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    La fotógrafa y vídeo-artista Leila Alaoui (1982-2016) falleció trágicamente víctima de las heridas sufridas tras el atentado de Uagadugú, en Burkina Faso, el 15 de enero de 2016, cuando trabajaba en un reportaje sobre la condición de la mujer, por encargo de Amnistía Internacional. Una exposición en la Casa Árabe de Madrid homenajea su trayectoria y compromiso vital mostrando treinta retratos realizados por la autora en entornos rurales de Marruecos. Abierta al público hasta el 22 ...[Leer más]

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Histórico noticias



Stop en la remota Stuart Highway, Australia

Stuarts Well es una parada fundamental cuando se recorre la Stuart Highway, una carretera de casi tres mil kilómetros que muchos australianos quieren recorrer al menos una vez en su vida. En ella se encuentra la esencia misma de los viajes pioneros y del espíritu de frontera.

19 de enero de 2015

En el mapa aparece como si fuera un pueblo. O tal vez es el eurocentrismo aplicado a la lectura de mapas. Todo punto con nombre en una carretera nos lo parece. Y no es así. Es una estación. A noventa kilómetros al sur de Alice Spring. Se trata de Stuarts Well, una parada fundamental, en esta época y mucho más hace años, a la hora de recorrer la Stuart Highway, una carretera de casi tres mil kilómetros que une Port Augusta, en el sur de Australia, con Darwin, en el norte (maravilloso nombre para una  ciudad en la que la teoría de la evolución muestra toda su fuerza).

Este tipo de carreteras pioneras que abren nuevos territorios tienen dos utilidades: son un conector y una interfaz. Conectan puntos que de otra manera estarían irremediablemente separados o sólo accesibles tras complejísimos viajes. Así pasaba también con algunas de las primeras carreteras en el medio oeste norteamericano en su ruta hacia California. Y también son un interfaz entre lo que es mundo natural y lo que es mundo cultural. Cada uno de ellos aporta su bondad y su maldad. Generalmente, estas carreteras, como lo hacía el ferrocarril, van sembrando ciudades y campos de cultivo o pastoreo a lo largo de su territorio. En Australia esta vía ha provocado algo de ese fenómeno, aunque no en gran medida. Sigue siendo una conexión, un interfaz, una cicatriz en la inmensidad del único país que es un continente. Lo que la rodea sigue siendo territorio salvaje. No hay más  que ver cómo Alice Spring, la  ciudad situada en medio de Australia y en medio de la carretera, está también en medio de cinco desiertos que rivalizan en dureza y dificultad. Pueden pasar más de seis años sin que caiga una sola gota de agua.

La Stuart Highway proporciona a los australianos una sensación de unidad y de pertenencia. Su enorme país, de proporciones incomprensibles para un europeo, es accesible y perceptible gracias a las posibilidades que brinda esta fantástica carretera.  Tan importante es que la suelen llamar simplemente the track (el camino).

Stuart Highway, Australia.

Rafael Manrique.

Hoy esta vía es fácil de transitar. No ofrece ningún problema a no ser que el calor sea terrible, se desate una tormenta de polvo o, ya en el norte, se inunde irremediablemente. Cosas, todas ellas, que pasan con alguna frecuencia. A su izquierda y derecha salen carreteras sin asfaltar en las que no hay cobertura telefónica ni estancia alguna, y puede que en días no pase nadie por ellas. La experiencia y sensación de aislamiento, de peligro, de estar fuera del mundo conocido, de transitar por una  tierra primordial, es dramáticamente intensa.

Aún hoy la ruta es remota. Muchos australianos quieren recorrerla alguna vez en su vida. Desde el final de los años ochenta está asfaltada, aunque las altas temperaturas de la zona central contribuyen a su gran deterioro.

Por ella circulan esos largos camiones de tres cuerpos que se llaman trenes rodantes. Tienen una belleza entre prehistórica y futurista. Son la esencia misma de la vida en la carretera. Un detalle a medias curioso y romántico es que esta vía servía como aeropuerto al Royal Flyiang Doctor Service, con base en Alice Spring. Este servicio aéreo llevaba atención médica a lugares inaccesibles por otro medio. Algunas secciones de carretera se usaban como aeropuerto de emergencia y  estaban señalizados como tales a lo largo de la misma. Unas gotas de civilización, solidaridad y ternura en el inmenso y duro centro rojo de Australia.

El nombre de la vía recuerda a un explorador escocés llamado John McDuall Stuart (1815-1866) –ya saben, sólo recientemente hay australianos de origen; antes, todos eran inmigrantes. Sólo los aborígenes lo serían “de toda la vida” –. Stuart recorrió esta zona de sur a norte, y la actual carretera la sigue en muchos tramos. A lo largo de este territorio se puede comprar un bonito mapa con la ruta original. Fue un explorador eficaz, concienzudo y valiente, a la altura de Spike, Stanley, Lee, Burton… los grandes exploradores africanos. Enfermo y ciego por las calamidades sufridas en sus expediciones, regresó a Inglaterra, donde murió.

 

Un perfecto lugar de paso kitsch

Pero no les quería hablar de nada de esto sino de la estación Stuarts Well, que proporciona servicios múltiples en este lugar y que conserva el sabor, la forma y el ambiente de las primeras estaciones que se fueron estableciendo cuando se abrió esta carretera. Les decía que creíamos que se trataba de un pequeño pueblo. Pero no. Era una estación, un concepto bien diferente. Eso quiere decir que hay una gasolinera, desde luego, pero también múltiples servicios, teniendo en cuenta que la próxima zona habitada podía estar, en según qué épocas, bastante lejos. Así que dispone de todo lo necesario para el viajero: baños, duchas, tienda, restaurante y bar, donde se puede beber alcohol, por supuesto. De hecho, en la sopa del día se anuncia beer. Hay  bungalows para dormir un día o para usar como base para recorrer estos territorios fascinantes. Se trata de una especie de barracones con el encanto áspero de un campo de concentración. Posee un impactante gimnasio al aire libre, jardín, emús y ocas que se pasean por todo el recinto. Hay serpientes (estas no están  libres), cacatúas, billares, agua, placas solares, molinos para generar electricidad, chimenea, piscina, barbacoa, tendal, lavandería… Hasta wifi, que se anunciaba aunque no funcionara (recuerdo la mirada entre incrédula y compasiva de la camarera cuando le pregunté por ese servicio…). También hay guías a las remotas áreas que la rodean. Todo ello en un conjunto parecido a un desguace, o vintage si se prefiere, ordenado, eficaz y de estilo completamente kitsch. Nada sobraba y nada faltaba  para ser un perfecto lugar de paso.

Bar de Stuarts Well.

Rafael Manrique.

El tiempo apenas ha pasado por este lugar, y eso lo hace tan encantador. Tal vez muchos europeos o norteamericanos lo encontrarían horrible, pero no es así. Es la esencia misma del espíritu de frontera, de los viajes pioneros. Un lugar que, como tantos bares remotos, ofrecen la delicadeza de la que carece el paisaje. No hay ahí ni una concesión al lujo o a la elegancia. Todo es útil. Es la esencia misma del pragmatismo bien pensado.

Se junta en Stuarts Well todo tipo de gente: camioneros, turistas, aborígenes, moteros, funcionarios, viajeros, familias, comerciantes… Me llama la atención que no  suele ser mencionado en las guías como lugar de gran interés. Sin embargo, gran parte del desarrollo e historia de Australia se encuentra condensado en esta estación. Hay que recordar que Alice Spring no fue hasta hace poco una ciudad, sino una estación de la  primera línea telegráfica que conectó Australia con el resto del mundo y cuyo trazado prácticamente coincide con esta carretera.

Esta estación de servicios es un mundo completo y autosuficiente, una isla de civilización. Hoy, con la carretera en mejores condiciones y los actuales automóviles potentes y veloces, ha perdido parte de su importancia vital. Pero parar a comer o beber algo forma parte necesaria de un viaje al centro rojo de Australia, que, no se olvide, es una de las más antiguas de la corteza terrestre.

Sal y erosión

Lo que en su día fue un prado
es ahora un mapa.
La gran hendidura de la erosión
lo atraviesa por el centro,
retorcida, como si la página
estuviera truncada;

errática, lo recorre de una a otra punta
como si su línea dentada
fuese el gráfico de las finanzas,
que representara el alza productiva
de la sal subterránea,
y el declive en picado del granjero.

Sus penurias nacen todas
de esa indolente facilidad
con la que la excavadora
arrancó el mantillo
y despejó el prado
de los árboles que atraían el agua.

Y si bien fue sólo el principio,
en verdad de nadie es la culpa.
Nada había que nos pudiera
anunciar este cambio.
Lo que un día fue escarcha,
es ahora una costra de sal.

Philip Hodgins

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