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Histórico noticias



Cómo sobrevivir sin comida en la Antártida I

Pocas regiones del planeta proporcionan tan pocos medios para sobrevivir como la Antártida, en especial durante el invierno, cuando la poca fauna existente decide migrar hacia latitudes más cálidas. Esta es la historia de unos perros que, pese a todo, lograron subsistir en el Polo.

12 de octubre de 2015

Cualquiera podría pensar que me fascinan las películas o los documentales sobre la Antártida. Pues no es así. Por una parte, me hacen sentir una añoranza casi dolorosa, y por otra, las miro con lupa para detectar fallos o incongruencias.

Y eso me pasó con la película Eight Below, que en España se estrenó en 2006 con el título Bajo Cero. Es la historia de unos perros que por circunstancias son abandonados por los científicos en la Antártida sin comida. Según la imaginación del guionista, cuando regresan al año siguiente los perros aún están vivos.

Lógicamente, eso no cabía en mis esquemas. Las bajas temperaturas del invierno antártico, los vientos huracanados y la falta de animales que cazar, hacía ridículo considerar ese final tan de factoría Disney, de quien era precisamente la película.

 

La historia de Taro y Jiro

Pues bien, hace unos días pusieron la película en televisión y a una amiga, Mar Vera, le picó la curiosidad –que es la cualidad que distingue a las personas de los zoquetes como yo– y quiso saber algo más de esa historia. Indagó en Internet y a las pocas horas subió a su Facebook un pormenorizado informe de los hechos reales que fueron la base de la película. Para empezar, descubrió que la película no era tan original: se trataba de un remake de la película japonesa Nankyoku Monogatari, estrenada en 1983 y cuya banda sonora fue compuesta nada menos que por Vangelis. Su famoso tema ‘Antártida’, que yo también había escuchado y siempre me había preguntado de dónde había salido.

A partir de ese momento, y con el orgullo herido, fui yo quien buceé en Internet y en todos los libros que tengo –como ha quedado bien demostrado– para decorar las paredes de mi estudio. Y fue surgiendo una historia que me emocionó.

 

La primera base japonesa en la Antártida

En 1957, coincidiendo con el Año Geofísico Internacional, Japón decidió montar su primera base científica en la Antártida. El emplazamiento elegido, para la que se denominaría base de Syowa, fue la isla de Ongul, en las inmediaciones del continente antártico. Un lugar al que incluso en la actualidad, con todos los avances técnicos, no se puede acceder más que con barco y durante los escasos meses del verano, cuando la masa de hielo marino que rodea a la Antártida se fracciona. Por lo tanto, la base y con ella los científicos que la habitan, queda aislada del mundo exterior durante más de diez meses del año. Precisamente, desde esta base se alertó por primera vez al mundo de la aparición del agujero de ozono. Pero esa es otra historia.

Cómo sobrevivir sin comida en la Antártida

En el mes de enero de ese año –en el hemisferio Sur es pleno verano–, un barco de transporte japonés, el Souya, llevó hasta el lugar los materiales necesarios para instalar la base. Trabajaron rápidamente y pocas semanas después se alejaron, dejando en la base a 11 hombres y 19 perros.

En aquellos tiempos todavía estaba permitido llevar perros a la Antártida para tirar de los trineos de los investigadores. Desde hace años está prohibido, dado que pueden transmitir enfermedades a la fauna autóctona antártica y provocar una mortandad masiva.

Los perros elegidos eran de una raza de husky conocida como Sakhalin, originaria de la zona más fría de Japón. Mientras se preparaba la expedición se inspeccionaron casi un millar de este tipo de perros, de los cuales medio centenar se consideró adecuado para convertirse en perros de trineos. Así comenzó un exhaustivo entrenamiento –tan duro fue que algunos murieron como consecuencia de las pruebas que tuvieron que pasar–, hasta que al final se seleccionaron 22 para ser enviados a la Antártida.

Como a estos perros les afecta mucho el calor, en el barco que los transportó se adecuó un lugar con aire acondicionado para evitarles los calores del paso del Ecuador. Poco antes de partir, una última inspección médica hizo que se rechazasen tres perros que volvieron a Japón. Quedando en la base antártica los 19 mejores.

 

Empezar con mal pie

Verdaderamente, la actividad antártica japonesa no pudo comenzar peor. El 1 de marzo, el Souya quedó atrapado por los hielos y fue necesario mandar un mensaje de socorro. Poco después, un rompehielos ruso acudió en su ayuda y le abrió paso hasta mar abierto. Durante ese invierno, en la base murieron dos perros por enfermedad y uno se perdió. Pero una de las perras tuvo 8 cachorros que, lógicamente, fueron una fuente de alegría para todos.

Al año siguiente, nuevamente se fletó el Souya para volver a la Antártida. Su misión era llevar a nuevos científicos que sustituyeran a los que habían pasado el invierno en la estación. Esta vez la cantidad de hielo que cubría el mar era tan grande que el barco ni siquiera pudo llegar a la base antártica y tuvo que volver a solicitar ayuda para tratar de conseguirlo. En esta ocasión fue un rompehielos norteamericano el que acudió a su rescate.

Con este refuerzo pudieron seguir avanzando, hasta que, de repente, una impenetrable masa de hielo les bloqueó el paso. Todos sus intentos por abrir un camino resultaron inútiles y tuvieron que dar la orden de evacuar por aire a todo el personal de la base.

 

Una difícil decisión

El barco disponía de un pequeño avión dotado de esquíes como tren de aterrizaje, con el que se iniciaron los vuelos. Desgraciadamente, el tiempo empeoró y el jefe de la expedición se vio obligado a ordenar que el avión realizase un último vuelo para rescatar a los hombres que aún quedaban en la base. Como el avión no tenía capacidad para llevar a todos los perros, se decidió vaciar parte de los tanques de combustible para que, al menos, pudiesen subir la perra con sus cachorros. De tal forma que, cuanto el tiempo mejorase, volverían a por los perros restantes. A los que dejaron, para que no se dispersasen, sujetos por unas cadenas a unas estacas clavadas en la nieve.

Pero el tiempo no mejoró. Todo lo contrario: cada vez iba a peor y, nuevamente, el jefe de la expedición, temiendo que los dos barcos pudieran quedar bloqueados por el hielo, dio la orden de regresar. Como en la película Bajo Cero, allí quedaron 15 perros encadenados. Condenados a muerte.

Continuará…

bajo cero, Cine, viaje a la antartida

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Comentarios sobre  Cómo sobrevivir sin comida en la Antártida I

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  • Pingback: Cómo sobrevivir sin comida en la Antártida | La Línea del Horizonte

  • 29 de junio de 2016 a las 7:57

    Muy interesante y muy bien documentado. Muchas Gracias por publicar este tipo de documentos, historia o archivos. Es muy importante para mejorar la documentacion historica polar en nuestro idioma. Muchas Gracias Maestro Javier Cacho!!

    Por David Pacheco