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Los bonobos del Congo y el patriarcado

Los primates más parecidos a los seres humanos viven en la República Democrática del Congo: los bonobos. Las hembras lideran con frecuencia sus grupos, mucho más pacíficos y cooperativos que los de chimpancé común, liderados siempre por machos.

24 de enero de 2013

La República Democrática del Congo (RDC) no es un sitio especialmente elegido por los turistas como destino vacacional. Tal vez se deba, en parte, a que es considerado el país más pobre de la tierra (según el Índice de Derechos Humanos de 2011), o a los excesos en contra de los derechos humanos que jalonan toda su historia reciente (como los que tuvieron lugar mientras el territorio era considerado dominio personal del rey Leopoldo II de Bélgica, reflejados por Mario Vargas Llosa en su Viaje al corazón de las tinieblas). O tal vez incluso a algunas noticias que señalan que esos excesos siguen existiendo hoy día en relación a la explotación del coltán, materia prima imprescindible para elaborar nuestros avanzados teléfonos móviles.

Hembra-bonobo

Angi English. Flickr.

El que fuera llamado Reino del Congo, Estado Libre del Congo, Zaire, y ahora República Democrática del Congo, no es un país en el que un@ piensa cuando quiere desconectar de los problemas y dinámicas cotidianas del mundo occidental, que suele ser la principal motivación de los viajeros-turistas. De hecho, la RDC podría llevarnos a conectar de una manera tal vez demasiado incómoda con las genealogías de lo que somos, con algunas de las trampas que se esconden bajo el aparente orden natural e inocente de nuestro sistema social. Y no lo digo sólo por la explotación mineral (y humana) que está en la base de nuestros omnipresentes móviles, sino porque contiene un tesoro inigualable, que de ser atendido debidamente, haría estallar en millones de pedazos algunas de las bases fundamentales que sirven para sustentar nuestro orden social. La RDC es el territorio en donde habitan los bonobos.

Bonobo es el nombre con el que se conoce a una especie de chimpancé identificado por primera vez en 1929, el Pan paniscus (también conocido con el nombre de chimpancé pigmeo o chimpancé enano, aunque de hecho, su altura suele ser mayor que la del Pan troglodytes o chimpancé común). Sólo habita en determinadas zonas al sur del río Congo, razón por la que tardó tanto en ser identificado y, después, estudiado. En realidad, los estudios sistemáticos sólo comenzaron en las décadas de 1980 y 1990, aunque a pesar de los más de veinte años transcurridos, siguen sin ser conocidos por la mayoría de la gente. Esta ignorancia no es casual ni inocente. Los bonobos desmontan de tal manera las bases biológicas sobre las que se creía asentada nuestra especie, que existe toda una corriente de silenciamiento de las evidencias que encarnan.

Bebé-bonobo

James Hopkirk. Flickr.

En los años 60, Louis Leakey, arqueólogo y paleoantropólogo keniata, cambió la dirección que hasta entonces tenían los estudios sobre el origen de la humanidad al dirigir la mirada a los primates más próximos a los humanos desde el punto de vista genético y evolutivo. Comenzó a dirigir tres tesis doctorales que se convertirían en el comienzo de una línea de investigación que no ha dejado de desarrollarse desde entonces: Biruté Galdikas estudiaría a los orangutanes (los más alejados), Diane Fossey a los gorilas, y Jane Goodall a los chimpancés (los más cercanos). Goodall estudió al chimpancé común o Pan troglodytes, y sus informaciones sirvieron para construir, desde entonces, la imagen de los precedentes evolutivos de los que se suponía habría arrancado la especie humana.

El caso es que los chimpancés comunes son sociedades regidas por machos dominantes. Se organizan en grupos territoriales, de los que salen las hembras cuando llegan a la pubertad para incluirse en grupos vecinos y pasar a ser objeto de la selección y dominación de los machos del nuevo grupo. Como Goodall demostró, entre los chimpancés existen guerras frecuentes, comen carne con cierta frecuencia y no son excepcionales los casos de canibalismo. Esta imagen se adecuaba perfectamente a la idea de que el patriarcado tenía raíces biológicas, por lo que formaba parte de la naturaleza de la que habíamos arrancado. Sólo en la modernidad, dada la prioridad de la cultura sobre la naturaleza que la caracteriza, el mundo occidental estaría intentando transformar esa situación, de la que no existiría ninguna responsabilidad social ni histórica. Esto explica la enorme resistencia que la sociedad (que, por supuesto incluye al mundo científico y académico) opone a la difusión de las evidencias aportadas por los bonobos. Porque lo que nos dicen los bonobos es que el patriarcado puede no tener nada que ver con nuestros orígenes naturales, lo que demanda reflexiones y cuestionamientos que la mayor parte de la sociedad no está dispuesta a realizar.

Los bonobos se parecen al ser humano mucho más que los chimpancés comunes. No sólo las proporciones de su cuerpo son más cercanas a las nuestras, sino que, sobre todo, su comportamiento es mucho más similar. De hecho, comparten un rasgo que, hasta que ellos fueron conocidos, se creía exclusivamente humano: sus hembras no tienen periodo de celo. Pueden tener relaciones sexuales todo el tiempo, independientemente de su ciclo menstrual. De hecho, las tienen. La relación sexual no está destinada en ellos exclusivamente a la reproducción, sino también, como en el caso de los humanos, a la comunicación, pues de otra manera, se habría mantenido el periodo de celo, mucho más garantista para la reproducción. Los bonobos tienen relaciones sexuales a todas horas y por todos los motivos: porque empieza el día o porque acaba, porque están alegres o porque están tristes, porque están excitados o para resolver tensiones…

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LaggedOnUser. Flickr.

Pero no sólo. Los bonobos rompen las reglas que la sociedad patriarcal atribuía a nuestra naturaleza de otro modo aún mucho más potente: ellos se organizan también en grupos territoriales, y cuando las hembras llegan a la pubertad, salen igualmente del grupo de origen para insertarse en un grupo vecino. Pero, a diferencia de los chimpancés comunes, ellas comienzan a establecer relaciones de alianza muy fuertes con las hembras del grupo receptor, hasta el punto de que, en más de la mitad de los casos, los individuos alfa, líderes del grupo, son hembras.

Y no acaba aquí la desnaturalización del orden patriarcal de la que son evidencia los bonobos: porque como parte de esas dinámicas de alianza y relación que las hembras establecen entre sí y que las lleva al poder dentro del grupo, están las relaciones sexuales. Los bonobos no tienen una orientación sexual definida. Todo el mundo sostiene relaciones con todo el mundo, aunque las de los machos entre sí son algo menos frecuentes que las de las hembras entre sí. En mi opinión, la heterosexualidad ha sido una norma imprescindible para sostener el orden patriarcal, al que se vincula de forma inevitable, pero no forma parte de la naturaleza humana, cuya sexualidad, como la de los bonobos, no tiene una orientación de partida. Y esto no significa desorden ni caos, sino todo lo contrario: a diferencia del chimpancé común, la sociedad bonoba es mucho más cooperativa y pacífica. No consumen carne ni existe ningún caso de canibalismo, y los machos se interesan por las crías hasta el punto de que las hembras les permiten a veces que las acarreen, situación imposible de imaginar entre los chimpancés comunes.

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Contemplar a los bonobos es todo un espectáculo que abre los ojos y la mente, e ilumina el escenario de lo que pudieron ser nuestros orígenes. Este espectáculo puede verse en la República Democrática del Congo. Allí, muy cerca de Kinshasa, la capital del país, existen unas pequeñas cataratas llamadas Les Petites Chutes de la Lukaya, junto a las que se encuentra el Santuario de Bonobos Lola Ya (que significa “Paraíso para los Bonobos”). Fue creado en 1994 por Claudine André, y es gestionado por la Asociación de Amigos de los Bonobos del Congo, dedicada a velar por la supervivencia de las crías que los cazadores de bonobos (cuya carne se vende en el mercado negro) van dejando huérfanas. En el santuario se intenta transmitir a los colegiales congoleños el valor y excepcionalidad de los bonobos, pero está abierto a todo visitante que desee ser testigo de la experiencia radical que supone observar lo que la naturaleza tiene que enseñarnos sobre la falta de naturalidad de un orden social desigual, en términos de género, cuya génesis debe obedecer a razones distintas de las presupuestas hasta ahora.

bonobos

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Comentarios sobre  Los bonobos del Congo y el patriarcado

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  • 27 de junio de 2013 a las 15:24

    hola primero que nada quiero felicitarles por el gran proyecto de mantener a los bonobos tiene razon nuestra ignorancia es la causante de la perdida mas grande de la humanidad, me inetersa poder formar parte de este proyecto saludos y felicitaciones

    Por Paloma
  • 30 de octubre de 2015 a las 11:49

    Bueno, Almudena, ya sabes lo que yo pienso del bonobo y del chimpancé. Me sigue pareciendo que el más parecido a nosotros es el chimpancé, no por buscar una justificación sociobiológica de la violencia, sino precisamente por un lamento evolutivo.

    Por Daniel
  • 28 de marzo de 2019 a las 17:54

    @Daniel Yo diría además, que tanto chimpancés como humanos, a diferencia de los bonobos, tienen que lidiar con recursos mucho más escasos en relación a los recursos que tienen los bonobos para vivir.

    Por ajrf