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    “A mi queridísimo Federico, el único que me entiende. Firmado: su propio corazón”. Esta es la dedicatoria que Lorca se hizo a sí mismo en un ejemplar de su primer libro, Impresiones y paisajes, y uno de los documentos más curiosos que ofrece la exposición Jardín deshecho, abierta al público hasta el 6 de enero de 2020 en Granada. Comisariada por el hispanista estadounidense Christopher Maurer, es la primera muestra sobre el poeta centrada en la temática del amor. “Amó mucho...[Leer más]

  • Magallanes, Elcano y la vuelta al mundo

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    ExposicionesEl mundo no volvió a ser el mismo después de esta expedición. Doscientos treinta y nueve hombres y cinco naos partieron de Sevilla en 1519 en busca de una ruta por el oeste hacia la Especiería. Tres años después, regresaron dieciocho hombres y una nao, después de haber dado la vuelta al mundo. El Museo Naval de Madrid se une a la celebración del quincentario con la exposición Fuimos los primeros. Magallanes, Elcano y la Vuelta al Mundo, abierta al público desde el 20 de septiembre.

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    The Map House, LondonTrescientos años antes de que los estadounidenses llegaran a la Luna, un sacerdote y erudito alemán, Athanasius Kircher, dibujó un mapa de la cara visible de nuestro satélite. Este y otros tesoros pueden verse en una exposición que explora la historia de la cartografía lunar y celeste: The Mapping of the Moon: 1669-1969, hasta el 21 de agosto en la Map House de Londres.

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Sin corona de laurel

Campeón de carreras de montaña, deportista acostumbrado a batir récords en cualquier cordillera, Kilian Jornet es un hombre con un espíritu lleno de dudas y certezas. En su último libro, La frontera invisible, el alpinista reflexiona sobra la libertad durante una aventura en la naturaleza.

27 de noviembre de 2013

¿En qué consiste eso que llamamos civilización?

Tal vez sea una sustancia gaseosa en la que viven seres que besan sin quitarse los colmillos. O un aire al que se escapan átomos de hormigón que se incorporan a la materia que respiramos. O una disciplina en la que se impone el registro que identifica a la comodidad con el relleno de plumas de los cojines. Una civilización es, para gente como Kilian Jornet, algo que se define por su propia reacción: el sitio que te provoca el deseo de huir o, para ser menos trágicos, el deseo de salir a buscar.

¿A buscar qué? Esa es la pregunta que viene haciéndose Kilian Jornet y que seguirá haciéndose tras escribir La frontera invisible. La respuesta sencilla, la que dicta que se parte para intentar hacerse con aquello que no se tiene y que se pretende integrar, no es suficiente si se recurre al planeta de las palabras. En ocasiones, el lenguaje es un escollo en la educación sentimental.

De Kilian Jornet conocíamos su alma de atleta, sus récords en los Alpes, sus victorias en las grandes carreras de fondo sobre el terreno áspero de las montañas, o sobre la nieve que invita al patinaje. Si uno lee su anterior obra, Correr o morir, puede hacerse a la idea de frente a qué persona nos vamos a encontrar: un hombre que, con 55 kilos de peso y 32 pulsaciones en reposo, sería lo más parecido a los súper héroes mutantes del cine, de no ser por la existencia del alpinista suizo Ueli Steck. Uno de esos ídolos a los que siempre imaginamos colgándose medallas, y que ahora se pregunta si se puede ser un hombre sin corona de laurel. Porque La frontera invisible es un estudio sobre la soledad y el silencio, a la vez que nos muestra un viaje al fin del mundo. Hay mucho de espíritu juvenil en el planteamiento de una obra que confiesa nacer de lo vivido, pero no pertenece al mundo autobiográfico.

Kilian Jornet.

Kilian Jornet.

Kilian, protagonista y narrador, se embarca en un viaje a unas montañas de Nepal por las que nadie jamás ha pisado. Le acompaña un viejo amigo irlandés y un veteranísimo alpinista soviético que acaba de conocer. Se trata, en realidad, de culminar un proyecto muy especial, pero tratando de que no se entere nadie. Ha dejado atrás su otro amor, una mujer; pero le resulta inevitable volver la cara hacia la aventura, que en su caso se identifica con la independencia y con el riesgo, para darse cuenta de que vivir es hacerse preguntas y no encontrar respuestas. La vida al filo nos enseña que la seguridad es una ilusión mental, una trampa, para mantenernos atados a situaciones como las que se gestan dentro de eso que llamamos civilización. Los grandes dioses de la banca no sienten más seguridad que el bohemio pobre que vende pulseras en las esquinas.

A este joven, que sale en dirección a las cumbres y al afán por darse de bruces con el vértigo, le sobra sinceridad y le falta, como él viene a reconocer, la necesaria aceptación para vivir sereno. Constantemente, tanto en los diálogos que crea como en las descripciones que refleja, hay un trasfondo de lugares comunes inconfundibles, con los que dejar bien claro cuáles son las condiciones que él exige para sentirse vivo: volar, silencio, el mundo rural, la naturaleza, el respeto, la paz interior, los sueños, la lucha, el enamoramiento, el sufrimiento físico, el ahora, las fronteras, la montaña, la adrenalina…

“La montaña no es terreno para héroes”, dice uno de los amigos del protagonista. Ya no se trata de ser un ídolo. Ya no hay ambición, el deseo de ser alguien, el deseo de ser diferente, es decir, de creerse mejor. Y, “al no ser nada, solo soy yo”, expresa Kilian.

Que nadie se confunda: La frontera invisible no es una gran obra de la literatura. Ni lo pretende. A Kilian Jornet no se le pasaría por la cabeza la aventura de emular a Balzac. Él ya está trazando su ruta, y los demás seguiremos estando allí para admirar cómo va creciendo.

 

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  • 05 de diciembre de 2013 a las 12:30

    Aunque a menor escala, todos podemos sentir lo mismo que Kilian en nuestras pequeñas aventuras, cotidianas o extraordinarias que muchas veces, o siempre, dependen más de nuestra actitud que de la realidad. Subir una montaña, afrontar un reto, amar a alguien… No necesitan héroes si no personas con valor capaces no sólo de hacerse preguntas si no, y en esto disentimos, hallar las respuestas más adecuadas…

    Por Viajes de Primera
    • 05 de diciembre de 2013 a las 15:10

      Seguro que en la conveniencia de poner pasión para saber que la vida es esa cosa tan estupenda que te está sucediendo, es algo en lo que no disentimos ni Kilian, ni tú ni yo.
      Abrazos

      Por Ricardo Martinez Llorca