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Bremen: Más allá de Roland y los músicos III

Observando un plano actual de la ciudad de Bremen, nos sorprende un festoneado de verdes meandros que rodean el centro histórico. Son sus muchos jardines y parques: el de Wallanlage, Burerpark, Rhodondrendon Park… con sinuosos senderos y árboles donde pasear y relajarse.

19 de noviembre de 2014

 

Parques, muchos parques

 

El Wallanlage

Observando un plano actual de la ciudad, nos sorprende un festoneado de verdes meandros que rodean el centro histórico. Como tantas ciudades medievales, Bremen, levantada junto al río Weser, estaba protegida por murallas. En la segunda década del siglo XIX, la ciudad cambió fortificaciones por verdes parques gracias al diseño del paisajista natural de Bremen Isaak Altmann, el artífice del Wallanlage, el primer parque de esta ciudad. En uno de sus extremos, y para recordarnos dónde se hallaba el centro de la ciudad medieval, diseñó un rincón especial: el Focke Garten.

Aunque esta no es una ciudad ruidosa, gracias a su generosa red de tranvías, pasear por él se convierte en una relajante inmersión en la paz de sus infinitos verdes. Sinuosos senderos, arbustos, bóvedas tejidas por las ramas de árboles increíblemente altos. Pero éste no es un adjetivo gratuito: aquí podemos admirar un nogal americano de treinta metros de altura y un álamo canadiense  que llega hasta los veinticinco metros. Patos y conejos acompañan pacíficamente a viandantes y ciclistas, que respetan con naturalidad (como en toda Bremen ¡qué delicia!) sus   propios senderos.

En el centro del parque, un camino flanqueado por cuidados jardines sube hasta un molino de viento del siglo XIX, convertido en un interesante restaurante y café.

Parques y jardines de Bremen, Alemania.

Anton Radl.

 

Burgerpark

En 1866, el proceso de unificación alemana estaba en pleno auge. Con la incorporación de Bremen a la Confederación Alemana del Norte, la ciudad experimentó una notable expansión económica y demográfica. Es entonces cuando sus habitantes consideraron que había llegado el momento de contar con un parque digno de tal floreciente ciudad. El problema era que, como buena ciudad burguesa, no disponía de palacios o fincas nobles cuyos terrenos se podrían aprovechar para zonas verdes. Y, además, la hacienda pública tampoco estaba para alegrías. El sentido práctico de la Hansa volvió a aflorar y todo se resolvió aprovechando las tierras comunes, que desde la Edad Media se destinaban al pastoreo del ganado de sus habitantes. La financiación vino de las arcas de los bremenses más ricos.

Y así comenzó la historia del Burgerpark (literalmente “el parque de los ciudadanos”), esa maravilla de doscientas dos hectáreas con umbrías frondosidades, irregulares riachuelos, lagos que incitan a bucólicos paseos en botes y senderos para pedalear, pasear y  cabalgar. Y ya puestos, hasta destinaron unas parcelas para un zoo. Inicialmente, algunos prósperos comerciantes lo dotaron de animales y aves exóticas, pero hoy en día sólo alberga animales domésticos (cerdos, vacas, ciervos, cabras, ovejas…) procedentes de la misma región climática y que campan a sus anchas en espaciosos recintos. Como también lo hacen por la hierba y por lagos y caminos amigables patos, conejos, ardillas, cuervos, mirlos y ranas. Puentes, cafés y varios bancos recuerdan los nombres de los mecenas que dotaron a Bremen del parque público más grande de Alemania y que continúa siendo de financiación privada.

Cada verano el parque aloja el festival Shakespeare im Park, con las actuaciones de la Bremen Shakespeare Company, fundada en 1983.

 

Rhodondrendon Park

A unos quince minutos en tranvía, hacia el noreste, encontramos el Rhodondrendon Park. Aquí también cuidados senderos nos llevan a lo largo de cuarenta y seis hectáreas entre una espectacular sinfonía de verdes, enriquecida en primavera por la floración de mil trescientas variedades de rododendros y azaleas.

Pero hay mucho más, como la deliciosa zona dedicada a plantas aromáticas –toda una experiencia para el olfato–, el jardín de bonsáis y la rosaleda con nada menos que doscientas treinta variedades distintas de rosas, una de las cuales está dedicada a los famosos músicos de Bremen.

¡Y ese museo tan especial que es Botanika! Ya el toque diferente lo da la selección variada de sobrecitos de té que nos ofrecen con la entrada. Elijamos el nuestro con mimo, que más adelante lo agradeceremos.

Nos da la bienvenida un logrado jardín zen japonés. De la armonía serena de sus piedras pasamos a la irrupción de la naturaleza asiática en un inmenso invernadero. Vamos avanzando por senderos que suben y bajan, entre escarpadas cumbres, cascadas y torrentes. Y así, ayudados por la oculta tecnología que reproduce los diversos climas y por la real algarabía de algunas aves y pequeños animales, nos paseamos por Nepal, Yunnan, Tíbet, Bután, Borneo… Aquí y allá aparecen grutas que albergan tapices budistas, (thangkas), ruedas de oración, piedras con las inscripciones de mantras (Mani walls), un tótem de Borneo… Imprevistamente nos topamos con un sonriente y espectacular Buda yacente. Afirman que es el de mayor tamaño de Europa, aunque sospecho que desde 2013 ese récord lo ostenta el del monasterio Pagoda Vien Giac, de Hannover.

Llegamos, por último, a un encantador salón de té chino con dispensador de agua caliente y vasos: el sitio ideal para aprovechar el saquito de té de la entrada y descansar un rato.

Con niños o sin ellos, vale la pena rematar la visita asomándonos al pequeño zoo interactivo, donde, entre otras curiosidades, podemos observar el trabajo de  laboriosas abejas en un panel o el hotel para insectos.

Parques y jardines de Bremen, Alemania.

Nikater, Wikipedia.

 

Knoops Park

Entre los parque que se extienden más allá de los límites de la ciudad, destaca sin duda Knoops Park, a unos trece kilómetros al norte y sobre el río Lesum, un afluente del Weser, y al que podemos llegar fácilmente en tren o bus.

Tiene siete kilómetros de senderos, también aquí entre frondosos árboles, algunos de ellos espectaculares, como el roble pedunculado plantado en 1795 y cuyo tronco alcanza 6,10 metros de diámetro. En medio de ese remanso de silencio, que no de soledad (como si hubiera un pacto no escrito para evitar voces que alteren ese bienestar), fluye el Lesum surcado por pequeñas embarcaciones. En julio nos encontraremos con el Festival Summer in Lesmona, un variado programa de actividades y espectáculos para todos los gustos y edades. Por mencionar sólo algunos: ferias artesanales, subida de globos aerostáticos, conciertos de música popular, fuegos artificiales reflejados en las aguas del río y los excelentes Conciertos de la Filarmónica de Bremen.

En Knoops Park los invidentes cuentan con un rincón privilegiado: un jardín sensorial en el que pueden moverse con total autonomía por senderos adaptados. Más de quinientas especies de arbustos y plantas están situadas de forma  que  puedan ser reconocidas y apreciadas con el tacto y el olfato, además de disponer de detallados carteles en Braille.

 

Friedehorstpark

No muy lejos del Knoops se encuentra este parque que ostenta dos récords: está emplazado en el punto más elevado de la ciudad (32,5 metros sobre el nivel del mar) y acoge  el árbol más alto de Bremen: un abeto de cuarenta y cuatro metros de altura. Al atardecer, la luz que se filtra a través de los árboles que rodean su lago crea un ambiente mágico de cuento infantil.

 

Artículos anteriores: Bremen: Más allá de Roland y los músicos I y II.

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