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    La fotógrafa y vídeo-artista Leila Alaoui (1982-2016) falleció trágicamente víctima de las heridas sufridas tras el atentado de Uagadugú, en Burkina Faso, el 15 de enero de 2016, cuando trabajaba en un reportaje sobre la condición de la mujer, por encargo de Amnistía Internacional. Una exposición en la Casa Árabe de Madrid homenajea su trayectoria y compromiso vital mostrando treinta retratos realizados por la autora en entornos rurales de Marruecos. Abierta al público hasta el 22 ...[Leer más]

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Histórico noticias



Q de Queralbs

La Vall de Núria, en los límites orientales de la cordillera pirenaica, ha conseguido un armonioso equilibrio entre la tradición religiosa, el negocio del turismo y la conservación de los espacios naturales, a diferencia de grandes estaciones de esquí del Pirineo catalán como Masella, La Molina, Baqueira Beret o incluso Port Ainé.

23 de abril de 2018

Queralbs, Caralps o Carálps (nombre histórico y en catalán Caralps, oficialmente Queralbs) es un pueblo de la provincia de Girona, situado a 1236 metros de altura, en la comarca del Ripollés, a ocho kilómetros al norte de Ribes de Freser y en el límite con la Cerdaña y la comarca francesa de Conflent. Es un pueblo de piedra, empinado a lo largo de la ladera. Hermoso y pequeño, de hecho su población ha ido disminuyendo a lo largo del siglo XX hasta tener, en datos de 2017, 173 habitantes. Podríamos decir que es el confín de los Pirineos hispanos o catalanes. Si el Pic du Canigou (2.784m), ya en Francia, es el último pico simbólico del Pirineo, las montañas que conforman la Vall de Núria son los límites orientales de esta cordillera. Quizá el último municipio paralelamente más al este de Queralbs sea Setcasas que nos abre al Vall de Ter, pero la cuerda que va desde el Puigmal (2.909m) hasta la estación de esquí de Vallter 2000 con su pico sobresaliente, el Bastiment (2.881m), y que termina en el Costabona (2.464m) es una línea continua que podemos pensar desde el Valle de Núria. A partir de aquí, el Pirineo gira hacia el norte adentrándose en territorio francés y las estribaciones en tierras catalanas buscan deprisa el mar Mediterráneo.

Nuestro interés en Queralbs, desde luego, reside en que es el último municipio desde donde podemos tomar el tren de cremallera que nos sube al Valle de Núria. Porque, como en los más famosos pueblos de los Alpes, Zermatt por ejemplo, a Núria solo se sube en tren o andando por un camino prácticamente tallado entre los angostos y verticales acantilados por los que desemboca el río Núria para unirse al Freser y ya juntos fluir hacia Queralbs. Un camino de peregrinaje. Y es que Núria, y su Virgen, la cruz, la campana y la olla, tiene una larga historia que se diluye en la leyenda.

Tren de Cremallera

Carlos Muñoz Gutiérrez.

Se dice que San Gil, que por lo demás era ateniense, procedente de la Provenza, llegó hacia el año 700 a Núria en busca de un lugar tranquilo en donde afrontar una vida de eremita, se dice que con él trajo la Cruz, que talló sus propios iconos, la virgen, y compartía su exigua comida con los pastores que hasta allí subían. Comida que cocinaba en una olla de cobre y que, cuando estaba lista, tañía una campana para avisar a los comensales. Quizá perseguido, quizá cansado, lo que parece cierto es que solo estuvo como ermitaño en su cueva cuatro años, pero al partir, quizá esperando volver, quizá por evitar portear la carga e ir ligero, decidió esconder como tesoro sus más preciadas pertenencias, a saber, la cruz, la olla, la campana y, naturalmente, la virgen que talló en su retiro espiritual. Y allí permaneció custodiado por las montañas y las nieves hasta que en 1072 un ángel se le apareció a Amadeo, que por lo demás, aunque se pensó que vivía en Dalmacia, en realidad lo hacía en Damasco, por lo que era sirio o, de otro modo, no era Dálmata sino Damasceno. De dónde fuera que fuese, el ángel, frente a él en un sueño, le pide que vaya a buscar el tesoro de San Gil y edifique una capilla en honor de la Virgen. Y eso hizo, construyó una ermita, mas no pudo encontrar el tesoro de San Gil, aunque delegó la tarea en los aldeanos locales una vez que éste se dio por vencido.

De los hechos narrados, lo que podemos encontrar es la cueva que habitaron Gil y Amadeo, si ascendemos por el camino de peregrinaje, que realmente se construyó en 1888 y que culmina, ahora sí, con una ermita mucho más moderna, del siglo XVII, la de San Gil.

¿Se encontró finalmente el tesoro? Se dice que un toro, siete años después de la partida de Amadeo de Núria, comenzó a golpear con su pezuña una roca, y algún creyente pastor, que asumió la tarea de dar con el tesoro, comprendió que eso era una señal. De este modo, perforaron la roca y allí apareció el tesoro de San Gil, Virgen, olla, cruz y campana.

También existe la clásica versión de que unos pastores encuentran la imagen de una Virgen y los devotos deciden mantenerla allí donde fue encontrada. Esta es, no obstante, una leyenda bastante extendida en Cataluña que coincide con diferentes historias de vírgenes encontradas. La imagen de la Virgen de Núria se sitúa alrededor del siglo XII, aproximadamente en la misma época de las vírgenes de Meritxell (Andorra), Claustre (Solsona) y Tura (Olot). Estas imágenes de estilo románico, a veces de transición al gótico, seguramente fueron escondidas para que el pueblo las encontrase y las considerase como el valioso legado de un santo antiguo o, incluso, como un milagro.

Actual localización de la Virgen de Nuría en el santuario

Carlos Muñoz Gutiérrez.

Milagro o legado, lo cierto, es que Núria se nutre de esta tradición mariana y a lo largo de los siglos ha sido y sigue siendo un lugar de peregrinación. Del culto religioso procede el santuario. En la actualidad hay dos razones fundamentales para llegarse hasta estos valles. La primera, lograr descendencia: es costumbre que aquellos matrimonios que no consiguen engendrar hijos, lo logren con una oración ante la cruz, poniendo la cabeza en la olla, a la vez que tocan la campana. La segunda tiene que ver con otra peregrinación bien distinta, la que hacen los turistas, esquiadores y montañeros, que se han apropiado de los santos lugares para fines muy profanos (o quizá no tanto). Del auge del turismo de montaña, el santuario ha terminado siendo un hotel, núcleo central del actual centro de montaña, en donde confluyen el lago, la estación del tren de cremallera, los remontes de la estación de esquí alpino, el telecabina que sube a un albergue juvenil, que cumple también funciones de estación alpina intermedia, del centro de hípica y el lugar de partida de toda la actividad invernal o veraniega que se quiera realizar en el valle.

Hotel-Santuario de Núria

Carlos Muñoz Gutiérrez.

Esta singular mezcla de devoción religiosa y turismo activo se manifiesta como en ningún otro sitio en un Vía Crucis monumental que flanquea una de las pistas de esquí alpino que coincide con el camino de la Coma del Clot por el que se accede, si no se usa el telecabina, al albergue. Con motivo de un congreso franciscano celebrado en 1914, se impulsó la construcción de Vía Crucis en torno a ermitas y santuarios. Núria acepto la propuesta y al año siguiente el obispo Benlloch ponía la primera piedra. La construcción de las diferentes estaciones se sufragó con aportaciones de asociaciones y devotos, y se prolongó hasta el año 1963, en que fue terminada la última estación. Sin duda, es sorprendente ir recorriendo las estaciones según desciendes esquiando, aunque es más alegórico si lo que haces es ascender hacia las cimas que se abren por ese valle.

Y es que Núria, antes de ser Núria se denominaba Set Valls, debido a los siete valles que confluyen en el plateau en donde se localiza el santuario-hotel-estación-de-montaña: Fontalba, Embut, Finestrelles, Eina, Noufonts, Noucreus y Fontnegra.

Valle de Finestrelles

Carlos Muñoz Gutiérrez.

A pesar de todo esto o por todo ello, Núria es un paraje netamente pirenaico, sus siete valles están coronadas por cimas de alrededor de tres mil metros, siendo el Puigmal el más alto de la zona, sus laderas se cubren de nieve en invierno y como el santuario-hotel está situado a los mil novecientos metros de altura, las manchas de bosque son escasas y las montañas muestran el aspecto pelado de la alta montaña. Aunque ofrecen siempre un trato amable con desniveles tendidos y suaves formas clásicas de las montañas dibujadas. Además, en cuanto se ascienden unos cientos de metros el bullicio de los niños deslizándose en los trineos, los motores de los remontes y la actividad humana en general deja de percibirse, ni siquiera las persistentes campanas del santuario que suenan a todas horas, a todas las medias horas, a todos los cuartos de hora… se oyen ya. Quizá solo escuchemos el agudo silbido del silbato de los trenes cuando arriban a la estación.

Aunque la diferencia más acusada respecto de los solitarios y frecuentemente inhóspitos valles pirenaicos es el paso o la estancia inevitable que exige el hotel o el albergue. Ciertamente han concentrado su negocio en las familias con niños pequeños, para los que disponen de una amplia oferta de actividades y así, frente a las grandes estaciones de esquí del Pirineo catalán (Masella, La Molina, Baqueira Beret o incluso Port Ainé), se ha conseguido un armonioso equilibrio entre la tradición religiosa, el negocio del turismo y la conservación de los espacios naturales. Pero, para mi gusto montañero, frente a los refugios de montaña que conservan una tradición alpina y generan con facilidad una trama de relaciones humanas, aun siendo como los hoteles un negocio; el hotel-santuario se ha revestido de un falso lujo, al modo de los grandes balnearios alpinos, pero cobra por él como si fuera verdadero. Por eso mi preferencia es establecerse en el albergue, más parecido a un refugio y con las mismas comodidades que el hotel, pero a un precio más razonable. Aunque, en los tiempos que corren, hace mucho que nos hemos acostumbrado a pagar por todo, salvo, por ahora, del placer de ascender las tranquilas montañas del valle de Núria.

Abecedario de los Pirineos, Queralbs, Vall de Núria

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