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  • Magallanes, Elcano y la vuelta al mundo

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    ExposicionesEl mundo no volvió a ser el mismo después de esta expedición. Doscientos treinta y nueve hombres y cinco naos partieron de Sevilla en 1519 en busca de una ruta por el oeste hacia la Especiería. Tres años después, regresaron dieciocho hombres y una nao, después de haber dado la vuelta al mundo. El Museo Naval de Madrid se une a la celebración del quincentario con la exposición Fuimos los primeros. Magallanes, Elcano y la Vuelta al Mundo, abierta al público desde el 20 de septiembre.

  • Nómadas de Altái

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    Las comunidades nómadas kazajas del norte de Sinkiang migran anualmente hasta mil kilómetros de distancia, constituyendo uno de los movimientos estacionales más largos de Asia Central. Realizan dos viajes al año: pasan los meses de frío en un lugar fijo, resguardado del viento o en la orilla de un río, y en primavera parten hacia los pastos de verano, en el macizo Altái, en lugares más elevados y frescos. Al llegar el otoño, vuelven a sus asentamientos de invierno. Desplazamientos ...[Leer más]

  • Cartografiando la Luna

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    The Map House, LondonTrescientos años antes de que los estadounidenses llegaran a la Luna, un sacerdote y erudito alemán, Athanasius Kircher, dibujó un mapa de la cara visible de nuestro satélite. Este y otros tesoros pueden verse en una exposición que explora la historia de la cartografía lunar y celeste: The Mapping of the Moon: 1669-1969, hasta el 21 de agosto en la Map House de Londres.

  • Los marroquíes de Leila Alaoui

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    La fotógrafa y vídeo-artista Leila Alaoui (1982-2016) falleció trágicamente víctima de las heridas sufridas tras el atentado de Uagadugú, en Burkina Faso, el 15 de enero de 2016, cuando trabajaba en un reportaje sobre la condición de la mujer, por encargo de Amnistía Internacional. Una exposición en la Casa Árabe de Madrid homenajea su trayectoria y compromiso vital mostrando treinta retratos realizados por la autora en entornos rurales de Marruecos. Abierta al público hasta el 22 ...[Leer más]

  • Hannah Collins y Hassan Fathy

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    El arquitecto Hassan Fathy (1900-1989) pensó sus ciudades como proyectos casi utópicos, utilizando diseños y materiales tradicionales para las clases más humildes, con trabajos tan ambiciosos como el de Nueva Gourna, una villa en Luxor hecha de belleza y barro, concebida para una sociedad sostenible; la población, sin embargo, nunca acabó de aceptar la propuesta y las casas de adobe se fundieron con autoconstrucciones modernas.  La artista británica Hannah Collins rescata la ...[Leer más]

Histórico noticias



Madre, Tierra

‘Cuaderno de montaña’ reúne por primera vez en español una selección de los textos más significativos del naturalista, explorador, agricultor, inventor, pastor… y escritor escocés John Muir (1883-1914), un observador minucioso de la Naturaleza —fascinado por su belleza— y un defensor de su conservación.

18 de octubre de 2018

Aunque las intenciones de John Muir siempre fueron las de conciliar ciencia y poesía como una misma cosa, en buena medida se acerca a la hipótesis de Gaia sin querer pronunciar este término. No habla de Pachamama o de espiritualidad en un sentido religioso, pero sí de la Tierra como un ser único y sensible:

“El sonido era profundo, amplio y severo, como si toda la Tierra –convertida en criatura viviente– hubiera encontrado por fin una voz y estuviera llamando a sus planetas hermanos”.

Este es John Muir, el hombre para quien el hogar es un sendero, un sendero que él mismo va abriendo, adelantándose a cualquier otra persona a la hora de pisar terrenos vírgenes, paisajes perfectos como los de Yosemite o Yellowstone. Alguien que siente los fenómenos de la naturaleza como algo hermoso, muy hermoso, aunque se trate de lo más atroz, lo más temible: “Asustado pero entusiasmado a la vez, salí a la carrera de mi cabaña, situada cerca de Sentinel Rock, gritando: “¡Un noble terremoto!”, con la certeza de que el acontecimiento me iba a enseñar algo”. Uno puede imaginarse que, si concede a los terremotos la categoría de nobleza, cómo llegará a adjetivar a las mariposas o a las coníferas. Y, por otra parte, está la expresión de su mente abierta, de su deseo de aprender, algo que considera que solo cabe hacer en la naturaleza. Para John Muir cabía la posibilidad de ser sublime sin interrupción, pero solo a través de la vida en la naturaleza y el respeto contemplativo.

Cuadernos de montaña es una recopilación de textos organizados por fenómenos, como el viento o la nieve, y por lugares concretos, los que más impresionaron a Muir. Pudo elegir otras versiones de la naturaleza, pero se enamoró de Alaska y de los montes de California. Y escribió mucho sobre ellos, siempre de forma sencilla y directa. Apenas resucita ningún recurso literario, apenas hay alguna metáfora, por ejemplo, y de existir será muy sencilla. Como lo son todos sus textos, en los que traduce la naturaleza a lenguaje con descripciones precisas, en las que lucha para que el lector vea las mismas imágenes que él ha disfrutado. Puede que no estemos ante el mejor escritor del planeta y seguro que ante quien no pretendía serlo. Pero este libro contiene algo mucho más sagrado: el amor verdadero: “dos o tres cascadas apacibles y alguno rápidos de vez en cuando, relajantes y rumorosos, que acaparan la mejor música y poesía de su vida y que, según lo planeó el hielo, contribuyen al gran himno de Yosemite”. De nuevo concede a un fenómeno de la naturaleza, el hielo, una cualidad no ya humana, sino divina.

John Muir“Si somos más o menos capaces de leerlos, los vientos son anuncios de todo lo que tocan”. Muir se adelanta a los estudios sobre la nieve y el viento, y esboza algunas cualidades científicas; aunque, como queda patente en la frase, expresadas con un amor admirativo. El paisaje, sin duda, es un ser vivo, y cada fenómeno del paisaje es, a su vez, otro ser vivo que lo habita. Y nuestro lugar debe ser siempre la admiración, como admiramos a las personas divinas, con reverencias, sin mancharlas con una pisada o desdibujándolas en una caricatura. Poco a poco va acumulando experiencias y sabe que sobrevivirá a la tormenta, que también será hermosa. Uno debe dejarse llevar por la hipnosis de la naturaleza, aunque no sea preciso llegar a dar la espalda del todo a la civilización, como hizo el propio Muir. La vida, eso sí, brota de la Tierra, frente a la civilización, que es lo que el hombre arranca de la Tierra. El Edén sigue siendo el bosque, y cada uno de sus componentes, hasta el mínimo insecto, es una forma diferente de felicidad.

Muir pudo disfrutar, pues, de una felicidad interminable y transmitirnos esa sensación en sus escritos. Aunque apenas existiera el turismo, ya maldecía sus rastros. Porque al contrario que el que convive en la naturaleza, el turista no permite que las montañas le sosieguen la mente. Muir consideraba que la humanidad es la parte malvada de la Creación, porque la gente llega a disfrutar con el sufrimiento. El resumen de su mensaje es que hay que dejarse amablemente sacudir y estremecer, escuchar la música de la montaña y permitir que la interior coincida con ella.

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