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Con esa perfección casi extraterrestre

A la humanidad aún le persiguen varias preguntas y algún fantasma, restos arqueológicos para los que no encontramos explicación en nuestros manuales. Las ruinas de Tiahuanaco, en Bolivia, es uno de esos enigmas que ponen en evidencia las grietas de nuestro intelecto. 

19 de diciembre de 2016

Al menos una vez, tal vez una sola vez, pero al fin y al cabo una vez, creímos en extraterrestres. Quizás por esa humana necesidad de saber que hay respuestas a todas las preguntas, aunque nosotros no las tengamos. Pudo ser un momento de debilidad o de fuerza, un momento en que lo que vivíamos en el planeta azul no nos convencía, no nos gustaba o, incluso, nos aburría. Creímos en extraterrestres porque las cosas cercanas habían dejado de contarnos historias con finales sorprendentes y felices, porque en el cielo nocturno vimos una luz multicolor que no era un avión. Y la mente huyó, se escapó pensando que en otro lugar, siempre lejano y casi inalcanzable, otras vidas eran posibles. Y ese casi inalcanzable es importante, porque, a lo largo de los siglos, nadie ha demostrado con toda seguridad que fuera de la Tierra, ese extremo habitado del cosmos no existiese, y la idea no se abandona. Además, en aquel desconocido territorio debe suceder lo que aquí nos falta, sus habitantes no sólo viven mejor, sino que son mejores que nosotros, más listos, más capaces, más rápidos y, quizá, hasta más humanos. El hecho es que ellos podrían embarcarse en viajes entre galaxias y recorrer el universo que, para la humanidad terrestre, ha sido siempre un mapa misterioso lleno de rutas negras e inaccesibles, una aventura por encima de nuestros límites. Hasta la luna que vemos está demasiado lejos para el hombre.

Tiahuanaco. Viaje a Bolivia.

Luis Gago.

A la humanidad aún le persiguen varias preguntas y algún fantasma, muchos relatos que no se ajustan a un razonamiento ordenado y coherente, restos arqueológicos para los que no encontramos explicación en nuestros manuales ni en gruesos libros, pruebas que cuestionan nuestro método de validación de lo que es y no es Historia. Las ruinas de Tiahuanaco, en Bolivia, es uno de esos enigmas que ponen en evidencia las grietas de nuestro intelecto. Nos pasa con frecuencia, no sabemos encontrar las respuestas.

En contra de toda hipótesis arqueológica, existen muestras palpables de la presencia de la civilización sumeria en el altiplano andino. Una es el monolito de Pokotia, la estatua antropomorfa de piedra, de unos 170 cm de altura, que se descubre alrededor de 1960 en el sitio de Pokotia, a unos dos kilómetros de la ciudad de Tiahuanaco, muy cerca del lugar donde se halló la conocida como Fuente Magna, y ésta es una segunda evidencia. Se cuenta que una mañana de 1960 (según otros, alrededor de 1956), un campesino halló una vieja vasija de piedra en un terreno a 80 kilómetros de La Paz, en las cercanías del lago Titicaca. El objeto se convirtió en uno de los hallazgos arqueológicos más debatidos e inesperados de toda América. Se trata de un gran vaso de piedra con motivos zoomorfos y antropomorfos, con inscripciones que desafían a los expertos por su antigüedad y autoría. El significado de los signos fue descifrado usando los mismos criterios utilizados para la escritura sumeria, y se cree que fue hecha por sumerios que se asentaron en Bolivia alrededor del año 2.500 a.C., pero no se sabe cómo explicar esas inscripciones en un vaso encontrado cerca del Titicaca, a unos 3.800 metros de altura sobre el nivel del mar, en un punto alejado decenas de miles de kilómetros de la zona donde se dio la civilización sumeria.

Tiahuanaco. Viaje a Bolivia.

Luis Gago.

Los especialistas confirmaron que tanto el monolito de Pokotia como la Fuente Magna contienen inscripciones proto-sumerias y quellcas, el antiguo idioma del altiplano andino. Pero este reconocimiento no era el final de un debate, sino el principio de una afilada controversia, porque, descifrados los caracteres cuneiformes y comprobado su origen sumerio, la lógica se derrumbó y estalló el desconcierto. Una vez más, al abrir los cajones cerrados de la Historia, no había respuestas sino más preguntas.

Viaje a Bolivia.

Luis Gago.

Se observó la similitud entre las canoas de juncos del Lago Titicaca y las antiguas embarcaciones egipcias y sumerias, y  se empieza a hablar de que los sumerios pudieron llegar a Sudamérica navegando, primero a través del Océano Pacífico y luego, por el Atlántico. En la actualidad, existen pueblos polinesios que siguen atravesando el Océano Pacífico en barcos similares a los barcos de Totora. Esas canoas son todavía construidas por los Urus, una etnia que reside en la meseta del Collao, en territorios de Perú, Bolivia y zonas vecinas en Chile. En el pasado ocuparon territorios más extensos, y cuentan que fueron los primeros habitantes que llegaron hace más de 4.000 años. Algunos consideran que son la raza primigenia de América. El origen de este grupo étnico es diferente de los aimaras y quechuas, se remonta a épocas anteriores y fueron coetáneos de la cultura Tiahuanaco. Casualidad o no, los sumerios nombraron a sus capitales principales Uruk y Ur (Los Urs). Y aunque parezca algo casi extraterrestre, es difícil no aceptar la relación de los tiahuanacotas con civilizaciones mesopotámicas, a pesar de no entender cómo, por qué o para qué los sumerios se embarcarían en semejante odisea.

Tiahuanaco. Viaje a Bolivia.

Luis Gago.

Tiahuanaco fue el centro de una importante cultura preincaica, la cultura Tiahuanaco, que tuvo un puerto en el Lago Titicaca, aunque ahora se encuentre a 15 km de distancia de él, y a 70 km al noroeste por carretera de la ciudad de La Paz, a una altura de 3.885 metros sobre el nivel del mar. Es considerada la cultura madre de las civilizaciones americanas y fue una de las más longevas de América del Sur, con veinticinco siglos de duración. Se inició alrededor del 1580 a.C. a 1000 a.C., y colapsó alrededor del año 900 o 1000 d.C. Esta cultura conoció el bronce. De Tiahuanaco quedan sus restos, ruinas sorprendentes que dan testimonio de una extraordinaria civilización con asombrosas técnicas arquitectónicas y avanzados conocimientos astronómicos e hidráulicos, también con una excelente obra en cerámica y textiles. Hubo arquitectos capaces de construir una capital única y magistral, que levantaron fastuosos templos con líneas simples; hubo ingenieros que pusieron en práctica una excelente técnica urbanística; canteros que dotaron a la ciudad con bloques de piedra de dimensiones sorprendentes trabajados con minuciosa perfección. Tuvo expertos en metalurgia que fabricaron planchas de oro con las que cubrieron frentes de monumentos, y sabios que orientaron los templos astronómicamente con una precisión que hoy hace saltar de asombro a los ordenadores. Sin embargo, apenas sabemos nada, muy poco sobre sus orígenes, sus costumbres o creencias, su derrumbamiento.

Tihuanaco. Viaje a Bolivia.

Luis Gago.

La historia tradicional no parece capaz de explicar las incógnitas surgidas del esqueleto de esta urbe, y el enigma cobra mayor peso porque, según los historiadores, fueron los habitantes de Tiahuanaco quienes originaron la cultura Inca, la que se convertiría en el mayor imperio conocido en el hemisferio sur.

Tihuanaco. Viaje a Bolivia.

Luis Gago.

Si alguna vez creímos en extraterrestres, existen teorías que dan otra explicación, ofrecen una historia alternativa, y afirman que la antigua Tiahuanaco habría sido erigida a semejanza de la Uruk sumeria, que albergó también numerosas construcciones revestidas de oro, y que estas dos ciudades son obra de los dioses extraterrestres Anunnaki quienes habrían llegado a la Tierra, hace miles de años, en busca de metales áureos.

Quizá los hombres somos talentosos, pero ellos, los extraterrestres, podrían ser genios, porque, como decía Schopenhauer, “el talento alcanza lo que otros no pueden lograr, mientras que el genio alcanza lo que otros no pueden imaginar”.

 

Texto de Belén Álvaro. Fotografías de Luis Gago.

arqueología, tiahuanaco, viaje a bolivia, viajes culturales

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Comentarios sobre  Con esa perfección casi extraterrestre

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  • 19 de diciembre de 2016 a las 12:14

    Lo siento, pero me parece un artículo de reducido rigor. Cuanto menos se tendría que hablar mucho más de hipótesis que de “muestra palpable”. Que el monolito tiene escritura proto-sumeria (sea lo que sea eso) es defendido por una minoría y está muy lejos del consenso científico. Para empezar, las dataciones del monolito lo sitúan 4.000 años después de la escritura cuneiforme, así que la lógica se cae sola.

    Para más información: http://www.jasoncolavito.com/blog/sumerians-in-bolivia-afrocentrism-and-the-potokia-monolith

    Por Viaje al Patrimonio
    • 22 de diciembre de 2016 a las 16:13

      Como comento en mi perfil, escribo desde las vísceras, que es la forma de decir que escribo desde una emoción, desde un sentimiento, desde una duda, desde un miedo, desde un pensamiento, escribo sobre lo que me produce o evoca un lugar, un viaje, un encuentro y esto, no responde al rigor, por eso, mis textos no lo buscan. Leo y me informo como toda escritora, y me nutro de lo vivido como toda viajera, pero a menudo, me quedo con lo minoritario, con lo extraño, hasta lo absurdo para mí puede cobrar sentido si evoca una emoción que intento trasladar al lector. Si alguien busca el rigor debe acudir, como yo acudiría, a los estudios de expertos e investigadores, pero por supuesto, le agradezco su comentario.

      Por Belén Alvaro
  • 04 de marzo de 2017 a las 5:38

    Y que decir de la Fuente Magna?… Los científicos no se han puesto de acuerdo si es verdadero o falso (falta de profesionalismo o conocimiento quizás). No se puede borrar la historia de un plumazo..Los Urus han estado por milenios en el altiplano boliviano son los más antiguos y tienen su propio idioma el Uru…que hayan similitudes con la Ur de la mesopotamia y hayan encontrado escritura cuneiforme en la fuente magna,  de  analogías por el nombre UR o URUS quizás no sea culpa de esta página, sino más bien,  porque la historia y algunas evidencias aún sostienen estas conexiones entre civilizaciones antiguas..

    Por Ricardo