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    La fotógrafa y vídeo-artista Leila Alaoui (1982-2016) falleció trágicamente víctima de las heridas sufridas tras el atentado de Uagadugú, en Burkina Faso, el 15 de enero de 2016, cuando trabajaba en un reportaje sobre la condición de la mujer, por encargo de Amnistía Internacional. Una exposición en la Casa Árabe de Madrid homenajea su trayectoria y compromiso vital mostrando treinta retratos realizados por la autora en entornos rurales de Marruecos. Abierta al público hasta el 22 ...[Leer más]

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Histórico noticias



Belleza efímera: Pompas en El Retiro

El happening, la performance, el environment o el land art. Arte efímero que no sólo se exhibe temporalmente en museos como el MOMA de Nueva York. Mucho más cerca hay un artista callejero que cautiva con pompas de jabón a quien pasea por el Parque de El Retiro de Madrid.

6 de diciembre de 2013

En el arte del siglo XX, y aún en la actualidad, el arte efímero ha sido muy importante. Por su propia definición es difícil de observar. Sólo a veces es posible, pues muchas de sus performances se ejecutaron una sola vez y no se han repetido o se han perdido, de forma intencional o no.

El arte casi siempre se concibe vinculado a  la permanencia, a la eternidad. Un arte fugaz es casi un oxímoron. El arte tradicionalmente producía objetos materiales y conservables. Cuando lo que se produce como arte tiene la vocación opuesta, esto es, desaparecer, no perdurar, hay algo de extraño o perverso en ello. Pero hermoso ya que lo efímero siempre ha sido cautivador, fascinante. Nos recuerda de manera delicada nuestra propia finitud.

En el siglo pasado se produjeron muchas formas artísticas basadas en esa idea. El happening, la performance o el land art son ejemplos importantes. Una de las obras más notable relacionada con el tema que aquí nos interesa es la Spiral Jetty que Robert Smithson realizó excavando un malecón en forma de espiral en el lecho del Gran Lago Salado de Utah. Construida sobre una superficie muy blanda y arcillosa, estaba  destinada a hundirse y desaparecer, tal y como quería el artista. De hecho, sólo desde el aire era fácil apreciar esa estructura en sus enormes dimensiones. Hoy ha desaparecido. Únicamente queda un rastro que también acabará por diluirse.

Pompas de jabón en el parque del Retiro, Madrid.

Rafael Manrique.

Sin embargo, no hay que irse a Utah,  al río Colorado o al MOMA. de Nueva York ni a ninguna lejana tierra islandesa para ver arte de este tipo. Está cerca. En el parque del Retiro, en Madrid.  En diversos rincones un hombre hace allí pompas de jabón de manera extraordinaria. Una belleza tan efímera como sencilla y sorprendente. Pertenece al grupo de gente que muestra en el Retiro distintas habilidades a cambio del dinero que se le quiera dar. Si uno pasea por allí se encuentra con muchas de estas personas. Algunas simplemente venden kleenex o hacen obras de marcado corte kitsch. Unos pocos realizan alguna actividad de mérito artístico; entre ellos, ese pompero bien conocido entre los visitantes del parque.  Este artista callejero actúa a pocos metros de algunos de los museos más importantes del mundo. En el Prado o en el Reina Sofía, citando un museo con artistas vivos, viven las obras de lo que el mundo concibe como arte. Este hombre, sin embargo, hace cosas de inusitada belleza y obtiene dinero de lo que los paseantes tenemos a bien dejarle en una lata.

Efímeras pompas de jabón… ¿Qué tienen de extraordinarias? ¿Qué tienen de artísticas? Lo de efímero tal vez no haya que explicarlo. Sí, cualquiera hace pompas de jabón. Hasta hay aparatitos que, por un euro, sirven para hacerlas. Son divertidas y algunas veces hasta bonitas. Pero no es este el caso. Aquí la diferencia está en el método, que produce resultados sorprendentes. Se usa un cubo de agua enjabonada y un rollo de cuerda sostenido por dos pequeñas varas de madera. El pompero las introduce en el cubo, las saca con cuidado y con el aire que sopla se forman esas enormes pompas que vemos crecer y desprenderse del lazo de cuerda. Todo ello lentamente, de tal manera que es posible observar con claridad cómo se generan y cómo se separan del aparato que las ha formado. A continuación, flotan unos cuantos segundos en el aire.

Sus pompas se asemejan al cine. Son como esas películas de finales del siglo XIX que pueden verse en la exposición, ahora en el Caixaforum de Madrid, acerca de Méliès y la época del nacimiento del cine. La génesis y movimiento de las pompas generan ilusión y fascinación por la imagen. De hecho cuando él trabaja en el parque, poco a poco, se va arremolinando gente de todas las edades que, o bien pasaba por allí, o va expresamente a verle. Y dejan dinero sin que haya que solicitarlo o se pida con un cartel. Tan sólo una sencilla lata indica que ese es su trabajo y se espera una contribución para que el artista siga vivo. Mucha gente, satisfecha con lo que ha visto, deja monedas sin dilación alguna.

Pompas de jabón en el parque del Retiro, Madrid.

Rafael Manrique.

Lo curioso es que, siendo arte, difícilmente podría estar en un museo. Demasiado efímero y azaroso. Y más en los tiempos que corren. Ya hubo artistas que hicieron obras imposibles de estar físicamente en ningún espacio o colección de arte.  Incluso algunos –el mismo J. Beuys lo hizo– se encerraron ellos mismos en un  museo o galería como si fueran una obra de arte. Este pompero no es tan vanidoso. Su  trabajo, su arte, no es sino las pompas que fabrica, no él mismo. En tiempos de alta tecnología digital, de artilugios maravillosos como las tabletas o los teléfonos inteligentes, el agua y el jabón consiguen, en sus manos, transportarnos a un mundo mágico y alucinatorio hecho de colores y formas nuevas cada vez que alza sus brazos para que el aire las forme. Y, por si fuera poco poética la actividad, las pompas se rompen tras unos segundos, y donde había belleza excelsa queda en el suelo un poco de agua enjabonada nada bella, nada glamorosa… La base real de la existencia, que diría J. Lacan.

Esos colores flotantes nos devuelven a la infancia; generan ilusión en un alma todavía capaz de asombrarse ante la belleza de lo que le rodea; pero también nos despliega ante los ojos la expresión de un fenómeno que una vez estudiamos en los primeros cursos de física en el colegio. Pompas sostenidas por la tensión superficial, materialismo aplicado que contrasta con la belleza inmaterial que, por unos instantes, flota en el parque del Retiro. Hasta aquí la niñez, la adolescencia. Años más tarde, para explicar la transición de agua a pompa y su rotura, el químico Ilya Prigogine recurrió a complejas teorías acerca de los puntos de bifurcación. Al tiempo René Thom matematizó la explicación de la experiencia de los cambios catastróficos. Ambos científicos ganaron los más prestigiosos premios que se pueden obtener: el Premio Nobel y la Medalla Fields. Arte, física, matemática, en esa pompa, en esas manos, en esa esquina del Retiro.

Poética de la luz y de la ciencia obtenida por unas pocas monedas. Belleza hecha de agua y jabón; de un balde, una cuerda y un poco de aire. Fugacidad del tiempo a la que se enfrentaron los filósofos escribiendo a veces abstrusos tratados de miles de páginas que no se acercan en comprensibilidad a esta pompa que surge por unos instantes de las manos del pompero. Anticipación de la muerte, urgencia del vivir y del gozo.

Estamos ante otra versión de la insoportable levedad del ser, que decía Kundera y lo decía bien… Sólo él podría servir de compañía a este pompero. Releer su obra en voz alta seria subversivamente poético.

Pompas del pasado,  de la infancia y del futuro. Desaparición en un estallido del que sólo queda un leve rastro en el suelo que, a su vez, desaparecerá en pocos minutos. Su vocación no es permanecer en el espacio ni el tiempo, sólo en la memoria del paseante. Hasta que, años más tarde, en algunos de ellos alumbre arte, cine, poesía… Materiales para la resistencia frente a estos años de oscura política secuestrada por el dinero.

Ya dijo Antonio Machado, que es de necios confundir valor y precio.

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Comentarios sobre  Belleza efímera: Pompas en El Retiro

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  • 18 de diciembre de 2013 a las 13:14

    Lo extraordinario de la belleza del instante, del momento, del presente.
    La vida que vivimos està llena de estos instantes: el dibujo que imaginamos que forman las nubes cuando levantamos nuestros ojos, el sonido del viento cuando ruge, el olor de una rosa de campo, el sabor de helado de galleta, la ternura de la mano que acaricia…
    Es nuestra mirada lo que hace esos momentos sean bellos.

    Por Maria