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La historia del hierro en los Pirineos

Durante siglos, la economía de los pueblos pirenaicos giró entorno a la industria del hierro. Con La Línea del Horizonte, nos vamos a Alins para descubrir en un reportaje qué es lo que queda de las fargas catalanas en la Vall Ferrera.

21 de julio de 2012
Yunque y martillo.

Ángel Álvarez Mongay

Unos dicen que Vulcano tenía instalada su fragua en los sótanos del monte Etna; otros, en los altillos del Olimpo, en la isla egea de Lemnos o en su islote homónimo del mar Tirreno. Pero, ¿por qué no en los Pirineos? El macizo, rico en mena, hubiera proporcionado al dios del fuego copioso mineral de hierro; sus bosques, carbón vegetal, y sus ríos, la energía hidráulica necesaria para poner en marcha la farga catalana, un sistema pre-industrial con el que, hasta el siglo XIX, los ayudantes de Hefesto obtuvieron acero de alta calidad. “Esto lo inventamos los catalanes”, reivindica orgulloso un fargaire de La Vall Ferrera, “El Valle del Hierro” donde, desde hace dos años, se celebra cada julio la Feria del Hierro. “Se comenzó a utilizar en la Edad Media –cuenta –y, en aquella época, fue toda una revolución.”

Horno de reducción.

Ángel Álvarez Mongay

Hasta entonces, se habían utilizado hornos de reducción, una técnica mucho más rudimentaria que continúa funcionando en algunos países de África y con la que los romanos obtuvieron todo el hierro que necesitaban para convertir en una próspera provincia a Hispania. Pero un día, a un herrero catalán se le ocurrió aprovechar la fuerza del agua para aumentar la productividad. “Era muy sencillo –asegura el forjador, cara pintada al carboncillo con gotas de sudor –: se cogía agua del río, se canalizaba hasta un depósito y se dejaba caer desde más de tres metros de altura por unos conductos con agujeritos, gracias a los cuales llegaba al horno el aire necesario para la combustión del carbón.”

El éxito del invento fue tal que pronto sería conocido por toda Europa y por Estados Unidos como Catalan process, four catalan o forno catalio, según el lugar. Como prueba de su prestigio internacional, ahí están las reproducciones de fargas que todos los visitantes del Science Museum de Londres y del Musée National des Arts et Métiers de Paris pueden admirar.

Pese a la rápida expansión del know-how catalán por el mapa, el área pirenaica continuaría ocupando un lugar hegemónico en la industria siderúrgica hasta la primera mitad del siglo XIX, ya que sus profesionales eran los más experimentados y se disponía de las mejores materias primas en la región.

Forjadores trabajando en la Feria del Hierro de los Pirineos.

Ángel Álvarez Mongay

En tiempos del dios de la forja, sus principales clientes hubieran sido los héroes y los vecinos del Olimpo: que si rayos para Zeus, cinturones para Afrodita; un par de sandalias para Hermes, un cetro para Agamenón… Pero lo que el mercado demandaba entonces eran armas y herramientas agrícolas que exportarían a otras ciudades de España y a los Estados Unidos, alimentando con el hierro de los Pirineos su revolución y su Guerra de Secesión.

“En aquel entonces, transportaban los lingotes de hierro con mulas hasta Llavorsí y allí los bajaban haciendo rafting por las aguas bravas del Noguera Pallaresa hasta el puerto de Tarragona, donde la mercancía se cargaba hacia las colonias de América”, detalla el forjador. Al contrario del herrero divino, éste no tiene los pies al revés y, si cojea, lo disimula bien. Sí dispone, empero, de unos músculos fornidos con los que moldea un hierro candente a golpe de martillo. Está fraguando una de las siete cabezas de la Hidra que, en este caso, no es de Lerna, sino de la Vall Ferrera, pues tiene una testa por cada una de sus aldeas: Araós, Norís, Ainet, Tor, Àreu, Besan y Alins, la capital donde el dragón policéfalo se instalará. Su misión: custodiar el mineral de hierro que, en forma de verjas y balconadas, se asoma por las ventanas de estos pueblos de montaña y connota el antiguo poder de una casa.

Una de las cabezas de hierro de la Hidra sobre una forja.

Ángel Álvarez Mongay

“Antes, en el Pallars no había ninguna cocina sin hogar, y ninguna chimenea sin cremalls –explica el forjador mientras coge las tenazas para poner la cabeza de la serpiente entre las brasas–. Y cuanto más dinero tuviera la familia para gastar, más trabajo artesanal había en el hierro de la llar.” En aquellas fechas, cuando no había otra forma de pasar las largas tardes de invierno que contando leyendas alrededor del fuego, corría el rumor de que las brujas entraban en las casas ajenas por el agujero de las chimeneas. Y, para conjurar semejante allanamiento de morada, estaban los cremalls, que servían para proteger el hogar de la intrusión de cualquier mal, además de para sostener con sus ganchos los calderos donde un buen plato de escudella siempre se estaría cociendo.

Carbonera.

Ángel Álvarez Mongay

La vida de los lugareños giró durante muchos años alrededor de este mineral, hasta que las nuevas tecnologías volvieron a irrumpir en el sector y los altos hornos de Abraham Darby dejaron obsoleto un sistema que, de repente, se presentaba tosco y poco eficiente. Con el invento inglés, ya no era necesario deforestar bosques, pues en lugar de funcionar con carbón vegetal, lo hacía con coque. “Aquí, en el bosque de Virós, ¡se han encontrado más de 900 carboneras! –exclama –Se apilaba madera y se cubría todo con ramas y tierra para que se convirtiera en carbón.” ¡Que se lo digan a las especies de pino rojo y abeto, que sufrieron las consecuencias en el momento…!

Algunos montículos llegaban a medir tres metros, aunque el que han construido como muestra en la Feria del Hierro es algo más pequeñín. “Ahora ya nada funciona así… Es todo nostalgia lo que tenemos aquí”, concluye, recogiendo su yunque, el herrero.

La Farga catalana desapareció, pero dejó en el rostro de estas montañas un rastro de hollín que, a través de la Ruta del Hierro en los Pirineos, podemos seguir. Vete a saber, quizá, en un próximo post, Vulcano se presta a guiarnos por este itinerario para recorrer con él las históricas instalaciones metalúrgicas de Cataluña, el País Vasco, el Principado de Andorra y las regiones del Languedoc-Rosellón y de Aquitania, en Francia.

 

farga catalana, ruta del hierro en los pirineos

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