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    El bosque de Nordmarka, al norte de Oslo, será en 2114 la Framtidsbiblioteket, la biblioteca del futuro. La madera de sus árboles se convertirá en papel para imprimir una antología de cien libros inéditos, que nadie podrá leer hasta ese momento. El proyecto, creado por la artista escocesa Katie Paterson, va sumando cada año una obra nueva: Margaret Atwood fue la primera que en 2014 entregó un manuscrito, del que solo se ha desvelado el título; tras ella han presentado textos David ...[Leer más]

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    La Alhambra ha sido fuente de inspiración y creación para artistas y literatos como John Frederick Lewis, Alejandro Dumas, David Roberts, Jean-Auguste-Dominique Ingres, Eugène Delacroix, Joaquín Sorolla, Santiago Rusiñol, John Singer Sargent, Henri Matisse... Faltaba, entre tanto hombre, una visión femenina sobre el monumento nazarí. Carencia que el Museo de Bellas Artes de Granada ha querido paliar con una exposición colectiva realizada por cuarenta mujeres artistas del ámbito...[Leer más]

  • Irán, cuna de civilizaciones

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    Museo Arqueológico Provincial de Alicante - MARQEl Museo Arqueológico Provincial de Alicante (MARQ) recorre la historia de la antigua Persia desde el Neolítico y la invención de la escritura hasta el Irán del siglo XVIII con casi doscientas piezas procedentes del Museo Nacional de Teherán, como los bronces de Luristán o un ritón de oro que pueden verse hasta el 1 de septiembre.

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    J. Laurent (firmaba solo con la inicial de su nombre) nació en Garchizy en 1816, pero desarrolló su carrera fotográfica en España, abriendo un estudio en la Carrera de San Jerónimo 39 (donde hoy está el Congreso de los Diputados). Retrató la segunda mitad del siglo XIX español, tomando vistas panorámicas de ciudades, paisajes, monumentos y obras de arte que documentan el patrimonio cultural material e inmaterial de la península ibérica. Una exposición con más de doscientas imá...[Leer más]

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    En la árida costa meridional peruana, entre aproximadamente el 200 a.C. y el 650 d.C., se desarrolló Nasca, una de las culturas más fascinantes y enigmáticas de los Andes prehispánicos. Desde su descubrimiento a inicios del siglo XX, esta civilización ha deslumbrado al mundo por su llamativa cerámica y sus finos tejidos, así como los enormes dibujos conocidos como líneas o geoglifos que fueron plasmados sobre las pampas, cuya naturaleza y función ha sido materia de grandes ...[Leer más]

Histórico noticias



La buena educación

‘Thoreau. La vida sublime’ es un cómic biográfico en el que se capta la esencia del filósofo americano: su espíritu libre, su lucha contra la esclavitud y la guerra, su amor a la naturaleza y a una existencia sencilla. Una obra escrita por A. Dan y dibujada por Maximilien Le Roy que acaba de publicar la editorial Impedimenta.

29 de octubre de 2013

¿Qué puede hacer de Henry David Thoreau (Concord, Massachusetts, 1817-1862) un mito que no cesa? Casi doscientos años después de su nacimiento, apenas nadie cuestiona la figura de Thoreau. Es posible arremeter contra sus ideas, aunque quien lo hace no deja de mostrar respeto. Es posible arremeter contra su idealismo, aunque en el crítico puede subyacer la envidia o su hermana gemela, que es la incomprensión. Es posible cuestionar en qué calidad humana se encuadra su anarquismo, pero no cabe negar que en ese anarquismo está presente la poesía. Porque no lo construye con aquello que cabe dentro de un libelo político, ni con entrevistas célebres forjadas en el ingenio. No lo expresa con palabras, a pesar de que de todas las materias de las que se puede construir el lenguaje, escogió las palabras para expresarse. En realidad, su esencia humana es de fundamento anarquista porque, como demuestra en el lirismo con que trazó su vida, era un hombre que tenía fe en las personas. Pero no en los estados.

Acostumbrado a pensar mientras paseaba por los grandes espacios, a un ritmo nada acelerado, pues estaba enamorado de la lentitud; a observar la naturaleza y a renegar de todo aquello que la estuviera destruyendo; a escribir con una prosa sin otra ambición estilística que no fuera la limpieza, Thoreau sostenía que si a un soldado se le daba una buena educación, el resultado, inevitablemente, sería que terminaría desertando. Esa es su filosofía, que está encerrada en su forma de vivir, tan coherente con sus sentencias, sin teorías sistemáticas.

De ahí que destile tanta lucidez: su obra es una obra en marcha, la obra de un caminante. Alguien que consigue, con su ejemplo, que nos resulte impensable separar el compromiso social del respeto a la naturaleza. Un mito necesario para una condición humana que siempre ha necesitado mitos para no abandonar esa razón que nos incita a pensar que la vida vale la pena, esa razón que se resume en la feliz expresión de Eduardo Galeano: “el derecho al delirio”. Y, por encima de todos, el derecho al delirio como demostración de hombre libre.

Bosque.

Stuart, Flickr.

Pero, para Thoreau, el delirio no sería un sueño imposible. Sería, más bien, la salazón de una vida sublime, la vida en los bosques, la vida bajo el auspicio de la leyenda del Beatus Ille, con la sinceridad del austero buen salvaje, que es un ser real, que está al alcance no de todos los hombres, pero sí de cada uno de los hombres. Pero, para mantenerse en la lucha –porque lo importante es no bajar los brazos–, no basta con manifestarse en contra de la oligarquía, de la mercantilización, del capital y las finanzas y del imperialismo. Saberse vivo es luchar, y la batalla se gana sumando, añadiendo bien al bien. Y no cabe otra fórmula para que bonhomía tome cuerpo que no sea el ejemplo. De ahí que los defensores del medio ambiente, los pacifistas, los libertarios, los activistas que defienden el decrecimiento o que presentan alternativas a la guerra que se llama globalización, o los que denuncian cualquier forma de injusticia, tomen a Thoreau como mito. El modelo a seguir, en buena medida, es el del amante de la soledad, porque en la soledad más bondadosa está el silencio y la poesía del bosque, las buenas cosas que nos llevan a regenerarnos y a renovar nuestro compromiso.

Y la esencia de Thoreau, no la del hombre que fue, sino la del que sigue siendo, se encuentra en este cómic biográfico. Se trata de un cálido compendio en el que la selección de varios episodios extraídos de su obra, de Walden o de sus diarios, resumen el sentir de este filósofo de la naturaleza. Escrito y dibujado con parsimonia, lo que impone el tono del cómic, la vigencia del mito de Thoreau, es el color y la serenidad del color. Tal vez uno de los dos grandes aciertos que encierra este volumen. El otro gran acierto es ese corazón que late en la idea de publicarlo: esa llamada de atención para que no nos olvidemos de las cosas que nos vienen bien recordar, para resucitar las razones por las que merece la pena vivir.

libros de viaje, maximilien le roy, Thoreau

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