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La bahía de Pasajes: Paisaje y patrimonio industrial

Hoy toca hablar de un espacio natural, la bahía de Pasajes en Guipúzcoa, que acumula elementos de una gran diversidad: paisaje, patrimonio industrial, patrimonio monumental… Y arrastra una historia de cambio constante.

17 de noviembre de 2014

La bahía de Pasajes, a cinco kilómetros del centro de San Sebastián, es el puerto más importante de Guipúzcoa. Escondida tras los acantilados de los montes Jaizkibel, al este, y Ulía, al oeste, tiene una estrecha embocadura de menos de doscientos metros de ancho. Dos faros, el de la Plata y el de Senocozuloa, señalan la entrada a la bocana. Víctor Hugo, tras su viaje por la zona, con una breve estancia en Pasajes de San Juan en 1843, la describió así: “Un golfo donde todo era verde, el mar y la colina, la tierra y el agua” (en el libro Los Pirineos, del que hay varias ediciones en castellano, alguna con el título Viaje a los Pirineos).

Aunque hay noticias de la existencia de algún astillero y de muelles rudimentarios ya en el siglo XVI, a mediados del XIX el paisaje de la zona seguía teniendo una fisonomía rural. Al calor de la pesca, nacieron y crecieron, en distintas fases, los cuatro núcleos que se levantan en torno a la bahía: Pasajes San Pedro (Pasai San Pedro), Trincherpe, Pasajes San Juan (Pasai Donibane) y Pasajes Ancho (Pasai Antxo).

La foto fija actual de la bahía de Pasajes nos muestra un conjunto sorprendente, en el que las montañas verdes que la rodean y los cascos históricos –típicos de pueblos pesqueros norteños– de San Pedro y San Juan, conviven con almacenes, fábricas, astilleros, muelles y grúas que dan lugar a un paisaje abigarrado y siempre cambiante.

El primer impulso para transformar la bahía de Pasajes en un puerto de mayor envergadura se da entre los años 1860 y 1880. En 1864 se inaugura el ferrocarril Madrid-Irún que bordea Pasajes por el sur; se hacen proyectos para dragar el fondo de la bahía y permitir así la entrada de barcos de mayor calado (los barcos de vela iban siendo sustituidos por los de vapor), y se inician obras de ampliación de los muelles. El puerto de Pasajes debía servir para canalizar el tráfico de mercancías procedente de una industria guipuzcoana que ya despuntaba y también de las minas y factorías de la vecina Navarra. Esto supuso una primera modificación importante del paisaje de la bahía.

En 1926 se emprenden nuevas obras de ampliación, pero la conversión de Pasajes en un gran puerto pesquero y de mercancías tiene lugar a partir de 1939, y no cesa de crecer (entre 1940 y 1975, la población pasa de 10.024 a 22.501 habitantes), alcanzando su máxima expansión en la década de 1960 a 1970. En todos esos años, se asientan en la bahía numerosas empresas, se amplían las instalaciones relacionadas con la pesca y se construyen estructuras y edificios destinados a usos industriales, comerciales, administrativos y residenciales. El entorno de la bahía cambia de nuevo, ahora de forma radical, y se produce una cierta especialización en las actividades de los cuatro núcleos de Pasajes. Así, Pasajes San Pedro y Trincherpe se centran en la pesca y las industrias conserveras; Pasajes Ancho se dedica a la carga y descarga de mercancías pesadas y concentra los edificios administrativos; Pasajes San Juan alberga principalmente astilleros y diques de reparación de barcos, así como industrias químicas y petroquímicas. El final de la expansión lo marca la doble crisis, de la pesca y de la industria, de finales de los años 1970. Ya nunca la bahía de Pasajes volvería a tener una tan intensa actividad industrial.

Muelle de la Herrera de Pasajes San Pedro.

María Millán.

Pese a ello y pese a la destrucción de numerosos ejemplares de la arquitectura industrial, muchos de ellos valiosos, la bahía de Pasajes sigue siendo un lugar que merece la pena conocer y visitar. No es fácil encontrar en nuestras latitudes un espacio en el que se aúnen –a mi modo de ver, de una forma tan armoniosa– la belleza del paisaje, los monumentos históricos, la arquitectura popular y la presencia de construcciones e instalaciones industriales, algunas notables.

Voy a señalar sólo unos cuantos restos supervivientes de la actividad industrial que creo que merecen ser reseñados. Empezamos por Pasajes San Pedro, núcleo especializado en la industria pesquera. Llegó a contar entre 1965 y 1975 con más de ciento ochenta embarcaciones dedicadas a la pesca de altura, además de edificios como la Fábrica de Hielo, la Pescadería o el “Tinglado”, una estructura diáfana para almacenamiento al aire libre, con airosa cubierta ondulada asentada sobre seis pilares de hormigón, todos ellos desaparecidos, los dos últimos derribados en 2011. En Pasajes San Pedro se mantiene en pie Albaola, un pequeño astillero situado en un precioso rincón de la bahía y dedicado a la recuperación artesanal de embarcaciones pesqueras, lo que se conoce como carpintería de ribera. Aquí, actualmente, se está construyendo –el proyecto forma parte de las actividades de Donostia/San Sebastián Capital Cultural 2016– una réplica de la Nao San Juan, un barco ballenero del siglo XVI que se hundió en las costas de Terranova. Se puede visitar el astillero y ver los trabajos de construcción de la nave.

Interior del Astillero Albaola donde se construye actualmente la Nao San Juan.

María Unceta.

En un dique contiguo al astillero Albaola está expuesta la draga Jaizkibel, uno de los escasos bienes del patrimonio industrial que se conserva y que merece la pena ver. La draga Jaizkibel fue construida en 1932 en los Astilleros Euskalduna de Bilbao; su finalidad era dragar los fondos de la bahía de Pasajes para permitir la entrada de barcos de gran tonelaje, y estuvo en funcionamiento hasta 1984. Por sus características –su casco de acero con remaches y la cadena de cuarenta y dos cangilones de hierro fundido que recogían la arcilla de los fondos–, es un ejemplar de gran valor. Tras ser declarada Monumento por el Gobierno Vasco en 1992, sufrió todo tipo de peripecias, incluida la pérdida de algunos de sus elementos, hasta que entre 2010 y 2012 se procedió a su restauración en los talleres Kai Alde de Pasajes de San Juan, y fue trasladada al dique seco, donde ahora se encuentra.

En Tricherpe, un núcleo habitacional situado en la trastienda de Pasajes San Pedro y crecido a partir de los años 1940, se mezclan viviendas con muelles, talleres y almacenes. De los muchos edificios industriales con que contó, cabe destacar como superviviente de lujo el antiguo secadero de redes (es conocido como edificio Bita y está situado en la plaza del Gudari, en Trincherpe), levantado en 1946. Se trata de una construcción de hormigón, de carácter racionalista, cuyas plantas carecían de cerramientos a fin de que circulara el aire para el secado de las redes de pesca. Por fortuna, y por el empeño de asociaciones, profesionales y vecinos, se salvó de la piqueta y fue rehabilitado en 1990, conservando en lo fundamental su estructura; alberga actualmente estudios de arquitectura, talleres de confección, empresas de diseño y otros muchos espacios dedicados a actividades variadas.

Nos desplazamos ahora a la orilla opuesta de la bahía, a Pasajes San Juan (una lancha motora hace el trayecto desde Pasajes San Pedro cada quince minutos), donde apuntaré un par de elementos destacados del patrimonio industrial. Esta localidad pesquera es uno de los pueblos más bonitos de Guipúzcoa, con iglesias, ermitas, casas palaciegas y construcciones populares de gran interés, callejas estrechas y paseos con vistas espléndidas. En la zona norte del muelle, próximo a la bocana de la bahía, se levanta el bloque de viviendas Luis Tolosa, que lleva el nombre de su autor, una figura importante en la arquitectura industrial de Pasajes. Las viviendas, que mantienen una línea de continuidad con las casas tradicionales de pescadores de la zona, fueron levantadas en 1955-1956 para el personal de servicio del remolcador del puerto.

En otro extremo de la población, en la zona llamada Bordalaborda, se conserva un interesante dique flotante para reparación de buques construido en los años 1960, que hoy pertenece a Astilleros Zamakona. Hubo en esta zona un gran número de instalaciones industriales, la mayoría desaparecidas, como Meipi y Pysbe, dedicadas a actividades relacionadas con la pesca, o Astilleros Luzuriaga, que llegó a ocupar una superficie de dieciséis mil metros cuadrados entre varaderos, naves de talleres, diques, almacenes y oficinas. Como curiosidad, en la última semana de noviembre de 2014, se ha iniciado el derribo de la enorme chimenea de la Central Térmica de Iberdrola, visible desde todos los ángulos de la bahía de Pasajes, un elemento de nulo interés patrimonial; en 2012, la central, la industria más contaminante de la zona, cesó su actividad, y ahora desaparece su símbolo más notorio.

Dique seco de Astilleros Zamakona, Bordalaborda, Pasajes de San Juan.

María Millán.

Para quienes se animen a visitar la bahía de Pasajes, apunto algunas informaciones de interés:

  • Astillero Albaola, donde se construye la Nao San Juan y puede verse también la restaurada draga Jaizkibel. Visitas: octubre a Semana Santa, de 10 a 14 h y de 15 a 18h; Semana Santa a fin de septiembre, de 10 a 14 h y de 15 a 19 h.
  • Casa Cámara es un restaurante centenario de Pasajes de San Juan, especializado en pescado y marisco de primera y situado en una antigua casa de pescadores. Telf. 943 523 699.
  • Izkiña, en Trincherpe (Pasajes San Pedro), bar de pinchos y estupenda cocina de pescados y mariscos. Euskadi Etorbidea, 19. Telf. 943 399 043.
  • Oficina de Turismo de Pasajes de San Juan. Está situada en la Casa Museo Víctor Hugo, un edificio histórico que merece la pena conocer. Calle Donibane, 63. Telf. 943 341 556.
  • En barco. Hay un servicio regular de barca a motor entre Pasajes San Pedro y Pasajes San Juan. El horario de lunes a jueves y los domingos es de 6 a 23 h; los viernes y sábados, hasta las 24 h. La empresa Itxas Zerbi organiza paseos en barco por la bahía de Pasajes. Telf. 630 448 813.

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