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    La Alhambra ha sido fuente de inspiración y creación para artistas y literatos como John Frederick Lewis, Alejandro Dumas, David Roberts, Jean-Auguste-Dominique Ingres, Eugène Delacroix, Joaquín Sorolla, Santiago Rusiñol, John Singer Sargent, Henri Matisse... Faltaba, entre tanto hombre, una visión femenina sobre el monumento nazarí. Carencia que el Museo de Bellas Artes de Granada ha querido paliar con una exposición colectiva realizada por cuarenta mujeres artistas del ámbito...[Leer más]

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    Museo Arqueológico Provincial de Alicante - MARQEl Museo Arqueológico Provincial de Alicante (MARQ) recorre la historia de la antigua Persia desde el Neolítico y la invención de la escritura hasta el Irán del siglo XVIII con casi doscientas piezas procedentes del Museo Nacional de Teherán, como los bronces de Luristán o un ritón de oro que pueden verse hasta el 1 de septiembre.

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    J. Laurent (firmaba solo con la inicial de su nombre) nació en Garchizy en 1816, pero desarrolló su carrera fotográfica en España, abriendo un estudio en la Carrera de San Jerónimo 39 (donde hoy está el Congreso de los Diputados). Retrató la segunda mitad del siglo XIX español, tomando vistas panorámicas de ciudades, paisajes, monumentos y obras de arte que documentan el patrimonio cultural material e inmaterial de la península ibérica. Una exposición con más de doscientas imá...[Leer más]

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Histórico noticias



Buenos Aires, la ciudad querida. Parte I

Puede que en este momento Buenos Aires sea, junto con Berlín, la ciudad más dinámica y creativa del mundo. Ciudad libresca, literaria y bibliófila posee una de las librerías más bellas del mundo: El Ateneo. También su teatro sigue en la vanguardia mundial.

10 de agosto de 2012

Vitalidad, mestizaje y una saludable pizca de anarquía son rasgos que dibujan un retrato infiel de Buenos Aires, esa ciudad desgajada de Europa que acabó varada en el estuario del Paraná. Cuando la visitó Paul Theroux, de camino a la Patagonia, le sorprendió “la elegancia del viejo mundo”, levantada sobre estilos dispares: su imponente arquitectura de estilo francés, ese aire de severidad alemana en sus emporios industriales, la vulgaridad algo canalla de los barrios italianos del puerto, la retórica inglesa y francesa de sus jardines, o los apellidos con sonoras consonantes de los traficantes de cultura con origen centroeuropeo. Buenos Aires se parece a otras ciudades europeas, pero sobre todo se parece a sí misma.

Puerto Madero. Buenos Aires

Ahora, Buenos Aires es, quizás con Berlín, la ciudad más dinámica y creativa del mundo. Será que comparten un cierto sentimiento de ruina y regeneración. Una nueva explosión de creatividad protagonizada por la clase media más joven está transformando el tejido urbano de algunos de sus barrios más tradicionales como Palermo, la Boca, San Telmo, Las Cañitas o Puerto Madero a un ritmo que hiela el pulso y el pulso de la nueva ciudad tiene mucho que ver con la imagen y el diseño aplicado a la moda, el interiorismo, el arte, la cultura y la rehabilitación de espacios urbanos. Que sea así tiene lógica, Buenos Aires es una ciudad abierta a la mirada, a la locuacidad, a la externalización de las emociones, al culto por la forma y a la radicalidad de opciones. Una de las cosas que más sorprende al extranjero es lo mucho y lo bien que se habla en sus calles. No hace tanto lo recordaba Fernando Savater en un artículo dedicado a un viaje por la Patagonia:

 “¡Qué gratamente articulados son los argentinos! En el mundo monosilábico hacia el que derivamos, es agradable encontrar conferenciantes espontáneos en cualquier parte, bien hablados y razonados”.

Es la cultura oral que desaparece en la vieja Europa y sobrevive en una ciudad literaria, libresca y bibliófila en la que aún se rinde culto a la lectura y sus librerías están abiertas hasta la medianoche. A la postre los libros han demostrado resistir las crisis y han usurpado el espacio de algunos cines como la librería del grupo El Ateneo que ocupa el antiguo cine Grand Splendid en la Avenida Santa Fé.  Las guías deberían incluir una visita a la librería El Ateneo con sus palcos a modo de salitas de lectura, y su escenario convertido en café desde donde se despliega el paisaje de sus abarrotadas estanterías.

El Ateneo una de las librerías más bellas del mundo:

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En Buenos Aires hay más de mil librerías con unos horarios sorprendentes y temerarios. Las hay de todos los tamaños, especializadas o no y abundan los multiespacios donde se ofrecen libros o música en torno a mesas donde tomar un café. Y mucha librería de fondo, sin premuras de novedades, en las que es posible dedicarse al placer de la búsqueda que acaba casi siempre recompensado por un buen hallazgo, como le pasó a Umberto Eco que encontró en una de las muchas librerías de la calle Corrientes un antiguo volumen de Adso de Melk, uno de los protagonistas de El nombre de la Rosa.

Jorge Luis Borges en un interior de Buenos Aires¡Qué borgiana es esta ciudad llena de libros en el horizonte de la era digital!. Viene al hilo recordar que el más grande de sus escritores se pasó media vida entre pasillos y estanterías de coloridos lomos. Primero en la Biblioteca Miguel Cané y, después, en 1955 en la antigua Biblioteca Nacional de la calle México. Aún le dio tiempo a trabajar en el proyecto de la nueva Biblioteca Nacional que tardó más de 30 años en inaugurarse sin que nadie haya podido dar una explicación de esta tardanza. Hoy el edificio de cemento gris de la arquitecta Clorinda Testa ya necesita algún que otro arreglo a pesar de que sólo data de 1992. Tiene un aire plúmbeo, ensombrecido por las malas lenguas que hablan de la maldición de Evita Perón, la que nunca se dejó aconsejar por un libro: “Alpargatas sí, libros no”. Evita murió en ese mismo lugar, en el palacio que fue derribado y sobre el que ahora se asienta la mole de estructuras salientes de la Biblioteca.

La estrella de la “psicogeografía literaria” es la Ruta Borges. Jorge Luis Borges, el gran icono de la literatura argentina, nació en los arrabales del Barrio de Palermo y vivió su madurez en el centro, en los apartamentos de la Avenida Quintana o de Maipú, paseó por el zoológico y la umbría Plaza San Martín y trabajó en las Bibliotecas de la calle Carlos Calvo primero y de la Biblioteca Nacional en la calle México antes de que su contenido se llevara a la actual. Palermo está en sus primeros escritos como homenaje al paisaje urbano de su niñez. Nació en la calle Tucumán y después la familia se mudó a una casa más grande en la antigua calle Serrano bautizada ahora, en el tramo en la que vivió la familia, con el nombre de calle Jorge Luis Borges. En uno de sus primeros poemas, Fundación mítica de Buenos Aires, alude al lugar original de sus primeras sensaciones sobre el mundo:

 “Fue una manzana entera y en mi barrio; en Palermo/ Una manzana entera pero en mitad del campo/ presenciada de auroras y lluvias y sudestadas./ La manzana pareja que persiste en mi barrio;/ Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga”.

Quién le iba a decir al gran maestro que el barrio en el que nació es ahora uno de los símbolos de la transformación urbana que vive la ciudad. Su metamorfosis empezó en los ochenta cuando se fueron rehabilitando algunos de los edificios industriales en desuso y mucha gente joven se mudó a este lado de la ciudad buscando la proximidad de la enorme masa verde del Parque 3 de Febrero lleno de lagos y paseos umbríos en los que refugiarse cuando el calor tórrido y húmedo del verano abrasa la ciudad. También es un barrio a escala humana, un barrio que apuesta por la horizontalidad por contraste al exceso de verticalidad que se levanta en los distritos del centro; barrio de casitas racionalistas de dos plantas alineadas en calles arboladas y tranquilas, animadas ahora por una increíble cantidad de bares, cafés y restaurantes acogedores, modernos y desenfadados. Palermo, en realidad, está dividido en submundos. Uno de ellos, el más elegante, es Palermo Chico donde se apiñan casi todas las embajadas que ocupan los palacetes de la antigua burguesía local llegados hasta aquí desde la zona insalubre de La Boca cuando el cólera y la fiebre amarilla les obligaron a buscar una zona a salvo de las calamidades para levantar sus lujosas mansiones.

Casa de Victoria Ocampo de estilo racionalista

Foto: Pilar Rubio Remiro

Aquí también y cerca de la Embajada de España está la casa mínimal y racionalista que se hizo construír Victoria Ocampo y desde la que se empezó a editar la mítica Revista Sur, ocupada ahora por el FNA (Fondo Nacional de las Artes). Vista así nadie diría que en su día fué toda una rebelión estética producida en parte por la estela que dejó Le Corbusier cuando pasó por la ciudad a finales de los años veinte con el objetivo de dar unas conferencias en la Universidad. Y menos aún que sea obra del arquitecto Alejandro Bustillo, el mismo que había llenado la ciudad de mansardas de pizarra en el más genuino estilo francés. Los vecinos asistieron horrorizados a las obras de esta casa temiendo que estropease la unidad y la belleza del barrio pero la musa de la cultura argentina lo tenía bien claro: “La arquitectura moderna me parecía uno de los signos más reveladores de nuestra época”.Victoria Ocampo con la revista Sur

Al oeste se extiende el gran Palermo dividido en Palermo Hollywood (bautizado así por la cantidad de empresas audiovisuales que se instalaron cerca de los estudios de televisión) y Palermo Soho en honor del ambiente bohemio y rompedor que tiene esta zona salpicada por comercios de diseño de ropa, complementos y decoración tocados por la gracia de una originalidad fresca e inimitable. En su frontera está la zona de Las Cañitas, otro dédalo de restaurantes acogedores y la conocida como Villa Freud, al sur de la Plaza Italia, y bautizada así por la cantidad de consultorios psicoanalíticos que dan servicio a la ciudad. Parte del encanto de toda esta zona es ese aire entre bohemio y cool que conduce siempre a la sorpresa. Callejeando hasta se puede encontrar algunas de las viviendas más sorprendentes y con más estilo de Buenos Aires, algunas ocultas en pasajes semicerrados como el Russel, Santa Rosa o Soria a lo largo de la calle Serrano hasta llegar al corazón de la zona que es la deliciosa y recoleta placita de Serrano. Entre tanto culto al diseño aún es posible dar con algunas viejas tascas y vinaterías como el Preferido de Palermo abierto hace sesenta años o la cantina La Placita con sus manteles a cuadros y aire tanguero.

Sombreros en un escaparate bonaerense

Foto: Pilar Rubio Remiro

Pero si decíamos que la crisis que sobrevino a la devaluación cerró algunos teatros que fueron rescatados para librerías, sin embargo hoy las artes escénicas siguen siendo uno de los principales reclamos de la ciudad. La pasión de los bonaerenses por el teatro es legendaria. Miles de salas salpican la ciudad encabezados por los teatros Colón (Ópera y música) y Cervantes, creado por María Guerrero y que reproduce la fachada de la Universidad de Alcalá de Henares, y sobre todo por el legendario Teatro San Martín, pieza fundamental que forma parte del Complejo Teatral de Buenos Aires, de presupuesto municipal en el que también se incluyen los teatros Alvear, Regio, Sarmiento y el de la Ribera en La Boca. El San Martín vertebra los estrenos más importantes de cada temporada. Es un soberbio edificio modernista de los arquitectos Mario Roberto Álvarez y Clorinda Testa iniciado en los 50 y completado en los años 70 con un hall diáfano marcado por imponentes columnas y por los enormes murales coloristas del pintor Luis Seoane y en su interior  no ha decaído el ritmo y la importancia de sus estrenos que siguen marcando la pauta teatral de la ciudad.

La que nunca duerme, la que fue la calle más canalla de la noche porteña hoy ya es apenas sombra de lo que fue. Corrientes era el Broadway bonaerense de la comedia y el musical, el escondite del tango de Carlos Lenzi: “No hay portero ni vecinos/ adentro coktail y amor”, la calle que el escritor Roberto Arlt encontraba inútil reformar: “Calle porteña de todo corazón, está impregnada tan profundamente de ese espíritu nuestro y aunque le poden las casas hasta los cimientos y le echen creolina hasta la napa del agua, la calle seguirá siendo la misma”. Pero se equivocaba. Corrientes es hoy una calle mellada por el paso del tiempo que cerró muchos de sus teatros consagrados a la comedia y el musical, aunque aún sobreviven tantos de ellos que para un foráneo es difícil imaginar cómo sus aceras pudieron albergar tantos y tantos neones al mismo tiempo. Lo que no ha sufrido apenas es la red de teatros independientes que convierten a la ciudad en una potencia teatral a nivel internacional. Nacido en los años 30, el teatro independiente siempre ha salido fortalecido de las sucesivas crisis y actualmente, en temporada alta, puede haber en escena 350 espectáculos repartidos en multitud de salas estables.

Consecuencia de la irreductible pasión teatral de los argentinos es la buena salud de su cine que sorprende al mundo con producciones de bajo presupuesto e historias arriesgadas y nada convencionales. Los cines se llenan en Buenos Aires, ya sea algunos de los clásicos del centro divididos en salas como el Lorca en Corrientes, los Atlas Lavalle y Santa Fe, o las modernas multisalas como el Village Recoleta. En los últimos años los nombres de algunos de sus directores se pasean con éxito por la programación de los festivales internacionales y muchos de ellos ya nos son familiares: Carlos Sorín (Historias mínimas), Daniel Burman (El abrazo partido), Lucrecia Martel (La niña santa, La ciénaga,), Jorge Gaggero (Cama adentro), Marcelo Piñeyro (Whisky Romero Zulú), Juan José Campanella (El hijo de la novia), Damián Szifrón (El fondo del mar), Fabián Bielinsky (Nueve reinas), Luis Puenzo (La historia oficial).

Lo mismo ocurre con algunos de sus actores y actrices presentes cada vez más en el reparto de producciones españolas. Pero el cine compite sobre todo con la música omnipresente en calles, tugurios, bares, viejos cafés y espacios off, milongas y salas de conciertos. En un país en el que las pasiones parecen propagarse por las cañerías, la música llega con ellas al rincón más esquivo y el tango, con sus acordes clásicos o sus guiños modernos al jazz, parece acompañar las horas más dulces de los bonaerenses. Pero ésta es otra historia…

Borges

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Comentarios sobre  Buenos Aires, la ciudad querida. Parte I

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  • 03 de noviembre de 2012 a las 19:52

    Comparto tu opinión sobre esta magnífica ciudad, pasear por sus calles y grandes avenidas, contemplar su estupenda arquitectura, entrar en tantas librerías de libro nuevo y de segunda mano es un regalo. La conozco en verano y en primavera, y espero volver de nuevo.

    Por Josefina
  • 04 de noviembre de 2012 a las 11:11

    Gracias por tu comentario, Josefina, es una ciudad llena de historia e historias. Casi, casi, inabarcable. Volveremos!

    Por Pilar Rubio Remiro