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    ExposicionesEl mundo no volvió a ser el mismo después de esta expedición. Doscientos treinta y nueve hombres y cinco naos partieron de Sevilla en 1519 en busca de una ruta por el oeste hacia la Especiería. Tres años después, regresaron dieciocho hombres y una nao, después de haber dado la vuelta al mundo. El Museo Naval de Madrid se une a la celebración del quincentario con la exposición Fuimos los primeros. Magallanes, Elcano y la Vuelta al Mundo, abierta al público desde el 20 de septiembre.

Histórico noticias



Gentlemen en la posada Peponi

Bunny Allen, el último cazador de elefantes blanco, se retiró en el archipiélago de Lamu, frente a la isla de Zanzíbar. Fue asesor de Hollywood en varias películas rodadas en África, como ‘Mogambo’, con Ava Gadner y Clark Gable tomando té en lo que luego sería el Peponi Inn.

14 de marzo de 2016

No hace todavía dos años que murió Lars Korchen, cuya familia danesa sacó los pies fuera del tiesto, hasta emparentarle con la singular tradición de nórdicos que halló patria en el África Oriental. Y eso respetando uno de los ecosistemas culturales más frágiles y singulares que sobrevive en el Océano Indico: el archipiélago de Lamu. Lars Korchen fue el gran maestro de ceremonias, capaz de que el Peponi Inn hiciera honor a su nombre, en la localidad de Shela. “Paraíso” significa en lengua swahili la voz “peponi”, y como tal lo trataron cuanta gente interesante e irrepetible halló allí refugio.

Para emparentar a Korschen en lo que se entiende por éxodo dorado, rubio y europeo, su padre Aage adquirió en 1967 la casa que luego daría pie al Peponi, propiedad en ese momento del rico heredero de la marca Nestlé. Una estructura encalada bajo pórticos donde, además, diez años atrás había vivido Bunny Allen, el último gran cazador de elefantes blanco –todo un personaje, Bunny Allen–; frecuentado en zapatillas por otra danesa, la escritora Karen Blixen, antes de que la adaptación de su libro Memorias de Africa ganase alas en la gran pantalla, allá por 1985. Sobre las hamacas de Bunny Allen gravitó buena parte de la beatufiaul people, años cincuenta, a partir de cuyos hábitos de bwana se proyectó el sabor de la aventura en el continente negro. Karen Blixen, alias Isak Dinesen en la literatura, se divorció del Barón Bror Von Blixen-Finecke, el marido sueco que le dio apellido. Y, en adelante, Bunny Allen hizo migas también con el honorable Denys Finch Hatton, aviador llamado a ser amante de la escritora y Robert Reford en el celuloide, cuando el film Out of Africa narró su odisea.

Bunny Allen  montó safaris con Denys Finch y Karen Blixen, en el Masai Mara del África colonial británica, con días de relax playero en Mombasa y salto exótico a las antiguas islas negreras del Índico. Safaris en los que participó el Príncipe de Gales y el empresario de Chicago Marshall Field. Así entró en juego el archipiélago de Lamu en la geografía del éxodo europeo bien avenido. Lamu, encrucijada de culturas en la que navegantes portugueses, marabús y comerciantes de esclavos árabes se habían dado cita. Lamu, frente a la isla de Zanzíbar, haciendo valer su patrimonio swahili, a la hora de ser localizada por los primeros hippies de diseño, como ocurrió en la misma época con Goa y Katmandú. Unas señas de identidad muy propias y la manera de encajar allí al buen salvaje europeo, advenedizo, ha preservado de la desnaturalización a Lamu hasta la fecha. Hasta los comerciantes persas e hindúes compartieron su costa con los bantúes, lo que explica sus puertas y barandillas labradas en madera de mangle, sus troneras de ventilación y patios dignos del mejor interiorismo.

Mucho tiempo después de que Bunny Allen trabajase como asesor de exteriores en la película Mogambo, con Ava Gadner y Clark Gable tomando té en lo que luego sería el Peponi Inn, andaba yo por Lamu, creyendo que un gran amor me acompañaba. Y por aquello de seguir los consejos de Santo Tomás, patrón de los periodistas, desde que exclamó “si no lo veo, no lo creo”, cené en el porche del Peponi. La que luego sería mi ex estaba en la fiesta femenina de una boda aborigen, toda garabateada de gena… Así que al anochecer coincidí con Lars Korschen, como quien reconoce de pronto a un viejo amigo. Llegaba yo de la Quinta del Rio Touro, en Cintra, con lo que charlamos sin mediar muchas presentaciones sobre el british style de la familia Tudor, que impera en Portugal. Sobre Lord Byron y sobre el parecido del propio Lars con el actor Hugh Grant, al que yo había conocido durante el rodaje del film Remando al viento. Me alojaba en la magnífica Lamu House del arquitecto donostiarra Urko, justo en el muelle de Lamu, por lo que decliné la invitación de Lars a pasar la noche allí, tomándole la palabra a la hora de volver al archipiélago, con reserva en una de sus alcobas.

Viaje a Kenia

Por entonces, la hija de Mike Jagger andaba perdida por un islote del archipiélago, mientras se hablaba aún de su padre Mike, que con Jerry Hall había acudido a los safaris de pesca organizados por el bueno de Lars Korschen. He ahí un dato excitante para los bon vivant de Nairobi, que frecuentaban la posada a cada tanto, esperando encontrar en él caras conocidas. Pero Lars tenía muy claro hasta qué punto su labor de anfitrión y cicerone pedía discreción, cuando en 1976 dejó su escuela de arte en Londres para asumir junto a su hermano Nils las actividades del Peponi Inn. Su madre Wera lo dirigía en aquella época, muerto repentinamente Aage Korschen. En origen el Peponi había sido casa abierta, pero privada y privativa, a la que acudían amigos de la familia para nadar en la playa virgen que tiene enfrente, pescar y navegar en las embarcaciones regionales llamadas dhows. Así que la reputación del establecimiento, ganada con el boca a boca, pedía seguir con el derecho de admisión a la hora de cuidar a la clientela.

Hay un antes y un después en la relación de los gentiles con la sabana y sus culturas adyacentes. Hasta mitad del siglo pasado promocionaron su mochila de exotismo, a mesa puesta de Moe Chandon, bajo un baobab. Después huyeron lejos de las cámaras al África insular para descansar del mundanal ruido. Tanto es así que, en una ocasión, el Peponi alojaba a un burgomaestre del papel couché, Lars supo que hacia su posada se dirigía una avioneta con paparazzis y, antes de vérselas con ellos, escondió a su huésped en un rincón de la isla inaccesible. Permítaseme guardar en secreto el nombre del famoso en este caso, pues aborrecía la publicidad gratuita.

Lars Korschen se hizo cargo cien por cien del Peponi a mitad de los años ochenta, con mano amable para famosos y menos famosos. Era un hombre con recursos, tal como demostró durante la velada musical que el violinista Yehudi Menuhin dio en su posada. Con Bach en las partituras, mediada su exhibición de facultades, a Yehudi se le rompió una cuerda. Lars, en el apuro, tuvo los reflejos, osadía y habilidad de sustituirla por un sedal de pesca, de modo que Yahudi pudiera seguir con su interpretación. Increíble…

También el compositor Hans Werner Henze fue cliente habitual del Peponi, llegando incluso a pasar inviernos enteros allí, entre paseos por la playa de Shela y la redacción de su libro Noticias biográficas. Henze creyó evocar en Shela lo que debió de ser el encanto de la Promenade des Anglais en la Costa Azul de Niza, antes de la Primera Guerra Mundial. Doce son sus kilómetros de arenal coralino y desierto, anunciado por dunas. “No hay noticias sin zapatos”, llegó a comentar la actriz Kim Victoria Cattrall bajo la hospitalidad de Lars… ¿Se refería al secreto a voces que suponía su hospedaje?

Pese a la ampliación de servicios en la posada, con el sobrino de su gestor al frente de las cocinas, los televisores y teléfonos siguen sin llegar a las habitaciones por deseo expreso del desaparecido Lars. Es más, el anfitrión en vida llegó a sugerir a sus clientes masculinos que bajasen a cenar dispuestos a la luz de las velas y sintonías de música clásica. Su carta lo merecía, trufada de pescados en carpaccio y regado con buen vino su tartar de atún. Allí se podía ver a los clientes, además, ataviados con camisa y kikoi local de algodón, adquiriesen tal chaqueta o no en su boutique, donde también encuentras joyería de plata, batik de Zambia y manuales del estilo de vida colonial respetuoso con el entorno swahili.

Armando Tanzini es un artista italiano que aún se deja caer por el Peponi, puesto que allí lo decoran algunos de sus lienzos y esculturas. Más de tres décadas lleva residiendo Armando en las costas keniatas. Lo conocí mientras me informaban de que el príncipe Ernesto de Hannover, otro habitual del Peponi, acababa de agredir al empresario de un club en Lamu, empeñado en no dejarle dormir. Lo mío en aquellos días era más silencioso. Sacaba fotos de moda con burka, con los tobillos femeninos chapoteando en la piscina de la Lamu House, conforme dictaba la cultura erótica de la isla.

Lars siempre aborreció lo modales bruscos en su feudo. Lo prueba cuando alojó a los dos contrincantes políticos principales en vísperas de las elecciones de 2013 en Kenia. Sus guardaespaldas llegaban al Peponi, kalashnikov en mano, a lo que Lars se negó rotundamente, logrando a la postre que en sus espacios públicos nadie fuera armado. Peor se las había visto ante la escalada de atentados terroristas que desde Somalia afectaba a la costa swahili. El Peponi en aquel trance no sufrió cancelaciones de reserva, por más desaconsejadas que estuvieran las vacaciones en el África Oriental. Lo único que a Lars se le resistió fue el empleo en su finca de teléfonos móviles. Esa guerra no la ganó. Pero acaso lo haga su mujer Carol, que le relevó al frente del Peponi.

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