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    El arquitecto Hassan Fathy (1900-1989) pensó sus ciudades como proyectos casi utópicos, utilizando diseños y materiales tradicionales para las clases más humildes, con trabajos tan ambiciosos como el de Nueva Gourna, una villa en Luxor hecha de belleza y barro, concebida para una sociedad sostenible; la población, sin embargo, nunca acabó de aceptar la propuesta y las casas de adobe se fundieron con autoconstrucciones modernas.  La artista británica Hannah Collins rescata la ...[Leer más]

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    La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha digitalizado su colección de libros raros chinos. Más de mil obras anteriores a 1796, algunas de las cuales se remontan al siglo XI, son ya accesibles desde su página web: sutras budistas, mapas antiguos, textos sobre remedios médicos... y acuarelas que representan la vida en Taiwan antes de la llegada de los colonos Han. Debido a las dificultades de conservación, parte de esta colección no puede exponerse al público, por lo que la ...[Leer más]

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    Cine chinoLi Yu, Ann Hui, Zhao Wei , Guo Xiaolu y Sylvia Chang han dirigido algunas de las películas más relevantes realizadas en China desde el año 2007 hasta el 2017. Casa Asia y la Fundació Institut Confuci de Barcelona les dedican un ciclo de cine, donde a lo largo del mes de junio se proyectarán las últimas obras de las directoras. La entrada es libre hasta completar aforo con inscripción previa.

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    Exposición de Francisco Hernández en el Museo Nacional de Ciencias NaturalesEl ilustrador y pintor naturalista Francisco Hernández viajó al parque nacional de Etosha, en Namibia, con un objetivo claro: adentrarse en la naturaleza africana y dibujar su fauna y su flora, siguiendo el lento pero imparable peregrinaje de miles de mamíferos en busca del más preciado elemento: el agua. Sus dibujos, bocetos y pinturas pueden verse en el Museo Nacional de Ciencias Naturales hasta el 1 de septiembre.

Histórico noticias



Abecedario de los Pirineos: H de Haute Route

Los caminos de montaña y alta montaña están siendo urbanizados, señalizadas por el ser humano con marcas, balizas e hitos. Cada vez es más difícil escuchar el silencio en sendas de gran recorrido como la Haute Route de los Pirineos.

9 de junio de 2014

Lo público, lo político, es el lugar donde toda acción y toda decisión son visibles por todos los integrantes de la comunidad, que se conforma principalmente por la visibilidad permanente de toda acción. Al hilo de esa visibilidad, de ese componente de expresión, el arte (la techné que nos aportó Prometeo) se apropia de un territorio para un pueblo (un demos) que lo va a habitar. Las cualidades expresivas por las que el pueblo marca un dominio común y lo convierte en morada para todos son las que transforman la tierra en territorio, un medio en un dominio político.
Lo político nace entonces con el Arte, cuando las funciones que han permitido sobrevivir a los hombres en un medio azaroso y sin previsión se vuelven expresivas, como marcas o firmas, y así el medio se convierte en territorio: “Somos hombres y esto es de los hombres”. De esta manera, ese mundo humano, que no es propiedad de nadie, conforma una comunidad.

Marca de GR.

Carlos Muñoz Gutiérrez.

Imaginen qué sería de nosotros sin marcas, sin indicaciones de sentido o de dirección, sin etiquetas, sin denominaciones. Imaginen lo que aquellos exploradores de la tierra ignota sintieron (o sienten, si aún queda algún explorador de una tierra desconocida) ante lo salvaje de la naturaleza. Y, recuerden, qué es lo que hacen cuando llegan a algún lugar significativo. Marcan, colocan banderas o indicaciones, señales o marcas, no sólo para atestiguar su presencia, que nadie más puede corroboran, ni tampoco para apropiarse de la tierra y convertirla en territorio, aunque eso es ya tan común en nuestros regímenes de la propiedad que quizá sea esta la razón fundamental. Yo creo que es, sobre todo, para humanizar la tierra, convertirla en territorio, hacerla transitable para los humanos, habitable.

Del mismo modo que los animales marcan con señales el terreno que habitan y hacen de él territorio, el mundo humano se crea con la componente expresiva por la que conformamos un común, una comunidad de hombres. Que a la vez esta expresión sirva de apropiación no lo voy a discutir; pero antes que la propiedad, que requiere de la fuerza para su mantenimiento, aparece, por el mero hecho de señalizar, la comunidad.

Letrero de dirección de GR y de camino de Santiago.

Carlos Muñoz Gutiérrez.

De ahí las pinturas rupestres, el gusto por el graffiti o la pintada, la frase de amor que los enamorados distribuyen en los lugares más insospechados y los anillos que se imponen en el matrimonio o el aforismo ocurrente que encontramos en los lugares públicos, aunque lo hagamos cuando nadie nos ve, pero que dejamos para ser visto. Que sea visible es la condición para lo público, para lo común, y hacer visible es frecuentemente convertir la tierra en territorio, hacerla habitable, hacerla comunidad.

En los Pirineos encontramos tres registros de marcas que crean una comunidad: sendas balizadas y señalizadas que nos indican la habitabilidad, la transitibilidad de esa región de alta montaña. Lo salvaje se hace territorio común del hombre.

 

Los GR de los Pirineos

Tres sendas de gran recorrido, La Haute Route des Pyrénées, el GR11 y el GR10, señalizan de oeste a este todo el macizo pirenaico, trazando no sólo un largo recorrido para caminar por los valles y collados de la cordillera, sino mucho más: una comunidad de caminantes, un lugar de encuentro entre hombre y naturaleza, un proyecto, una idea.

Así es sobre todo la Haute Route, una idea de cómo transitar la cordillera por los pasos más altos, cercano a las cumbres, conteniéndolas. La Alta Ruta de los Pirineos es un camino imaginado que, enlazando otras sendas balizadas, recorre todo el Pirineo a la máxima altura que dicho proyecto admite. Por el contrario, como su nombre indica, el GR11 y el GR10 son senderos de gran recorrido que ya por España, el GR11, ya por Francia, el GR10, permiten lo mismo pero buscando la comodidad en el andar y en el descansar. Es decir, como proyecto de una comunidad que anda, los GR hacen habitables y recorribles parajes naturales y, en consecuencia, salvajes.

Croquis del GR11.De Hendaya a Banyuls-sur-mer, del Atlántico al Mediterráneo, hay cerca de ochocientos kilómetros y treinta o cuarenta días en los que un caminante puede, mediante jornadas bien organizadas de esfuerzo y descanso, recorrer toda la cordillera pirenaica, ya sea a través de la Haute Route des Pyrénés (HRP), del GR11 o del GR10. A lo largo de la senda no sólo encontrará la naturaleza salvaje de las montañas, sino, sobre todo en verano, toda una comunidad de montañeros que, como en peregrinación, transitan el camino en un sentido o en otro, en un proyecto que durante los días que dure ensombrece toda otra realidad, convirtiéndose en ese objetivo simbólico por el que los seres humanos damos sentido a nuestras vidas y escapamos precisamente a la animalidad.

No es de extrañar que toda una cultura del gran recorrido haya aparecido en los últimos años para recuperar sendas tradicionales, para facilitar nuevos modos de viajar, para reforzar firmes creencias y, también, para establecer hitos turísticos que enriquezcan las economías de las zonas por donde transcurren, hasta convertir en un gran parque temático a la tierra. El camino de Santiago es quizá el mejor ejemplo de todo esto, pero los GR de los Pirineos o de toda zona montañosa dentro del “mundo desarrollado” son también un ejemplo de esa costumbre humana de marcar y señalizar la tierra para hacer de ella territorio.

Como toda cultura se conforma de tradición y de comunidad, y como toda comunidad, en los tiempos de individualismo, se legisla y normaliza, la cultura del gran recorrido tiene también sus procedimientos y sus normas, sus marcas convencionales y su proyecto de expansión. Así, desde las federaciones de montaña, se regula si algo es Gran (GR) o Pequeño recorrido (PR), cómo señalizar cada caso y cómo hay que mantener la senda y comportarse en ella. [El lector interesado puede consultar el manual de senderos de gran recorrido publicado por la Federación Española de Deportes de Montaña.]

Convenciones de señales de senderos.Así, la convención es que el Gran Recorrido se señaliza con dos bandas paralelas, un roja y otra blanca. En el Pequeño Recorrido, la banda roja se sustituye por una de color amarillo. Además, hay convenciones para indicar el cambio de dirección, lo que no es camino y es pérdida, la indicación de lugar, etc.
Pero, más allá de estas exigencias, lo cierto es que tanto el GR11 como el GR10 o la HRP conforman un destino común a muchos montañeros que anualmente recorren los Pirineos en una rutina diaria en donde se unen esfuerzo, amistad y encuentro. Cada tramo del camino, que suele coincidir con una jornada de marcha, culmina con un refugio, estratégicamente dispuesto para acoger a los caminantes y darles alimento y descanso. De este modo, el peso que cada gerreista (neologismo con el que suelo denominar cariñosamente a aquellos que realizan la senda) debe transportar es significativamente menor que si tuviera que ser autónomo, como pudiera ocurrir en la grandes montañas salvajes (aunque en este caso todo un negocio de porteadores y sherpas ha florecido para facilitar el camino a las grandes cumbres del planeta). Cada tarde, en los refugios del Pirineos de cualquiera de las vertientes, encontramos un público multinacional que va o viene a través de la senda y entablan conversación, lavan sus ropas, preparan sus comidas o curan las heridas que el paso de los días va ocasionándole. Allí planifican el nuevo día, el tramo que se va a realizar, las variantes posibles, las cumbres a las que se puede acceder sin tener que desviarse, y todo ello tiende a compartirse en un común.

Señal de pérdida o no continuidad.

Carlos Muñoz Gutiérrez.

Yo ya no soy gerreista, aunque he recorrido el GR11 varias veces; yo ya busco lo inhabitado y solitario de la montaña, soy un coleccionista, colecciono los tresmiles del Pirineo. Pero, frecuentemente, coincido con esa comunidad alpinista que recorre el camino a lo largo de algún segmento que me aproxima a la montaña poco frecuentada, donde las sendas no están señalizadas o, si lo están, es porque ya no hay ni senda y, mediante hitos, se orienta al caminante sobre las condiciones del terreno, que ya no es territorio. También convivo en los refugios de montaña que, como nodos de la ruta, albergan a la comunidad y, precisamente, en la diferencia entre lo habitado y lo inhóspito, se comprende la distancia que media entre lo humano y lo no humano, entre la senda y su extravío, entre el refugio y el desamparo, entre el ruido y el silencio, porque la seguridad que da la marca no lo proporciona la muda naturaleza salvaje. Aunque visual, la marca nos habla y, por eso cada vez más, la montaña y la alta montaña están siendo urbanizadas, conquistadas en sus caminos tradicionales, señalizadas, y cada vez es más difícil escuchar el silencio.

Abecedario de los Pirineos, GR10, GR11, HRP

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