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24 de noviembre de 2017
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Flâneuse

Una paseante en París, Nueva York, Tokio, Venecia y Londres

Editorial: MALPASO EDICIONES
Lugar: ES
Año: 0
Páginas: 352
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura

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Hoy vamos con una revelación: las mujeres tienen piernas y las usan para caminar. Con ellas van y vienen, transitan los lugares, intervienen los espacios, desafían los mapas con su presencia. Baudelaire nos presentó a su flâneur, el hombre que se pasea sin involucrarse, pero Lauren Elkin nos presenta, a su vez, a la flâneuse, ella misma, una mujer que irrumpe caminando en los lugares en los que sí participa. "Donde el Flâneur mira, la flâneuse perturba y subvierte". Rescatar este hecho esencial, el de la voluntad de movimiento como afirmación de la individualidad, se mezcla en estas crónicas paseantes con el  de otras artistas cuyas huellas ya conocemos: de Martha Gellhorn, en los escenarios del mundo, a Sophie Calle en  París o Venecia, o George Sand o Agnès Varda, o tantas otras maestras en la subversión del movimiento.
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La Línea del Horizonte Ediciones




Crespi d’Adda, la utopía de un pueblo obrero en Bérgamo

En las afueras de la preciosa ciudad de Bérgamo y a una hora de Milán, Crespi d’Adda es un pueblo obrero, erigido a partir de 1878 por el empresario del textil Cristoforo Benigno Crespi, que en 1995 fue incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

5 de febrero de 2015

En la segunda mitad del siglo XIX, y sobre todo tras la publicación en 1845 de la demoledora obra de Engels La situación de la clase obrera en Inglaterra, se abrió un debate en los países de la Europa industrializada sobre la vivienda obrera. Higienistas, empresarios ilustrados, filántropos, socialistas utópicos y arquitectos trataron de poner en práctica sus ideas sobre la necesidad de una vivienda digna para las familias trabajadoras que se hacinaban en tugurios en las grandes ciudades. Así surgieron experiencias de barrios obreros en Londres, Glasgow, Dublín, París o Lyon. En la Europa del sur las realizaciones son más tardías y más escasas, aunque tenemos ejemplos tan interesantes como las colonias industriales de Cataluña.

Naves de la empresa algodonera en el pueblo de Crespi d’Adda.

María Unceta.

El pueblo obrero de Crespi d’Adda, levantado en torno a la empresa de textiles algodoneros fundada por Cristoforo Benigno Crespi a orillas del río Adda, es un buen concentrado de la teoría y la práctica de las utopías ilustradas de la primera revolución industrial. Se trataba de armonizar el trabajo en la industria con una vida en contacto con la naturaleza, de crear un universo autosuficiente en el interior del perímetro del poblado obrero, de borrar las fronteras –al menos, las espaciales– entre el patrono y sus obreros y de ofrecer a estos todo lo que pudieran necesitar para su vida, de la cuna a la tumba. Así, algo que llama poderosamente la atención de Crespi d’Adda es el lugar prominente que ocupa el cementerio situado en un extremo del pueblo obrero. Al fondo de la avenida principal, la capilla funeraria de la familia Crespi, levantada a lo largo de veinte años por el arquitecto milanés Gaetano Moretti, preside un camposanto en el que hay pequeños mausoleos y sencillas lápidas de piedra: patronos, directivos, técnicos y simples trabajadores reposan en un mismo lugar, aunque, eso si, sus tumbas reflejan las diferentes posiciones que ocuparon en vida en la escala social.

Capilla del cementerio de Crespi d’Adda.

María Unceta.

A diferencia de la mayoría de los barrios obreros del norte de Europa, en Crespi d’Adda comparten el espacio vital los patronos y sus trabajadores. La casa de los Crespi, conocida como el castillo, es una fantasiosa construcción de ladrillo rojo y piedra blanca, de aires neomedievales, que culmina una torreta almenada. Por su altura y su empaque se ve desde todas partes y domina el conjunto del pueblo, dando la sensación al visitante actual que nada estaba fuera del control del ojo del amo. Desde lo alto de la torre, alineada con la iglesia, se podía ver el altar mayor de ésta.

El castillo, residencia de los Crespi, en el centro del pueblo obrero.

Ian Spackman, Wikipedia.

El pueblo se extiende a lo largo de ochenta y cinco hectáreas rodeadas de bosque y en su perímetro se levantan las magníficas naves de la fábrica, las viviendas de los obreros, sencillas y funcionales, y las de los directivos, unas villas coquetas con terrazas y balconadas de madera, la iglesia, la escuela, el hospital, el centro social, los lavaderos públicos, así como el cementerio y el castillo de los Crespi, ya mencionados. Fue el primer pueblo de Italia que tuvo alumbrado eléctrico y llegó a contar con una piscina cubierta con duchas y vestuarios. El hijo del fundador de la empresa, Silvio Benigno Crespi, nacido en 1883, continuó la obra de su padre y siguió ampliando y mejorando las condiciones de vida de Crespi d’Adda. Además de empresario, Silvio fue presidente del Banco Comercial Italiano y del Automóvil Club desde el que impulsó la creación del circuito automovilístico de Monza, diputado y senador por el Partido Católico Liberal y participante en las negociaciones del Tratado de Versalles que articuló el mapa de Europa tras la Gran Guerra.

El mirador que se levanta sobre una pequeña colina es un observatorio privilegiado sobre el conjunto de Crespi d’Adda. Se domina el plano del pueblo, sus calles rectilíneas a lo largo de las que se levantan las naves de la fábrica con sus chimeneas, las villas de los directivos y técnicos y las casas de los obreros, todas ellas con un jardín y un huertecito para el cultivo de las familias. No faltan los árboles que dan colorido al pueblo. La iglesia, que ocupa un lugar destacado, es una copia de la de Santa María, obra de un discípulo de Bramante, que se levanta en la localidad natal de los Crespi, Busto Arsizio, en Lombardía. En un lado de la colina, la casa del cura y la del médico ocupan un plano elevado espacial y jerárquicamente.

Casas de obreros y residencias de directivos en Crespi d'Adda, Italia.

María Unceta.

Todo el sorprendente complejo urbano que levantaron padre e hijo quedó congelado en la década de los años treinta del siglo XX como consecuencia de la gran crisis industrial que sacudió a Italia: los Crespi vendieron la empresa, que siguió funcionando con otros dueños hasta el año 2003. Cuando en 1990 hubo un intento por parte de las autoridades del municipio de Capriate San Gervasio de construir en el espacio del pueblo obrero nuevas edificaciones, las asociaciones culturales de la zona se movilizaron para impedirlo e iniciaron los trámites para la inclusión de Crespi d’Adda en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, lo que consiguieron en 1995, salvando así este extraordinario conjunto de la arquitectura industrial de finales del siglo XIX y principios del XX. Los actuales habitantes de Crespi d’Adda, muchos de ellos descendientes de aquellos obreros del textil, parecen vivir ajenos al inmenso valor histórico y arquitectónico que tiene el lugar en el que discurren sus vidas.

 

Algunos datos prácticos

Crespi d’Adda está a dieciséis kilómetros de Bérgamo, ciudad que cuenta con el aeropuerto de compañías de bajo coste más importante de Italia. No hay que perderse la visita a Bérgamo, espléndida ciudad con tesoros artísticos de distintas épocas.

Un aliciente más para visitar Bérgamo y la Lombardía: a partir del 1 de mayo, se abre en Milán y alrededores la Expo Universal 2015 con el tema de la alimentación en el mundo. “Nutrir el Planeta, energía para la vida” es su lema central.

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