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De librerías por París

Pasear por París con otro pretexto que no sea sólo ver monumentos o museos, sino el de husmear sus innumerables librerías, hojear libros viejos en tiendas de lance, evocar a escritores que nos inspiraron y parar en un café a disfrutar de nuestros hallazgos.

13 de septiembre de 2012

El otoño es bueno para la cosecha de libros. París, en otoño, adquiere suaves tonos dorados y el verdín de sus squares cobra el brillo de las primeras lluvias. Es la rentrée, la vuelta al curso, que este año traerá más de seiscientos nuevos títulos a las bancas, de los cuales dos terceras partes franceses. Las librerías multiplican las presentaciones, las firmas de autor, los debates. Francia es uno de los raros países donde hay más librerías que hace treinta años. Las hay en todas las ciudades, por todos los barrios, y el libro sigue siendo parte de la vida cotidiana. Ser librero es una carga, no es fácil, pero no es una condena económica.

El viajero lector en París encuentra por doquier librerías donde husmear, hojear, comprar a precios muy asequibles libros para todo gusto y afición. París hace honor a su aura, al efecto París, que aún perdura, en el que escritores, intelectuales, editores y librerías siguen siendo relevantes en la vida pública cotidiana y los libros constituyen acontecimientos culturales de importancia. Las librerías, en Francia y no sólo en París, guardan tenazmente su personal carácter: son tradicionales e independientes.

Como el viajero estará en París sólo unos días, no le voy a asestar el listado de librerías que hay por arrondissement o distrito, porque sería inagotable. Esas las encontrará al azar de su flânerie. Como creo saber por dónde transita el noventa por ciento de los viajeros, les voy a sugerir unas paradas obligatorias, casi reverenciales, en un par de barrios solamente. Hay que limitar, para abarcarlo, ese inagotable peregrinar cultural que es París, donde en cada manzana hay una placa conmemorativa de algún artista, escritor, político o singular ciudadano que por allí moró. Muchas de estas librerías también fueron objeto de peregrinación y deseo de ilustres escritores. Hoy encontramos en ellas desde los tipos parisinos más estrafalarios y soñadores hasta la bella joven con el casco de la moto en la mano que nos recomienda, sonriente, en un susurro, el último libro de Nancy Huston.

Para resumir, destaco sólo cinco, de los centenares que hay por la ciudad : La Hune, L’Écume des Pages, Compagnie, Tschann y Delamain. Cuatro en la rive gauche y la última en la droite. Aprovechemos esos días amarillentos del otoño de esa ciudad “donde cada uno puede escoger sus puntos neurálgicos y hasta el tono de sus nostalgias”, como dice el gran escritor Michel Déon.

Común a las buenas librerías parisinas es el arte de los escaparates. Periódicamente son renovados y eligen un tema: la literatura epistolar, las autobiografías, los rusos, la cultura yiddish, y un largo etcétera. El lector con el bolsillo poco abundante podrá hacer lo que los americanos llaman window-shopping, ir de escaparates y, armado de un cuadernillo, apuntar todos esos títulos que le harán soñar (ya se sabe que los lectores leemos más con los ojos que con el papel, como los comilones comen más con los ojos que con la boca). Además, disfrutará de las portadas, desde las muy austeras pero clásicas de las Editions de Minuit o de Gallimard, hasta las coloridas de las colecciones de bolsillo. Y, un tercer placer, comprar sin miedo, porque los libros en Francia son realmente baratos, pagan menos impuestos y están muy bien editados. La invitación a la lectura está servida.

L'Écume des Pages.

L'Écume des Pages

Inevitablemente, el paseante recorrerá el bulevar St. Germain porque querrá pasar delante de los cafés de Flore y Aux Deux Magots (los dos macacos), para ver si quedan rastros de los existencialistas. Pues no quedan. Sólo hay turistas que quieren revivir, en el tumulto de las aceras y de un denso tráfico, aquellos años idos de los cincuenta. Pero, si no encuentra solaz en los atestados cafés, ni en Lipp, la brasserie donde iba Mitterrand y tantos otros y donde no sirven precisamente con mucha simpatía, sí lo encontrará en las casi vecinas librerías L’Écume des Pages, en el 174 del bulevar, y en la esquina de la rue St. Benoît, frente al Flore, La Hune (la cofa, esa plataforma en el mástil de un barco), con ese olor a papel y cola, a libro recién salido del horno, que estimula la compra y el apetito lector (una muestra es que leemos más con el deseo que en la realidad, y salimos cargados de libros, felices y exagerados, como debe ser en toda librería).

En La Hune viví una simpática anécdota. Sonó la alarma, una chica había salido corriendo sin pagar. Una de las libreras corrió tras ella, y volvió al poco con el libro, el único libro que la chica había robado. Se trataba de Lettres à un jeune poète, de Rilke. “Se lo debería haber regalado”, dijo la buena librera, casi avergonzada de haber recuperado el botín, aunque había dejado ir en paz a la ilustrada y lírica raterilla. En la rue St. Benoît está el Petit St. Benoît, una vieja y tradicional casa de comidas que no defraudará al paseante. En el pequeño cine independiente, Le Bonaparte, habrá que mirar su siempre interesante cartelera. Y para añadir cierta pátina, sepa que Diderot vivía al lado de la librería, en una casa derribada para abrir el bulevar. Una gran densidad histórica y cultural.

En L’Ecume des Pages, la presentación de los libros es totalmente diferente y su abundancia casi apabullante. Pero pida el viajero un libro y se lo encontrarán, se lo comentarán y le recomendarán algo parecido o relacionado. El nombre de la librería es, naturalmente, un guiño al libro del ínclito Boris Vian, un habitué del barrio hace más de medio siglo. O a las poesías de Pierre Reverdy, Écumes de la mer. A mí, para ‘espuma de las páginas’, me gusta más evocar a Jorge de Sena, el poeta y escritor portugués (1919-1978), que hablaba de la espuma de los poemas:

“Y el poema se infiltra muy cerca,/ Dejando en la superficie/ Una ligera espuma poética/ representando al poeta/ Con los ojos abiertos a la espiral de los tiempos”.

Estas calles, con sus cafés y bistrots, fueron el núcleo duro de la vida intelectual de los años cuarenta. Muchos viajeros ilustrados quizás vayan aún a la –infructuosa– búsqueda del intelectual perdido, de Camus, Sartre, Romain Gary, Paulhan, Drieu la Rochelle y tantísimos otros. Los nuevos intelectuales son más espectaculares que profundos. Y andan por los cafés pero no se demoran en ellos.

Más lejos, en la rue des Écoles (que fue trazada en 1854), frente a La Sorbonne, está otra librería grandiosa y amable: Compagnie, esquina a la pequeña plaza de Paul Painlevé.

Librería parisina Compagnie, frente a la Sorbona

Librería Compagnie

Está justo frente a la brasserie Balzar, en la que vivamente recomiendo su steak tartare, carne cruda muy bien preparada. La planta de calle tiene todo lo que se puede pedir en literatura, de todos los países; y la sótano, los polar, novela negra, revistas y sesudos libros de historia, psicología y filosofía. Y unos libreros que saben y han leído, no simples dependientes (esto es la tónica en París: los vendedores de librerías leen libros). Estamos en el lugar más antiguo de París, junto al Museo de Cluny y el antiguo palacio de las Termas, donde Juliano fue proclamado emperador romano en el 360.

Si remonta el paseante el Jardín de Luxemburgo, cuando llegue al bulevar de Montparnasse encontrará a la derecha el mítico restaurante La Closerie des Lilas; siguiendo por el bulevar llegará, en su número 125, a la veterana, bien surtida e importante, Tschann. Si repasar los libros puestos de muestra ya es un placer, escudriñar la sección de poesía es un auténtico descubrimiento. Tschann, que data de hace más de ochenta años, es un residuo de lo que fue el barrio, otrora lleno de estudios de pintores, de librerías, de tiendas de artículos para pintar. Ya queda poco de eso y La Coupole y La Rotonde, que fueron las academias de la bohemia, son hoy meros paraderos de turistas. Personalmente, prefiero Le Select, que ha logrado conservar su ambiente parisino y cosmopolita sin caer en la banalidad. Hasta el enorme gato sigue dormitando, parece que desde la época de Kiki de Montparnasse y de Man Ray, sobre el mostrador.

Escaparate de la Librairie Delamain.

Librairie Delamain

Hay muchas otras librerías, en los rincones más curiosos e inesperados, como las cuatro L’Arbre à Lettres, con ese juego de palabras (arbalète, ballesta) tan francés. Pero pasemos a la rive droite. Cuando el viajero vaya a la Comédie Française, muy cerca del Louvre, no deje de entrar en la exigua pero interesante librería Delamain, en el 155 de la rue St. Honoré. Tiene todas las novedades y a menudo el lector encontrará libros con los que no haya dado con ellos en otros lugares porque hacen una sabia selección. Es más, encontrará los libros en el escaparate aún antes de que el imprescindible prescriptor Le Monde des Livres, haya dado con ellos. Y en la cercana rue de Richelieu, en el número 12, podrá degustar una cuidada y excelente cocina china en Davé, lugar de culto de intelectuales y artistas, con precios muy correctos. Además, hojeará los volúmenes recién comprados en los bellos jardines del Palais Royal.

La rive droite es más sosa y le pesa tanta tienda de moda consagrada, la place Vendôme y los hoteles de lujo; pero incluso en la muy turística rue de Rivoli encontrará la Galignani, librería inglesa magnífica y un poco más allá, ya cerca de la Concorde, en la esquina de la rue Cambon, la veterana W.H. Smith, otra inglesa. Y, a propósito de libros en inglés, permítasenos entonar el réquiem por Village Voice, desaparecida hace poco, una librería de la rue Princesse que ha sucumbido a los nuevos medios de distribución.

Común a todas estas librerías son sus generosos horarios. Todas están abiertas los sábados e incluso los domingos para recreo del lector y curioso. Digamos que además de la ley Lang de 1981 –probablemente una de las leyes más memorables de la cultura francesa–, la disponibilidad de los libreros para abrir ha contribuido notablemente a que los amantes del libro siempre tengamos algo que hacer en París, aun cuando nos hayan cerrado en la nariz algún restaurante con el consabido “désolé, la cuisine est fermée”. Las librerías, raramente están fermées.

Y, además, otro incentivo para visitar librerías es la abundancia de bistrots, brasseries y terrazas que hay en los alrededores de todas ellas, para disfrutar de las recientes adquisiciones con un kir, normal (vino blanco con cassis) o royal (cassis con champagne).

Para acabar, si el viajero tiene tiempo, le animo a que se pase en sábado o domingo por el Parc Brassens, en la rue Brancion (Paris XVème, Metro Porte de Vanves), donde encontrará un magnífico mercado de libros

Libros de lance en el Mercado del Parc Brassens, en París

Mercado de libros en el Parc Brassens

viejos, que siempre depara alguna sorpresa, instalado bajo los antiguos cobertizos de un matadero. El nombre, Brassens, se debe a que el cantante vivió en el barrio y frecuentaba sus bistrots, entre ellos, Aux Sportifs Réunis o Chez Walczak, en el 75 de la rue Brancion, cuyo dueño, un antiguo boxeador, nos ofrecerá lo mejor de los productos puramente raciales: guisos, patés, vino tinto (casi morado), todo rodeado de personajes muy brassenianos, de los que todavía quedan por Lutecia. El amante de la comida fuerte y buena, pero sin tonterías, tendrá que llamar a la puerta porque no es un lugar abierto al público. No hay carta, es la cocina del día. Por cierto, allí cerca, en el número 15 de la calle Chauvelot, en un pequeño hotelito, vivió en 1930 Isaak Babel, hasta volver a la Unión Soviética, donde sería asesinado por orden personal de Stalin en 1940, como nos cuenta con increíble maestría Jerome Charyn en Savage Shorthand, la más brillante biografía del autor de Caballería Roja.

 

Otro día, continuaremos con las librerías de Lisboa y de Bruselas.

La espuma de los días, de Boris Vian, Alianza Editorial, 2001, 192 páginas.

La rive gauche, de Herbert Lottman, Tusquets, 2006, 472 páginas.

L’invention de Paris, de Eric Hazan, Seuil Points, 2004, 480 páginas.

Antologia Poética, de Jorge de Sena, Guimarães Editora, Lisboa, 2010.

 

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  • 18 de septiembre de 2012 a las 8:13

    Estupendo , detallado y pr´ctico artículo artículo.Enhorabuena Jaime!

    Por jesus
  • 31 de marzo de 2016 a las 14:26

    Pues desde que salió este artículo, La Hune, librería mítica, ya cerró.

  • 13 de agosto de 2018 a las 20:54

    Estoy de paseo por París y busco libros oráculos con cartas

    Por Olga