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  • Lujo. De los asirios a Alejandro Magno

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    Los antiguos imperios asirio, babilónico, fenicio y persa tuvieron en común con Alejandro Magno el propósito y la codicia de extender su poder más allá de sus propios límites. Así es como llegaron a ocupar un área comprendida entre las actuales España e India. Estos territorios fueron el escenario de luchas incesantes, conquistas y saqueos de toda índole, pero también de un intenso comercio de materias primas, metales preciosos y objetos de deseo como los que se muestran hasta el 12 ...[Leer más]

  • Jardín deshecho

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    “A mi queridísimo Federico, el único que me entiende. Firmado: su propio corazón”. Esta es la dedicatoria que Lorca se hizo a sí mismo en un ejemplar de su primer libro, Impresiones y paisajes, y uno de los documentos más curiosos que ofrece la exposición Jardín deshecho, abierta al público hasta el 6 de enero de 2020 en Granada. Comisariada por el hispanista estadounidense Christopher Maurer, es la primera muestra sobre el poeta centrada en la temática del amor. “Amó mucho...[Leer más]

  • Magallanes, Elcano y la vuelta al mundo

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    ExposicionesEl mundo no volvió a ser el mismo después de esta expedición. Doscientos treinta y nueve hombres y cinco naos partieron de Sevilla en 1519 en busca de una ruta por el oeste hacia la Especiería. Tres años después, regresaron dieciocho hombres y una nao, después de haber dado la vuelta al mundo. El Museo Naval de Madrid se une a la celebración del quincentario con la exposición Fuimos los primeros. Magallanes, Elcano y la Vuelta al Mundo, abierta al público desde el 20 de septiembre.

  • Nómadas de Altái

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    Las comunidades nómadas kazajas del norte de Sinkiang migran anualmente hasta mil kilómetros de distancia, constituyendo uno de los movimientos estacionales más largos de Asia Central. Realizan dos viajes al año: pasan los meses de frío en un lugar fijo, resguardado del viento o en la orilla de un río, y en primavera parten hacia los pastos de verano, en el macizo Altái, en lugares más elevados y frescos. Al llegar el otoño, vuelven a sus asentamientos de invierno. Desplazamientos ...[Leer más]

  • Cartografiando la Luna

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    The Map House, LondonTrescientos años antes de que los estadounidenses llegaran a la Luna, un sacerdote y erudito alemán, Athanasius Kircher, dibujó un mapa de la cara visible de nuestro satélite. Este y otros tesoros pueden verse en una exposición que explora la historia de la cartografía lunar y celeste: The Mapping of the Moon: 1669-1969, hasta el 21 de agosto en la Map House de Londres.

Histórico noticias



Con Saramago por las Aldeas Históricas de Portugal (III)

Cada una de las aldeas históricas de Portugal tiene una historia añeja y una leyenda que contar. Las recorremos junto al Premio Nobel de Literatura José Saramago. Con El viaje del elefante de guía, conocemos Sortelha, Cidadelhe y Castelo Rodrigo.

22 de septiembre de 2014

A medida que recorremos La Beira, siempre con A viagem do elefante como guía, la atmósfera remota y parsimoniosa descrita en sus páginas se nos antoja más cercana, más descifrable. Escuchamos los ecos de la Historia. Sentimos las olas del tiempo apretujarse por centurias. Nos sorprenden –y mucho– estas soledades inveteradas donde la vida humana, incluida la de los núcleos urbanos, aflora distribuida a cuentagotas. Todo nos genera la impresión de un escenario desmedido para tan escasos actores, pues poco debe de haber cambiado desde que Salomón, el proboscídeo, atravesó estos mismos parajes, poblados sólo en ciernes.

Aquí y ahora sintonizamos sin escollos con la tremenda excitación que entonces suponía, por ser cosa infrecuente, hallar otras personas en el camino, descrita así por Saramago: “Con la primera luz de la mañana, oyose el grito que todos aguardaban: “¡Albricias, albricias, ahí hay una aldea!” […] si tal se podía llamar a dos decenas de casuchas apartadas unas de otras, con una iglesia descabezada, o sea, sólo con media torre”. Dentro del mismo contexto, nos sumergimos, junto al escritor lusitano, en el nunca visto espectáculo de un elefante asiático marchando de poblado en poblado: “Encuentros con los habitantes de estas tierras, los hubo, pero de paso, en el sentido más inmediato del término, es decir, las personas salían de sus casas para ver quién venía y se topaban con Salomón, que a unos les hacía santiguarse de pasmo y aprensión y a otros, aunque también con aprensión, les provocaba la risa, es de suponer que a causa de la trompa”.

Castelo Rodrigo, una de las aldeas históricas de Portugal.

Sortelha, adherida al programa de las Aldeas Históricas desde 1991, parece, igual que sus compañeras de inventario, nacida del granito y mecida en cuna trenzada con mimbres del Medioevo. Pasear entre sus casas de un solo piso, meticulosamente restauradas, nos revela la privativa esencia de uno de los poblados tradicionales más bonitos de todo el país, acurrucado –a la par que protegido– en el abrazo de sus recios muros circulares, levantados en el siglo XII. En su Viaje a Portugal, Saramago la describe evocativamente: “Entrar en Sortelha es entrar en la Edad Media [...] Lo que da carácter medieval a este aglomerado es la enormidad de las murallas que lo rodean, su espesor, y también la dureza de la calzada, las calles empinadas, y, encaramada sobre piedras gigantescas, la ciudadela, último refugio de los sitiados, última y tal vez inútil esperanza”.

Quizá para redimirla de este destino tan sombrío como supuesto, el premio Nobel portugués imagina aquí una de las escenas triunfales de su relato, aquella en la que el elefante, imbuido del politeísmo hindú, despacha con una sofrenada coz al párroco local, el cual, “con el súbito descubrimiento, por parte del comandante de la escolta militar, de que las palabras y los gestos que estaba haciendo pertenecían al manual del exorcismo, como si el pobre animal pudiera estar poseído por algún demonio”, se proponía anatematizarlo por hereje.

José Saramago con el palio de Cidadelhe.Cidadelhe, en el concejo de Pinhel, es, para Saramago, “el calcanhar do mundo”. Nos lo narra también en su Viagem a Portugal: “Ahí está la aldea, casi en la punta de una pirámide rocosa apretada entre el río Coa y la torrontera de Massucime. Es el último rincón del mundo, será el último de la vida”. La paz y los silencios de este caserío, grávidos de matices inescrutables, tienen el encanto y la nostalgia de lo añejo. Cosas de las que presumen sus moradores, orgullosos de un doble legado: el de  las más antiguas referencias escritas acerca de su memoria histórica y, especialmente, el del  requintado palio, que data del siglo XVIII y que las mujeres guardan bajo siete llaves. Como apunta el escritor nacido en Azinhaga: “El palio es la gloria de Cidadelhe. Ir a Cidadelhe y no ver el palio sería como ir a Roma y no ver al Papa. Y, más adelante, añade que “no hay palabras que puedan describirlo. El viajero queda asombrado. Quiere ver mejor la gran pieza de velludo carmesí bordada en oro, en plata y en seda, con el amplio motivo central, opulento cerco en torno a la custodia erguida por dos ángeles, y alrededor flores, hilos entrelazados, pequeñas esferas de estaño. Posa las manos en la blandura incomparable del terciopelo, y en una cartela bordada lee una palabra y una fecha: “Cidadelhe, 1707″. Éste es, en verdad, el tesoro que las mujeres de negro celosamente guardan y defienden cuando ya tanto les cuesta guardar y defender la vida”.

Y arribamos, por fin, a Castelo Rodrigo. Esta aldea histórica constituye el punto final de la etapa portuguesa del viaje de Salomón. Aquí, donde la vista abarca España y el valle del Douro, la historia, como bien atestiguan las ruinas abrumadoras, por titánicas, de su castillo en lo alto de la colina, tampoco fue pacífica. Ni siquiera en un trance teóricamente sin beligerancia, como el de entregar el elefante al destacamento enviado por el archiduque Maximiliano, su nuevo dueño. Al menos, así lo sospecha el propio Saramago en la conversación que conjetura entre el alcalde de la aldea y el comandante portugués de la caravana:

“- ¿Por qué piensa vuestra señoría que podría haber confrontaciones?

- Con estos españoles nunca se sabe, desde que tienen un emperador parece que andan con el rey en la barriga, y mucho peor sería si en vez de venir los españoles viniesen los austríacos.

- ¿Es mala gente?, preguntó el comandante.

- Se creen superiores a los demás.

- Eso es un pecado común, yo, por ejemplo, me creo superior a mis soldados, mis soldados se creen superiores a los hombres que vienen para hacer el trabajo pesado.

- ¿Y el elefante?, preguntó el alcaide, sonriendo.

- El elefante no cree, no es de este mundo, respondió el comandante.”

Castelo Rodrigo es lugar de paso de una de las tantas rutas de peregrinaje a Santiago de Compostela. Se cuenta que San Francisco de Asís pernoctó aquí de camino a la tumba del Santo. Sea esto cierto o no, en su iglesia de Nuestra Señora de Rocamador, fundada por una cofradía de frailes hospitalarios llegados de Francia en el siglo XIII, se conserva  una conmovedora estatuilla ecuestre de Santiago Matamoros.

En esta aldea histórica, la última de nuestro itinerario, hacemos balance de lo vivido: historia a borbotones, soledades gratificantes y rocosos paisajes con duende. Tres cosas que se agitan en el cóctel de nuestros recuerdos y que, en la hora premiosa del adiós, se nos fijan como un deleite en el alma.

 

Artículos anteriores: Con José Saramago por las Aldeas Históricas de Portugal I y II
Nota fuera de texto: Mi agradecimiento a Fly TAP y Turismo Centro de Portugal por su cortesía y las facilidades procuradas.

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