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Nikolai Przhevalsky o retrato de un hombre raro

Nikolai Mijáilovich Przhevalsky era un militar y geógrafo ruso al servicio del zar que exploró desiertos y cordilleras de Asia Central atravesando rutas que a finales del siglo XIX todavía nadie conocía. ¿Conseguiría el viajero alcanzar su meta final, Lhasa?

20 de septiembre de 2012

Permítanme que les cuente lo que para mí ha sido un descubrimiento fascinante: la historia del viajero y explorador  Nikolai  M. Przhevalsky (1839-1888).

N. M. Przhevalsky.Estamos a finales del siglo XIX. La ruta de la seda como sistema tradicional de intercambio estaba desapareciendo. El recorrido este-oeste era bien conocido desde hacia cientos de años. Pero, a lo largo de ella, las direcciones hacia el norte y, sobre todo, hacia el sur eran rutas desconocidas ya que atravesaban los desiertos y cordilleras más inaccesibles de la tierra. Es en ese momento, entre 1870 y 1888, cuando Przhevalsky, un militar ruso que llegaría a general gracias al  mérito de sus viajes, emprende una serie de exploraciones en Asia Central. Su diarios de viaje, casi desconocidos en la actualidad, nos muestran a un explorador, naturalista y científico dotado de una fuerza de carácter y valentía asombrosas. Los libros que publicó eran largos y detallados. Tal vez por ello carecían de la emoción y poética de otros relatos de viajes del XIX y principios del XX. En la actualidad se trata de un viajero y explorador casi olvidado en Occidente. No así en su tiempo, cuando recibió numerosos reconocimientos y premios, entre ellos la prestigiosa Berlin Humboldt Geographica Society. Es citado en otros libros como, por ejemplo, el de Luce Boulnois sobre la ruta de la seda.

Sus viajes permitieron situar en el mundo los países, modos de vida, espacios naturales y grupos tribales de Asia Central. En cierto modo, su historia recuerda la cinematográfica Dersu Uzala, de Kurosawa. Allí se cuentan las expediciones de otro militar ruso, V. Arsenyev, en los confines de la Siberia rusa, aunque esa hermosa historia ocurre a principios del siglo XX y la del Przhevalsky en los años 1870 y posteriores.

N. M. Przhevalsky.Quien escribe estas líneas lo ignoraba todo acerca de N. M. Przhevalsky. Me enteré de su existencia al visitar su pequeño y delicioso museo en las afueras de Karakol, en Kirguistán. Fue el lugar en el que murió, y entonces como ahora, es una pequeña y preciosa ciudad, a orillas del lago Issyk- Kul. Allí quiso ser enterrado y no en San Petersburgo donde, en teoría, vivía.

Tomando como base Ulan Bator en Mongolia o Karakol en Kirguistán, realizó cuatro viajes hacia los confines del sur de Asia Central. Allí donde la naturaleza juega sus cartas de forma abrupta y dura: precipicios, cordilleras, desiertos, lagos… A lo que se añadía todo tipo de bandidos, ladrones, espías y embaucadores.

Si el descubrimiento de América es el territorio del asombro, la exploración de Asia Central es el territorio de lo sublime, esto es, un sentimiento poderoso, un paso antes de lo terrible. Para la exploración de América era necesaria cierta capacidad mental; para los lugares que exploró Przhevalsky  hacía  falta además unas condiciones físicas y una temeridad sin límites. Tras su primer viaje a Mongolia y al Gobi, el objetivo de los siguientes era llegar a Lhasa, la ciudad prohibida, tras cruzar todo el Tíbet. Allí no había estado ningún europeo.

Nicolai Przhevalsky. No seamos románticos. El militar era un enviado del emperador ruso. El objetivo obvio, aunque no declarado, era establecer la base para incorporar todas esas tierras al imperio zarista. Sobre ellas, el poder de China era muy débil. Y, como tantas veces ocurre, un objetivo no muy limpio obtiene otros maravillosos. El segundo viaje que realizó ya tenía como objetivo Lhasa pero se retrasó mucho debido a que sufrió una enfermedad por el agua: toda una premonición, pues de eso moriría años más tarde. Lo curioso es que, siendo un hombre tan experimentado, por segunda vez en su vida y urgido por la sed, bebió agua sin purificar en un río cercano a esta ciudad. En pocos días el tifus acabó con él.

En el tercer viaje llegó a doscientos kilómetros de Lhasa. Allí los enviados del Dalai Lama y el ejército chino le impidieron continuar. Para entonces era muy conocido en la zona, lo que le permitía negociar con tribus y bandidos su paso por esas tierras en condiciones muy ventajosas. Cuando se acercaba a Lhasa, la gente de la zona relataba que un poderoso mago de Occidente venía a visitar a un gran sabio de Oriente. Ante la imposibilidad de llegar y al verse obligado a retroceder, escribió con sobriedad en su diario: “Dejemos que otros acaben lo que yo empecé”.

Tumba de N. M. Przhevalsky.Un cuarto y ultimo viaje por los desiertos de Asia Central fue especialmente duro por las condiciones de calor y sed extrema. Por dos años, los expedicionarios vivieron en durísimas condiciones y exploraron zonas remotas y desconocidas al sur de Karakol. De allí salio el último viaje que no pudo completar para cruzar las bellas montañas Celestes (Tien-Shan) y el desierto del Tarim de nuevo camino a Lhasa. Fue en el inicio de ese viaje donde contrajo el tifus y fue llevado a Karakol, donde murió.

Sin duda, Przhevalsky era un hombre raro. O extravagante, o singular, algo que han de poseer personas como él para afrontar esa vida. Jamás se casó ni apenas tuvo novias. Opinaba que su vida de aventura era imposible de armonizar con las exigencias del matrimonio. Probablemente sus gustos eran homosexuales y los oficiales que elegía para acompañarle eran, al tiempo que hombres valerosos, sus amantes. Era proverbial su agobio tras estar muchas semanas seguidas en San Petersburgo. Y un dato final meramente anecdótico: su parecido con Stalin es asombroso.

Merece ser conocido y recordado.

Dentro de la escasa bibliografía de él y sobre él hay un libro fácilmente accesible: The Dream of Lhasa: The Life of Nikolay Przhevalsky (1839-88), Explorer of Central Asia. Donald Rayfield , 2013.

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