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    The Map House, LondonTrescientos años antes de que los estadounidenses llegaran a la Luna, un sacerdote y erudito alemán, Athanasius Kircher, dibujó un mapa de la cara visible de nuestro satélite. Este y otros tesoros pueden verse en una exposición que explora la historia de la cartografía lunar y celeste: The Mapping of the Moon: 1669-1969, hasta el 21 de agosto en la Map House de Londres.

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    La fotógrafa y vídeo-artista Leila Alaoui (1982-2016) falleció trágicamente víctima de las heridas sufridas tras el atentado de Uagadugú, en Burkina Faso, el 15 de enero de 2016, cuando trabajaba en un reportaje sobre la condición de la mujer, por encargo de Amnistía Internacional. Una exposición en la Casa Árabe de Madrid homenajea su trayectoria y compromiso vital mostrando treinta retratos realizados por la autora en entornos rurales de Marruecos. Abierta al público hasta el 22 ...[Leer más]

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Histórico noticias



Ensayo sobre el exotismo

Todavía hoy es imposible hablar de exotismo sin citar este ensayo ya clásico que la muerte prematura de Victor Segalen a los cuarenta y un años dejó inconcluso. Notas, fragmentos, esquemas e ideas sobre lo diverso que La Línea del Horizonte recupera para los lectores en español.

2 de febrero de 2017

La muerte prematura a los cuarenta y un años de Victor Segalen dejó en su escritorio un buen número de trabajos inconclusos, entre ellos un Ensayo sobre el Exotismo para el que había estado tomando las notas, fragmentos, esquemas e ideas sueltas que componen el proyecto que editamos. Abarcan desde 1904 hasta 1918 y durante estos catorce años el tema se convirtió en  una preocupación recurrente vinculada a su propia experiencia vital: “…si sitúo el Exotismo en el centro de mi visión del mundo, si me complazco en buscarlo, en exaltarlo, en fabricarlo cuando no lo encuentro […], no es solo como único recurso estético, sino como la Ley Fundamental de la Intensidad de la Sensación, de la exaltación del Sentir; por tanto, de vivir”.

Su proyecto nace en octubre de 1904 mientras navega, de regreso a Francia, por la costa de Java tras su estancia de un par de años en la Polinesia francesa. En la nota que abre este germen de ensayo, el autor tiene veintiséis años, y en ella aparece nítido su deseo por primera vez: “Escribir un libro sobre el exotismo”. Para ello traza un  esqueleto de la idea que irá desarrollando y que se fundamenta en la noción de lo diferente y la percepción de lo diverso, como la comprensión de toda cosa diferente a sí y su poder consecuente, el de concebir lo otro. Desde muy pronto vincula la idea a lo diverso, pues “me propongo llamar «Diverso» a todo lo que hasta hoy se llamó extranjero, insólito, inesperado, sorprendente, misterioso, amoroso, sobrehumano, heroico y aun divino, todo lo que es Otro; es decir, incluir como valor dominante en cada una de esas palabras la parte esencial de lo Diverso que oculta cada uno de esos términos”.

Siempre con la  referencia de este futuro ensayo en segundo plano, Segalen va completando las tres obras que publicó en vida: su novela Los Inmemoriales (1907), el poemario Estelas (1912) y Pinturas (1916). La redacción de la primera, inspirada en sus años polinesios, hace arrinconar por un tiempo el proyecto para retomarlo en 1908. Al tiempo de su  estancia en China corresponden las notas fechadas en Pekín y Tianjin, entre 1910 y 1913. De vuelta en París continúa añadiendo ideas y hasta llega a referirse a su Ensayo sobre el Exotismo en una nota de prensa [1] en ocasión de la edición de Pinturas, en la que vincula los dos libros: “El exotismo entendido como tal: una Estética de lo Diverso, es también el centro, la esencia, la razón de ser de todos los libros de Victor Segalen que ha escrito y, sin duda, los que se reserva para escribir”. Después retomará las notas tras su estancia en Shanghái y su vuelta a Francia.

Ensayo sobre el exotismo. Victor Segalen.

Tras su muerte se recuperaron algunos manuscritos, entre ellos su novela René Leys, Orfeo rey para una ópera de Debussy, sus Odas poéticas y algunos diarios y notas sobre viajes, además de estas páginas. Fue cuarenta años después cuando  su legado volvió a suscitar el interés de sinólogos, poetas y escritores, entre ellos el poeta y novelista Pierre Jean Jouve que había estudiado este manuscrito con ocasión de la exposición sobre Segalen en 1944 y un número especial dedicado al autor por Cahiers du Sud. Jouve recuperó gran parte de las notas inconclusas sobre el tema y las publicó por primera vez en 1955 en la revista Le Mercure de France. Pero la edición más completa, tal como aparece en las siguientes páginas, tuvo lugar en 1978 a cargo de la editorial francesa Fata Morgana, y en ella colaboró la hija del autor, Annie Joly-Segalen añadiendo más notas inéditas, así como fragmentos de correspondencia dirigidos a amigos como Max Prat, Jules de Gaultier, Jeanne Perdriel Vaissière y Henry Manceron, a quienes iba haciendo partícipes del desarrollo del proyecto. Aquella edición venía precedida de un prólogo de Gilles Manceron y unas notas que realizó la nieta de Segalen, Dominique Lelong, añadidas en parte a esta. Aunque en origen Victor Segalen había concebido su obra en siete capítulos, en la edición de 1978 se optó por ordenarla cronológicamente.

En la primera década del siglo XX, la sensibilidad por el tema se halla en su apogeo, y no solo en Francia. Desde la época de las grandes navegaciones marítimas renacentistas, la experiencia de la diferencia en el contacto con otras culturas y pueblos marcó el pensamiento, la estética, la creación y las costumbres en el marco de diversas tendencias. El gusto por lo raro o diferente alienta los Gabinetes de Curiosidades desde el siglo XVII, y se suceden las modas de estética orientalizante que impregnan todas las artes. El trabajo del propio Victor Segalen como médico de la marina francesa le conduce a una realidad explicitada por los descubrimientos geográficos, completados en la segunda mitad del siglo XIX, y la expansión colonial, por no mencionar el incipiente turismo a lugares lejanos que propicia la evolución y mejora de los medios de transporte.

En Francia, a comienzos de siglo, la literatura de lo exótico es, junto a la que proporciona la experiencia colonial, un género popular que, según Victor Segalen, tiene en Pierre Loti [2] a su máximo representante. Claude Farrère, Edmond Jaloux, Jules Boissière, Albert de Pouvourville y Stéphane Moreau son algunos de los autores contemporáneos que le rodean y con los que, en ciertos casos, mantiene amistad. Sin embargo, su deseo es desmarcarse de algunas tendencias, particularmente el exotismo que denomina impresionista de Pierre Loti, contaminado por la impresión descontextuada de la experiencia, al igual que el de Paul Claudel, al que había conocido en 1909 como Cónsul de Francia en China y al que criticaba que, tras haber vivido trece años en aquel país, fuera incapaz de hablar una sola palabra, o de no haberse interesado en profundidad por la cultura o la religión china. Por tanto, en la construcción del basamento de su proyectado ensayo, Segalen se sitúa más cerca de su maestro y amigo Jules de Gaultier, como apunta en diversas notas. Gaultier había desarrollado  sus apreciaciones sobre el bovarismo —“ Todo ser que se concibe a sí mismo se concibe necesariamente distinto de lo que es”—, que Segalen hace suyas según pone de manifiesto en las notas y fragmentos de correspondencia que se incluyen. Aunque resulta evidente la antinomia entre su concepto de exotismo y el de bovarismo, pues como apunta el estudioso de la obra de Segalen, Per Buvik [3], el primero se define como “un descubrimiento de realidades, o de realidades verdaderas, mientras que el criterio por excelencia del bovarismo es la ilusión”. De este modo, el bovarismo sería una doctrina de la imposibilidad sobre la que recae toda percepción y con ella “el acceso a verdades absolutas o definitivas; mientras que el exotismo, según Segalen, se supone que nos acerca hacia lo que él supone disimulado tras las apariencias”.

La razón por la que aún este ensayo inconcluso es ineludible en cualquier aproximación actual al tema es, como indica Gilles Manceron en la introducción a la edición de 1978, porque Victor Segalen da la vuelta a una palabra de por sí viciada por una sensibilidad superficial. En vez de designar y evaluar la diferencia desde los valores eurocéntricos que marcó el imaginario colonial, Segalen establece una  categoría estética de lo diverso, como una perceptiva que permite comprender la diferencia desde sus propios valores y categorías, lo que implica el esfuerzo por conocer desde dentro otras culturas y sus signos de identidad. Para él es necesario proteger al mundo de una visión reduccionista, ensalzando la diversidad y evitando el mimetismo y la banalización, algo que traerá consigo la globalización posterior. Pero no hay en estas páginas ninguna alusión a la equidad como valor ético compensatorio de la diferencia. Baste como ejemplo la obsesión por señalar a la mujer y la diferencia sexual como elementos imprescindibles e inamovibles de su concepto de diversidad —“condena absoluta del feminismo, especie de inversión social monstruosa”—.

Segalen, viajero él mismo, desconfía de la mirada apresurada del transeúnte. Para él era imprescindible convivir largas etapas, aprender la lengua y sumergirse en sus costumbres, lo que se antepone a la emoción liviana y superficial del viaje. Nada le parece de interés en  la mera impresión de quien se desplaza si no va acompañada de una reflexión profunda sobre la percepción de lo diverso en las dos dimensiones que establece: la temporal, como muestra la arqueología y la historia, y la espacial como ámbito Exo, “lo que queda fuera del conjunto de nuestras realidades de conciencia actuales, cotidianas, todo lo que no es nuestra ‘Tonalidad mental’ habitual”. Un verdadero Exota, dirá, “es aquel que, Viajero nato, siente todo el encanto de lo diverso”, por oposición a otros a los que denomina pseudo-Exotas, “los Loti, los turistas […]. Los denomino los Proxenetas de la sensación de lo Diverso […]. Ahora bien, entre la gente hay viajeros natos: exotas, quienes reconocerán, bajo la traición fría o seca de frases y palabras, los inolvidables sobresaltos inspirados por momentos como los que he descrito: los momentos de Exotismo. […] lo que hemos planteado pone de relieve el sabor mismo del juego y de sus leyes: la embriaguez que siente el sujeto al concebir su objeto; al reconocerse diferente del sujeto; al sentir lo Diverso”. Aunque fue el viaje, vinculado al impacto de la otredad, y particularmente su experiencia china y tahitiana, el eje orgánico sobre el que cimentó su originalísima obra, siempre explicitó otra mirada distinta a los  Loti, Saint-Pol-Roux, o Claudel. “¡Algo distinto! ¡Distinto a ellos!”.

Un siglo después, el imaginario estético que conocemos como Exotismo ha desarrollado nuevos significados desde el ámbito de la antropología, la filosofía, la historia y la creación, enriqueciendo el mundo de las ideas; pero las reflexiones de Segalen siguen siendo una invitación a repensar la relación con lo diverso y la alteridad como expresión ambivalente de la realidad.



[1] Ver “Segalen et l’exotisme”, prólogo de Gilles Manceron a la edición de Essai sur l’exotisme de Victor Segalen  en Fata Morgana, París, 1978.

[2] Sobre este tema ver “Loti, Lotisme, Exotisme et Exolotisme (Segalen et le síndrome Loti)” de Alain  Quella-Villéger en el coloquio L’exotisme, l’exotique, l’étranger celebrado en la Maison des Sciences de l’Homme en París, 2004 y publicado con el mismo título por Kailash, París-Pondichery.

[3] Ver la ponencia  “Segalen et Jules Gaultier” de Per Buvik en el volumen anteriormente citado.

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