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  • Cartografiando la Luna

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    The Map House, LondonTrescientos años antes de que los estadounidenses llegaran a la Luna, un sacerdote y erudito alemán, Athanasius Kircher, dibujó un mapa de la cara visible de nuestro satélite. Este y otros tesoros pueden verse en una exposición que explora la historia de la cartografía lunar y celeste: The Mapping of the Moon: 1669-1969, hasta el 21 de agosto en la Map House de Londres.

  • Los marroquíes de Leila Alaoui

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    La fotógrafa y vídeo-artista Leila Alaoui (1982-2016) falleció trágicamente víctima de las heridas sufridas tras el atentado de Uagadugú, en Burkina Faso, el 15 de enero de 2016, cuando trabajaba en un reportaje sobre la condición de la mujer, por encargo de Amnistía Internacional. Una exposición en la Casa Árabe de Madrid homenajea su trayectoria y compromiso vital mostrando treinta retratos realizados por la autora en entornos rurales de Marruecos. Abierta al público hasta el 22 ...[Leer más]

  • Hannah Collins y Hassan Fathy

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    El arquitecto Hassan Fathy (1900-1989) pensó sus ciudades como proyectos casi utópicos, utilizando diseños y materiales tradicionales para las clases más humildes, con trabajos tan ambiciosos como el de Nueva Gourna, una villa en Luxor hecha de belleza y barro, concebida para una sociedad sostenible; la población, sin embargo, nunca acabó de aceptar la propuesta y las casas de adobe se fundieron con autoconstrucciones modernas.  La artista británica Hannah Collins rescata la ...[Leer más]

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    La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha digitalizado su colección de libros raros chinos. Más de mil obras anteriores a 1796, algunas de las cuales se remontan al siglo XI, son ya accesibles desde su página web: sutras budistas, mapas antiguos, textos sobre remedios médicos... y acuarelas que representan la vida en Taiwan antes de la llegada de los colonos Han. Debido a las dificultades de conservación, parte de esta colección no puede exponerse al público, por lo que la ...[Leer más]

  • China: Cinco miradas de mujer

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    Cine chinoLi Yu, Ann Hui, Zhao Wei , Guo Xiaolu y Sylvia Chang han dirigido algunas de las películas más relevantes realizadas en China desde el año 2007 hasta el 2017. Casa Asia y la Fundació Institut Confuci de Barcelona les dedican un ciclo de cine, donde a lo largo del mes de junio se proyectarán las últimas obras de las directoras. La entrada es libre hasta completar aforo con inscripción previa.

Histórico noticias



Maurilio de Miguel

¿Libros sobre ciudades perdidas? ¿Para qué? Si escribes uno ya me lo mandarás, a ver si consigues interesarme más en ellas”. Esto le soltó Gore Vidal a Maurilio de Miguel mientras los dos escritores paseaban por Pompeya, y ‘Balada para ciudades perdidas’ es el poemario dedicado a lugares de leyenda que éste escribió.

3 de septiembre de 2015

“Las ruinas desafían los siglos por venir”

Maurilio de Miguel: Con Gore Vidal coincidí hace cuatro años, invitados ambos al Festival Literario de Pompeya, modelo de ciudad residencial y hedonista que pasó casi intacta a la historia. Recuerdo que estuvimos charlando en el camerino del Teatro Grande pompeyano acerca de mi proyecto de libro, teniendo en cuenta que nadie como él ha recreado y reinventado la epopeya latina. Lástima que Gore Vidal muriese ante de verlo editado. Quedamos en vernos de nuevo en Ravello, la villa de la costa amalfitana donde él vivía parte del año. Pero su tiempo terminó antes.

Balada para ciudades perdidas

Maurilio de Miguel.

LDH: ¿Cómo se pierden las ciudades y sus civilizaciones?

M.M: Su desaparición obedece a ciclos que contemplan procesos de crecimiento, desarrollo tecnológico, auge, expansión y, en no pocas ocasiones, autodestrucción. Las catástrofes naturales se han llevado muchas de ellas por delante. En otras ocasiones, las guerras civiles, las invasiones o las plagas. Las hay que fueron abandonadas en favor de otros enclaves. Y, finalmente, no faltan aquellas que de alguna manera se suicidaron, caso de las que nacieron con la explotación minera del oro o la del caucho.

LDH: Sólo nos queda una de las Siete maravillas del mundo. ¿Cuál sería tu Top7 actualmente?

M.M: Si hablamos de conjuntos monumentales, los que pueden apreciarse en Macchu Pichu, Petra, Angkor Wat, Fathepur Sacri y Herculano, más dos lugares aún habitados parcialmente, como, Tombuctú y el Monte Athos; todos ellos epicentros de la Historia conocidos por el gran público.

LDH: Los helenos no consideraban dignas de visitar ninguna ruina ni paraje natural, por bellos que fueran. Es decir, que ellos nunca hubieran elegido el Coliseo ni Petra en la lista de las nuevas siete maravillas del mundo. ¿Por qué veneramos las ruinas?

M.M: Es una pregunta interesante y terrible a la vez. Detrás de cada gran monumento en ruinas está la eternidad a la que aspiraba el soberano que lo mandó levantar, al tiempo que las vidas cortas de cuantos obreros, prisioneros de guerra o esclavos lo levantaron. Creo que el impacto que nos produce tiene que ver con este choque de fuerzas contradictorias. Y la manera en que las ruinas desafían los siglos por venir. Por lo demás, no estoy de acuerdo con el sibaritismo de los griegos a este respecto. Además, habitamos una civilización fast food, que lucha contra el paso del tiempo a través del consumo rápido, que busca para cada minuto sensaciones fuertes. Así que reaccionamos con admiración frente a la grandeza de arquitecturas que se levantaron a lo largo de los siglos para durar mucho. Obras a menudo que no respondían a la firma de un autor, sino a devociones y advocaciones.

LDH: “Los americanos aún no tenemos cadáveres monumentales de ciudades antaño grandiosas”, se lamenta Paul Theroux. ¿Será que las ruinas de las ciudades fantasma son menos románticas?

M.M: Sí, claro. Todo lo que escape a nuestra idea cartesiana y ordenada del mundo produce sobrecogimiento, exaltación, respuestas emocionales. Pero si se trata de ciudades como Detroit, parcialmente abandonadas cuando su industria del automóvil se vino abajo, todavía es difícil ver más allá de construcciones levantadas para el hacinamiento y desahuciadas bajo la misma ley del anonimato. Las ciudades fantasma, por lo demás, a menudo responden al artificio. Fueron creadas de la nada y a la nada vuelven, como si nunca hubieran existido.

Balada para ciudades perdidas.

Maurilio de Miguel.

LDH: Tú estuviste viviendo en una ciudad muerta. ¿Cómo era la Berlín comunista?

M.M: Para mí, apasionante, dueño de una nostalgia ajena que me tocaba en la línea de flotación, porque estaba hecha de lecturas, documentales y evocaciones que llevaba yo en la recámara, aparte de habladurías sobre terrible modus vivendi. Allí podía ver aún, en sus fachadas, el rastro dejado por los proyectiles de la Segunda Guerra Mundial. Y el régimen comunista, bien por respeto a la Historia, bien por falta de dinero, apenas había remozado gran parte de atmósfera berlinesa años treinta que administraba. El cabaret y las vanguardias habían dado carácter al Berlín de entreguerras, ocupando su Mitte o centro histórico, y ese espacio quedó del lado este, cuando la ciudad se repartió entre las potencias que ganaron la contienda en 1945. Recuerdo que el metro atravesaba el Muro de Berlín como no podía ser de otra forma, entre estaciones del oeste. Bajabas al metro postmoderno en la avenida Kufursterdam y, a veces, para acceder a otras estaciones occidentales, tenías que pasar por alguna que había quedado del lado socialista. Entonces los vagones reducían la velocidad atravesándola, pero no abrían sus puertas. No se paraban en ella. Sí ofrecían vistas, sin embargo, de sus andenes patrullados por la policía socialista. Andenes inutilizados y detenidos en el tiempo, con el mismo aspecto que presentaban en los felices años veinte. El metro en aquel Berlín de 1986 te brindaba fascinantes viajes en el túnel del tiempo. Era de película en tiempo real. Estaba hecho de nostalgia y conspiraciones de vieja taberna teutona, paridad del marco del oeste y el este, pero precios que distaban mucho a uno y otro lado de sus checkpoints, para la misma cerveza.

LDH: Seguro que te pasabas media vida en el Museo del Pérgamo, ante la Puerta de Instar. ¿Qué te parece que se entre a Babilonia desde Alemania?

M.M: Lo que cualquiera con uso de razón. El esfuerzo y la inversión arqueológica llevada a cabo por las metrópolis europeas en Medio Oriente no justifica el traslado definitivo a sus museos de los tesoros allí encontrados. Lo más, concedo que se vieran compensados con derechos de exhibición bajo contrato temporal. Veinte años ya hubiera sido bastante como para que la Puerta lacada de Istar volviera de Berlín a su lugar de origen. La primera vez que pisé Irak, diez días antes de que estallara la llamada Segunda Guerra del Golfo, me trasladé de Bagdad a lo que se denominaban allí ruinas de Babilonia: una réplica de sus murallas y su famosa Puerta que Sadam Hussein había mandado levantar en el lugar donde existió originalmente. Luego, los marines americanos expoliaron lo poco que el museo contiguo atesoraba, sin saber el valor de cuanto tenían entre manos. En mi casa guardo una reproducción del Código de Amurabbi comprada in situ.

LDH: Muchas de las ciudades a las que cantas se perdieron con guerras, terremotos, erupciones volcánicas… ¿Crees que la masificación turística puede ser igual de devastadora para algunas ciudades?

M.M: Sin duda. Comienzan convirtiéndolas en parques temáticos y acaban llevándose sus piedras en los bolsillos, como he visto hacer en Petra. El problema no es turismo, sino su masificación y su necesidad de souvenirs a toda costa. La solución pasa por afianzar un turismo no sólo sostenible, sino como escuela cultural, hermano menor del viaje. Otros mundos son posibles, porque coexisten con el nuestro, con sus propios valores, sus relaciones sociales particulares, su gastronomía y rituales. El turismo es la gran ocasión del ciudadano acomodado para satisfacer su necesidad de nuevos descubrimientos, facilitando a la vez la vida de quienes no tienen su poder adquisitivo. A priori responde o debería responder a un contrato social entre civilizaciones coetáneas.

LDH: Pongamos como ejemplo de lugar en peligro de extinción Venecia, una de tus ciudades preferidas…

Balada para ciudades perdidas

Maurilio de Miguel.

M.M: Probablemente Venecia acabe hundiéndose en las aguas, pero antes verá hundirse a otras muchas ciudades, por el deshielo de los Polos o por causas económicas. Venecia no es un parque temático, sino una ciudad habitada. En relación a otras ciudades italianas de casco antiguo intacto, caso de Florencia, hay que decir que el de Venecia presenta población autóctona o adoptada. Yo vivo y trabajo en Venecia para incentivar el turismo consciente que participa de la vida del veneciano, busca artistas vivos y no compra sus recuerdos en bazares chinos, la gran plaga que en los últimos años ha transformado el área de Rialto y los alrededores de San Marco.

LDH: Por si fuera poco, hay ciudades doblemente perdidas, como Palmira, a la que dedicas uno de los poemas del libro y que los yihadistas están re-destruyendo.

M.M: Conozco Palmira, y también las razones espurias por la que se destruye. Razones basada en la intolerancia cultural, pero también en su disfrute por parte de la industria turística que allí arroja basuras.

LDH: Denuncias que Bagan, en Myanmar, no sea aún Patrimonio de la Humanidad. Entre sus pagodas y estupas se están construyendo campos de golf, hoteles, autopistas…  ¿Pueden convivir el mundo antiguo y moderno?

M.M: Pueden convivir, pero no del modo en que Bagan se transforma. El boicot a la dictadura de Myanmar hizo que Bagan aún no sea declarada Patrimonio de la Humanidad, pero los mismos que podrían otorgarle tal categoría desde instancias internacionales también toman parte en la destrucción de su paisaje histórico circundante.

LDH: James Hilton imaginó Shangri-Lá, Juan Rulfo Comala, James Matthew Barrie el País de Nunca Jamás, Platón la Atlántida… ¿Qué ciudad perdida inventarías tú?

M.M: Yo me apunto a las comunidades creadas por el socialismo utópico del siglo XIX, una experiencia que no maduró lo suficiente. Tenemos que hacer Historia con mayúsculas para nuestros descendientes, legándoles un planeta sostenible, habitable, humanizado.

LDH: ¿Y en qué ciudad perdida te hubiera gustado habitar?

M.M: Tal vez me hubiera gustado conocer la Babilonia de los Jardines Colgantes, cuyo topónimo bautizó otros epicentros de la cultura pagana y hedonista. Hasta los rastafaris se refirieron a ella en época de reggae. También me hubiera encantado habitar la Ciudad Perdida de Colombia, Persépolis, Angkor, las ciudades fantasma del caucho, las encrucijadas comerciales del contrabando en Siberia, las ciudades de frontera amazónica, el Gran Zimbabwe, la Ciudad de los Césares, Avalón, las ciudades de la Ruta del Incienso y del Ambar, las de la Fiebre del Oro en Alaska, las ciudadelas mayas, Shambala, Cartago según la ciudad de Salambó y Flaubert…

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