morena.

11 de septiembre de 2018

“Un pueblo es un paisaje de pintoresca tradición humana”.

Carlos Barral

Montizón, Venta de los Santos y Aldea Hermosa son tres pequeñas poblaciones creadas por Carlos III y su intendente Pablo de Olavide para repoblar territorios de la Sierra Morena. Se crearon en total quince colonias, no solo con alemanes sino con italianos, griegos y catalanes. Esto formaba parte del impulso del despotismo ilustrado de reforma interior del país, fomento de la industria y de la agricultura y limitación de los privilegios de la Mesta.

Es interesante cómo el Estado español siempre intentó crear fuerzas centrípetas, intentando poblar el interior, mientras la tendencia natural de la población era y es ir hacia la periferia. La larga historia de la repoblación en España comienza con la Reconquista, con la creación de tantas Villas nuevas, Pueblas, Villas francas. En el fondo, el despotismo ilustrado tuvo siempre ese empeño de organizar el territorio nacional. Algunos aristócratas la emprendieron por su cuenta, como las localidades de Nuevo Batzán o Sevilla la Nueva.

“En las montañas de Sierra Morena, pobladas en tiempos de los moros, se hallaban casi desiertas muchos años hacía y reducidas a bosques espesos en que solo se encontraban pastores, lobos y facinerosos y muy pocas casas y lugares, a gran distancia unos de otros (…)”

El antiguo oficial prusiano al servicio de la Corona, don Carlos Turriegel, fue el encargado de traer seis mil colonos. El liberal e ilustrado don Carlos José Gutiérrez de los Ríos Rohan Chabot, sexto conde de Fernán Núñez (1742-1798), dice, con una visión crítica de la experiencia:

“De semejantes colonos, venidos de países muy fríos o poco templados a establecerse en un clima tan ardiente como el de Sierra Morena, no podían esperarse muy rápidos progresos. Sofocados por el calor, recurrían al vino, cuya fuerza no conocían, y abrasados con uno y otro, cada día aumentaba el número de los enfermos, y aun de los muertos, y he visto familias compuestas de nueve personas, de las cuales solo quedaba una (…) entre muertos, desertores e inútiles, apenas quedó un tercio de toda aquella gente”.

Pero reconoce que “estas partes (entre La Carolina y La Carlota) convirtieron en un jardín delicioso” lo que antes eran tierras sin cultivar, despobladas, si no era por bandoleros, y alaba el celo y trabajo de Olavide, quien pasó al olvido tras ser condenado por la Inquisición por una denuncia precisamente de un sacerdote alemán de las Colonias. Se salvó huyendo a Francia, donde se encubrió bajo el nombre de conde de Pilos. España ha solido tratar mal a sus personalidades más destacadas.

Estas tres pequeñas poblaciones están a lo largo del antiguo Camino Real de Valencia a Córdoba, que era también el Camino Real de la Bética, antigua carretera de Andalucía, que algunos llamaban de Aníbal.

Rutas culturales

Yo miro siempre estas Nuevas Poblaciones con una mezcla de curiosidad y una cierta tristeza. Curiosidad por tratar de adivinar en los rasgos de sus gentes algo que recuerde a sus antepasados; tristeza, al pensar en lo que fueron sus inicios de vidas desarraigadas, arrancados de sus tierras, de sus raíces, como los que entonces iban a las Américas o a África del Sur, para caer en estas tierras pobres, sin gran futuro.

Estas colonias, tras ser creadas, fueron olvidadas. Como al contemplar una antigüedad, al verlas nos sobrecoge un cierto sentimiento de ausencia, de los que ya no están. Pienso en aquellos extranjeros que llegaban a un país que no se convertiría en patria hasta alguna generación después; pienso en sus sentimientos ante esas tierras baldías donde no había nadie porque nadie por su propia voluntad quería vivir allí, de sol inclemente y lluvias escasas; pienso en lo que sentirían cuando treinta años después, sin aun hablar bien castellano, cuando quizá ya tenían país pero todavía no patria, vieran avanzar violentas las tropas francesas invasoras que en Montizón destrozaron el pequeño cuerpo de ejército mandado por Gaspar Vigodet.

La propia formación de esas poblaciones, mezclando gentes de distintas procedencias, impidieron que, como ha sucedido en otras colonias (Pennsilvania, Brasil o Argentina), se consolidasen núcleos extranjeros –alemanes– que mantuvieran sus costumbres y su lengua durante siglos.

Estos son algunos de los apellidos que encuentro en las lápidas del cementerio de Montizón, camposanto común a las tres poblaciones: Leive, Maigler, Unguetti, Toscano, Picardo, Montano, Mencal, Novella, Angui, Vico (de este me dicen que puede tener origen navarro, no italiano), Lombardo, etc.

Tres colonias en el Jaén del siglo XVIIITres pueblos tendidos en el llano en la ingrávida tarde de agosto, silenciosos, callados. Las casas gemelas, las plazas ochavadas, calles simétricas, todo ello da un aire sosegado a esas tres poblaciones. Hay todavía en ellas una cierta continencia constructiva, respetuosa del viejo trazado neoclásico. Hay un ritmo y una estética diferentes de los otros pueblos jienenses, algunos tan maltratados, tan envilecidos estéticamente por los constructores y sus alcaldes cómplices o impotentes. Según Madoz, Montizón tenía en 1840, 49 casas con 90 vecinos y 352 almas; Aldea Hermosa, que dista un cuarto de legua, solo 24 casas.

En el ayuntamiento de Montizón, enfrente del edificio dieciochesco del Pósito, a falta de un folleto, me ofrecen un libro completo con la historia de las tres poblaciones, escrito por dos eruditos locales que se han tomado la molestia, y el placer, de ir recopilando historias, documentos y fotografías. Particularmente interesante es el inventario de los cortijos del término, algunos de traza muy antigua, dignos de ser preservados. Ya nos gustaría que todos los ayuntamientos tomasen nota, porque hay centenares de viejos cortijos abandonados por las provincias andaluzas y por Jaén que se van arruinando, y algunos son piezas de arquitectura popular.

Se han organizado para recuperar la memoria algunas actividades sobre estas Nuevas Poblaciones, pero siempre faltan testimonios directos de aquellos colonos extranjeros, como falta esa gran novela o esa película que nos contase, recrease, los avatares de esos extranjeros llegados hace dos siglos y medio. Una mujer de La Venta me dice con satisfacción que ella se vistió de colona y fueron hasta La Carlota, en la provincia de Córdoba.

Al final, casi doscientos cincuenta años después, son exactamente lo que decía el poeta Carlos Barral (1928-1989), paisajes con tradición humana.

Historia, jaén, sierra morena, viaje a andalucía

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