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    The Map House, LondonTrescientos años antes de que los estadounidenses llegaran a la Luna, un sacerdote y erudito alemán, Athanasius Kircher, dibujó un mapa de la cara visible de nuestro satélite. Este y otros tesoros pueden verse en una exposición que explora la historia de la cartografía lunar y celeste: The Mapping of the Moon: 1669-1969, hasta el 21 de agosto en la Map House de Londres.

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Histórico noticias



Luces, cámaras… ¡acción! en Beverly Hills

El Beverly Hills Palace es un hotel consagrado por la gran pantalla como el destino natural de actores norteamericanos, desde Henry Fonda a Barbra Streisand. Familiarmente llamado Pink Hotel por los tonos rosa de sus estucos, sus puertas dan de par en par al Sunset Boulevard.

22 de febrero de 2016

Acostumbrados nos tenía la antigüedad a ciudades surgidas en torno a ríos, indispensables para la vida humana el agua y, tiempo ha, también el transporte a favor de corriente fluvial. El Nilo dio lugar a los faraones, entre el Tigris y el Éufrates se desarrolló la civilización mesopotámica… También al lado del mar nacieron asentamientos humanos, que con el tiempo elevaron metrópolis.

Más inusual es que, a partir de un hotel sobre campos de fréjoles, germine el colmo del glamour. Y eso sin vistas abiertas a las hoy cotizadísimas playas de Santa Mónica, en Los Ángeles. Hacia 1912, fecha de su construcción, nadie imaginaba el Beverly Hills Palace como meca de star system alguno. Hollywood aún no había ganado status como factoría de los sueños; apenas doce estudios cinematográficos lo poblaban. Y qué decir del Sunset Boulevard al que dan de par en par las puertas del familiarmente llamado Pink Hotel, así conocido por los tonos rosa de sus estucos exteriores bajo teja. Al Sunset Boulevard le faltaban décadas para convertirse en autopista y epicentro de la vida nocturna californiana, donde ver y dejarse ver.

Hoteles en Los Ángeles, Estados Unidos.

Peculiares fueron las condiciones en las que se levantó piedra sobre piedra el Beverly Hills Palace, tres plantas las suyas adscritas al llamado “estilo Mision”, en una pequeña loma, arriba de Sunset Boulevard y escondida su cúpula tras una cortina de palmeras y bananos. Con tales credenciales ha dado nombre a la actual zona residencial donde tantos actores poseen su mansión. Por tanto, tampoco faltan las anécdotas allí protagonizadas por el firmamento del gran celuloide que tarde o temprano reservó habitación en el palacio de la colina. Charles Chaplin, Rodolfo Valentino, John Wayne y Henry Fonda en su primera época. Al poco, Spencer Tracy, Marilyn Monroe y Elizabeth Tylor desposada con Richard Burton. Con todo, ninguno de ellos dejó el imborrable recuerdo de los multimillonarios que también alojó el Beverly Hills Palace. Es más, los derroches allí perpetrados por dos conocidos caballeros del dinero, el Duque de Windsor y Aristóteles Onassis, fueron nada comparados con los de  Howard Hughes, quien más dio que hablar, con un pie en la producción cinematográfica y otro en su industria aeronáutica. Echando cálculos, Howard Hughes dedujo que abarataba impuestos si, en lugar de vivir bajo censo, en una mansión, se movía de estado en estado, alojándose en hoteles. Así que se propuso reservar veinticinco bungalows del hotel durante seis lustros, abonando por ello, en la década de los cincuenta, la bonita cifra de 350.000 dólares al año. No en vano, la suya se consideraba primera gran fortuna del país. “Todo el mundo tiene su precio y yo podría comprar a todos los hombres del mundo”, solía decir por entonces, impulsivo y caprichoso, en la tarea de hacer notar su poderío con fiestas a puerta cerrada y regalos galantes.

El padre de Liz Taylor tuvo galería de arte en el lobby del Pink Hotel, mientras su hija crecía cerca. Así se explica que Liz pasara como pasó su primera luna de miel en su palacio, bungalow 5 para más señas. Y vecinos a él, en el número 4, se dieron cita como amantes Clark Gable y Corole Lombard, antes de que el don Juan de todos los estrenos se divorciara.

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¿Y políticos? ¿No pisaron la arena del Beverly Palace? Claro que sí. Donde hay estrellas de la pantalla acuden los millonarios y luego los políticos. Está documentado que John Fitzgerald Kennedy se alojó en el palacio californiano. No se cuenta con claridad si con Marilyn Monroe o sin ella, a la que allí se le atribuye un romance con Yves Montand. También se sabe que la cantante Joni Mitchell se enteró en el hotel del Watergate que implicaba a Nixon, erigiéndose de inmediato en vocera del escándalo. En todo caso, tampoco los todopoderosos nombres de presidentes norteamericanos resuenan ahora, en la casa –el cliente Bill Clinton incluido–, lo mismo que resuena el del Sultán de Brunei, dueño de sus destinos desde que la propiedad pasó a sus manos, tras estar en las de Irene Dunne y Loretta Young.

Películas rodadas en el Beverly Hills Palace las hubo a docenas, lo que supuso la pernocta en sus dependencias de Robert Reford, Warren Beatty, Barbra Streisand y Richard Gere, entre otros. Los films California Suite, Shampoo y American Gigolo figuran al frente de este elenco, lo mismo que el álbum grabado por el grupo de rock Eagles, a la hora de enumerar los discos en cuya portada se reproduce el frente arquitectónico del hotel. Y eso por no hablar de la inspiración que John Lennon y Joko Ono encontraron alojados entre sus paredes.

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El cine abunda también en escenas que, rodadas en el hotel, quisieron transmitir otros parajes. Por ejemplo, cuando en 1932, en el papel de Tarzán, Johnny Weissmuller saltaba a su piscina, simulando socorrer a la guapa de su película, que se ahogaba en un río africano. Podría haberse llamado Joan Crawford, que en ella aprendió a nadar. O Katharine Hepburn, que a ella se tiró vestida, acalorada tras jugar un partido de tenis, a los que también era asidua Jean Harlow en las canchas del hotel. W.C. Fields y John Barrimore solían darse cita en el bar del Beverly Hills, en tanto Greta Garbo usó sus estancias más recónditas para esconderse de las cámaras. Y, hablando de star movies aficionadas al deporte, en concreto a los más british, parece que el restaurante principal del lugar debe su nombre al humorista Will Rogers, a Douglas Fairbanks y Spencer Tracy, que allí comenzaron haciendo barra de bar, a la vuelta del rancho que el primero poseía, arriba de Sunset Boulevard, donde jugaban al polo. Así se popularizó el Polo Lounge de Beverly Hills, que pronto pasó a restaurante, en cuyas mesas se firmaron entretanto suculentas operaciones financieras del planeta Hollywood. Allí la productora Paramount fue comprada por Gulf & Western. También Zsa Zsa Gabor firmó su primer contrato cinematográfico.

Al mantel del Polo Lounge Restaurante se han apuntado luego Frank Sinatra, Sir Paul McCartney y Michael Jackson, alguno de ellos adictos a la frugal ensalada Neel McCarthy, así bautizada en honor al millonario que también jugaba al polo y luego pedía refrigerios en el lounge. El 25 de marzo 2002 se cerró el restaurante a todo público para celebrar el 55 cumpleaños de Elton John, al que acudieron con regalo Jon Bon Jovi y Courtney Love, como colegas de profesión, más Liz Taylor, Richard Gere, Ben Kingsley, Dennis Hopper, Sharon Stone y Bad Luhrmann, director del film Moulin Rouge. Seis años después Sharon Stone recibiría la invitación insistente de un fan para sentarla a comer de nuevo en el mismo lugar, junto a James Caan y Heather Looklear.

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Cojamos al azar el calendario de eventos que el Polo Loung del palacio organizaba en un año. Por ejemplo, 1998: El 23 de marzo de ese año, la distribuidora Miramax celebró sobre su pavimento una fiesta privada, posterior a los Oscar, con Robin Williams, Helen Hunt, Matt Damon, Peter Fonda, Brad Pitt, Demi Moore, Michael Caine y Robert de Niro, entre otros monstruos del celuloide. En septiembre se casó allí el actor John Stamos, con lo que se dejaron ver a su lado la top model Tyra Banks y el cantante de los Beach Boys Brian Wilson. Y antes de acabar el año se cerró la lista de invitados que incluiría el gran party previo a la ceremonia de los Grammy 1999, encabezada por los nombres de Quincy Jones, Elvis Costelo, Kenny G, los Backstreet Boys y Whitney Houston. Casi nada… Las noticias, por entonces, en el hotel, no señalaban al famoso que lo visitaba, sino al que todavía  no lo había hecho. Por tanto, al primer party de los Oscar que trajo el nuevo milenio no faltaron Angelina Jolie, Roberto Benigni, Gloria Estefan y Quentin Tarantino, aparte de otras celebrities ya habituales en sus galas. Y, a los dos años, allí se presentaron en sociedad los actores de series tipo Los Soprano, abanderando una nueva modalidad de consumo cinematográfico, con ocasión de los Premios del American Film Institut.

Nótese que no hablamos de un hotel palacio donde el lujo se persiga a ex puertas. Más bien se relaciona con la exclusividad corporativa y gremial de sus salones y lifestyle. De hecho, la reforma estructural que el Beberly Hills Palace acometió entre 1993 y 1995 redujo de 232 a 194 sus habitaciones, aparte de los 21 bungalows privados con los que sigue contando desde sus orígenes. Otra decisión que deja clara su vocación como refugio dorado. Que se lo pregunten al basket star de los Lakers Saquille O`Neal, que en diciembre de 1992 allá se casó en secreto.

La fiesta con que el hotel celebró su filosofía, a la hora de arquear bajo tono albaricoque sus techos art nouveau, insistir en la forja de sus ventanas y, sobre todo,  reducir acomodo, en 1995, reunió a estrellas asiduas a él de varias generaciones: Frank Sinatra, Steve Martin, Debbie Reynolds, Rossana Arquette, James Caan y Jacqueline Bisset, aparte de contar con la top model Cindy Crawford y John Travolta, que han hecho del hotel su segunda casa.

Hoteles en Los Ángeles, Estados Unidos.Si cada templo tiene un altar, en el Beverly Hills Palace no hay duda de que fue, es y seguirá siendo el Polo Lounge y las construcciones que nacieron con el tiempo a su alrededor. Después de que a Mia Farrow y Marlene Dietrich se las llamara la atención por vestir allí pantalón largo. De tonos rosados también en sus alfombras, manteles y floreros con capullos de rosa, las ventanas del Polo Lounge que dan a patios soleados han visto nacer a su vera el Art Deco Polo Grill y el Tea Lounge con balconada de sofá y sillas de color melocotón en su terciopelo. Todo muy tropical, con motivos florales u ornitología estampada en sus paredes. Y, escaleras abajo, también el reciente Fountain Coffee Shop del hotel, que con sus sándwiches y pancakes apacigua a precios moderados el hambre de los curiosos en busca de autógrafos, ocupando pacientemente taburetes de forja. Porque su mostrador de formica curvo, con hojas de platanero como fondo, reconoció alguna vez en su perímetro a Desi Arnaz, Howard Houghes y John Lennon, tratando de pasar desapercibidos bajo tierra en el palacio.

A tenor de su longeva trayectoria y la fidelización a que dio lugar, el Beverly Hills Palace grabó los nombres de sus mejores clientes en la llave de la habitación o bungalow que solían pedir siempre. Tal deferencia derivó luego en la emisión de tres tipos de acreditación a la hora de moverse por el hotel: blanca para los que lo visitaban por primera vez, azul para los clientes regulares y rosa para los de trato preferencial. Sin embargo, con derecho inicialmente a tarjeta azul, como vicepresidente de la Casa Blanca, Johnson no ganó de inmediato la rosa, cuando asesinado John Kennedy asumió la presidencia de los Estados Unidos… Señal del concepto de élite que de puertas para dentro del hotel se maneja.

A la postre, hablamos de un hotel consagrado por la gran pantalla y destino natural de actores norteamericanos en el ejercicio de sus funciones públicas, pero también a título privado. Eso sí, su gestión actual se lleva a miles de kilómetros, en el sultanato de Brunei. Ocurre como con la deuda externa de los Estados Unidos, en manos de un coloso asiático llamado China. En 1912 costaba 18 dólares alojarse en una room del palacio. Su suite  presidencial vale ahora 3.000 por noche. Tarde o temprano todos los palacios acaban mirando a Oriente, el punto cardinal donde ganaron carta mágica de naturaleza.

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