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Histórico noticias



Robert Louis Stevenson en Samoa

El escritor escocés emprendió un largo viaje de dieciocho meses por el Pacífico Sur que le llevó por las islas Pomotu, Tahití, Hawái, Gilbert y Samoa, archipiélago este último donde decidió construirse una casa e instalarse en ella de forma indefinida, hasta su muerte por tuberculosis en 1894.

19 de febrero de 2019

Los samoanos le llamaban Tusitala, el que cuenta historias. Robert Louis Stevenson pasó los últimos cuatro años de su vida en Samoa, las islas-país del Pacífico sur que le acogieron enfermo de tuberculosis y necesitado de calor y aire puro. Allí se instaló en 1890 con su mujer, Fanny Osbourne, la familia de esta (ya que cuando se enamoraron ella ya tenía hijos de otro matrimonio) y su propia madre (el padre del novelista había muerto para entonces) en una mansión al final de un camino lleno de arbustos.

Viaje a Samoa

Mónica Hernández.

Bienvenidos a Villa Vailima

Tusitala había emprendido un largo viaje de dieciocho meses en 1888 por el Pacífico Sur que le había llevado por las islas Pomotu, Tahití y Hawái en una primera fase y las islas Gilbert y Samoa posteriormente. Y es, finalmente en la isla Upolu de este último archipiélago donde decide construirse una casa e instalarse en ella de forma indefinida. En aquel paraíso terrenal Stevenson se siente feliz y en él vive y escribe hasta que el 3 de diciembre de 1894 muere de tuberculosis, la enfermedad que le había acompañado durante años. Fue enterrado allí mismo, cerca de Villa Vailima, en el monte Vaea, frente al Pacífico.

“Durante casi diez años, mi salud se había deteriorado, y durante un tiempo, antes de emprender mi viaje, creí que había llegado al último momento de la vida y solo podía esperar la enfermera y el funerario. Se sugirió que debería probar el mar del sur y no me sentía reacio a visitarlos como un fantasma y a que me llevaran como un fardo por aquellos parajes que me habían atraído cuando era joven y gozaba de salud. Por eso fleté la goleta del Dr. Merrit, el Casco, de setenta y cuatro toneladas. Partí de San Francisco a finales de junio de 1888 (…) Por entonces, la gratitud y la costumbre estaban empezando a hacer que me sintiera apegado a las islas; había ganado suficiente fortaleza, había hecho amigos; había aprendido a apreciar nuevos intereses: el tiempo de mis viajes había pasado como días en el país de las hadas y decidí quedarme”.

Viaje a Samoa

Mónica Hernández.

Ya era mundialmente famoso. Ya había escrito Dr. Jekyll y Mr. Hyde y La isla del tesoro, sus dos obras más conocidas.

A mí también el viaje por Samoa me lleva a Villa Vailima, la casa de Tusitala, un mes de noviembre cualquiera. Vengo desde Apia, la capital, en un curioso autobús al que he subido en la misma estación y que no tarda más de veinte minutos en llegar. Estoy al otro lado del mundo. A trece horas de diferencia con Madrid. En medio de una inmensidad. El conductor no tiene duda de dónde me tiene que dejar. El nombre de Stevenson es conocido en toda la isla. Camino despacito por la vereda, deleitándome en la exuberante naturaleza que conduce hacia la casa. Me sorprende que sea una gran mansión cuidadosamente restaurada, que el sol entre por todas partes y que esté todo muy limpio y bien cuidado. Es un lugar alegre. Es un lugar para ser feliz.

Viaje a Samoa

Mónica Hernández.

En el porche un grupo de empleados samoanos ataviados con camisa y pareo, la indumentaria nacional, me da la bienvenida y me piden que me descalce. Hay una visita guiada para mí, una para cada visitante. La casa y vida de Tusitala merecen una amplia explicación.

El interior de la casa recrea el modo y el ambiente de la época. Tusitala escribió varios libros todavía en los cuatro años de estancia aquí. Tomó también partido en la política local.

No deja de resultarme curioso que un hombre cuya filosofía de vida es “En cuanto a mí, no viajo para llegar a alguna parte, sino para ir. Viajo por viajar” encuentre un lugar donde asentarse y no moverse más. ¿Qué tiene Villa Vailima, qué tiene Samoa?

“Los polinesios caen fácilmente en la desesperación: privaciones, contrariedades, el temor de insólitas visitas, el decaimiento o prohibición de placeres antiguos, les inclinan fácilmente a estar tristes y la tristeza les separa de la vida. La melancolía de los hawaianos y la vaciedad de su nueva vida son llamativas y esta observación es aún más apropiada para las Marquesas. En Samoa, por el contrario, canciones y bailes perpetuos, perpetuos juegos, viajes y placeres dan una imagen animada y sonriente de la vida de la isla. Y los samoanos son en la actualidad los habitantes más alegres y divertidos de nuestro planeta. La importancia de esto apenas puede exagerarse. En un clima y sobre un suelo donde la subsistencia puede conseguirse con solo agacharse para coger los productos de la tierra, la diversión es una necesidad primaria”.

“Lo importante es moverse; sentir más cercanas las necesidades y dificultades de nuestra vida: bajar de este lecho de plumas de la civilización y encontrar bajo los pies el suelo de granito cubierto de pedernales cortantes”.

Villa Vailima pronto se convirtió en un importante centro social y vital. Fanny era un ama de casa y una jardinera de genio, y la casa y el entorno todavía reflejan sus habilidades.

Viaje a Samoa

Mónica Hernández.

En la casa se muestran primeras ediciones de tres de sus libros. Los muebles que encuentro son réplicas. Varias piezas de los originales se encuentran permanentemente en el Museo Robert Louis Stevenson en Monterey, California. Hay viejas fotografías del autor –siempre vestido con corbata– con los samoanos, el autor leyendo sus libros a su mujer y admiradora Fanny Osbourne. Su hijo Lloyd Osbourne fue enviado a Escocia para llevar los muebles familiares a Samoa a la hora de vestir la casa. Esto se hizo para que la familia siempre tuviera una conexión con su hogar de Edimburgo, en Heriot Row. Una casa escocesa en la Polinesia. El mobiliario era quizá el mejor en Samoa en ese momento.

Viaje a Samoa

Mónica Hernández.

La sala de abajo, ahora conocida como la sala Tapa, pero también conocida como la sala de fumadores de Stevenson, servía como comedor formal y área para sentarse. La planta baja y las habitaciones adyacentes sirvieron de alojamiento para la señora Thomas Stevenson, quien llegó a Samoa después de la muerte de su esposo.

La estancia fue recreada a partir de una fotografía tomada por Andrew Tattersall, el principal fotógrafo de Samoa. Se obtuvo una copia ampliada de la foto original de la biblioteca nacional de Escocia en Edimburgo, los tapices y la alfombra de piel de león.

Villa Vailima fue durante un tiempo un ajetreo de idas y venidas de familiares y lugareños. Así describe el museo quiénes fueron sus famosos habitantes. La familia que viaja unida permanece unida.

Isobel: La hija de Fanny, esposa de Joe Strong y madre del pequeño Austin. Isobel tardó años en forjar una relación con su padrastro Stevenson. Se mudó a Samoa y se convirtió en su escriba. Sus deberes eran ayudar a Tusitala con su escritura copiando al dictado y asegurarse de que su correo fuera respondido. Su relación era muy amenazadora para Fanny, quien sufría de depresión extrema y paranoia. Isobel fue nombrada Teuila en samoano porque siempre estaba tratando de hacer que las cosas se vieran mejor. Su tez morena a menudo le permitía pasar por una “chica local mestiza”, lo cual la hacía aún más popular entre los samoanos. Después de que Tusitala falleciera y la “familia” regresara a Estados Unidos, Teuila escribió sus memorias, que continúan brindando información sobre la vida en Vailima en la actualidad. Después de la muerte de su madre, Teuila volvió a Samoa para colocar las cenizas junto a Tusitala.

Lloyd: Loia, como era conocido entre los samoanos, era los brazos y las piernas de la familia. Cuando alguien necesitaba ir a Escocia para recuperar los muebles de la casa familiar en Edimburgo, enviaban a Lloyd. Su presencia en Vailima fue extremadamente importante a pesar de que no ocupaba una habitación en la casa principal. Era un hombre joven y aceptó rápidamente la cultura samoana. Hablaba un samoano fluido y dirigió muchas de las actividades con el personal y los locales, que eran visitantes frecuentes. Estaba a cargo de la fotografía y capturó las primeras imágenes de la vida en Vailima en una película. Lloyd se fue con su madre para regresar a América después de la muerte de Stevenson, pero volvió un año después con su esposa, aunque no pudieron recrear la magia de Vailima sin Tusitala. Eso les frustró y la familia regresó a América. Lloyd vivió el resto de su vida a la sombra de Robert Louis Stevenson.

Margaret Isabella Balfour Stevenson: También conocida en la familia como tía Maggie. Se aferró a su único hijo después de la muerte de su esposo, Thomas. Se unió a las aventuras de viaje y tuvo una influencia muy poderosa en los asuntos de Vailima. Tusitala adoraba a su madre. Añadió espacio a la casa para aumentar su comodidad. Viajó entre Sydney y Samoa y estuvo presente en la prematura muerte de su amado hijo a los cuarenta y cuatro años. Entonces regresó a Escocia con su hermana. Sobrevivió a todos los miembros de la familia. Tusitala la honró a lo largo de su vida con muchas cartas muy personales y tiernas que le animaron el corazón y le brindaron consuelo en sus últimos años. Ella honró a su esposo después de su muerte al no aparecer en público sin atuendo de viuda.

Austin Strong: Era un niño de once años cuando vino a pasar tiempo con su madre Isobel y conocer a sus abuelos. Había estado en un internado en San Francisco, pero su madre lo envió a una escuela en Nueva Zelanda para tenerlo más cerca de ellos. Poco se sabe sobre su relación con su padre, Joe Strong, quien se volvió a casar y se estableció en California. Austin tuvo el raro privilegio de ser alumno de Tusitala en historia francesa, latina y mundial. Le contaron muchos cuentos para dormir, así como numerosas aventuras y juegos en el tiempo que pasó en la vasta propiedad de Vailima. Sus favoritos eran sobre vaqueros e indios. Los vecinos y amigos samoanos adoraban al pequeño Austin, además de la abuela Stevenson, que tenía una habitación contigua a la suya. Se convirtió en un dramaturgo menor y vivió sus días en Martha’s Vineyard, en Nueva Inglaterra.

Viaje a Samoa

Mónica Hernández.

Intento imaginarme la vida allí hace un siglo. Cómo me hubiera gustado solo observar a Tusitala enseñando historia a Austin, escribiendo cosas bonitas a su madre, paseando por las altas barandas con vistas al mar de Vailima y soñando con piratas, bucaneros, tesoros, explorando en sí mismo y en los demás para comprender el alma humana. No puedo por menos que sentarme en la silla de su despacho, enfrente de una ventana mirando al mar y cerca de una cama. Sus libros, sus intervenciones en política local, esos nativos vestidos con pareo y luciendo grandes bigotes, esa familia solo pendiente del creador, del aventurero…

En la planta de abajo encuentro una tienda de libros y regalos. Frases de Stevenson, recuerdos de la isla.

La primera experiencia nunca puede repetirse. El primer amor, el primer amanecer, la primera isla de los Mares del Sur son recuerdos que quedan aparte y que rozaron un sentimiento virginal”.

Las aventuras más hermosas no son precisamente aquellas que vamos a buscar”.

Hay dos tipos de viaje: y mi viaje por el océano combinó ambos… No solo me estaba alejando de mi país en latitud y longitud sino también de mí mismo en la dieta, amigos y consideraciones”.

Envío mensajes y fotos desde allí mismo a mis amigos españoles. Las reacciones no tardan en llegar: mi escritor de viajes favorito, cuánto me hizo soñar La isla del Tesoro, no me extraña que fuera a morir a un lugar recóndito, viajaba y soñaba además de escribirlo, cuánto me ha influido a la hora de viajar y enfocar la vida…

Salgo de Villa Vailima emocionada. Es la casa de un gran aventurero.

Desde lo alto de la balconada se avista el mar, el océano turquesa y parte de la isla tropical, verde y exuberante de Upolu. Yo también me hubiera quedado a vivir allí. Stevenson adoraba viajar y viajar lejos, pero nunca solo. Samoa no le había incomunicado de los éxitos de contemporáneos como Kipling o James. El año en el que se instala en Samoa, Thoureau ya había publicado Walden o la vida en los bosques y Jack London poco después se embarcaría en la goleta Sophia Sutherland para comenzar más tarde una vida de vagabundo. Nace Osa Johnson y hace poco que ha muerto David Livingstone. En el mundo hay almas que no pueden permanecer quietas. Almas para quien el caos es una aventura. Al final decido que el orden es el caos conocido. Y explorar el caos es la verdadera aventura.

Veo a lo lejos el autobús que me conduce de nuevo a la capital y observo cómo va a pasar de largo, pero levanto el brazo e inicio una carrera para no perderlo. Sorprendentemente, el conductor me ve y hace un inesperado giro de noventa grados, desvía su ruta y viene a buscarme. Quince pasajeros, lejos de contrariarse, sonríen mientras subo a un transporte tan destartalado y viejo como colorido, decorado y con música estridente. Mi compañera de asiento me regala un chupachups de manzana. Que siga la aventura samoana.

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