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    Los antiguos imperios asirio, babilónico, fenicio y persa tuvieron en común con Alejandro Magno el propósito y la codicia de extender su poder más allá de sus propios límites. Así es como llegaron a ocupar un área comprendida entre las actuales España e India. Estos territorios fueron el escenario de luchas incesantes, conquistas y saqueos de toda índole, pero también de un intenso comercio de materias primas, metales preciosos y objetos de deseo como los que se muestran hasta el 12 ...[Leer más]

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    The Map House, LondonTrescientos años antes de que los estadounidenses llegaran a la Luna, un sacerdote y erudito alemán, Athanasius Kircher, dibujó un mapa de la cara visible de nuestro satélite. Este y otros tesoros pueden verse en una exposición que explora la historia de la cartografía lunar y celeste: The Mapping of the Moon: 1669-1969, hasta el 21 de agosto en la Map House de Londres.

Histórico noticias



Abecedario Pirineos: C de Clavijas

Pirineos muestra una hermosa colección de pasos de clavijas históricas: Soaso, Cotatuero, Carriata, Salarons. Pero también, encontramos muchos pasos clásicos asegurados con cadenas, sirgas u otras ayudas artificiales que alivian el miedo y animan el paso.

28 de agosto de 2012

                      Clavija

f. Trozo cilíndrico o ligeramente cónico de madera, metal u otro material que, introducido en un orificio, sirve para sujetar, ensamblar, asegurar, etc.(Definición Diccionario RAE, Espasa-Calpe, 2005)

Nada empieza de la nada, nada empieza desde un origen. Quizá, lo que los físicos denominan singularidad: un acontecimiento único que inicia una cadena causal, es decir, una historia. El big bang suele ponerse de ejemplo, pero en el dominio de la creación humana siempre podremos remontarnos más atrás, aún en tiempos míticos, para citar una acción previa, un deseo anterior, una realización tan notable como en la que datamos el comienzo de una historia de las acciones humanas.

Fotografía de Brocherel, 1895

Se dice, entonces, que la ascensión de Horace Benédict de Saussure al Mont Blanc en 1786 da origen al alpinismo. Y si el alpinismo es la actividad que consiste en ascender las altas cumbres de los Alpes, sin duda antes existió el montañismo en general y, naturalmente, Sísifo subía una montaña todos los días en su denodado esfuerzo por dejar en su cima una enorme piedra que tras alcanzarla rodaba ladera abajo una y otra vez y vuelta a empezar. Tal vez, Sísifo es el mejor icono de la tarea esforzada, pero vana, que es el montañismo.

Pero, la inteligencia humana imaginó una vez la racionalidad, como la búsqueda de lo mejor, del bien, de lo más bello, de lo más eficaz para el caso, y, como no podemos dejar de ser inteligentes —aunque pudiera ser nuestra inteligencia la que nos lleve a la ruina en la búsqueda de lo más mortífero, de lo más productivo, de lo más para cada cual—, con el montañismo nace también el deseo de subir de la manera más hermosa la montaña, de ir por el sitio más remoto, de conocer aquella ladera o aquella cara que se muestra infranqueable. Y con ese deseo, también desde Prometeo que, arrebatándosela a los dioses, legó la técnica a los hombres, pronto empezamos a idear artefactos para que, por allí por donde la montaña nos impedía el paso, pudiera franquearse.

Fotografía de la ascención al Mont Blanc de Henriette d'Angeville

Más allá de portar escaleras, auparse a los hombros del compañero, tirar de la cuerda, etc, la clavija o pitón fue el invento decisivo que permitió al montañero progresar y protegerse de los abismos de las paredes verticales. Una clavija, como define el diccionario, es un trozo cilíndrico o cónico que se clava en la roca y que permitió, en primera instancia, avanzar allí donde no había lugar para los pies o las manos, y, posteriormente asegurar el paso del escalador una vez que se encontró el asiento para los pies y el agarre para las manos, pero en donde el riesgo de caída era elevado.

Pirineos muestra una hermosa colección de pasos de clavijas históricas: Soaso, Cotatuero, Carriata, Salarons. Pero también, encontramos muchos pasos clásicos asegurados con cadenas, sirgas u otras ayudas artificiales que alivian el miedo y animan el paso. Así, hay clavijas en el Midi d’Ossau, cadenas y sirgas en el Anayet, en el cuello de los Sarrios para llegar a la Brecha de Rolando, etc.

Aunque no hay nada tan anómalo como disponer a hombres en las montañas, no con el propósito de ascenderlas, sino de defenderlas. Los Dolomitas italianos son la manifestación más asombrosa de la convivencia que las tropas italianas realizan con los grupos dolomíticos durante la Gran Guerra para proteger las fronteras austríacas y alemanas: galerías que horadan el interior de la montaña cientos de metros, escalas, cables que serpentean y oxidan las verticales paredes de las hermosas cimas dolomíticas. Durante años, soportaron el asedio humanizando la montaña para un propósito mucho más absurdo y mucho más sangriento que el montañismo.

Foto de Carlos Muñoz

Sin embargo, los alpinistas, pronto, aprovecharon todas esas instalaciones militares para crear un concepto: la vía ferrata. Lo que en otro tiempo fue un modo de abastecer tropas, de esconderse del enemigo, de permitir un tránsito rápido y seguro, el montañismo lo transfiguró para satisfacer el deseo de ascender la montaña por la cara más inexpugnable.

La arqueología de la técnica alpinística es tan fascinante como la de cualquier otra actividad humana, pero ésta descubre, en su propia inutilidad, la racionalidad humana de satisfacer sus deseos del modo más hermoso, más estético y más seguro.

Fue a comienzos de la década de los ochenta, cuando surge todo un movimiento ético en el mundo de la escalada. Al fin y al cabo como decía Wittgenstein, “ética y estética son lo mismo” (Tractatus Logicus-Philosophicus, 6.421). La escalada libre consistía en dejar la roca tan natural como se encuentra la primera vez, no herirla, no dañarla, no transformarla. Además, la belleza de la escalada consistía en no apoyarse en técnicas artificiales para progresar y sólo utilizarla como medio de aseguramiento. Las clavijas no permanecían en la roca, sino que se recuperaban tras su uso y poco a poco se fueron quedando olvidadas, sustituidas por artefactos que aprovechaban las fisuras, o grietas sin herirlas, fisureros, empotradores, friends, etc.

La polémica sigue activa y hoy es habitual encontrar las paredes de escuelas de escalada serpentadas por buriles, spits y anclajes que se introducen con taladradoras eléctricas y que ofrecen una seguridad casi total al escalador. Los humanos no paramos de idear cosas y artefactos para satisfacer nuestros deseos, y, aunque no podemos predecir por dónde continuará esa extraña actividad que es la subir montañas, recorrer las clavijas de Cotatuero o de Soaso o de Carriata, ensuciándote las manos con el óxido del hierro de las cadenas o de las clavijas nos introduce en una historia que el hombre comparte con las montañas del Pirineo.

Abecedario de los Pirineos, Carriata, Clavija, Cotatuero, Escalada, Ordesa

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Comentarios sobre  Abecedario Pirineos: C de Clavijas

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  • 28 de agosto de 2012 a las 14:38

    Cuando me encuentro con las clavijas citadas en el Pirineo, las miro y…a rodear!, y es que no están puestas para gente bajita como yo, y es que desde una me resulta imposible agarrar la siguiente.

    Por Celia
    • 28 de agosto de 2012 a las 16:34

      Bueno, ánimo, que en muchos casos se están modernidando y las están cambiando por cadenas contínuas. Por ellas se obtienen hermosos paisajes.
      Carlos Muñoz