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Histórico noticias



La ruta del textil en Béjar

El “Manchester castellano” llegó a tener una larga nómina de empresas dedicadas a la fabricación de paños y tintes que hicieron de esta población salmantina un centro industrial pujante, ahora transformado paseo fabril junto a la ribera del Cuerpo del Hombre.

21 de octubre de 2012

Extraño nombre, Cuerpo de Hombre, para un río que ya se llamaba así, Corpedumne, desde la Edad Media. Pero lo que nos interesa ahora de él es que la fuerza de su corriente se aprovechó para mover los engranajes de un importante número de establecimientos industriales dedicados a la fabricación de productos textiles en Béjar, Salamanca. Béjar constituyó una excepción en Castilla y León, una región centrada en la producción agrícola y ganadera y bastante alejada de la revolución industrial que tuvo su escenario en otras partes de España y en Europa a comienzos del siglo XIX.

Puente San Albin Bejar.

María Unceta

El Cuerpo de Hombre corre al norte de Béjar, en paralelo a la ceja sobre la que se asienta la población, y se desvía hacia el sur, cortando en dos el plano local. Por las profundidades de su cauce discurre la Ruta de las Fábricas Textiles, un paseo que permite ver de cerca edificios, chimeneas e instalaciones de una dignidad arquitectónica y una importancia técnica notables, la mayoría de ellos hoy abandonados. En esta ruta se superponen los elementos preindustriales (molinos, norias y batanes) con los claramente industriales, surgidos en los siglos XIX y XX. Desde la hondonada, unos y otros lanzan un grito para que sea valorada su importancia histórica y para que se impida su completa desaparición. En ello están empeñadas asociaciones locales como el Grupo Cultural San Gil que se moviliza en defensa del patrimonio industrial bejarano.

La Ruta se inicia junto al puente de la Feria que cruza el río Frío, justo antes de su confluencia con el río Cuerpo de Hombre. Una señal indica la bajada hasta el nivel del cauce donde se asienta el espectacular complejo fabril; diversos paneles facilitan conocer parte de la historia industrial de la localidad e identificar los distintos elementos que salen al paso. El trayecto se recorre a pie, por un camino de cemento y en algunos tramos por una pasarela metálica que sube, baja y permite asomarse al fondo, con la consiguiente emoción para los que sufren de vértigo. En total, unos dos kilómetros desde el inicio de la ruta hasta su final junto a un bosquecillo de encinas a la altura de la antigua fábrica de Francisco Gómez-Rodulfo.

El paseo resulta magnífico en cualquier época del año. Plantas y árboles de ribera: alisos, avellanos, olmos, fresnos, sauces… crecen a ambas orillas del río junto a las construcciones, bajo los puentes y entre los saltos de agua. El ruido de la corriente, que junto a las cascadas de las represas (las llamadas “pesqueras”) resulta casi atronador, acompaña todo el camino; cuando disminuye, pueden escucharse los trinos de los pájaros que revolotean entre los árboles y anidan en las construcciones abandonadas. También las vistas acompañan. En diversos tramos del recorrido, se ven desde el profundo cauce las casas alineadas sobre la cresta de Béjar, los campanarios de las iglesias de San Juan, El Salvador y Santa María, la muralla, y algunos edificios históricos tan característicos como el palacio Ducal.

Fábrica Gilart, futuro Museo Textil.

María Unceta

Aunque la mayoría de las construcciones industriales de la ruta corresponden a los últimos dos siglos, la producción textil en Béjar hunde sus raíces al menos en el siglo XVI. En 1592 se fundó el Tinte del Duque, la factoría artesanal dedicada al teñido de tejidos, propiedad del duque de Béjar, que mantuvo su actividad hasta el cierre del año 2000. Los edificios e instalaciones de este primer complejo industrial, que fue ampliándose, evolucionando y cambiando de dueños a lo largo de sus 400 años de existencia, fueron lamentablemente derribados entre 2001 y 2006, no quedando ya apenas rastro de ellos (se trató de un “derribo preventivo”, realizado antes de que se incluyera el Tinte del Duque en la nómina de edificios protegidos, lo que hubiera impedido su demolición).

Junto al río se sucedían los batanes y los molinos. Los batanes eran unas primitivas máquinas de madera: grandes mazos que se accionaban por medio de una rueda movida por el agua. Su misión era golpear repetidamente, en medio de un ruido ensordecedor y constante, los tejidos para desengrasarlos, lavarlos y desbastarlos. Cuando la fuerza del agua no era suficiente, se construían pequeñas presas a cierta altura y se conducía el agua por un canal hasta la rueda, un sistema que aún se puede ver en las “pesqueras” que hoy se utilizan sobre todo para la producción de energía eléctrica. A lo largo de la Ruta de las Fábricas Textiles de Béjar se pasa junto a la pesquera de la Luna, la pesquera de los Caballos, la de las Golondrinas, la de los Capitanes, la de Tapia, la pesquera de Gilart y la pesquera de los Ladrones (se pueden ver también algunos molinos maltrechos que levantan sus ruinas entre las viejas fábricas).

Béjar fue un importante centro de producción de paños que vivió épocas gloriosas y etapas de vacas flacas. Ya en 1691 se asentaron en la localidad un buen número de maestros artesanos flamencos que introdujeron nuevas técnicas de producción y diversificaron la producción de paños. La Ilustración, con la creación de las Fábricas Reales, dio un importante impulso a la industria bejarana. Pero el verdadero salto en la producción textil vino con la introducción de la moderna maquinaria de hilatura y cardado, que se inició en 1824 y se prolongó hasta 1850. En estos años, muchos de los antiguos molinos y batanes fueron adaptados o transformados; los obradores familiares del centro de la ciudad desaparecieron; se crearon nuevos establecimientos industriales a orillas del río en terrenos cedidos por el Ayuntamiento y se multiplicaron en el lugar los saltos de agua, los canales y todos los artilugios hidráulicos necesarios para abastecer de energía a las nuevas fábricas. (De esta importante revolución técnica le viene el sobrenombre de “el Manchester castellano” que algunos historiadores han aplicado a Béjar. Pascual Madoz en el Diccionario Geográfico Histórico publicado en 1850 da cuenta de la existencia de más de 200 fábricas textiles en Béjar y su comarca, que ocupaban a 5.000 operarios.)

Fábrica textil Navazo.Fue ésta la época de mayor expansión, con un espectacular aumento de la población que pasó en el núcleo urbano de 4.462 habitantes en 1851 a 12.120 en 1887. Y fueron también décadas de gran creación de riqueza, de empuje social y cultural, de creación de instituciones como la Sociedad Económica de Amigos del País, el Círculo del Progreso, el Casino y la Escuela de Artes y Oficios entre otras. Sin embargo, la expansión industrial de Béjar chocaría con diversos factores limitantes, entre ellos las malas comunicaciones con el resto del país, ya que el ferrocarril no llegó a la ciudad hasta 1892. La competencia con otros centros de producción textil como Tarrasa, Sabadell o Alcoy fue haciendo más y más difícil su supervivencia. Pese a todo y con altibajos, se pudo mantener la producción gracias sobre todo a los pedidos que los industriales bejaranos recibieron por parte del ejército al que abastecían de paños para los uniformes. La tercera Guerra Carlista, la Guerra de África y la Guerra Civil (con el suministro de uniformes para el ejército sublevado y la Falange) fueron épocas de auge de producción para el mercado nacional y, en el internacional, la Primera y Segunda Guerras Mundial.

A orillas del río Cuerpo de Hombre conviven auténticas reliquias de la arquitectura industrial, como la mencionada fábrica de Francisco Gómez-Rodulfo –que tiene instalaciones del siglo XVIII– y dignos edificios de los siglos XIX y XX. Entre estos últimos, vemos al comienzo del recorrido la fábrica Hijos de Rafael Díaz; la de Izard Muñoz, con secciones de hilados, tejidos, tintes y acabados; la fábrica Téllez junto a la pesquera de los Caballos y frente a ella, en la orilla opuesta y comunicada por un puente, la de Pablo Farrás Faus a la que perteneció una chimenea de ladrillo que aún se mantiene en pie; la fábrica Gilart, de 1869, rehabilitada para instalar el Museo Textil que espera desde hace 14 años hacerse realidad; Hilaturas Béjar, S.A., una fábrica moderna establecida en el lugar desde 1973, o la Industrial Bejarana, también conocida como “La Estambrera”, en funcionamiento desde principios del siglo XX.

Mención aparte merece el importante complejo fabril de García y Cascón, también conocido como “La Noriega” y “La Illana”, que a mediados del siglo XX llegó a tener más de 1.600 trabajadores. El hermoso edificio de piedra de cantería conserva una imponente chimenea de 52 m de alto. Dos son los puentes principales que se levantan sobre las cabezas de los paseantes a lo largo de la ruta. El del ferrocarril presenta una magnífica estructura de hierro que describe una parábola en las alturas y hunde sus cimientos de hormigón en el cauce del río; desde la inauguración en 1892 de la línea que unía Gijón y Sevilla (la Ruta de la Plata) hasta su supresión en 1984, este puente facilitó el paso de los trenes que llegaban al centro de Béjar. El puente de San Albín, por su parte, levanta su hermoso arco de piedra a una veintena de metros sobre el río; es tradición en Béjar que era el punto elegido por los suicidas locales para abandonar este mundo.

 

Bejar, textil

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Comentarios sobre  La ruta del textil en Béjar

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  • 06 de noviembre de 2012 a las 13:50

    maria me ha gustado todo el trabajo con toda clase de detalles y referencias sobre una ciudad tan adelantada industrialmente en aquellos años y lugar enorabuena gracias.

    Por javier
  • 23 de abril de 2014 a las 14:02

    Muy interesante conocer que probablemente mis raíces están por esa maravillosa tierra Española, también creci en las instalaciones de una fabrica textil la de Urcos en Cusco Perú, soy de Cusco Perú, me gustaría saber mas de Béjar, tener el escudo que lo representa
    Gracias.

    Por JULIO BEJAR CUBA
  • 27 de julio de 2014 a las 19:43

    Me ha parecido un trabajo muy completo y muy interesante sobre la ciudad de Béjar, tan próxima a El Barco de Ávila, mi pueblo. Mis padres y mis abuelos me hablaban de su actividad textil y de la maravilla de sus paños.

    Por olga
  • 11 de abril de 2018 a las 18:02

    Me ha gustado el post. Hay poca información sobre el tema. Paso este mes de mayo por Berjar, y no me lo pienso perder.

    Por Estefania Valentin