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  • Ganges, el río Sagrado

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    El artista Luis Sáez ha remontado el Ganges desde su desembocadura en Calcuta hasta Gangotri, al pie del glaciar en que brotan sus fuentes, para mostrar su desbordante espiritualidad en una exposición abierta al público hasta el 9 de febrero en el Museo Nacional de Antropología. Siempre sin abandonar los márgenes del río, las fotografías hacen escala en algunos de los lugares más señalados para las diferentes religiones de la India: Bodhgaya, donde se halla el árbol bajo el cual Buda ...[Leer más]

  • La India del XIX bajo mirada fotográfica

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    Una exposición en el Museo Guimet de París ilustra cómo el reciente invento de la fotografía plasmó, en el siglo XIX, la grandeza de la civilización india, dando forma en el extranjero a la imagen de un país para muchos misterioso y desconocido. Noventa instantáneas originales de paisajes, arquitectura, escenas de la vida cotidiana y personajes podrán verse hasta el 17 de febrero de 2020, con trabajos como los de Linneo Tripe, William Baker o Samuel Bourne, quien realizó tres ...[Leer más]

  • Fronteras en el CNDM

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    Las fronteras son una invención, pero, desde un punto de vista artístico, solo deben servir para ser obviadas o, aún mejor, contravenidas, y así abandonar los carriles centrales, orillarse hacia los arcenes, las periferias, los territorios menos explorados. Este es el objetivo del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) con su ciclo Fronteras, que empieza temporada con conciertos desde el 18 de octubre al 5 de mayo de 2020. Tras la inauguración a cargo del Tarkovsky Quartet, el ...[Leer más]

  • Lujo. De los asirios a Alejandro Magno

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    Los antiguos imperios asirio, babilónico, fenicio y persa tuvieron en común con Alejandro Magno el propósito y la codicia de extender su poder más allá de sus propios límites. Así es como llegaron a ocupar un área comprendida entre las actuales España e India. Estos territorios fueron el escenario de luchas incesantes, conquistas y saqueos de toda índole, pero también de un intenso comercio de materias primas, metales preciosos y objetos de deseo como los que se muestran hasta el 12 ...[Leer más]

  • Jardín deshecho

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    “A mi queridísimo Federico, el único que me entiende. Firmado: su propio corazón”. Esta es la dedicatoria que Lorca se hizo a sí mismo en un ejemplar de su primer libro, Impresiones y paisajes, y uno de los documentos más curiosos que ofrece la exposición Jardín deshecho, abierta al público hasta el 6 de enero de 2020 en Granada. Comisariada por el hispanista estadounidense Christopher Maurer, es la primera muestra sobre el poeta centrada en la temática del amor. “Amó mucho...[Leer más]

Histórico noticias



Oré y me fue dada la prudencia

‘Mañanas en Florencia’ es un libro concebido por el anciano John Ruskin como una guía de viajes escrita por un erudito. Sus destinatarios serían los viajeros ingleses que quisieran conocer poco a poco el arte de la ciudad italiana, deteniéndose en cada obra el tiempo necesario.

3 de febrero de 2016

El John Ruskin (1819-1900) que conocemos en este delicioso ensayo, Mañanas en Florencia, es un hombre anciano. Ha masticado muchos amaneceres y el sabor malva del sol a punto de quebrar la noche resbala en su paladar. Es un hombre prudente, que ya escribe con una morosidad sensata, consciente de que invitarnos a acompañarle en este viaje por el arte de Florencia es su mejor acto de bonhomía. Esta cita del Libro de la Sabiduría rige su vida:

Por eso oré y me fue dada la prudencia.

Invoqué al señor y vino sobre mí el espíritu de la sabiduría.

Y la preferí a los cetros y a los tronos.

De ahí que, viendo cerca la muerte, opte por la lentitud. Para él, el arte es el supremo sentido común, ese que crece en la escuela de la admiración silenciosa. A lo largo de varias mañanas, nos acompaña en un recorrido por las principales obras artísticas de Florencia. Pero sobre todo por la contemplación de los frescos de Giotto. Apenas ve, como rodeado del silencio que nosotros precisamos para leerle, un par de cuadros cada día, porque si hay algo imprescindible para comprender lo que estamos viendo es la compasión; es decir, leer la obra como la entendía el artista; padecer, pues, lo que padecen quienes protagonizan la imagen. Antes de la composición de una escena queda la concepción de un hecho.

Viaje a Florencia

Jose A., Flickr.

Mañanas en Florencia está diseñada como una guía para viajeros ingleses. Una guía escrita por un erudito que interpreta con sensibilidad, invitando a detenerse en cada obra de arte cristiano el tiempo necesario. Lo importante es el objeto tratado, descubrirlo. Y para ello se impone alinear la mirada con la del creador. La retórica depurada de Ruskin persuade, porque aúna el oído a la vista. Admira a los apóstoles que inspiraron las obras y a los que inspiraron la fe. Al interés local, con sus interpretaciones para el culto, añade el interés universal del arte. No existe, a su parecer, auténtica decoración sin nobleza. De este calado es su convicción de que la ética y la estética son una misma cosa: “Si os quedáis hasta que aparezcan las luciérnagas del crepúsculo, y os vais a dormir de vuelta a casa, estaréis mejor preparados para el paseo de mañana (…) que en el caso de que vayáis a una fiesta a hablar sentimentalmente de Italia y a oír las últimas noticias de Londres y Nueva York”.

Convencido de que los artistas hacen de la debilidad virtud, Ruskin a su vez hace de su prosa un arte, pues hace que los demás vivamos a través de él. Ruskin interpreta para la humanidad, con una ensoñación necesaria, la que nos interesa compartir como se comparte la buena soledad. O como se participa de la naturaleza, cuyo ejemplo más cabal, más semejante a Ruskin pero referido al paraje natural, sea Thoreau. Aunque en este caso existe también un intermediario: el artista, mayormente Giotto, quien donde otro se hubiera extendido, el “llegó al campo y vio con su sencilla mirada una dignidad inferior”. Aunque no existe dignidad inferior que sea menos valiosa que cualquier otra dignidad.

La última parte del libro está dedicada a las siete ciencias terrenales representadas en la catedral de Santa María: la gramática, la retórica, la lógica, la música, la geometría, la astronomía, la aritmética. Que reconoce en la integración de las figuras en la disposición arquitectónica, o en una arquitectura diseñada para exponer y componer con las ciencias terrenales. Un paseo que gracias a Ruskin es posible volver a protagonizar, dado el imperio de la velocidad que se ha adueñado del viaje.

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