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  • Orientalismos

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Libros sobre India




Murasaki, de Julio Baquero Cruz

‘Murasaki’, de Julio Baquero Cruz, es una novela exquisita que recrea el Japón de la época Heian y narra el viaje iniciático de su protagonista. Un libro escrito en la tradición de la literatura japonesa, evocando los paisajes que recorrió también el maestro y poeta Matsuo Bashō.

21 de septiembre de 2013

Diez años ha tardado en escribir Julio Baquero Cruz su novela, Murasaki. Como él mismo la define, una ensoñación del Japón Heian, la época de esplendor del Japón antiguo, entre los siglos VIII y XI. La obra cuenta la vida de la niña Kijo, educada en palacio por tres sabios que le enseñan poesía, música y dibujo, quien, tras ser obligada a abandonar la corte, se convierte primero en aprendiz de geisha y después en geisha. Más tarde vuelve a la vida en palacio, pero no le satisface e inicia una peregrinación con los hábitos de un monje en un viaje iniciático por el país. En un guiño del autor a la tradición literaria japonesa, Kijo adopta el pseudónimo de Murasaki, personaje de la novela japonesa más famosa, Genji Monogotari, y también nombre de su autora, Murasaki Shikibu.

Baquero ha escrito una novela exquisita, de lectura gozosa, con la que hay que deleitarse leyéndola despacio y, una vez acabada, guardarla en el estante de los libros que merecen ser releídos. El autor se ha tragado, literalmente, a Japón y ha sabido evocarlo, como si fuera uno de sus poetas. Los temas son japoneses; la estructura, oriental; la sintaxis, rota, sencilla e irónica, suya aunque también podría proceder de Soseki o, como afirma el traductor del japonés, José Pazo, de Saikaku.

Sin embargo, la forma en que Japón se hace presente de verdad en el libro es a través de la imagen. Baquero organiza una novela a partir de construcciones visuales con las que el lector puede recrear el espacio. Visualizándolo pone en marcha su capacidad subjetiva, lo fija y no se le olvidan nunca más. Y, al igual que Me llamo rojo, de Orham Pamuk, se puede seguir a partir de miniaturas turcas otomanas, en Murasaki, estoy segura, se describen imágenes de los ukiyo-e o grabados del mundo flotante, en los que se insertan las acciones de la novela. A esto se suma, el acierto de que algunos personajes hablen con haikus, típico de algunos cortesanos de la época Heian, lo que añade aún más valor a las imágenes, pues el objeto principal del haiku es crearlas sobre todo a partir de lo inacabado y la sugerencia.

Ukiyo-e de Utagawa Hiroshige.

Utagawa Hiroshige.

Algunos de los capítulos o escenas insertos en cada una de las seis partes en las que se divide la novela, como ‘Mariposa de invierno’ y ‘A veces dormían juntos’, constituyen piezas redondas. Ponen en evidencia el esfuerzo del autor por compendiar la tradición literaria japonesa, pero también de su quehacer como novelista contemporáneo. Pues la tristeza tantas veces inexplicable de Murasaki, su búsqueda vital sin sentido, la crueldad de ciertos personajes, el estilo franco y paródico evidencia la forma en que Baquero avanza en su trayectoria personal y literaria.

Dice el autor que Murasaki podría ser también un libro sobre el viaje. Sí, el de Kijo que, vestida de monje, hace un viaje iniciático por el paisaje también fílmico de Japón. Detrás se encuentra sin duda el que lleva a cabo el gran poeta Bashō y da lugar a la tradición viajera posterior entre Edo y Kyoto. Sin embargo, en Kijo no se encuentra, como en los viajeros de siglos anteriores, una necesidad justificada para partir, lo que la convierte en una suerte de viajero contemporáneo.

En definitiva, la lectura de Murasaki es un placer, y no sólo para los sentidos. Admirable también la libertad interior del autor, que crea una ficción de una cultura absolutamente diferente a la suya y de un país que asegura no conocer. De ella se puede afirmar, como nos recuerda Baquero que se dijo de Lao Tse, que…

“No se comprende: se siente, como la poesía”.

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  • 21 de septiembre de 2013 a las 22:40

    Si un libro es capaz de hacer que alguien exprese su admiración tan bellamente como lo hace Patricia Almárcegui es obligatorio leerlo.

    Por MARIO GIMENEZ CASADO
  • 24 de septiembre de 2013 a las 17:05

    Mi opinión es un tanto subjetiva, pero estoy absolutamente de acuerdo en todo lo que escribe Patricia, con tan bellas palabras que no todos sabemos expresar.

    Por Isabel Cruz
  • 30 de septiembre de 2013 a las 12:06

    ¡Quiero leer este libro! Fantástica la belleza con la que expresa Patricia el contenido del libro, quiero hacer el viaje iniciático que propone al Japón y desubrir las sugerencias y lo inacabado en los haikus.

    Por María Jesús Sacristán