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Histórico noticias



Sexo y comida en el Amazonas

Lévi-Strauss ya estableció la profunda analogía que en la mayor parte de las culturas existe “entre el acto de copular y el de comer”. Dos tribus amerindias de la Amazonía, los Awá-Guajá y los Aguaruna, ilustran esta asociación con el lenguaje y las costumbres de su día a día.

4 de diciembre de 2014

La primera vez que llegué a Jurití, un Awá joven, Pira’í Ma’a, vino a visitarnos por la noche al puesto de la Fundação Nacional do Índio (FUNAI). Jurití es el enclave dentro de la Terra Indígena (o reserva) Awá que la FUNAI tiene para defender a los Awá-Guajá de posibles invasores y colonos ilegales.

Cuando hacíamos trabajo de campo, gracias a la financiación del Ministerio de Ciencia y Tecnología español y a los permisos de la FUNAI y el Conselho Nacional de Pesquisa (CNPq) brasileños, nosotros visitábamos a los Awá por el día, registrando sus actividades, acompañándoles en sus salidas de caza, pesando las piezas que conseguían, anotando cualquier información que nos pareciera de interés. Pero, por la noche, eran ellos quienes nos visitaban en la casa donde vivía el guarda de la FUNAI, Patriolino, y donde nosotros tendíamos las hamacas y nos alojábamos mientras duraba el trabajo de campo. En esas ocasiones, ellos cotilleaban nuestros cuadernos, el portátil que alimentábamos con energía solar, las ropas de nuestras mochilas, cualquier cosa que les suscitara curiosidad. Cada noche les enseñábamos en el ordenador todas las fotos que habíamos hecho durante el día, provocando su sorpresa, sus risas y gritos, o su reiterada demanda de visualizar una y otra vez aquellas que más les habían llamado la atención.

Sexo y comida en el Amazonas

Almudena Hernando.

Esa primera noche, recién llegados después de varias horas de canoa y no muchas menos de caminos de distinta consistencia, Pira’í Ma’a, que tendría unos treinta años, llegó a visitarnos para comprobar quiénes éramos los nuevos visitantes. Venía solo, aunque tenía una esposa, Pakwa’ĩa, y en ese momento una única hija. Patriolino, que hablaba su lengua, le preguntó dónde estaba su mujer, y Pira’í Ma’a contestó que estaba pescando. Era noche cerrada, así que me sorprendió la respuesta. Cuando volvió a su aldea, pregunté a Patriolino si los Awá pescaban de noche, y su respuesta me dejó un tanto sorprendida, dado que aún no conocía las costumbres y dinámicas sociales de los Awá: ellos utilizaban esa metáfora, “irse a pescar”, para referirse a los momentos en que dos personas se internaban en la selva para sostener relaciones sexuales. Pakwa’ĩa estaba con un hombre distinto de Pira’í Ma’a, y éste, aburrido, se había venido a vernos. En ese momento, comprendí una de las muchas diferencias que existen entre la cultura Awá y nuestra propia cultura.

Los Awá de Jurití son un grupo pequeño de personas, treinta y dos en ese momento, donde el número de hombres excedía sensiblemente el de mujeres. De ahí que a todos los que tenían mujer les pareciera muy injusto que los que no la tenían no pudieran disfrutar de relaciones sexuales. Por otro lado, las mujeres Awá disfrutan de mucha libertad, tanto sexual (véase el artículo Los Awá y las relaciones de género) como para cambiar de marido una vez que ya han sido casadas por sus padres con el primero de ellos. Así que es muy frecuente que las mujeres sostengan relaciones con hombres distintos y viceversa, independientemente de que estén casados/as o no. Y un ejemplo de ello es lo que estaba ocurriendo esa noche de nuestra llegada entre Pakwa’ĩa y otro hombre Awá, distinto de su marido.

A partir de ahí, la frase de “está pescando” se convirtió dentro del equipo en una divertida manera de referirnos a las relaciones sexuales, sin que le diéramos otra trascendencia simbólica o de significado. Sin embargo, poco después recordé la experiencia vivida con los Aguaruna, uno de los cuatro grupos de Shuar que habitan entre el norte de Perú y el sur de Ecuador, y pensé que tal vez la asociación entre los peces y las relaciones sexuales, entre la comida y el sexo, no fuera tan casual y pudiera tener algún significado más profundo.

Mujer yaminahua haciendo masato.

Miguel Carid y Laura Pérez.

Visité a los Aguaruna cuando buscaba un grupo de cazadores-recolectores para poder realizar el proyecto de investigación que habría de concretarse posteriormente con los Awá. Los Aguaruna viven muy adentrados en el departamento peruano de Amazonas, pero sus mujeres ya cultivan yuca en chacras fijas, por lo que el grupo mantiene ahora una vida sedentaria con actividades productivas que se alejan de la recolección. En nuestra visita a la aldea, las mujeres pasaban las tardes charlando entre ellas alrededor de grandes ollas en el interior de las casas. El contenido de las ollas era yuca cocida y masticada que ellas introducían en sus bocas y escupían a la misma olla una vez bien masticada. Volvían a introducirse otro bocado de yuca en la boca y así, reproduciendo una y otra vez la operación, conseguían que el contenido de la olla fuese cada vez más líquido y fluido. Esta bebida, llamada masato, acompañaba cotidianamente nuestras comidas, pero si se la deja fermentar, produce una bebida de alto contenido alcohólico, que es la base para las fiestas y reuniones sociales de un gran número de grupos amazónicos. El masato es producido por las mujeres jóvenes del grupo (no por las ancianas), que a su vez cultivan las chacras, pero su sabor, grado de alcohol y consistencia se adecúan al deseo de los hombres. Porque el masato tiene una estrecha relación con la sexualidad. A través de esa bebida y del sexo, las mujeres satisfacen los deseos de los hombres, que se liberan de toda restricción social tanto en una actividad como en la otra. La olla, por ejemplo, tiene connotaciones acerca del útero de la mujer, según explica Uzendoski (2010) en relación a los Napo, también de la Amazonía peruana. Aunque el significado de las bebidas fermentadas en las culturas amerindias no han recibido aún toda la atención que merecen, parece que apunta a una importancia decisiva de las mujeres en la economía simbólica de esas culturas (Viveiros de Castro 2010: 248). Al igual que en la sexualidad el semen que se vierte en su útero se transforma en un bebé al mezclarse, en su opinión, con la sangre menstrual (véase el artículo Los Awá y las relaciones de género), en la fabricación del masato la yuca depositada en sus bocas se transforma, en función de la mezcla con la saliva, en una bebida fundamental para la reproducción de la vida social del grupo. Ambas dinámicas responden a lógicas de transformación y de reproducción, y son las mujeres los instrumentos o vías a través de los cuales se produce la necesaria fusión de sustancias que las posibilita (aunque en ambos casos, el agente activo, el sujeto cuyo deseo se satisface, es el varón).

Volvamos ahora al caso inicial, la asociación que hacen los Awá entre “ir a pescar” y las relaciones sexuales. Lévi-Strauss demostró que, en lo que él denominó “el pensamiento salvaje”, casi nada es casual, así que podemos preguntarnos si no habrá alguna asociación entre ambas actividades. En efecto, Viveiros de Castro (2002: 57) se refiere a “la semejanza olfativa entre el pez, el semen y la sangre” al analizar el caso de las restricciones alimenticias yawalapíti, y recuerda que los animales incomestibles (como son la mayoría de los pájaros) “tienen el mismo olor que los humanos sexualmente activos (…), al tiempo que el olor del pez es directamente el mismo que el de las sustancias sexuales”. Podemos pensar entonces que tal vez entre los Awá puede existir también esa misma asociación sensorial y de significado profunda entre ir a pescar y tener relaciones sexuales, lo que explica que Pira’í Ma’a eligiera esa metáfora, y no cualquier otra, para contarnos que su mujer estaba en ese momento con otro hombre en la selva.

De hecho, la lista de casos etnológicos en donde se demuestra una asociación directa entre sexo y comida sería interminable, y su tratamiento requeriría de una profundización ajena al objetivo de estas breves páginas. Gow (1989: 580-1) sostiene que, en el caso de la Amazonía, el cuerpo y sus deseos constituyen el núcleo de la economía, pues a través de ellos se vehiculan las relaciones y los vínculos sociales. Lejos de expresar necesidades biológicas básicas, como podría interpretarse desde una mentalidad occidental que coloca las funciones corporales fuera del ámbito de la sociedad y dentro del de la naturaleza y la necesidad, la asociación entre comida y sexo demuestra en la Amazonía la centralidad del cuerpo en la construcción del orden social. “El cuerpo y sus deseos son de inmediata significación social, y la satisfacción de los deseos corporales, es simultáneamente la creación de relaciones sociales”.

Aunque nuestra sociedad fuera separando cuerpo y espíritu a medida que se desarrollaba la escritura y fuera relegando el cuerpo al lugar de mero contenedor material de la mente, el hecho es que aún mantenemos simultáneamente esta misma asociación entre comida y sexo, esa misma centralidad no reconocida del cuerpo. Claude Lévi-Strauss (1964: 157) ya nos llamó la atención sobre “la analogía muy profunda que, en todo el mundo, el pensamiento humano parece concebir entre el acto de copular y el de comer, hasta tal punto que gran número de lenguas lo designan con la misma palabra”. Él se refiere al francés, que aplica el verbo “consumar” al matrimonio y a la comida, de lo que no se diferencia mucho el español, que utiliza verbos de la misma raíz (consumar y consumir). O baste recordar cómo la expresión “comer” una parte del cuerpo tiene una evidente connotación sexual, o la forma en que en la mayor parte de las culturas la vulva femenina recibe nombres de distintas frutas o animales comestibles. La cuestión es que, en opinión de Lévi-Strauss, la equivalencia más conocida “hace del macho el comedor y de la mujer lo comido” (Íbidem: 158), lo que (aunque Lévi-Strauss nunca se refiriera a ello) tiene hondas implicaciones en términos de género: a través de distintas asociaciones, la cultura coloca al hombre en la posición de sujeto y a la mujer en la de objeto de su consumo.

Resulta enormemente interesante profundizar en cómo opera la lengua y los significados no conscientes de una cultura, no sólo por el placer que otorga comprender los vínculos profundos que rigen las lógicas que nos guían, sino también para desenmascarar (“deconstruir”, diría Derrida) los dispositivos a través de los cuales esas lógicas se reproducen.

 

Bibliografía

awa, desigualdad de genero, indios amazonas, relaciones sexuales

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  • 18 de agosto de 2015 a las 1:01

    Estimada Almudena, Muy interesante el artículo (como todo lo que escribes!) sólo una anotación: ¿los Napo no están en Ecuador? Saludos!

    Por Jana
  • 20 de agosto de 2015 a las 20:27

    Upps¡ Sí, en efecto, fue un lapsus. De hecho, la referencia de la bibliografía ya te indica que, en efecto, son de Ecuador. Gracias por señalarlo, Jana.

    Por Almudena Hernando