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Eva en los mundos

Escritoras y cronistas

RICARDO MARTINEZ LLORCA

Editorial: LA LINEA DEL HORIZONTE EDICIONES
Lugar: ESPAÑA
Año: 0
Páginas: 188
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo

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Es tiempo de tormentas y sobre ellas han escrito, y lo hacen hoy, mujeres de un talento extraordinario para la crónica. En este mes de marzo queremos dar voz y presencia a algunas de las que más nos gustan: Svetlana Aleksiévich, Sofía Casanova, Carmen de Burgos, Joan Didion, Hayasi Fumiko, Helen Garner, Martha Gellhorn, Leila Guerriero, Janet Malcolm, Edna O'Brien, Annemarie Schwarzenbach, Marina Tsvetaieva y Rebecca West. Eva en los mundos es una colección de perfiles escritos desde la admiración, porque la pasión la ponen ellas. Pertenecen a diferentes épocas, geografías y culturas pero todas ellas comparten una mirada singular sobre la realidad y un robusto sentido de la justicia.
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Histórico noticias



La llave maestra del conserje cingalés

El Galle Face, fundado en Colombo en 1864, es uno de los hoteles más antiguos de Sri Lanka. Recibió el título de “Best Heritage Hotel” y está en la lista de los “1000 lugares que ver antes de morir”. Su fama es tal que aparece en un sello postal como emblema de la ciudad cingalesa.

8 de abril de 2019

No es habitual que el conserje de un hotel capitalice su emblema; sin embargo, ocurre a veces. Pasó con el portero que daba la bienvenida al Hotel Polana de Maputo, toda su levita decorada con pines, chapas e imanes de nevera. Ha pasado también en la puerta de la Galle Face House, con el ujier hostelero de mayor experiencia, mejor memoria y sonrisa del mundo. Nada menos que siete décadas largas estuvo Kottarapattu Chattu (KC) Kuttan al pie del cañón. Le atribuyen retentiva para detalles nimios de cada huésped que tuvo la Galle Face hasta que en 2010 se jubiló de todo servicio, con noventa años.

Todas las celebridades que visitaron el hotel de la Segunda Guerra Mundial a esta parte le recuerdan. Y algunos han tenido palabras para él, en entrevistas, memorias o dedicatorias. Del millonario John D. Rockefeller al símbolo del desprendimiento que fue Gandhi, pasando por famosos en las nubes, como el cosmonauta Yuri Gagarin. El Aga Khan de turno, Roger Moore a título de James Bond, el peculiar Conde Mountbatten de Birmania y Richard Nixon en vísperas del Watergate. Por supuesto, también un asiduo de la casa, como el escritor Arthur C. Clarke, que llegó a Sri Lanka por primera vez en 1952, volvió a los dos años y se instaló en la isla, con un pie en el Galle Face cada vez que se entregaba a un nuevo volumen de ciencia ficción. En 1996 Ron Gluckman le entrevistó para el Wall Street Journal cuando ultimaba la redacción de 3001, la Odisea Final. Y, entre sus notas, pudo leerse lo siguiente: “Clarke está escondido aquí para escribir acaso su último libro. Se halla en el lugar apropiado… Ciento treinta y dos años cuenta la gran dama de los hoteles asiáticos, en un estado avanzado de grandeza y decadencia. Clarke va a cumplir ochenta. Nos sentamos juntos en el exterior del hotel, el océano lamiendo los dedos de nuestros pies. Estoy junto a dos leyendas, sin saber cuál se derrumbará primero en las aguas”.

Colombo. Sri Lanka.

En realidad, Clarke competía con el portero del hotel en edad, a pie de obra. Y la partida terminó ganándola KC Kuttan, que en el 2010 aún andaba en traje de faena, dos años después de fallecido el novelista en la isla. Mientras, en tanto Clarke se las vio con personajes de la era espacial durante buena parte de su vida, Kuttan contemporizó con gente especial de carne y hueso. “Ceilán era un país diferente. Por eso Richard Nixon, el actor Sir Lawrence Oliver, Bernard Shaw y el Emperador Hirohito se quedaron con nosotros”, solía afirmar el empleado.

Cita Kuttan a Hirohito entre las personalidades verdaderamente relevantes a quien sirvió como camarero, pese a comenzar su estancia en el hotel a las dos semanas de que los japoneses bombardeasen Colombo, en 1942. Es más, al poco, uno de sus aviones Zero se estrelló en los terrenos del hotel.

Veinte rupias mensuales cobraba Kuttan al final de la guerra por atender, además, a la princesa Isabel de Inglaterra, a Nehru, Indira Gandhi y al mencionado C. Clarke. Treinta mil terminaron pagándole como portero, cuando ya los estadistas y celebridades elegían hoteles mejor equipados en Colombo. A Kuttan le había costado cincuenta años de servicio recorrer el tramo entre las cocinas y la puerta principal de la Galle Face.

Durante los días coloniales solían organizarse carreras de hipódromo frente a la Galle Face House, seguidas desde su terraza por caballeros y damas, cuya indumentaria recordaba bien Kuttan: “Las damas llevaban pamelas y se veían cubiertas de volantes y encajes”. Nada que ver con la actriz Ursula Andress, contoneándose en el salón de baile local la nochevieja de 1975; ni con la cantante Mignonne Fernando, que se dio a conocer en el club Coconut Grove del hotel, con los Jetliners a mitad de los años sesenta, cuando Radio Ceylan retransmitía desde allí música ligera, la grababa y apoyaba la facturación de futuros astros de la música cingalesa. De hecho, Mignonne Fernando arrasó, a partir de tal meritoriaje, en cuanto el festival concurrió, con  temas propios como Someday My Love y Oba Nisa, gestados al calor del hotel.

Puestos a oír, ver y callar, aplaudir si acaso y no olvidar, Kuttan también presenció de todo en los bailes de fin de año presentados por Vernon Corea y Livy Wijemanne, populares locutores de Radio Ceylan. Y, en todo caso, para cuando él faltase a las puertas del hotel, se programó el museo que también tiene su espacio propio en los terrenos del alojamiento. Una galería abundante de reliquias, obsequios de la clientela y prendas olvidadas, galería a la que llegó rodando el primer auto que condujo el Príncipe Felipe de Edimburgo.

Los primeros clientes que tuvo esta casa de lujos llegaron en 1864, a razón de la villa holandesa a la que cuatro empresarios británicos daban carácter hostelero. Galle Face Green llevaba por nombre su explanada junto al océano, que frecuentaban carruajes de caballos. De ahí lo tomó el hotel, que desarrolló sus dependencias, sección a sección, a partir del área central que hoy siguen conduciendo a los salones de baile. Los terrenos para la expansión del hotel se adquirieron entre 1870 y 1894, fecha en la que firmó su alzado sur de dos pisos el arquitecto Edward Skinner. Su alzado norte vino luego, corresponde a la superficie comprada de 1903 a 1909 y da cuenta de su aspecto actual, costeado por un grupo de accionistas entre los que figuraba, en 1911, Víctor Vicarosso, bisabuelo del actual propietario del hotel. La Galle Face Hotel Company, en consecuencia, lleva un siglo largo en manos de la misma familia gestora.
En tanto llegaban al hotel otros rostros mediáticos, caso del primer ministro británico Edward Heath, la princesa Alexandra de Dinamarca y el Mairscal Josip Broz Tito, Cyril Gardiner asumía su dirección y presidencia en 1960, decidido a enseñorear el flanco norte de la propiedad. Su hijo Sanjeev hizo lo propio en el 2006 con el otro flanco, que llevaba cuatro décadas cerrado y, desde ese momento, albergó restaurantes, barras de bar, un club de salud y salas de reunión.

Más miembros de la gota fría, el Príncipe Eduardo y la Condesa de Wassex en visita oficial del 2018 han tenido ocasión de paladear recientemente la grandeza atemporal de la casa Galle Face. Su ala norte se había mejorado de nuevo en 2015, con Antonhy G. Paton al frente de su dirección, lo que mereció su reinauguración por parte del presidente de Sri Lanka, Maithripala Sirisena. Mejorando lo presente, sin embargo, el hotel tenía labrada su reputación, diversificando el perfil de sus huéspedes. La estancia del espía británico Frederik William Winterbotham en sus aposentos, había dado paso natural a la de actores como Noël Coward y Eric. L. Ellis. De ahí a recibir con honores a la dramaturga Carrie Fisher solo hubo un paso. Y, a continuación, la australiana Palani Mohan se convirtió en la fotógrafa más fotografiada.

La guinda del pastel, a esas alturas, la había puesto ya William “Galle Face”, empleado del hotel al que se permitió hacer carrera como sindicalista en el Partido Lanka Sama Samaja, organizando a sus propios compañeros de conserjería. Entre ellos, claro está, figuraba el impertérrito Kuttan, que ni siquiera reivindicaba transporte de su casa al hotel, cada día. Octogenario él, decía mantenerse en forma, cubriendo a pie kilómetro y medio de ida y otro tanto de vuelta. Detalle como la integración de su personal de servicio en la filosofía propia han otorgado el título de “Best Heritage Hotel” al lugar, durante tres años consecutivos, entre 2010 y 2012. No emitió muchas más postales con su efigie, a partir de ese momento. Su planta aparece ya en los sellos de Sri Lanka, se escriba desde donde se escriba.

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