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  • La India del XIX bajo mirada fotográfica

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    Una exposición en el Museo Guimet de París ilustra cómo el reciente invento de la fotografía plasmó, en el siglo XIX, la grandeza de la civilización india, dando forma en el extranjero a la imagen de un país para muchos misterioso y desconocido. Noventa instantáneas originales de paisajes, arquitectura, escenas de la vida cotidiana y personajes podrán verse hasta el 17 de febrero de 2020, con trabajos como los de Linneo Tripe, William Baker o Samuel Bourne, quien realizó tres ...[Leer más]

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    Los antiguos imperios asirio, babilónico, fenicio y persa tuvieron en común con Alejandro Magno el propósito y la codicia de extender su poder más allá de sus propios límites. Así es como llegaron a ocupar un área comprendida entre las actuales España e India. Estos territorios fueron el escenario de luchas incesantes, conquistas y saqueos de toda índole, pero también de un intenso comercio de materias primas, metales preciosos y objetos de deseo como los que se muestran hasta el 12 ...[Leer más]

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Histórico noticias



Paseando por Salvador de Bahía

Borges decía que “sólo los países nuevos tienen pasado”. El pasado de Salvador de Bahía es denso, entrelazado, complejo. La ciudad es la historia de Brasil, y permanece vibrante, exuberante. Un lugar fascinante, mágico, lleno de contrastes, que merece una pausada visita.

12 de diciembre de 2016

La noche cae pronto en Salvador. A las cinco y media ya es el crepúsculo y la brisa de la bahía de Todos los Santos refresca las calles y plazas, las terrazas donde tomar todas esas variedades de caipirinhas, combinadas con la cachaça o vodka. La noche en Salvador es siempre misteriosa, también para el pintor. ¿De qué color es el cielo? ¿Cobalto, negro, velado de grises azulados? La oscuridad devuelve la magia a la ciudad. Pero el cielo, en Brasil, azul, tormentoso, estrellado, “siempre es soberano”, “o céu é soberano”, dijo el poeta Lêdo Ivo.

En la que fue capital del Brasil portugués, casi clonada de Lisboa, hasta en sus aceras, la famosa calçada portuguesa con dibujos de piedras blancas y negras, hay que buscar lugares diferentes. Además de ver el Pelourinho (la plaza de la picota donde castigaban a los esclavos irredentos) y las iglesias, magníficas muestras del barroco, del dorado, las maderas y las imágenes, hay que ir por los barrios, ir en autobús, en los ónibus que recorren todo el extenso territorio de esta ciudad. Una ciudad que ha crecido en los últimos treinta o cuarenta años pasando de menos de medio millón a casi cuatro.

Viaje a Brasil. Salvador de Bahía

Ben Tavener, Flickr.

Borges decía que “sólo los países nuevos tienen pasado”. El pasado de Salvador de Bahía es denso, entrelazado, complejo. Desde la colonia hasta la República de 1889, pasando por la esclavitud, la invasión holandesa, el padre Vieira (la más pura escritura portuguesa, como me dijo una vez Saramago), la lucha por la independencia, el Imperio… Salvador de Bahia de Todos los Santos permanece vibrante, exuberante, y es la historia del Brasil. Los portugueses llegaron primero a Porto Seguro, un poco más al sur, pero Salvador reclama la antigüedad. Es la más antigua ciudad de Brasil y fue la capital desde 1549 hasta 1763. Luego perdió su capitalidad para Rio, que a su vez la perdería para la remota Brasilia.

Aunque se podrían escribir largos libros sobre Salvador, como de hecho existen (aunque es dificilísimo, si no imposible, dar con una librería), para el fugaz lector digital sólo evocaremos unas pocas imágenes: iglesias y museos, la cultura negra y afrobrasileña, la comida, las frutas y otras curiosidades

 

Iglesias y museos

La leyenda quiere que haya tantas iglesias como días del año. Es difícil contarlas, pero podría ser. Y si se cuentan las capillas, aún más. Me detengo en la de São Bento, que forma parte del monasterio que asaltó la soldadesca holandesa en 1624, rapiñando todo lo que pudo. Durante la misa, los feligreses cantan gregoriano en latín.

Siempre nos enseñarán el convento más antiguo, la iglesia más antigua, la talla más antigua, el plateresco más original, como la fachada de la iglesia de la Orden Tercera de San Francisco. Todas nos cautivarán, desde el Carmo hasta la Conceição da Praia, junto al Mercado Modelo y el puerto.

Hay pequeños museos imprescindibles para conocer el pasado de Bahía, la pompa y circunstancia de su clase aristocrática que se enriqueció con la caña de azúcar y con el tráfico de esclavos, pero siempre manteniendo un pie en Europa y con el gusto más refinado. El Museo de Arte Moderno en el Solar da Unhão, unos edificios fabriles de la época portuguesa con la senzala (cuartos de esclavos), al borde del mar, presenta exposiciones de vanguardia, brasileñas y extranjeras, y es siempre fuente de inspiración y acicates para tener otra forma de mirar. La creatividad brasileña es de una riqueza, efectivamente, amazónica. Además, en el Solar hay un excelente restaurante. 

Viaje a Brasil. Salvador de Bahía

Taskaso, Flickr.

No muy lejos, en la laderas del decrépito barrio 2 de Julho, se encuentra el Museo de Arte Sacra, la iglesia de Santa Teresa (de Avila) y su claustro, con vistas sobre la bahía. Merece la visita, aunque es mejor ir en taxi. El Museo Costa Pinto (que podríamos llamar el museo de la plata) y el de Arte de Bahía, ambos en la avenida 7 de Setembro, en el barrio de la Vitória, nos muestran pinturas, mobiliario, cerámica de la Companhia das Indias y muchos  detalles para hacerse una idea de la vida de la aristocracia de Salvador en el siglo XVIII. En otro registro, el imprescindible pequeño museo de Abelardo Rodrigues, en el centro histórico, perfectamente restaurado, que alberga colecciones únicas del arte africano de los esclavos y artefactos de los indios.

El patrimonio histórico fue durante mucho tiempo pasto de la especulación inmobiliaria, dilapidado, destruido, sustituido con el peor gusto. Esos terribles años setenta y ochenta (y aún ahora) que han padecido muchas ciudades, con el destrozo de barrios a base de rascacielos, como en el Corredor da Vitória. Pero la ciudad todavía conserva numerosos edificios, conventos, iglesias y palacetes de la época colonial y del siglo XIX. La destrucción parece haberse detenido, o frenado, pero el coste de restaurar y conservar tanto patrimonio es todavía prohibitivo. Hay demasiado para los presupuestos.

Las diferencias sociales son enormes, vemos muchas casas en ruina que se desmoronan, favelas, personas que caminan sin fin y aparentemente sin propósito. Por la noche, chiquillas y chavales (los “capitanes de la arena”, como les llamó cariñosamente Jorge Amado) rebuscan en las basuras en las calles menos transitadas. Junto a ello, automóviles de lujo con los vidrios tintados entran en los garajes protegidos de los rascacielos de la Vitória, el barrio de la clase media alta.

En los inmensos árboles, monumentos vegetales con ficus, tamarindos, jacarandas, pitangueiras, jacas, y en los escondidos jardines proliferan aves desconocidas, siendo las más comunes una especie de tórtolas, pero también cotorras amarillo limón y, de vez en cuando, pájaros rojos. Si tenemos suerte podemos ver hasta algún pequeño macaco.

 

Cultura negra y afrobrasileña

Salvador de Bahía está orgullosa de ser la ciudad del continente americano con más población negra, que representa más del setenta por ciento de la población, tres millones. Es la ciudad mestiza por excelencia, pues todo blanco tienen gotas de sangre negra y todo negro, gotas de blanco. Los viajeros europeos ya dieron cuenta de esta cultura en los siglos XVII y XVIII, como Rugendas, Debret o Zacharias Wagener. El más reciente, el fotógrafo francés Verger, baiano de adopción.

La diosa favorita, la diosa negra de los mares, es Iemanjá, que tiene jerarquía entre las veintisiete orixás o deidades africanas, desde Exu, Ogum, hasta Oxu o Xangô. El candomblé, de kandombelé, el templo o local donde se  practican las religiones africanas, es un término que viene de la lengua imbundu, de Cabinda. El terreiro anexo es donde se celebran las fiestas y ceremonias. Están los terreiros angolas, los espaços orixás, pero también los jejés, los gruncis, según los orígenes de los antiguos esclavos. Pero el sincretismo hace que muchas iglesias, como Nossa Senhora dos Negros, o Bonfim, sean tambien templos de Oxalá. El Ilé Axé Abassá de Ogum y la Casa de Oxumaré, dos de las entidades del candomblé, reclamaban hace unas semanas el respeto a las religiones de matriz africana en la Constitución federal, para que no invadan sus terreiros, para que los alumnos puedan ir de blanco a las escuelas, e incluso para que se puedan celebrar sacrificios de animales, que dicen pertenecer a la “tradición milenaria” de los descendientes de africanos.

Viaje a Brasil. Salvador de Bahía

Pixabay.

La toponimia revela también los orígenes africanos, como los barrios de Paripe, Cabula o Matatu; pero las tradiciones de los antiguos esclavos están en el folklore, la música, la religión y la comida. De los estados del sur norteamericanos vienen a estudiar lo que ellos perdieron y aquí perdura a simple vista, más allá de las baianas vestidas de blanco que el turismo de la ciudad fomenta a veces con un cierto aire folklórico. Hay numerosos estudios sobre los orígenes angoleños, congoleses, de Benin, de Zambia, en todas las tradiciones afrobrasileñas. Hasta en São Paulo se ha celebrado hace poco la Festa do Conhecimento da Literatura e Cultura Negra, con la participación de universidades brasileñas, de Angola, de West Virginia, Louisiana, de Togo, Cuba, y con la presencia del conocido reverendo Jesse Jackson.

 

La comida y las frutas

En general, el valor y gusto de la comida en Salvador reside sobre todo en la calidad de los ingredientes. Con muchas influencias africanas, como las moquecas de varios tipos, son platos sencillos, sin alharacas, poco maquillados, por así decirlo. La carne es carne, y el pescado pescado (como el excelente pescado vermelho al horno). Por eso un acarajé en un puesto callejero puede estar más bueno que en un empingorotado restaurante.

A medio camino entre el tabuleiro donde las baianas preparan los deliciosos acarajé, croqueta de masa de alubias y las casas de comida, están las lanchonetes, esos puestos abiertos, en las esquinas, donde tomar un zumo recién hecho, un sanduíche, como se dice aquí, lugares para tomar un chope, una caña y el aipim frito (mandioca), abarás, mingaus, sarapatel y la nuez de anacardo, el cajú. Entre los centenares de platos sabrosos, prueben la sabrosísima carne de sol, carne seca con algo de salsa y cebolla, o los escondidinhos, en los que hay que encontrar bajo el delicioso puré de aipim las gambas o el queso. Y no olviden las ensaladas ni los postres, originales y deliciosos, herencia africana, portuguesa y conventual.

Ahora hay restaurantes de todo tipo, no sólo de comida brasileña, sino japonesa e italiana, que constituyen, además de la portuguesa y alemana, las otras dos grandes inmigraciones. Y muchos, muy buenos. El servicio es correcto y amable.

Los buffets y los lugares de comida ‘a quilo’ son muy populares y los hay para todos los bolsillos. El cliente se sirve y el peso determina el precio. Encuentro el muy elegante Mignon, en la rua Engenheiro Alexandre Maia, cerca del Largo da Graça, excelente y de precio más que razonable.

Otro de los espectáculos de la calle son los puestos de frutas, colgadas como trofeos, olorosas, en un colorido tan barroco como el interior de las antiguas iglesias portuguesas. No sabemos sus nombres y nuestra memoria debe acompañarse de un cuaderno para anotar tanta variedad. Efectivamente, cuando vemos las frutas, los árboles, los pájaros, nos sentimos humildemente ignorantes por no conocer ni sus nombres.

 

Curiosidades

Aquí no se fuman habanos sino baianos, pues los puros, charutos, vienen del propio Estado de Bahía, en concreto de Feira de Santana, que tiene suelo, clima y condiciones muy parecidas a las de Cuba. Alves, Danneman, Dona Flor, Alonso Menendez, son de las mejores marcas.

Salvador ha dado muchos cantantes, músicos y escritores; el más conocido, Jorge Amado, cuya guía Bahia de Todos-os-Santos es la más completa y mejor escrita de todas; pero también las cantantes Gal Costa, María Bethania y su hermano, Caetano Veloso, Gilberto Gil, el compositor y maestro Dorival Caymmi, orgulloso, como decía él, de tener sangre italiana y negra, todos baianos. Glauber Rocha, el cineasta, también era baiano.

Espectáculo rey en Brasil es el fútbol. Asistí este pasado mes de noviembre en el bar Five, que tiene más de cuarenta pantallas, al partido Brasil-Argentina, de las eliminatorias sudamericanas. Hacía más de treinta años que los brasileños no ganaban a los argentinos, los “hermanos” (parecido a como llaman a los españoles en Portugal, “nuestros hermanos”) y fue el delirio de un tres a cero, con los conocidos Neymar y Messi luciéndose en los respectivos equipos. Los brasileños coreaban, entusiasmados y alegres:

            1000 gols! 1000 gols!

            1000 gols! 1000 gols!

            1000 gols!

            só Pelé, só Pelé

            Maradona cheirador (referencia a su adicción)

En Salvador hay varios equipos, pero los dos grandes son el Vitória y el Bahia, con dos inmensos estadios: el Barradão y el Parque de Pituaçú.

En fin, esta ciudad fascinante, mágica, contradictoria, llena de contrastes, merece una pausada visita, a ser posible con amigos baianos que nos ilustren en su rica historia y tradiciones y nos descubran sus innúmeros rincones.

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