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Libros sobre India




Mo Yan, mejor escribir que hablar

El escritor chino Mo Yan acaba de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura, 2012. Denostado por los disidentes, pero con una obra no exenta de crítica, en España se puede encontrar lo mejor de sus títulos gracias a la editorial Kailas.

14 de octubre de 2012

Una de las características de la concesión anual del Premio Nobel de Literatura es su habilidad en  sorprender al ecosistema literario y jugar al ratón y al gato. Unas pocas veces  por premiar  a algún autor manido y en pleno declive de su cénit creativo, pero otras por pensar en alguien que , obviamente lo merece, pero al que casi nadie había leído salvo, como se descubre después, por  nada menos que “una inmensa minoría” que diría Ortega. El Nobel se ha concedido estos días  al escritor chino Mo Yan, que significa literalmente “No hables” (qué casualidad), pseudónimo de   Guan Moye,y pertenece al segundo apartado.  Nada  nuevo, aunque los muchos lectores de Haruki  Murakami o Joyce Carol Oates hayan tenido que recurrir a la Wikipedia para saber algo más sobre quién los ha destronado.

El Nobel chino Mo Yan

Tampoco por aquí ha sido un autor muy leído pero  eso sí,  a la inmensa minoría a la que ha seducido no  le ha extrañado el galardón.  Se lo merecía y mucho. Igual que se lo merece su pequeña editorial (Kailas)  que apostó por él contra viento y marea y que sólo ahora se las ha de ver con los talonarios de los grandes,  como ya ha ocurrido estos días en la Feria de Frankfurt.  A mí Grandes pechos, amplias caderas me entusiasmó por muchas razones cuando apareció por aquí en el 2007. Una muy importante  fue la fuerza de su protagonista Shangguan Lu una campesina de armas tomar, madre de ocho hijas y, ¡por fin¡,  (naturalmente esto es parte de su tragedia) de un niño, Jintong,  que nunca acaba de crecer y cuya voz va convirtiéndose en el contrapunto del relato.  La historia del país a lo largo del siglo XX cruza por la aldea envolviendo a sus protagonistas en situaciones hilarantes, despropósitos narrados con enjundia y humor negro que dan lugar a temperamentales estallidos de furia, urgidos en  el desafío de la supervivencia.  Todas sus novelas llegaron tras la popularidad de Sorgo Rojo llevada al cine por Zhang Jimou. La editorial El Aleph la trajo a España después de que su adaptación al cine obtuviese el Oso de Oro de Berlín en 1988. Kenzaburo Oé ya había pronosticado que la voz de Mo Yan no era cualquier cosa: “Si pudiera escoger el próximo Premio Nobel sería Mo Yan”, dijo premonitoriamente en esos años.

Portada de Grandes pechos, amplias caderas de Mo Yan

Tras estas dos novelas llegaron las demás: La balada del ajo, Rana, La vida y la muerte me están desgastando, y La república del vino , todas ellas en Kailas. Animada por mi primera lectura, que he ido recomendado a aquellos viajeros en ruta a China cuando me preguntaban por algo contemporáneo que leer, comencé hace poco la lectura de  La república del vino. Si en la gesta de la señora  Shangguan Lu ya aparecía una inmisericorde sátira de las debilidades humanas, una crítica velada  a los abusos del poder y un talante juguetón a la hora de invocar figuras simbólicas, elementos fantasiosos y escenas  inspiradas en el absurdo y la ilógica del sentido, todo en la disparatada trama de La república del vino había ido a más, hasta desembocar en un relato irreverente y barroco.  Personajes y planos narrativos se interponen en una desvariada y divertida algarabía donde el propio escritor tiene voz, pues asoma involucrado como un personaje más y donde todo episodio por fantástico o irreal que sea es descrito desde un intachable realismo.Algunas portadas del Nobel Mo Yan

Por diferentes razones que tienen que ver con el estatus de la novela en la China contemporánea , no ha habido en las estanterías españolas un boom de traducciones como la que ha originado la literatura india de las últimas décadas, por poner un ejemplo.  No sobra la crítica especializada en esta parte del mundo y muchas pequeñas editoriales han tirado de olfato  y de ganas de abrir  nuevas ventanas sobre  Asia. Entre lo que nos ha llegado, quitando algunas figuras de peso nacidas en los cincuenta, es decir la generación del propio Nobel que aún vivió en su infancia los efectos colaterales  de la Revolución Cultural,  Mo Yan era el autor más atractivo que asomó por aquí. Más original y más apegado a los caprichos absurdos de la realidad que autores de su generación  como Yu Hua (¡Vivir¡ y Brothers. Seix Barral) o Ya Ding (El sorgo rojo, Planeta); más transparente que el oscuro Gao Xingjian, su predecesor en el Nobel, y más legible que algunos escritores de su generación caracterizados por haber vivido la revolución cultural y practicar un neorrealismo con transgresiones oníricas y fantásticas como Wang Shuo (Haz el favor de no llamarme humano . Ed Punto de Lectura) o Jia Pingwa (aún sin traducir su Fei Du, una novela fuertemente erótica que fue prohibida en China). Más consistente y complejo que Dai Sijie (Balzac y la costurera china, El complejo de Di) y, desde luego, más denso, cuestionador y conocedor de la mentalidad rural que  ancla sus raíces en la compleja y ancestral China, que la generación joven urbana que ha conquistado los mercados occidentales.

El escritor Mo Yan en Casa AsiaSorprende que no se conozca nada bien  a esta generación china nacida a mitad del siglo XX, y que empezó a publicar en torno a los años 80,  aunque desconozco si es así en otros países de la órbita europea. Es, por lógica, una generación desestructurada respecto a su propia tradición literaria. Una hornada  que ha tenido que elegir entre una crítica comedida y siempre velada al régimen, como el propio caso de Mo Yan, o el exilio. Y también entre una reactualización de elementos narrativos propios de su tradición literaria y la digestión forzada de algunos recursos formales de grandes escritores de la literatura  occidental.  Kafka, Faulkner o García Márquez como ha confesado Mo Yan entre sus inspiradores.

Portada de Mo Yan  En estos momentos una nueva generación urbana, globalizada o estandarizada, según se mire, recaba inspiración en los conflictos de las nuevas tribus que cobijan las grandes ciudades, Shanghai, Hong Kong,  y que tiene que ver, no ya con el erotismo, como sus predecesores, sino con el sexo superficial, la evasión de la drogas o la búsqueda de nuevos roles en el caso de las jóvenes mujeres urbanas  que reniegan y luchan contra la tradición. Puede que tanto en la literatura japonesa como en la china la voz de las mujeres ha tenido un protagonismo mayor que en otras culturas y esta circunstancia  aún muestra un sesgo favorable en la capacidad para llegar al mercado de muchas escritoras jóvenes, algunas con éxitos internacionales como el de Wei Hui y su Shanghai Baby y, en general, en nuevos modelos de mujer que ya se aprecian en las obras de una nueva hornada: Mian Mian, Chun Sue o Jiu Dan entre la generación joven.

Bien mirado,  la abundancia y presencia de personajes femeninos o,  mejor, del mundo femenino en la literatura china va más allá   de lo que ocurre en la literatura japonesa de ahora mismo y se parece más a lo que acontece en el panorama indio con un sorprendente  plantel de escritoras ya habituales en los anaqueles europeos. Escritoras que posan su mirada en la cadena generacional  a la que se entrelazan las sucesivas generaciones de mujeres, que vuelven la mirada sobre los interiores ocultos, la intimidad secreta , la necesidad de hacer visible lo invisible y de narrar la historia desde dentro. Sin ir más lejos  éste es el universo narrativo de un gran bestseller que parece inmune al silencio: la trama generacional descrita en Cisnes Salvajes de la autora inglesa de origen chino Jung Chang; de la no menos vendida Amy Tan, norteamericana,  hija de inmigrantes chinos que se alzó con El club de la buena estrella  en superventas internacional y que como Jung Chang hizo protagonistas a varias generaciones de madres e hijas.  Lisa Lee, otra escritora norteamericana de origen chino, ha convertido en  otro éxito internacional  (El abanico de seda)  la historia de dos mujeres y el recorrido de su ciclo vital en la segunda mitad del siglo XX en China. Mujer china. Ilustración

A pesar de todo ello aún intriga que podamos conocer mejor su apasionante y arriesgada cuota actual a los movimientos posmodernos de sus artes plásticas, con  artistas realmente brillantes, o a su exquisito cine que lleva copando galardones en los festivales internacionales de la última década, antes  que a sus escritores. Parece que ha habido un gran  salto en el vacío desde algunas obras memorables de otros siglos (A la orilla del agua, Viaje al Oeste. Las aventuras del Rey Mono, El romance de los tres reinos o Sueño del Pabellón Rojo),  pero es su historia contemporánea la que ha secuestrado, diezmado y silenciado las voces que no se han podido multiplicar. El régimen comunista chino se lo sigue poniendo realmente difícil a sus escritores. Casi entraba dentro del guión las reacciones airadas con las que se ha respondido a la concesión del  Nobel de Literatura hace unos días. Leyendo a Mo Yan se percibe que ha sabido utilizar el juego de la doblez o el doble sentido, y su denuncia de la estupidez, la falta de moral, el abuso de poder, la ignorancia, o la falta de libertad,  es bien visible,  como el humus que nutre las  hilarantes situaciones a las que han de enfrentarse unos personajes perplejos ante el absurdo. Tiene razón Mo Yan cuando afirma que muchos de sus críticos en este momento parecen no haber leído sus libros. El artista y disidente Ai Weiwei, por ejemplo,  ya ha admitido que no lo ha leído. Portada de La vida y la muerte me están desgastando

Para el régimen de Pekín es la primera vez que cae un Nobel sin que tenga que ir al exilio o a la cárcel (Liu Xiaobo, Gao Xinjiang, el Dalai Lama) y ésta es una oportunidad espléndida para lavarse la cara.  Claro que su apropiación es indecente, como lo es la perpetuación de un régimen que impide la mayoría de edad a su país secuestrando el  derecho de su ciudadanía a ser libre y organizarse democráticamente. Tampoco aplaca los ánimos de los detractores de este galardón el hecho de que el propio Mo Yan (“No hables”) no abra la boca, al margen de sus personajes, para denunciar desde dentro al régimen chino. Es un premio politizado pero debería ser una invitación a leer una obra rica en originalidad, sentido y,  como compete a los grandes autores, llena  de esa clase de preguntas complejas que siempre ha de sembrar la buena literatura.

Mo Yan, Premio Nobel

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  • 09 de abril de 2017 a las 20:35

    Comentario contradictorio y prejuiciado, al final parece querer indicar que es un premio “politizado” (como lo fue – en otro sentido – el anterior premio novel literario chino Gao Xingjian que lo recibió por disidente), pero termina rindiéndoise a la grandeza del autor cuando dice que debería ser una invitación a leer una obra rica en originalidad, sentido y, como compete a los grandes autores, llena de esa clase de preguntas complejas que siempre ha de sembrar la buena literatura. En qué quedamos??? Nuestro comentarista parece ignorar que la novela que dice haber leído: Grandes pechos amplias caderas fue prohibida en 1996 y que La República del vino que menciona es una obra abiertamente crítica.

    Por Francisco Iturraspe