GeoGrafía
Colaboradores +
 
Noticias en la Línea
  • La India del XIX bajo mirada fotográfica

    Actualidad, patrocinios, propuestas

    Una exposición en el Museo Guimet de París ilustra cómo el reciente invento de la fotografía plasmó, en el siglo XIX, la grandeza de la civilización india, dando forma en el extranjero a la imagen de un país para muchos misterioso y desconocido. Noventa instantáneas originales de paisajes, arquitectura, escenas de la vida cotidiana y personajes podrán verse hasta el 17 de febrero de 2020, con trabajos como los de Linneo Tripe, William Baker o Samuel Bourne, quien realizó tres ...[Leer más]

  • Fronteras en el CNDM

    Actualidad, patrocinios, propuestas

    Las fronteras son una invención, pero, desde un punto de vista artístico, solo deben servir para ser obviadas o, aún mejor, contravenidas, y así abandonar los carriles centrales, orillarse hacia los arcenes, las periferias, los territorios menos explorados. Este es el objetivo del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) con su ciclo Fronteras, que empieza temporada con conciertos desde el 18 de octubre al 5 de mayo de 2020. Tras la inauguración a cargo del Tarkovsky Quartet, el ...[Leer más]

  • Lujo. De los asirios a Alejandro Magno

    Actualidad, patrocinios, propuestas

    Los antiguos imperios asirio, babilónico, fenicio y persa tuvieron en común con Alejandro Magno el propósito y la codicia de extender su poder más allá de sus propios límites. Así es como llegaron a ocupar un área comprendida entre las actuales España e India. Estos territorios fueron el escenario de luchas incesantes, conquistas y saqueos de toda índole, pero también de un intenso comercio de materias primas, metales preciosos y objetos de deseo como los que se muestran hasta el 12 ...[Leer más]

  • Jardín deshecho

    Actualidad, patrocinios, propuestas

    “A mi queridísimo Federico, el único que me entiende. Firmado: su propio corazón”. Esta es la dedicatoria que Lorca se hizo a sí mismo en un ejemplar de su primer libro, Impresiones y paisajes, y uno de los documentos más curiosos que ofrece la exposición Jardín deshecho, abierta al público hasta el 6 de enero de 2020 en Granada. Comisariada por el hispanista estadounidense Christopher Maurer, es la primera muestra sobre el poeta centrada en la temática del amor. “Amó mucho...[Leer más]

  • Magallanes, Elcano y la vuelta al mundo

    Actualidad, patrocinios, propuestas

    ExposicionesEl mundo no volvió a ser el mismo después de esta expedición. Doscientos treinta y nueve hombres y cinco naos partieron de Sevilla en 1519 en busca de una ruta por el oeste hacia la Especiería. Tres años después, regresaron dieciocho hombres y una nao, después de haber dado la vuelta al mundo. El Museo Naval de Madrid se une a la celebración del quincentario con la exposición Fuimos los primeros. Magallanes, Elcano y la Vuelta al Mundo, abierta al público desde el 20 de septiembre.

Histórico noticias



La puerta sin retorno

La isla de Gorée sirvió como uno de los más importantes puertos de embarque de esclavos hacia América desde el siglo XV al XIX.  Durante esos cientos de años millones de cautivos cruzaron el Atlántico desde estas costas de África occidental, sin mirar atrás, sólo al océano, hacia la lejanía, hacia el destierro.

10 de marzo de 2016

¿Se pueden aunar la belleza, la crueldad y la injusticia en una mirada? Sí, en la puerta de salida hacia el mar situada en la casa de los esclavos de la isla de Gorée, frente a Dakar, la capital de Senegal. Un país relativamente estable y democrático aunque ocupa un puesto muy bajo en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD).

En este lugar la experiencia turística se hace rara, amarga, un poco vergonzante. Sólo visitar los campos de exterminio nazi puede compararse. ¿Hay que ahorrarse estas visitas? No, muy al contrario: hay que hacerlas. Pero no en el ambiente festivo con el que uno iría a EuroDisney; tampoco con el estilo más o menos compungido con el que se asiste a un sepelio. Tal vez sea necesaria una actitud ambivalente, mezcla de comprensión, tristeza y esperanza.

Casa de los esclavos. Isla de Gorée. Senegal.

Rafael Manrique.

Retrocedamos un poco en el tiempo. Esta isla de Gorée sirvió como uno de los más importantes puertos de embarque de esclavos hacia América desde el siglo XV al XIX.  Durante esos cientos de años millones de cautivos cruzaron el Atlántico desde estas costas de África occidental hasta que en 1807 los británicos, que fueron claves en la organización industrial de este comercio, lo prohibieron. Aún duraría bastantes años más. Hubo otros puertos a lo largo de la costa occidental africana, pero éste es uno de los más famosos y mejor conservados. Hoy, uno de los lugares más despreciables e indignos  de la historia universal de la infamia, es Patrimonio de la humanidad y destino turístico.

La historia de la esclavitud en América está bastante bien documentada y narrada, así que no será necesario insistir en ella. Baste con citar el libro del historiador Herbert Klein: Atlantic Trade Slave. En él se describen las licencias comerciales requeridas, los registros y ficheros, la preparación de los esclavos, la clasificación y medidas que se realizaban, el avituallamiento de los barcos, la implicación de las tripulaciones y el trabajo de los agentes en tierra para la captura y la venta, y hasta los médicos que habían de inspeccionar la salud de la “mercancía”. Hubo incluso Papas que lo aprobaron y Estados que supervisaban el negocio como una actividad más. Aunque explotada comercialmente por los ingleses, Estados como España la tenían como monopolio de la Corona. Ya saben, este país es más de monopolios que de empresas competitivas.

Nos centraremos por tanto en la experiencia de la visita turística. Pero antes de eso hay que recordar algunos detalles  para situar el contexto de este lugar y el tráfico de esclavos.
- Fueron los europeos los que convirtieron en una empresa saneada y rentable el oficio de negrero.
- Negreros fueron todos: europeos, árabes bereberes y otras tribus negras de África. .
- Durante todos los siglos que duró la civilización del antiguo Egipto, el número de esclavos fue, se calcula, superior al de africanos hacia América.
- En la actualidad la esclavitud en el mundo sigue siendo tan importante o más que en la época que estamos mencionando.

Gorée es una pequeña y hermosa isla. Cálida, como todo el país, brumosa y con muchos días grises. No hay que olvidar que estamos en el Atlántico. Sin embargo, su aspecto es el de un pueblo mediterráneo con coloridas casas coloniales, un castillo, un fuerte, playa, iglesia, pequeñas barcas de pescadores, palmeras y buganvillas… Una delicia de lugar. Conocer la isla debería ser una experiencia muy agradable, pero no llega a serlo porque constantemente la puerta sin retorno de la casa de los esclavos se aparece una y otra vez en la mente, con su terrible, injusta e inhumana belleza.

Casa de los esclavos. Isla de Gorée. Senegal.

Rafael Manrique.

Un ferry transporta a los turistas desde el puerto de Dakar. Más cómodo y seguro que entonces, desde luego, pero uno no deja de pensar que este trayecto era el mismo que los negreros realizaban para llevar a los secuestrados hasta la isla y preparar su embarque hacia América. Igual sí… ¡pero tan distinto! De esclavos a turistas (aunque algunos sociólogos postmodernos comparen ambas migraciones). América, que aquí se dibuja como la tierra de la desolación, fue años después para muchos emigrantes el destino de la libertad. Demasiadas contradicciones para que esta sea una visita fácil. Un moderno muelle nos espera rodeado de bellas casas en las que vivían las autoridades y los negreros. Desde el barco se ve una bella plaza colonial.  ¡Quién diría!

La casa de los esclavos es el centro de la excursión a la isla. Ha sido muy bien restaurada. Es un edifico colonial, pequeño, de color rosáceo. Es bella y perversamente bien pensada para la consecución de su actividad. Hay habitaciones para los esclavos, para las mujeres jóvenes y para los niños. Todos ellos hacinados en espacios que el lector puede fácilmente imaginar. También hay dos celdas de castigo para los insumisos y una sala de engorde, ya que los hombres debían pesar al menos 60 kilos para poder soportar la travesía. En este mercado las mujeres tenían un valor mayor que los varones que dependía  de su salud, sus pechos y sus dientes. Los niños no tenían nombre individual y se les llamaba según su dentición. Los esclavos eran exhibidos en el patio y allí se los analizaba y se discutía su precio. En lo alto de las escalinatas hay un balcón desde donde los mercaderes y compradores observaban el “género” y se pactaban los precios. Todo muy técnico e industrial.

Tras todos esos protocolos, los esclavos eran llevados a los calabozos desde donde serían embarcados. El pasillo que los conducía era conocido como “El lugar de donde no se regresa”. No era muy ancho para facilitar el manejo de las personas y tras la oscuridad del túnel, al final, se apreciaba la luz del sol y el mar. Este lugar era el último en que la familia o los miembros del mismo grupo podían llegar a  verse. Luego cada uno sería trasladado a diferentes lugares de América. Eran embarcados en botes para subirlos después a los barcos. Los negreros utilizaban este momento para echar al mar a los que parecían estar  enfermos o  a los que por su aspecto no serían fácilmente vendibles.

El pasillo acaba en una puerta que se ve al entrar en la casa y que posee una sobrecogedora belleza. Se trata de una puerta al fondo del patio que destaca por la claridad que le da el intenso contraluz sobre un fondo, como no, negro y con el mar infinito al fondo.

Luego una escalera de tronco de palma les llevaba hasta una pequeña chalupa que les trasladaba a los cargueros. Desde ella veían por última vez la línea de costa de su tierra natal. Impresiona ver turistas que son ellos mismos descendientes de los esclavos que salieron por esta puerta. Hay que mirarles con respeto, cederles el paso.

Antes de entrar hay en la calle un pequeño cartel que avisa a los africanos de visita que una parte de sí mismos pasó por esa casa. Es típico que los europeos reaccionen a esta frase exigiendo ser considerados como parte de esa misma humanidad sufriente. “Todos los seres humanos hemos pasado por esa puerta”, afirman. Pero no es verdad. Lo mismo que no todos éramos berlineses ni todos éramos Charlie Hebdo. La esclavitud les sucedió a los africanos por ser africanos, por ser negros, por no pertenecer a culturas de la ambición y la conquista.
Decir que somos africanos no es justo. Los que hoy visitamos la isla no tenemos personalmente nada que ver con lo que allí pasó, pero nuestro contexto, nuestro caldo de cultivo, nuestra riqueza, nuestra moral, sí lo tienen.

Casa de los esclavos. Isla de Gorée. Senegal.

Rafael Manrique.

Por Gorée pasó el papa Juan Pablo II en 1992 para implorar “el perdón del cielo… por el pecado de esclavitud cometido por el hombre contra el hombre y contra Dios”. Y con eso dio el tema por resuelto. En 2003 estuvo el presidente norteamericano George W. Bush. Ése ni siquiera habló del perdón. Y dijo: “En este lugar, la libertad y la vida fueron vendidas”. Tal cual, como si nadie hubiera tenido que ver en ello.

Secuestrados, violados, maltratados, esclavizados, separados de sus familias y grupos por seres de un lugar y un aspecto que nunca habían visto ni tratado. ¿Qué pensarían, qué sentirían? ¿Cómo sería esta isla en aquellos años? ¿Llorarían, se quejarían, hablarían? ¿Y los europeos que participaban? Algo de lo que ocurría podemos intuirlo por las descripciones de prisioneros, carceleros y ciudadanos de la Alemania Nazi. Pero esto es distinto. No se trataba de una “solución final”, sino de un negocio.

El dominico Bartolomé de las Casas, pionero de los derechos humanos y en tantas cosas admirable,  en el siglo XVI favoreció la explotación masiva de los africanos, ya que pensaba que eran más fuertes y capaces de sobrevivir al sufrimiento que los indígenas americanos que morían a miles por las enfermedades y el maltrato al que eran sometidos. Más tarde se arrepentiría amargamente por esas opiniones.

A los europeos, culturalmente bastante homogéneos, entonces y ahora  nos cuesta comprender África, un continente  con muchos climas diferentes, más de dos mil lenguas y más de cien millones de personas muy diferentes étnicamente. Esa incomprensión fue básica para convertir a los africanos en mercancía. Aún hoy la pobreza y enfermedades que asolan este continente tienen una cierta base en tal ceguera. Franz Fanon (negro, de La Martinica, y por tanto heredero de esclavos africanos) los llamó Los condenados de la Tierra.

La casa de los esclavos es más que un museo. Es un lugar, un topos donde luchar contra la infamia, un sistema de honrar, como pedía Walter Benjamin, a los anónimos perdedores de la historia, a los que sufrieron la violencia y la injusticia. Conviene dedicar un tiempo a estar en la casa. Hay que ir temprano, justo cuando se abre, antes de que lleguen los grandes grupos. El paseo por las estancias en soledad, con lentitud, es fundamental en esta visita. Y cuando no haya nadie, cruzar hasta salir por la puerta sin retorno. Sin mirar atrás. Sólo al océano, hacia la lejanía, hacia el destierro, hacia la esclavitud. Será imposible, pero hay que hacerlo. Después subir al piso superior. Flotar encima de las celdas, salir de la casa por el aire y engañarse un poco soñando que el mundo pude llegar a ser bueno.

Algunos de los prisioneros destinados a ser llevados a América como esclavos decidían arrojarse al mar al salir por la puerta sin retorno de la casa de los esclavos. Tal vez hoy sean de coral.

Ariel: Yace tu padre en el fondo y sus huesos son coral. Ahora perlas son sus ojos; nada en él se deshará, pues el mar lo cambia todo.
W. Shakespeare. La Tempestad.

esclavitud, museos, viaje a dakar, viaje a senegal

12345 (3 votos. Media: 5,00 de 5)
Loading ... Loading ...
Más información de Rafael Manrique

Comentarios sobre  La puerta sin retorno

¿Qué opinas?

Comparte con nosotros tus puntos de vista. Enriquece estas miradas viajeras con las tuyas propias y haz las valoraciones y comentarios que desees. Opinar y disentir nos obliga a viajar por las ideas y el pensamiento, pero dejaremos fuera los comentarios insultantes o inadecuados.

  • 23 de marzo de 2016 a las 11:17

    Desde hace unos años se ha puesto muy en duda el papel de la isla de Gorea y la mansión de los eslavos en el mercado esclavista, pero se ha convertido en un símbolo por encima del rigor histórico. En todo caso, se fletaran los barcos desde Saint-Louis o desde Gorea, el caso es que se fletaban.

    Por Viaje al Patrimonio