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Histórico noticias



Malinowski y su Edipo destronado

Cuando Bronislaw Malinowski quedó retenido en las Islas Trobriand durante la Primera Guerra Mundial, tuvo la oportunidad de convivir con los nativos y revolucionar la antropología demostrando que el complejo de Edipo no es universal.

17 de marzo de 2014

Errata Naturae ha realizado una nueva traducción al español de uno de los libros más importantes de la fundamental aportación de Bronislaw Malinowski al estudio de la cultura: Sex and repression in Savage Society.

Bronislaw Malinowski.

Library of the London School of Economics and Political Science.

Como sabrá toda persona interesada en la historia de la Antropología, Malinowski es una de las figuras clave de esa disciplina, por dos motivos aparentemente dispares: por un lado, por el rigor científico de sus observaciones y la importancia que dio al trabajo de campo a través de lo que llamó “observación participante”; por otro, por sus aportaciones teóricas, gracias a las cuales es considerado uno de los padres del funcionalismo, al demostrar que las sociedades son sistemas coherentes donde cada nivel o aspecto de la cultura funciona en relación a todos los demás. De ahí su oposición a los reduccionistas esquemas evolucionistas que habían primado en gran parte de los estudios hasta entonces y su visión compleja de la cultura.

Edipo destronado. Sexo y represión en las sociedades primitivas es un perfecto ejemplo de ambas aportaciones. Cuenta con un estudio de campo riguroso y muy detallado, y realiza una lectura tan compleja y sutil de la cultura que, a pesar de los 87 años transcurridos desde su publicación inicial, el libro presenta una llamativa sensación de actualidad.

Tal vez semejante impresión se deriva de un hecho tan admirable como escaso en los días que corren: Malinowski demuestra una mente abierta, flexible, curiosa, interesada en conocer todas las aproximaciones que el mundo académico ha producido para pensar la cultura. Posiblemente esta actitud no sea ajena a su propia historia personal: nacido en Cracovia (Imperio Austrohúngaro) en 1884, comenzó estudiando filosofía, para doctorarse en física y matemáticas en Cracovia, estudiar después psicología y economía en Leipzig, Alemania, y formarse finalmente en la London School of Economics de Inglaterra, en donde se interesó por la Antropología. El hecho es que en Edipo destronado. Sexo y represión en las sociedades primitivas demuestra tanto conocimiento e interés por la antropología como por la psicología o la sociología, lo que le lleva a escribir un libro de interés para cualquier persona que, desde cualquier punto de vista, pueda estar interesada en entender la cultura.

Malinowski no solo demuestra interés, sino también respeto por esas otras disciplinas que le ayudan a comprender al ser humano. De hecho, el libro se dedica a intentar precisar un punto fundamental de la teoría psicoanalítica, no para despreciar a esta última, sino para perfeccionarla. Malinowski, que había realizado un amplio trabajo de campo con los habitantes de las Islas Trobriand, considera en este texto que Freud se equivocaba cuando consideraba que el Complejo de Edipo se sitúa en el origen de la cultura. A su entender, la teoría psicoanálítica fue formulada sin atender al marco sociológico o cultural, universalizando a todas las culturas rasgos que sólo corresponden a “nuestras sociedades patrilineales arias con una patria potestad desarrollada, reforzada por la ley romana y la moral cristiana y acentuadas por las condiciones económicas de la burguesía acomodada” (pág. 21). Y a demostrar que en las Islas Trobriand no aparece ese complejo, analizando las causas y las consecuencias de ello, dedica un libro tan interesante en términos académicos como ameno en términos literarios.

Bronislaw Malinowski entre miembros de la tribu Trobriand

Malinowski, haciendo honor al prestigio que le acompañó siempre por la precisión con la que documentaba el trabajo de campo, se dedica a exponer con minuciosa precisión todos los datos que utiliza en su argumentación. Divide el libro en cuatro partes, dedicando la primera a analizar cuál es la relación existente entre hijos y padre-madre en las Islas Trobriand y en la sociedad europea. Utiliza ambos casos como términos de comparación porque, en las Islas Trobriand el parentesco se organiza de acuerdo al “linaje” o “derecho materno” (términos que le parecen más “elegantes” que el de “matrilinealidad”, que significa lo mismo), mientras que en Europa se organiza de acuerdo al “linaje” o “derecho paterno” (o patrilinealidad). Esto significa que, en el primer caso, la figura de autoridad no es el padre, sino el hermano de la madre; mientras que, en el segundo, la figura de autoridad es el padre. La consecuencia es que, en el segundo caso, con el padre se establece tanto una relación afectiva como una de autoridad; mientras que, en el primero, ambas relaciones se establecen con hombres distintos (con el padre la afectiva, con el tío materno la de autoridad). Tras analizar con gran lujo de detalles la relación que se da entre hijos y padres de ambas sociedades en cada etapa de la vida infantil (desde el propio embarazo) y comparar los dos sistemas de actitudes familiares, concluye (pág. 79) “que en el complejo de Edipo” del mundo europeo “existe el deseo reprimido de matar al padre y casarse con la madre, mientras que en la sociedad matrilineal de los trobriandeses el deseo es el de casarse con la hermana y matar al tío materno”.

La consecuencia obvia de esta conclusión es que el complejo de Edipo no se da en las sociedades matrilineales (en cuyos rasgos profundiza en la segunda parte), lo que tiene trascendentes implicaciones para el argumento de Freud sobre el origen de la cultura. A ello dedica las restantes partes del libro.

Sigmund Freud.

Max Halberstadt.

Como se recordará, Freud argumentaba que el complejo de Edipo era la “causa original de la cultura, algo que precedía y daba origen a la mayoría de instituciones, ideas y creencias humanas” (pág. 225). Defendió que “la cultura es una reacción al crimen que surgió de forma espontánea”, el Parricidio original, y suponía que un recuerdo de ese crimen, el arrepentimiento y la actitud ambivalente han sobrevivido en un “Inconsciente Colectivo” (pág. 225).

Pues bien, lo que se propone Malinowski es demostrar que esa hipótesis es infundada, tanto desde el punto de vista teórico como empírico. Desde el punto de vista empírico, va comparando (en la cuarta parte del libro) cómo se comportan los animales y cómo los humanos para ver si un parricidio puede asociarse a un grupo animal y concluye que un “Crimen Totémico” nunca podría haber tenido lugar en la naturaleza. Esto significa, entonces, que desde el punto de vista teórico, Freud “intentó explicar el origen de la cultura mediante un proceso que implica la existencia previa de la cultura, con lo que estamos ante una falacia circular” (pág. 132). En su opinión, Freud no sólo daba por hecho que, como causa de origen de la cultura ocurrieron sucesos que sólo pueden ocurrir una vez iniciada la cultura (pág. 141), sino que, además, es imposible pensar que “la cultura, completamente equipada, surge de un crimen, un cataclismo o una rebelión” (pág. 142). Por si fuera poco, ¿cómo hay que imaginar el Parricidio Primitivo? ¿Como un hecho real? ¿Como una epidemia de parricidios menores que ocurren en todo el mundo? (pág.145). Nada de esto se sostiene, pero si no se puede observar el nacimiento de la cultura, ¿cómo estudiarlo?

Malinowski comienza entonces a ofrecer una explicación alternativa sobre el origen de la cultura, defendiendo que lo que deben buscarse son factores de desarrollo cultural que estén presentes en distintos procesos. “Si las leyes de todos los procesos culturales nos revelan la influencia primordial de unos determinados factores, hemos de suponer que dichos factores también regularon los orígenes de la cultura” (pág. 154). Su objetivo en lo que resta de libro “es demostrar que los orígenes de la cultura implican la represión de los instintos, y que todas las características básicas del complejo de Edipo o de cualquier otro “complejo” son consecuencias necesarias del proceso de formación gradual de la cultura” (pág. 155). Para conseguirlo, dedica la cuarta parte del libro a comparar las relaciones y los vínculos que se establecen en sociedades animales con los que se establecen en sociedades humanas.

Señala que el origen de la cultura no puede derivar de una “manada”, como algunos antropólogos creen, porque no hay nada innato en los vínculos que unen a los hombres en grupos sociales. Toda forma de cooperación “está basada en artefactos culturales y regida por normas convencionales” (pág. 161). Así que el origen de la cultura no puede estar en el gregarismo: tiene que estar en la familia, que en algún momento dejó de estar regulada por los instintos (como sucede en el caso de los animales) para estarlo por vínculos culturales de organización social (pág. 162-163). Esto significa que “la formación de los sentimientos está relacionada con la organización social y con el uso de cultura material por parte del ser humano” (pág. 200), lo que constituye una visión tan moderna y radical sobre la interrelación de todos los niveles en los que se expresa la cultura que cuesta trabajo creer que fue formulada en los años 20.

Malinowski en las islas Triobriand, 1918.Malinowski avanza paso a paso en su argumentación, justificando siempre tanto teórica como empíricamente sus propias hipótesis sobre las causas que, desde ese punto de vista, cabría atribuir al tabú del incesto, que, aunque reconoce universal, no podría explicarse ya vinculado a la Horda Primitiva (pág. 208) o para explicar (lo que constituirá una hipótesis que defenderá en obras posteriores) que en todas las sociedades existe un “complejo nuclear”, del que el de Edipo es sólo una versión particular correspondiente a las sociedades patrilineales. Su visión de la cultura es tan moderna y poco evolucionista que invierte tiempo y esfuerzo en demostrar que las sociedades matrilineales no son un estadio antiguo, superado por las patrilineales, sino simplemente una de las dos alternativas posibles para organizar el parentesco, añadiendo, además, que, “en conjunto, es probable que sus ventajas sean mayores que las del derecho paterno” (pág. 223).

Tras resumir y sintetizar de forma muy pedagógica sus aportaciones, Malinowski interpela a los psicoanalistas para que se avengan a colaborar con los antropólogos y acepten “lo que se les ofrece de buena fe”, en la confianza en que la interdisciplinaridad no hará sino contribuir a una mejor comprensión de las complejas dinámicas que ambos estudian.

Cuesta trabajo imaginar un planteamiento más actual, necesario y acertado para el avance del conocimiento. Freud transformó algunos aspectos de su teoría en años posteriores en virtud de las diversas críticas recibidas;  Lacan, aunque no negó la universalidad, introdujo importantes modificaciones al estudio del complejo de Edipo, y posteriores investigadores intentaron reformular la propuesta de Freud defendiendo su universalidad de una forma más ortodoxa y compleja. La discusión sigue abierta a día de hoy, lo que constituye la mejor noticia para quien se interesa por el conocimiento y la cultura. Nada de esto hubiera sucedido sin la mirada sociológica y antropológica de Malinowski; pero, sobre todo, sin su capacidad crítica, respetuosa, inteligente y lúcida. En este libro queda de manifiesto todo su genuino interés por el debate intelectual en el sentido más elevado del término y su exclusivo interés por ayudar a conocer al ser humano y la cultura. Bienvenido sea.

Bronislaw Malinowski, cultura, edipo destronado, sigmund freud

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