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El hombre ingenuo

La escuela presume de ser la institución que, desde pequeños, nos enseña a ser libres. Sin embargo, no es en los logaritmos ni en la gramática donde el ser humano aprende a ser ingenuo y alcanza la libertad, sino en la vida, la armonía y el reposo del paisaje natural.

1 de noviembre de 2012

El mundo se sostiene a hombros de los ingenuos. Al menos el mundo verdadero, el que nos importa, que es el de la pasión, el de la intensidad, el del cariño. Porque hace falta mucha ingenuidad para dedicarse a repartir comida en un campo de refugiados, para aupar a los niños que esperan ampliar el horizonte desde lo alto de un árbol, para curar heridas abiertas por las balas o para concentrar todo el mundo de las sensaciones en esa forma de materializar al otro que es el beso. Cualquiera de estas marcas de salvación son frutos que brotan y crecen en el hombre ingenuo.

Montañas Altai

Foto: Ricardo Martínez Llorca

Porque la ingenuidad, como bien sabían los antiguos romanos, es la marca del hombre libre. Ingenuo quería decir libre de nacimiento. Y en esa intuición se esconde un precepto bastante olvidado: que la libertad debe estar al principio y no ser un fin. Cabría decir que esa máxima que se les impone a los padres y a los docentes y a los entrenadores de atletismo, que dicta que se debe educar para ser libres, roza la categoría de embuste o, al menos, la de disfraz. En la antigua Grecia, los hombres libres se educaban en los espacios abiertos; la instrucción, eso que se parece tanto a lo que hoy conocemos como educación formal o academia, se reservaba para los esclavos. A unos se les entregaba la dicha de aprender a escuchar, la sagacidad de saber estar alerta. A los otros se les atoraba con contenidos que eran axiomas, con verdades impuestas.

Aún hoy en día, y gracias a los condicionamientos que recibimos mientras crecemos, se valora la educación de alguien en función del cúmulo de conocimientos. Existe, de hecho, una extraña categoría de humanos que considera una virtud el acumular esas ideas tan concretas. Pero incluso a ellos cabe la posibilidad de que la ambición les pierda. Pues hay una relación, difícil de explicar, entre cualquier tipo de ambición y la neurosis. Basta como ejemplo, para retomar el comentario anterior, todos los elogios que recibe la educación académica contemporánea, esa suerte de invento capitalista que busca producir trabajadores competentes, de ahí que se nos instruya en términos fáciles de medir. De ahí que los valores que se transmitan son los que ayudan a triunfar en la competencia, y que nos llevarán a las enfermedades de los nervios. Mientras que, a la hora de la verdad, lo que el ser humano demanda es la armonía que da el reposo.

Atardecer en Mongolia

Foto: Ricardo Martínez Llorca

Esta es, pues, la pregunta: ¿En qué lugar es donde realmente se educa el hombre? Cabe cuestionarse dónde está lo natural, dónde está el crecimiento, dónde está el suave silencio, dónde está el vacío acogedor, dónde la nota musical que es el contrapunto al ritmo de nuestra sensación. Al final, ¿en qué sitio es donde uno desarrolla las ganas de aprender? O, para formular la cuestión en términos más sencillos, ¿qué es lo que a uno le puede convertir en mejor persona: los logaritmos o el viento en la piel? ¿El paisaje o la gramática? ¿La escuadra y el cartabón o la nieve bajo las botas? ¿Los árboles o la relación de la tribu de los Borbones? ¿El sudor en invierno o la ortografía? ¿El cariño de tu compañero de cuerda o las ecuaciones de segundo grado? ¿Las nubes o el pretérito pluscuamperfecto? ¿La montaña o el genitivo sajón? ¿El mar encrespado o los poliedros? ¿Las caricias, que son otra marca de salvación en cuerpo ajeno, o las desinencias verbales unidas a la raíz cuadrada?

Hace falta mucha ingenuidad para elegir el viento, la nieve, el paisaje, la montaña, las nubes, el sudor, los árboles. Hace falta ser muy libres para tomar partido por el cariño, por el mar, por las caricias. Y hace falta ser muy libres desde el momento en que la piel conoce el aire y a continuación otra piel, la de la madre.

Experiencia del Viaje, libertad

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Comentarios sobre  El hombre ingenuo

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  • 01 de noviembre de 2012 a las 7:31

    Ricardo,
    nada más leerte se me vino a la memoria una charla en video de Ken Robison http://www.ted.com/talks/ken_robinson_says_schools_kill_creativity.html con tema relacionado aunque el ángulo sea distinto. Nos empeñamos en “cargarnos” la ingenuidad y la creatividad de los peques y no tan peques con lo académico.
    Un fuerte abrazo

    Por Gonzalo
    • 01 de noviembre de 2012 a las 10:20

      Hola Gonzalo: Ken Robinson es ya todo un clásico en el diagnóstico de una educación que no funciona desde hace cientos de años. Imprescindible la idea, que también él transmite, que dicta que la creatividad y la libertad van de la mano, y que tienen que estar desde el principio. Seguimos embarcados en una academia diseñada para fabricar trabajadores del mismo modo que se fabricaban tornillos: en una especie de cadena de montaje. Y no cabe la ingenuidad en la organización tan científica de la educación. Yo sigo eligiendo a Thoreau y a Sócrates: creo que es mejor ser ingenuo y recibir empujones. Ya nos levantaremos.

      Por Ricardo Martinez Llorca
  • 02 de noviembre de 2012 a las 15:50

    Ricardo,
    Estupendo artículo.
    Desde mi óptica de docente y madre a la vez,inmersa en el momento social que me ha tocado, participo de la creación del ser independiente guiando y educando su capacidad de elección desde la esencia del amor innato del ser humano. En ocasiones resulta difícil, pero siempre es enriquecedor para ellos y para mí.
    Un abrazo, Elisa

    Por Elisa
    • 02 de noviembre de 2012 a las 17:24

      Gracias Elisa. Mantener las ganas de aprender es un buen síntoma.
      Abrazos

      Por Ricardo Martinez Llorca
  • 02 de noviembre de 2012 a las 19:58

    A veces he sentido un pequeño complejo o verguenza a la hora de conversar de temas varios entre grupos de personas cualificadas en distintas academias del conocimiento, ya que yo no disponia de los titulos o graduaciones y ellos si, el conocimiento no creo que sea lo mismo que el saber porque ya lo dijo alguien sabio ” sólo sé que no se nada” .. pero también sé que mis conocimientos me alcanzan para vivir feliz e incluso poder extender una mano a quien me pida consejo, conozco a mi cuerpo y el poder de mi voluntad y por decirlo de alguna manera me siento hermana del viento y de los árboles y suelo escuchar al mar y a los rios y descubro cada día un nuevo aprendizaje al salir el sol o cuando la luna me hipnotiza y surgen los sueños. No ambiciono, tan sólo hecho en falta , a veces, la comprensión de otro ser humano. Soy una mujer ingenua muy ingenua y me ha hecho muy feliz leer este artículo, gracias y las fotos son muy bonitas.

    Por Margarita
    • 03 de noviembre de 2012 a las 7:15

      Gracias a ti Margarita. Ya se sabe que la poesía no es privilegio de los libros.
      Y si alguna vez tienes ocasión de visitar las montañas Altai, en Mongolia, no dejes de hacerlo: seguro que consigues fotos mejores que las mías.

      Por Ricardo Martinez Llorca
  • 04 de noviembre de 2012 a las 17:57

    Ricardo, has conseguido traducir a lenguaje escrito lo que muchos educadores pensamos. La educación formal nos inhibe como personas libres, destruye nuestros sueños y produce ancianos en cuerpos infantiles. Yo también apuesto por el aprendizaje libre, por la educación no formal, por lo experiencial.
    Un saludo desde Polonia

    Por Eric
    • 04 de noviembre de 2012 a las 19:04

      Hola Eric:
      Muchas gracias por el comentario. Me gano la vida trabajando en un instituto y a veces, muchas, es desesperante la poca naturaleza que carga esa atmósfera. Pero todo sea no bajar los brazos. Seguimos en la brecha.
      Un abrazo

      Por Ricardo Martinez Llorca
  • 05 de noviembre de 2012 a las 17:33

    Gracias, Ricardo, por recordarnos lo que ya, todos sabemos, pero con frecuencia, se nos olvida.
    Un abrazo

    Por josemaritA
    • 05 de noviembre de 2012 a las 18:22

      Me alegra verte por aquí, José María. Y sí, yo me obligo a recordarme muchas cosas casi a diario, para mantener fresco lo que más me importa.
      Un abrazo

      Por Ricardo Martinez Llorca
  • 20 de noviembre de 2012 a las 15:19

    gracias Ricardo
    ciertamente, da gusto estar envuelto de ingenuidad
    abrazototes!

    Por Patricia
    • 20 de noviembre de 2012 a las 19:04

      Tienes cerca una maestra de la que aprender, Patricia

      Por Ricardo Martinez Llorca
  • 13 de abril de 2013 a las 17:47

    gracias

    Por Yolanda
    • 13 de abril de 2013 a las 18:58

      a ti, Yolanda… a vosotros

      Por Ricardo Martinez Llorca
  • 27 de abril de 2013 a las 18:21

    Bellísima y certera reflexión, al menos a mi entender. La comparto. Muchas gracias.

    Por Marta_Teleno
    • 27 de abril de 2013 a las 23:35

      Gracias a ti, Marta. Gracias a todos

      Por Ricardo Martinez Llorca