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    La fotógrafa y vídeo-artista Leila Alaoui (1982-2016) falleció trágicamente víctima de las heridas sufridas tras el atentado de Uagadugú, en Burkina Faso, el 15 de enero de 2016, cuando trabajaba en un reportaje sobre la condición de la mujer, por encargo de Amnistía Internacional. Una exposición en la Casa Árabe de Madrid homenajea su trayectoria y compromiso vital mostrando treinta retratos realizados por la autora en entornos rurales de Marruecos. Abierta al público hasta el 22 ...[Leer más]

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Histórico noticias



Todos los caminos conducen a Roma

Junto al masificado Camino de Santiago, resurge una de las más antiguas sendas de peregrinación: la que lleva a Roma por la Vía Francígena. Kilómetros de arte, historia, cultura, gastronomía y espiritualidad, que Raúl Santiago Goñi ha recorrido a la antigua usanza, a pie.

19 de septiembre de 2014

Objetivo: cumplir los cuarenta en Roma tras andar 2.149 kilómetros a pie desde Canterbury, en Inglaterra, hasta Roma a través de la Vía Francígena, también denominada “el otro Camino”. Sobra decir que el Canal de La Mancha no se atraviesa a pie por cuestiones físicas y la ley de la gravedad. Y en esas he salido desde la misma Catedral de Canterbury, en un viaje no extremadamente lejano pero sí solitario por la poblada Europa a través de Inglaterra, Francia, Suiza e Italia.

Pero, ¿qué es la Vía Francígena? Resulta ser la gran autopista de Europa, desde una temprana Edad Media en la que un tal Sigerico, que con cuarenta años fue nombrado Obispo, hizo que sus sandalias le llevasen desde Canterbury, ciudad en la que residía, hasta Roma. Al igual que unos dan la vuelta al mundo en ochenta días, Sigerico llevó a cabo su camino en otros ochenta días, pero de los del año 990. Unos veinte kilómetros por jornada, que es la media de kilómetros propuesta en mi caso.

Señal de la Vía Francígena.

J.P.Lon. Wikipedia.

La fiebre de las peregrinaciones

De aquel viaje queda hoy la ruta de peregrinación de gran distancia entre la ciudad inglesa de Canterbury y Roma. Es la ruta más conocida de entre las que atravesaban toda Europa camino a la tumba de los apóstoles Pedro y Pablo, si bien existen otros caminos que llevan a Roma y son llamados también Vía Francígena, como aquél que parte desde Santiago de Compostela, o desde la ciudad de Stade, en el norte de Alemania (la Via Romea de Stade).

En 1985, un arqueólogo y antropólogo italiano llamado Giovanni Caselli se interesó por los itinerarios tradicionales europeos que llevaban a Roma en la antigüedad. Caselli es especialista en arqueología de caminos y rutas, y centró su estudio en la Vía Francígena, eje principal de las múltiples ramificaciones que se diseñan en medio de Europa, desde el mar del norte hasta la capital del antiguo imperio romano.

También en los años 1980 el Consejo de Europa declaró el Camino de Santiago como el primer itinerario cultural europeo. Comienza la fiebre de las peregrinaciones. Si bien entonces sólo eran una centena los peregrinos que pedían la compostelana en Santiago, a finales de la primera década del siglo XXI el número de peregrinos sobrepasa los doscientos mil. Un incremento exponencial que sin duda hace que nos preguntemos las razones del despertar de las peregrinaciones. Algo similar ocurre y ocurrirá con la Vía Francígena.

Yverdon-les-Bains, Orbe.

Alain Rouille, Flickr.

Llama poderosamente la atención la necesidad de muchas personas de comprometerse con caminos religiosos precisamente cuando, en los tiempos que corren, la sociedad vive un período de agnosticismo y secularización occidental y de iglesias vacías. Por eso sorprende que la razón religiosa y espiritual siga siendo la prioritaria en estas caminatas, frente a otras razones de tipo deportivo, cultural, turístico, etc.

A día de hoy, la Vía Francígena queda lejos todavía de la afluencia de peregrinos del Camino de Santiago; sin embargo, aumentan los caminantes que buscan alternativas a la ruta jacobea debido a la alta presencia de personas. De ahí que cada vez haya más peregrinos osados que viajan hacia Jerusalén a través de Grecia, Turquía y Oriente Próximo. Sin embargo, Roma resulta un destino más accesible, y la Vía Francígena, una manera diferente de llegar a la capital de la Cristiandad.

 

Origen de la Vía Francígena

El viaje a pie, ida y vuelta, del arzobispo de Canterbury, Sigerico, en el año 990, fue una especie de inauguración de la Vía Francígena. Hizo los dos mil kilómetros en ochenta días, desde Canterbury a Roma, cruzando Francia, Suiza e Italia, y volvió andando. Éste se considera el trayecto oficial; sin embargo, hay documentos medievales –el Chronicon Novalicense del siglo XII– que llevan la Vía Francígena hacia los Alpes, por el oeste, hasta Montginèvre, dirección Briançon, y que excluyen a Suiza como trayecto de la vía, pasando por el italiano Valle de la Susa.

 

Etapas

Aunque son numerosas las rutas que conducen a Roma, desde un punto de vista práctico son dos los caminos principales. Uno de ellos, el más documentado, es el que desde Canterbury, en Inglaterra, cruza Francia, Suiza e Italia para llegar al Vaticano. El otro es el que une Santiago de Compostela, en España, siguiendo a la inversa el Camino Jacobeo, para adentrarse por Francia y llegar a Italia por los Alpes, juntándose con la Vía Francígena oficial.

El camino oficial, declarado de interés cultural por la Unión Europea en 1994, es el que se está desarrollando más rápidamente. En Francia, tanto la estructura de los GR (sendas de Gran Recorrido) como el interés turístico permiten que la Vía Francígena esté construyéndose al mismo nivel que el Camino de Santiago en cuanto a infraestructuras apropiadas para los peregrinos. Lo mismo ocurre en Suiza, donde es muy fácil recorrer el país sin ningún tipo de pérdida. Y también en Italia son conscientes de la importancia del tránsito de peregrinos por sus caminos, como prueba que cada año son más los albergues y hostales que se abren. Con todo, el camino que viene de Santiago es, sin duda, uno de los mejor habilitados, ya que aprovecha los albergues y señalizaciones que, desde hace años, se construyeron para el paso de peregrinos hacia la ciudad compostelana.

 

La ruta de la Vía Francígena

Es cierto que, a día de hoy, la ruta no está acondicionada en su totalidad. Cada tramo de la Vía Francígena está a merced de los intereses turísticos –y por ende económicos– de las zonas por las que pasa. Así, por ejemplo, en Francia, cada región es la que se encarga de señalizar los tramos de la Vía, y esto hace que resulte dificultoso encontrar el camino. Asimismo, si bien existen algunos libros sobre la ruta, prácticamente ninguno la recorre en su totalidad. Ni siquiera hay un mapa completo.

Italia es el país que más se ha preocupado por recuperar la vía en los últimos años, lo que ha hecho que sólo se considere la Vía desde el Valle de Aosta, en la parte italiana, al igual que sólo se considera el Camino de Santiago desde los Pirineos, en su parte española. Aparte de que la mayoría de los peregrinos no cuenta con más de treinta días para realizar de una vez todo el trayecto…

Por su parte, Suiza aprovecha la ruta 70 de su famosa red de caminos Suisse Mobile como tránsito de la Vía Francígena.

Pero, ¿por dónde pasa? ¿Qué podemos ver en la Vía Francígena? Inglaterra sólo consta de una etapa. Es el tramo más corto e incómodo por lo que supone de gastos, ya que hay que llegar a Inglaterra para salir desde Canterbury. Sin embargo, tanto por su belleza como por su historia, es imprescindible iniciar la travesía desde esta ciudad. De hecho, el punto de partida es la propia Catedral de Canterbury, donde se puede conseguir la credencial del peregrino. Canterbury y su catedral, una de las más bellas de la cristiandad, nos recuerda a Santo Tomás de Aquino, a San Agustín y al cisma de la Iglesia anglicana. Desde allí se atraviesan pequeños pueblos de la campiña inglesa, bosques y praderas hasta llegar a Dover, donde su castillo y acantilados nos acogen antes de continuar nuestro viaje por el continente.

Llegamos a Francia, a la costa de Calais, en ferry. También en barco cruzaría el Arzobispo Sigerico, aunque, en la antigüedad, las embarcaciones que atravesaban el Canal de La Mancha llegaban directamente al puerto de Strouanne, y no a Calais. Descartamos esta opción, por no encontrarse ya ningún puerto en este punto. El recorrido por Francia es predominantemente llano, con algunas colinas y pocas subidas pronunciadas. Atraviesa las regiones de Nord Pas de Calais, Picardie, Champagne-Ardenne y Franche-Comté. Es a partir de Besançon donde empiezan las fuertes cuestas de aproximación a la cordillera franco-suiza del Jura.

Atravesar esta parte de Francia es recorrer su historia y su arte. El mismo camino principal, la llamada Calzada Brunehaut en memoria a una reina gala martirizada en esta vía, era la ruta por la que los romanos cruzaron en línea recta por todo el continente para llegar a las costas de Gran Bretaña. Nos encontramos con lugares de batalla de las dos grandes guerras del siglo XX, cuyos cementerios militares de todas las nacionalidades todavía nos recuerdan la barbarie humana; Arras, Reims y su catedral, que nos habla de Juana de Arco; Châlons en Champagne, rodeada de viñedos y bodegas, etc.

Hay que destacar que numerosos puntos de la Vía Francígena por Francia se cruzan con los más importantes caminos que llevan a Santiago de Compostela, aunque no están del todo indicados todavía. Por ello, y pese a que la mayor parte del camino se realiza a través de rutas GR, se recomienda proveerse de mapas de las regiones e ir pidiendo información en cada oficina de turismo que se encuentre.

Cruzamos la cordillera del Jura para llegar a Suiza, con el ánimo de que en las próximas etapas todo será cuesta abajo y reposaremos cerca del lago Leman un rato. Entrar en el país helvético es entrar en una postal, aunque adulterada a veces por los búnkers que los suizos construyeron durante la Segunda Guerra Mundial. Tras atravesar varios pueblitos llenos de edificaciones románicas, se llega a Lausanne, el principal cruce entre el Camino de Santiago y la Vía Francígena por Suiza.

Quizá el paisaje más bello de toda la Vía Francígena se desarrolla por la ribera del lago Leman, entre las localidades de Lausanne, Vevey y Montreux. Un paisaje rodeado de bonitas montañas alpinas, viñedos en pendientes escarpadas y un lago perfectamente conservado. Y la guinda: el Castillo de Chillon, en el que se inspiró Lord Byron para algunas de sus más famosas obras.

Suiza, para el peregrino, termina con una visita a los perros San Bernardo en el puerto que lleva su nombre, en la frontera alpina entre Suiza e Italia. Allí se encuentra el lugar más alto de Europa abierto todos los días del año, que lleva en funcionamiento más de mil años, desde que lo fundara el propio San Bernardo. Zona de paso de ejércitos, reyes, viajeros y peregrinos, conserva entre sus muros numerosos tesoros, al amparo de los pocos canónigos que todavía viven allí.

Lago en el paso de San Bernardo.

Simo Räsänen, Wikipedia.

El recorrido está perfectamente indicado con la denominación Route 70 o VF70, dentro de la desarrollada red de caminos de montaña suizos. La carretera antigua que lleva a la frontera entre Suiza e Italia a través del puerto del Gran San Bernardo sólo permanece abierta entre el 15 de junio y 15 de octubre, por lo que se recomienda acudir en estas fechas si se quiere atravesar por el paso histórico (aunque sea verano, es aconsejable llevar algo de ropa de abrigo, por estar el puerto situado a casi dos mil quinientos metros de altitud); si no, se puede acceder mediante autobús atravesando el túnel del Gran San Bernardo.

Y por fin llegamos a Italia. Descendemos por la parte más larga de la Vía Francígena – ¡faltan  aún mil kilómetros para llegar a Roma!–, pero sin duda la mejor equipada. Encontraremos alojamientos propios de peregrinos e indicaciones claras prácticamente en todas las localidades de paso. Las principales regiones de paso son Val d’Aosta, Piamonte, Lombardía, Reggio Emilia, Toscana y Lazio. Romanticismo bucólico en estado puro.

Caminando de norte a sur por Italia comprendemos la multiculturalidad de un país relativamente nuevo, la diversidad de paisaje y de acentos. Desde el profundo Valle de Aosta, en donde el francés es también lengua oficial, hasta las regiones llanas y arrocera de Emilia Romagna. ¡Y la famosísima Toscana! Una región que nunca decepciona; es más, una región que sorprende por su variedad paisajística y cultural. La misma puerta de la Toscana, en el Paso de La Cisa, en los Apeninos, ya es un anticipo de lo que se verá después, tras pasar la Costa de Liguria y ciudades como Lucca, Monterriggioni, San Gimignano o Siena.

Los últimos kilómetros por Italia antes de llegar a Roma son un compendio de historia. Se comprende el peligro de un país dividido en pequeñas ciudades-república en las que el enemigo era cualquiera fuera de sus murallas. Se admiran las construcciones religiosas y civiles plenas de belleza renacentista. Y se descubre la relación del pueblo italiano con la Iglesia Católica desde siglos atrás en localidades como Acquapendente, donde existe la copia más antigua del Santo Sepulcro de Jerusalén; en Bolsena, donde nació el mito del Corpus Christi católico; en Montefiascone, donde residían los Papas, o en Viterbo, donde nació el término “cónclave” gracias al hartazgo del pueblo, que encerró a los cardenales hasta que eligieran nuevo Papa. Y cómo no, Roma, El Vaticano, a donde llegar como peregrino tras haber recorrido toda Europa no es lo mismo que llegar como turista o peregrino de avión.

Todavía ir a Roma desde Canterbury es una especie de aventura, tal vez como pudiera haber sido el Camino de Santiago allá por los años sesenta del pasado siglo XX, pues la señalización aún resulta precaria y ciertamente confusa en numerosas partes del trayecto.

Duele el escribir que la Vía Francígena no es más que una metáfora de la vida, porque la vida pasa rápido, incluso si la mochila que llevamos pesa más de la cuenta. Duele porque duelen las despedidas cada mañana tras el café con bromas y brioche, y duelen de gozo los nuevos encuentros. Porque el camino también pasa rápido, pero llena de esperanza el oler a nuevo cada mañana, aun sin saber dónde vas a comer o dormir. Porque cada metro del camino es una grata sorpresa, incluso si está mal señalizado.

 

Raúl Santiago Goñi

Periodista freelance, además de caminante y peregrino, es el fundador de la Asociación de la Vía Francígena en España, de la que es su presidente. Trabaja también como diseñador de periódicos en el Caribe, redactor de proyectos de cooperación internacional, profesor universitario en diferentes universidades españolas y latinoamericanas y community manager, aunque su pasión es la de descubrir nuevos y antiguos paisajes y paisanajes a ritmo humano, a pie.

peregrinaciones, vía francígena

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