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Histórico noticias



Los Museos Käthe Kollwitz de Alemania

Käthe Kollwitz fue una pintora y escultora pacifista que plasmó en su obra el dolor y el desconsuelo de la guerra. Su obra se encuentra repartida por todos los museos del mundo, pero es en Berlín y en Colonia donde podemos disfrutar ampliamente de la artista alemana.

5 de febrero de 2014

Berlín es una ciudad en la que las huellas del dolor de la guerra nos sobrecoge en múltiples rincones. Uno de ellos es el principal monumento alemán en memoria de las víctimas del nazismo y del militarismo, la Neue Wache, en Unter den Linde 4. Allí todo llama a la emoción y al homenaje más profundo con  La Pietá, la escultura de Käthe Kollwitz que representa a una madre sosteniendo en un último abrazo el cuerpo exangüe de su hijo muerto. El eterno desconsuelo de la mujer se muestra en ese gesto de su rostro sostenido por la mano que cubre también la frente del joven, honda reflexión, profunda desesperación. Las piernas del hijo en pronunciada diagonal acentúan la sensación de la dramática y final caída. Todo es un amoroso y eterno adiós. Alrededor las tumbas de un soldado desconocido, de una víctima de un campo de concentración y de un combatiente de la resistencia conforman un austero escenario.

Más allá, en Prenzlauer Berg, barrio que bulle de bares, terrazas, mercados, librerías, tiendas y locales de jóvenes emprendedores , una calle no muy larga, la Kollwitzstrasse, desemboca en  una plaza muy especial: la Kolwitzplatz. En el centro, alegres niños trepan y se acomodan confiados entre los brazos de la estatua sedente de una mujer de  rostro sereno y triste que sostiene en una mano un trozo de carboncillo y en la otra lleva una carpeta de láminas de dibujo. Su autor, Gustav Seitz. Fue inaugurada  en 1960, cuando Prenzlauer Berg era un barrio del Berlín oriental. La elección del lugar no es arbitraria, ya que Kathë Kollwitz vivió con su marido durante más de cincuenta años en un edificio de la misma plaza, derruido por las bombas en 1943 y cuyo emplazamiento es recordado actualmente por una placa.

Kollwitzplatz, Berlín,

German Federal Archive.

Es Käthe Kollwitz, dibujante, grabadora y escultora alemana. Había nacido, como Käthe Schmidt,  en 1867, en Konigsberg, en la Prusia oriental, antes de la unificación alemana, ciudad que, con el nombre de Kaliningrado, pertenecería a Rusia desde 1945. Su familia, protestante de confesión, pertenecía a la burguesía culta y progresista, procuró para ella una esmerada educación y estimuló sus aptitudes artísticas. Realizó sus primeros estudios de bellas artes en Berlín y en Munich .

La obra de Käthe Kollwitz se halla en museos de todo el mundo, entre los que destaca la excelente colección del Museo de Bellas Artes de San Francisco. Pero es en Alemania donde podemos disfrutar ampliamente a esta artista en los excelentes museos Kollwitz de Berlín y Colonia. La característica de su producción hace que de la mayoría de sus trabajos hayan quedado varios ejemplares o reproducciones, por lo que nuestros comentaremos nos servirán para cualquier lugar donde las encontremos.

Su estilo se encuadra dentro del realismo crítico o realismo social, alejándose del expresionismo. A diferencia de los seguidores de esta corriente, Kollwitz  no deforma intencionadamente los rasgos de los personajes para intensificar la denuncia, sino que su propósito es acentuar la dignidad humana de los castigados por la pobreza y el delirio de la guerra. El drama se expone, se nos impone desde la solidaridad hacia ese dolor profundo donde las injusticias que lo causan no necesitan de la sátira o el grotesco.

 

El sufrimiento de la clase obrera

A los 24 años se casó con el médico Karl Kollwitz y la pareja se trasladó a Berlín, a Prenslauer Berg, que era entonces un barrio obrero donde su marido, afiliado al Partido Social Demócrata Alemán, ejercería la medicina, y donde Käthe conocería de cerca las miserias de las clases populares.

Sin embargo, la inspiración para su primera serie de grabados La revuelta de los tejedores (Ein Weberaufstand) no provino de ese contacto personal, sino de la conmoción que le produjo en 1893 asistir a una función de la obra teatral Los tejedores, de Gerhart Hauptmann, autor alemán enmarcado en la corriente naturalista, en la que se describen las durísimas condiciones de vida de los tejedores en la Alemania de inicios de la industrialización, condiciones que  el autor conocía muy bien, por razones familiares. La obra, que fue temporalmente prohibida  por subversiva, trata sobre la sublevación de los tejedores manuales de Silesia en 1844. Es una serie de ocho aguafuertes realizada entre 1893 y 1898, que representan escenas de interiores de viviendas obreras, de manifestaciones y hasta el trágico final de los trabajadores asesinados por la represión. Entre ellas, destaca Pobreza (Not, Blatt), que muestra una miserable habitación con las herramientas propias de los tejedores, donde una mujer  se inclina, su cabeza sostenida por sus manos en contenido gesto de desesperación, sobre su bebé moribundo en el miserable lecho. La serie fue expuesta en el Salón de Berlín y, por su contenido de crítica social, se le negó la medalla de oro. Se percibe aquí la particular sensibilidad de Käthe hacia el sufrimiento de las madres ante la muerte del hijo. Trágica premonición, como veremos más adelante.

En 1897 comenzó a trabajar con mayores dimensiones. Así ocurre en Trabajadores volviendo a casa en la estación ferroviaria de Lehrter (Heimkehrende Arbeiter am Lehrter Bahnhof), que podemos contemplar en su museo de Berlín. Aquí Kollwitz retrata un momento de la dura rutina de los trabajadores cuando arriban en grupo a la estación de tren para retornar a sus hogares. Entre los obreros destaca una única figura femenina, de paso cansino, que, a diferencia de sus compañeros, va cargada con un pesado fardo. Käthe testimonia así el doble trabajo  asumido por las mujeres. Esta será una de las pocas obras en color de la artista.

Otro trabajo de esta época es la serie de siete grabados La guerra de los campesinos (Weberzug), inspirada en las revueltas producidas entre 1522 y 1525, época de la Reforma en Alemania, y en las que jugaron un papel importante las pésimas condiciones de vida de los campesinos. No muestra escenas históricas precisas, sino los padecimientos de la explotación de los campesinos, los momentos de sufrimiento de las víctimas. Así, vemos a padre e hijo arrastrando el arado como animales;  a una joven campesina tirada en el suelo entre plantas destrozadas, símbolo de su vida deshecha después de la violación por parte del terrateniente, o a la mujer que se alza resuelta llamando a la lucha. Esta serie, como la de los tejedores, concluye mostrando el doloroso final de las revueltas con la imagen del apretujado grupo de extenuados campesinos prisioneros y, una vez más, la doliente imagen de una madre buscando a su hijo entre los muertos.

En 1898 comenzó a enseñar en la escuela de Arte, para Mujeres, de Berlín, y poco después realizó estancias en París y Florencia.

'Madre e hijo', Käthe Kollwitz.En 1903 realiza una serie de grabados con el título de Mujer con niño muerto (Frau mit totem Kind), en los que doloridas madres abrazan al hijo muerto. Como ella comenta en una carta, estaba entonces profundamente preocupada por la difteria que padecía su hijo mayor Hans.  Pero sobrecoge esa sensibilidad como si fuera un terrible presagio, tanto por el tema como por que el modelo para muchos de estos estudios fuera su hijo menor, Peter, quien moriría en el frente, en 1914. Es conmovedor ver estas imágenes donde una mujer sentada abre sus piernas para acurrucar al hijo muerto, en una postura casi animal, desgarradoramente primitiva, para expresar el dolor más desconsolado que una madre puede sufrir. Impresiona también  Muerte, mujer y niño (Tod, Frau und Kind), con los rostros de madre e hijo unidos en la torsión del dolor final, así como Despedida (Abschied).

Käthe parece tomarse un respiro y plasma las ternuras del amor. Así lo vemos en Los amantes (Das Liebespaar, acabada en 1915), bella escultura, inspirada sin duda en la obra de Rodin, a quien admiraba profundamente, y en los cinco grabados con temas amorosos más que eróticos que ella guardó para su privacidad en la carpeta a la que llamó “Secreta”. Uno de ellos, Los amantes acurrucándose (Liebespaar, sich aneinander schmiegend) se expone en su museo de Colonia.

Otras obras amables muestran tiernas escenas cotidianas, como Bienvenida (Bergrüssung), en las que un humilde padre es recibido con alegría por su esposa y el hijo a quien recoge amorosamente entre sus brazos. O las dulces madres de Madre con niño en sus brazos (Mutter mit kind auf dem arm) y Madre de pie alimentando a su pequeño niño (Stehende mutter, ihr büblein fütternd).

 

Retratos de dolor y miseria

El semanario satírico alemán Simplicissimus le encargó en 1909 una serie de dibujos bajo el título de Retratos de la Miseria (Bilder vom Elend). En ellos Käthe reflejó diversas escenas de la dura y desesperanzada cotidianeidad  de los desocupados, los enfermos, los moribundos, de todos aquellos dramas que veía día a día en la consulta de su marido. Así nos conmueve la mujer desplomada sobre la mesa en la que trabaja en casa de Trabajo a domicilio (Hausaufgaben); los  hombres buscando consuelo en el alcohol  en El bar (Kneippe); la pobre embarazada apesadumbrada en la puerta de la consulta en En lo del médico (Beim Arzt); la madre desesperada a punto de arrojarse al agua con sus dos hijos en En el agua (Inss Wasser); la pareja también desesperada en El final (Am Ende); el borracho golpeando a su mujer (Betrunkener Mann), o el desconsuelo de Paro (Arbeitslosigkeit) y de Mendiga (Bittstellerin). Kollwitz fue particularmente sensible a los estragos que provocaba en la población obrera el alcohol, como podemos observar en las dos obras alusivas de esta serie y en su colaboración posterior con posters para las campañas contra el alcohol.

El compromiso social de Käthe no la llevó a encuadrarse en ningún partido político, aunque colaboró activamente  con  distintas organizaciones solidarias. En 1912, por ejemplo, participó en una campaña contra las terribles condiciones de las viviendas obreras en los barrios periféricos, con el afiche Por el Gran Berlín (Für Gross Berlin), en el cual una niña pobremente vestida sujeta entre sus brazos a su hermana pequeña, en un desolado patio de vecindad.  Ambas criaturas muestran la tristeza de esa infancia sin distracciones junto a un cartel que recuerda la prohibición de jugar en esos sitios.

La Primera Guerra Mundial estalló en 1914. Sus dos hijos se alistaron como voluntarios. El menor, Peter, falleció en octubre, a los dos días de llegar al frente de Bélgica.  El irremediable dolor de Käthe se expresará a partir de ahora en múltiples obras. Comienza entonces también a preparar un monumento funerario para Peter. El monumento recién alcanzará su versión definitiva en 1932, cuando Trauerndes Ehepaar (Los padres afligidos) se instaló en el cementerio de Esen Roggeveld en territorio belga. En 1956 las tumbas de los combatientes alemanes caídos en las batallas de Bélgica se concentraron en el cementerio militar alemán, situado a 3 km de la ciudad de Vladslo , Bélgica. Hay una copia en las ruinas de la Iglesia de St. Alban, en Colonia, destruida por los bombardeos de 1945 en la ciudad, y otra en un relieve de una tumba en el cementerio judío de Bocklemünd, también en Colonia.

'Trauerndes Ehepaar' (Los padres afligidos), en el cementerio de Esen Roggeveld .

Alex Birkett, Flickr.

En la escultura instalada en Vladslo, las figuras de una pareja con los rasgos de Karl y Käthe Kollwitz, se perfilan  arrodilladas entre ese cementerio lleno de lápidas negras que cubren las tumbas colectivas de soldados alemanes (el Tratado de Versalles les prohibió que fueran blancas). Representan el dolor filial más profundo y, recordando las reflexiones de  Käthe en sus diarios, la desesperación por no haber sabido proteger a los hijos de la brutalidad de la guerra. El padre dirige la mirada hacia la lápida donde figura el nombre del hijo mientras que la madre, inclina su cabeza, doblada por tanto sufrimiento.

Cuando  Liebnecht,  el dirigente del flamante Partido Comunista Alemán, fue asesinado el 15 de enero de 1919, la familia, con la que Käthe compartía relaciones de amistad –aunque no su posición política–, la invito a realizar alguna obra para inmortalizar su lucha.  Käthe visitó la morgue para estudiar el rostro último de Liebnecht y quedó hondamente impresionada por el aspecto que presentaba el muerto, con el orificio de la bala en la frente cubierta con flores rojas y la boca apenas entreabierta con una mueca de gran dolor.  Fue realizando diferentes estudios y bocetos a lo largo de más de dos años. Parece que la demora pudo deberse a las reticencias que le provocaba la postura política del dirigente hasta que, según confiesa en una carta, sus sentimientos se decantaron hacia una profunda admiración en virtud de haber sido Liebnecht uno de los pocos políticos que se enfrentó decididamente a la entrada en la guerra que acabó con la muerte de su hijo Peter.

Kollwitz optó por la técnica de la xilografía, que vigoriza el dramatismo, y por un esquema compositivo que recuerda las tradicionales Lamentaciones sobre Cristo muerto. El cuerpo yacente del dirigente es observado  por varios trabajadores  que rinden un doliente homenaje, dignificados en la contención de su dolor, con sus cabezas inclinadas  en una misma línea y entre los que sobresale una joven madre con su niño en brazos, mientras que otro grupo parece formar una guardia protectora.

En ese mismo año de 1919 Käthe pasa a ser miembro de la Academia Prusiana de Arte.

 

Las pacifistas manos de Kollwitz

También utilizaría  la xilografía para la serie Guerra (Krieg), que comenzó también en 1919. La temática será la misma que conmoverá a Käthe hasta el final de sus días: los testimonios, no de las batallas heroicas, sino de los sacrificios humanos, del dolor sin límites de los efectos de los conflictos bélicos en la población. La guerra había terminado, pero Käthe no quería que se olvidara el drama que para ella había significado, y que no debiera repetirse.  Así lo vemos en El sacrificio (Das Opfer), donde una madre alza el cuerpo inocente de su hijo, que se inmolará en la guerra, o en La Viuda (Die Witwe I), en la que una mujer del pueblo, embarazada, protege su vientre con una manos fuertes, vigorosas, que serían conocidas a partir de entonces como Las manos de Kollwitz, una acentuación expresionista del deseo íntimo y profundo de las madres de proteger a su descendencia. En otro, La Viuda II, una trabajadora y su pequeño yacen muertos, la cabeza de la mujer, en violenta y desesperada torsión, nos hace presumir una muerte cruel (¿suicidio, inanición?) y donde la simplicidad de los rasgos acentúa el patetismo de la escena.

En otra, Los padres (Die Eltern), el sufrimiento infinitos de la pareja, encerrada en una cerrada composición en la que una madre, de rodillas, encaja su cuerpo doblado por el dolor en el de su esposo, quien también de rodillas la sostiene con un brazo mientras alza el otro para tapar con su mano el doliente rostro. En Madres (Die Mutter) y en El Pueblo (Das Volk) un compacto grupo de mujeres forman un compacto muro con sus cuerpos y con sus vigorosas manos para proteger a los pequeños de la demanda bélica. Los negros de los grabados acentúan ese afán.

De esta serie destaca muy especialmente Los voluntarios (Die Freiwilligen), el único que retrata a combatientes. Aquí, un grupo de jóvenes, entre los que figura su hijo Peter, forman un enfervorizado grupo arrastrado por la Muerte, que bate su tambor  camino al frente. Es ella a quien encontrará  esa entregada juventud, no al honor, no a la gloria.

Los voluntarios (Die Freiwilligen), Käthe Kollwitz.

Guerra se exhibió en 1924 en el flamante Museo contra la Guerra de Berlín y también en diferentes ciudades alemanas. En ese mismo año se celebraron en Weimar diferentes actos pacifistas en el décimo aniversario del comienzo de la Primera Guerra. Käthe contribuyó con el famoso poster Nunca más guerra (Nie wieder Krieg), en el que la expresión es enfatizada con el gesto de un joven que alza, vehemente, su brazo, mientras la mano izquierda reposa sobre su corazón. Posiblemente Kollwitz recuerda con la elección de este gesto el que  había realizado un joven que había perdido su brazo en la guerra durante  el congreso de los jóvenes socialistas realizado en Weimar en 1919.

También Kollwitz estaba muy sensibilizada con el hambre que padecían tanto los más pobres de los países vencidos como la de los soviéticos, castigados por  los estragos de su guerra civil. De entonces son sus posters denunciando el hambre de los niños alemanes (Deutschlands Kinder hungern!), donde  retoma la temática de los infantes con sus platos vacíos que ya había trabajado en 1911 para la campaña de los socialistas en las elecciones parlamentarias, y varios en los que  se llama a la solidaridad con los hambrientos de Viena y de la URSS. Es la época en la que colabora con la Alianza Popular para la Protección de los Prisioneros Alemanes de Guerra y Civiles, la Federación Sindicalista Internacional y el Movimiento Obrero Socialista para la Prevención de la Guerra.

Poco después, en 1925, concluye otra serie de duras xilografías Proletariado (Proletariat), en las que refleja fundamentalmente el drama del hambre entre las clases populares en los difíciles años de la posguerra. Las escenas nos golpean por su dureza: familias hambrientas, que nos miran con sus ojos desorbitados y sus platos vacíos, mujeres y niños arrastrándose  bajo una calavera amenazante y el gesto desesperado de una  escuálida madre que no puede alimentar a su casi cadavérico infante.

En 1927, con motivo del décimo aniversario de la Revolución Rusa, fue invitada como figura destacada de la delegación alemana a Moscú, ciudad en la que se realizaba una exitosa exhibición de su obra. Käthe continuaba sin encuadrarse en ningún partido político, pero se mostraba esperanzada en que el triunfo de la revolución soviética abriera las puertas a una nueva sociedad más justa.

También Käthe fue pródiga en dejarnos conocer las marcas que la vida iba dejando en su rostro, en sus expresiones con sus más de 50 autorretratos, la mayoría grabado, sin contar aquellos en que ella se incluye como personaje, como lo hizo en la serie de la Muerte. Todas las huellas de sus ansiedades y penas infinitas se nos muestran valientemente, así como en su impresionante autorretrato en bronce realizado entre 1926 y 1932.

Su última serie, Muerte (Tod), la realizó entre 1934 y 1937, seguramente impactada por la muerte de su cuñado George Stern en 1934, con quien la unía una entrañable amistad. Son  ocho conversaciones con la muerte, plasmadas en ocho litografías: la muerte cayendo sobre un grupo de niños, la muerte sobre las  mujeres trabajadoras, la muerte dando la mano a una madre y, finalmente, la muerte que toca el hombro de Käthe mientras ella parece acercarle, confiada, la mano, como obedeciendo a su llamado, serenamente.

'Madre con dos niños', Käthe Kollwitz, 1937, Fröbelstraße 17, Berlin-Prenzlauer Berg, Alemania.Aunque Käthe ya se había acercado a la escultura previamente, nunca fue su creación artística dominante. Cuando nacen sus nietos, en 1923, desea plasmar los sentimientos hacia ellos en una escultura que no se concretará hasta 1936. El bronce, Madre con  dos niños (Mutter mit zwei Kindern), de las que hay en el jardín del Museo de Berlín, en el Museo de Colonia  y en un jardín muy cerca de la Kollwitzplatz, expresa otra vez ese fuerte sentimiento de protección de una madre hacia sus crías. La mujer, de cuclillas, extiende sus brazos  sobre sus pequeños, formando un escudo protector.  La composición casi forma un ángulo perfecto, lo que refuerza ese afán desesperado de retenerlos junto a ella. Las cabecitas de los niños emergen de ese abrazo. Podemos observar así que son de diferentes edades, lo que invalida el nombre de “Madre con mellizos” con el que fue inicialmente conocida la obra, determinado quizá por la motivación inicial de Käthe ante el nacimiento de sus nietos, que sí eran mellizos. También podemos suponer que, así, la autora expresaba la tendencia natural de los hijos a buscar su propio destino fuera del regazo materno.

 

Artista degenerada

Con el ascenso de Hitler al poder en 1933, la situación en Alemania se complica para Käthe. Debe renunciar a su cargo en la Academia, a todas sus clases, y sus trabajos se quitan de museos y galerías. Posteriormente, en 1937, su obra fue incluida en la exposición “Arte Degenerado”, organizada por los nazis, y en la que incluyen, para defenestrarlos, a todos aquellos artistas que, por su creatividad e ideología, eran considerados contrarios y peligrosos para el nacionalsocialismo.

En estos mismos años, cuando el clima prebélico se acentuaba, Kollwitz traslada a otras esculturas el tema de las madres protectoras. En la Torre de las madres (Turm der Mütter), un grupo de ellas enlazan sus cuerpos hasta formar un anillo que encierra a sus vástagos. Hay tensión en sus gestos: una alza la mano en desesperado grito, otra tira sus brazos hacia atrás, apretujándose con los cuerpos de sus compañeras. Sus fuertes manos aparecen por doquier, reforzando el muro e impidiendo a los niños la huida que la curiosidad infantil hace previsible.

De la misma época es el bronce Esposas de soldados, despidiéndoles (Abschiedwinkende Soldatenfrauen), donde vemos a un grupo de humildes mujeres, muchas de ellas con sus niños, con rostros y gestos apesadumbrados, y de las que sobresalen sólo dos brazos en tibia despedida. Nada de cantos heroicos llamando a conquistar la gloria: sólo la premonición de una muerte probable y más miseria.

Ya en plena guerra realizó una estremecedora litografía con el mensaje Las simientes no deben molerse (Samen sollte nicht geschliffen werden), afirmando (como lo destaca en su correspondencia)  que las madres deben hacer del pacifismo una lucha activa para defender a sus hijos, semillas del futuro, de la voracidad de las guerras, y aún de los posibles entusiasmos patrióticos de los propios jóvenes.

Su marido murió en 1940 y, dos años después, otra vez la guerra se cierne sobre su familia: su nieto Peter muere en el frente.

En 1943 tuvo que abandonar su hogar, arrasado por las bombas, y se refugió en Moritzburg, cerca de Dresden, gracias a la ayuda del Príncipe Ernesto de Sajonia. Muere allí en 1945, pocos días antes de la rendición alemana.

 

Bibliografía

  • Cao, Marian. Käthe Kollwitz o el arte solitario, 1867-1945. Madrid, Ediciones del Orto, 1997.
  • Bofill,M i Porqueras, B.(coord.). Tres mujeres contra la guerra. Barcelona, CCD F.Bonnemaison, 2005.
  • Prelinger, Elizabeth, Comini Alessandra, Bachert. Käthe Kollvitz. Washington, Yale University Press, 1992.

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  • 20 de febrero de 2014 a las 12:50

    ¡Qué pena no haber leído este artículo antes de ir a Berlín hace año y medio!, pues estuve en Prenzlauer Berg y no me fijé…en fin, apresuramientos del turista. Me descubre una artistas de la que no sabía nada.

  • 04 de abril de 2014 a las 18:10

    Me ha parecido muy interesante – y completo – este artículo sobre Käthe Kollwitz.
    Aunque conocía la obra de Käthe Kollwitz a través de libros, he de confesar que en mis viajes a Berlín, nunca visité su museo. Hace unos años, Prenslauer Berg tenía un aire que me recordaba a la Barcelona de finales de los setenta y siempre me quedaba haraganeando por las terrazas, bares y otros lugares. Hoy, Prenslauer Berg, como Barcelona, ya es otra cosa.
    Pero, hace poco tiempo, en un corto viaje por la sierra del Taunus, a pocos kilómetros de Fráncfort del Meno, tuve la posibilidad de ver, en el museo de la pequeña población de Kelkheim, una selección de obras de Käthe Kollwitz procedentes del museo de Colonia.
    Este museo esta dedicado al mueble hecho a mano – Kelkheim es un importante centro de fabricación de muebles -, pero a veces hace exposiciones temporales en colaboración con otros museos.
    Al salir de la exposición – una lluviosa tarde de domingo, en invierno y en un pequeño pueblo alemán – me invadió una íntima sensación de miedo.
    En nuestro país, esto que llaman crisis económica, seguía destruyendo empleos y desahuciando familias de sus hogares. Nunca antes, la obras de una artista me habían parecido tan vivas y potentes. Sus litografías sobre el desempleo, la pobreza y niños hambrientos, me pusieron delante de las narices la brutalidad de una realidad vigente. ¡Y esas obras tenían más de 100 años!.
    Desafortunadamente, sólo una imagen se resistía a hacerse real: la que representa la hoja 5 del ciclo La Insurrección de los Tejedores, que nos presenta a un grupo de obreros airados y amenazantes – los tejedores – plantados delante de la puerta de una villa, mientras en primer plano, las mujeres arrancan adoquines que entregan a los hombres enfurecidos.

    Por Xavier A. Bofarull
  • 09 de diciembre de 2017 a las 17:35

    Es muy afortunado el hecho de haber encontrado este artículo. Me precisa muchos datos de la vida y obra de Käthe Kollwitz que he seguido gracias a las redes, en mis indagaciones sobre el pacifismo de las mujeres, en un contexto tan complejo como el de la Colombia contemporánea. La exposición de parte de su obra en Wittemberg a donde fui en julio de 2017 movida por mi interés en el los quinientos años de la Reforma, fue una maravillosa experiencia. Cuando regrese a Alemania, visitaré en Berlín y en Colonia, los lugares a los que se refiere el artículo. Gracias !!

    Por María Himelda Ramírez