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Imagen de la India

JULIAN MARIAS

Editorial: LA LINEA DEL HORIZONTE EDICIONES
Lugar: ESPAÑA
Año: 0
Páginas: 112
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda

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Finales de los cincuenta. ¿Quién sabía algo de India? Los hippies españoles, que veinte años después aparecieron por ahí, aún no habían nacido, pero era el país con el que había soñado Julián Marías desde niño y la ocasión le llevó hasta ese fascinante país gracias a un congreso de Filosofía. Marías abre los ojos de par en par. Todo le interesa, todo le conmueve y en ese primer acercamiento ya da cuenta de manera sencilla, como un viajero más, de los grandes temas que conforman una sociedad tan compleja y distinta. Un texto que no ha perdido la frescura con la que fue escrito y que podría pertenecer a un viajero sensible de hoy día.
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La Línea del Horizonte Ediciones




Viajar, dibujar, viajar… Cuadernos de viaje

Los cuadernos de viaje están en peligro de extinción. Ya no hay tiempo para pararse a pintar, para esbozar con rápidos trazos el dibujo de un lugar, de una planta, de un indígena o de un animal. Aun así, todavía hay trotamundos que viajan con Moleskine para dibujar.

23 de mayo de 2013

Dibujaba mucho antes de empezar a viajar.  Y antes de dibujar –por lo que me cuentan, aún antes de mis primeros recuerdos– ya me gustaban los animales. Yo quería viajar para ver animales y dibujarlos en su entorno natural. Pero vivimos en un país –casi en un mundo– en el que es imposible ganarse la vida dedicándose a dibujar animales. Entonces los documentales entraron en escena acaparando mi vida profesional, devorando mi tiempo y convirtiéndose en una nueva meta. Era una forma perfecta para alcanzar objetivos; el nacimiento de una nueva pasión. Pero las pasiones racionales nada tienen que ver con aquéllas que salen de tu interior.

Cuaderno de viaje.

Fernando González Sitges.

Empezaron los rodajes por todo el mundo y pude ver, cara a cara, los animales con los que tanto había soñado. El mundo salvaje que los rodeaba era de una belleza sobrecogedora. Y el reto de rodarlos resultó una tarea complicada y apasionante. Preparaba un viaje durante meses, organizaba todo lo necesario para enfrentarme con los retos de un terreno complicado, unas burocracias tercermundistas, enfermedades, frío, calor, mares violentos… Y finalmente conseguía ponerme delante de mi objetivo de rodaje. ¡Éxito! ¡A rodar!

Cuaderno de viaje.

Fernando González-Sitges.

Pero, en ninguno de esos extraordinarios encuentros con la cámara por delante, la pasión por el cine y el documental ha suplantado al deseo de dibujar todo aquello que me gusta. No hay excepciones. Siempre que me encuentro en un lugar remoto, rodeado de una naturaleza intacta, de gente sorprendente y, sobre todo, de animales salvajes únicos, mi primer deseo, el más fuerte, es dibujarlos. Casi doscientos documentales y la necesidad de pintar, de dibujar, sigue intacta; como en el colegio, como en la universidad, como en casa, como siempre. Eso no deja de ser un problema. Cuando diriges un equipo no puedes llegar, tras semanas de privaciones e incomodidades, delante de tu objetivo y decirle al cámara: “Espera un momento que voy a hacer unos apuntes del tigre”. ¿Cómo aplacar entonces el deseo irrefrenable de plasmar en papel esos lugares y momentos tan extraordinarios? El remedio lo inventaron hace mucho tiempo los grandes viajeros de la Historia: haciendo cuadernos de viaje.

Cuaderno de viaje con dibujo de la tumba de Shackleton.

Fernando González-Sitges.

En el mundo apresurado en que vivimos, los cuadernos de viaje están en peligro de extinción. Ya no hay tiempo para pararse a pintar, para esbozar con rápidos trazos el dibujo de un lugar, un animal o un indígena. Dibujar, pintar, lleva tiempo. Y el tiempo es el bien más escaso en nuestra sociedad. Incluso entre los viajeros más avezados. Siempre hay que volver rápido, hay etapas que cumplir, hay presupuestos que se agotan y compromisos que no admiten demora. Ahora todo el mundo dispara sus cámaras o móviles aunque no entiendan el arte que encierra la fotografía: disparan, las cuelgan en la red y transmiten en tiempo real sus vivencias en frases cortas y fotos rápidas. Minuto – resultado. Casi parece importar más la cosecha de “me gusta” que obtenga en Facebook cada foto que la apreciación y el placer de observar aquello que se fotografía.  Como un vicio adquirido, nos acostumbramos al consumo rápido; algo así como el fast food pero en viaje. Cuántos llegan delante de una familia de elefantes o de un grupo de leones y comentan a los dos minutos un “¡visto!”, y siguen ruta hacia otros objetivos. Eso sí, en los dos minutos, ciento veinte fotos. Una por segundo. A veces ni levantan la cabeza de la cámara o de la pantalla del teléfono multiusos.

Estas situaciones me recuerdan irremediablemente al comentario de Karen Blixen en una de sus cartas a su hermano, donde hace una referencia a un soneto de Musset que dice:

“Fíjate qué poca cosa es la gloria en la Tierra

que por muy bello que sea ese retrato, no vale,

créeme bajo palabra, lo que un solo beso de la modelo”.

Lo que me asusta no es que, mayoritariamente, se consiga el retrato y no el beso; es que se prefiera el retrato, la foto, el “me gusta”, a la vivencia.

No pretendo hacer una crítica sino retratar una tendencia, una forma cada vez más extendida de ver, de saborear un mundo que se nos hace pequeño día a día. En ese mundo ajetreado e hiperactivo donde la información se lee en tweets  y pocos aguantan vídeos de más de dos minutos, los cuadernos de viaje son un anacronismo delicioso, una isla de tiempo, de calma, de observación, de disfrute. Nadie hace un cuaderno con prisa, nadie lo puede hacer.

Cuaderno de viaje de Noruega.

Fernando González-Sitges.

Hay momentos en todo viaje en el que uno se siente lleno, realizado, feliz, creativo. Te sientas bajo un árbol, en la cubierta de un barco o en la arena de una playa; sacas un lápiz y tu cuaderno, y esbozas, manchas, pintas, observas; sobre todo, observas. Los dibujos no copian tanto una realidad como expresan una síntesis de sensaciones, de olores, de percepciones de todo cuanto te rodea. Hay veces que, a mitad de un apunte, vuelves a observar, te paras, y la realidad te atrapa hasta olvidar lo que estás haciendo. No importa. El cuaderno no es una meta, es un medio para parar el tiempo y disfrutar del viaje, del mundo. Y en las páginas inacabadas queda retratado con precisión y trazo invisible el momento y las sensaciones vividas, aquellas que te hicieron dejar de dibujar.

Cuaderno de viaje con dibujo de rinoceronte.

Fernando González Sitges.

Años después, al abrir un cuaderno de viaje, los recuerdos vuelven con una intensidad que ninguna foto consigue. Vuelven los sonidos, los olores, la luz, la emoción. Los dibujos y los textos se completan con una pluma encontrada, la etiqueta de una cerveza, una nota de un amigo local o gotas de sudor o barro. Y como te ocurría mientras lo estabas escribiendo, hay veces que dejas de leer y tu imaginación, tu espíritu, vuelve a escaparse de la realidad y vaga, libre, por los mismos lugares.

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Comentarios sobre  Viajar, dibujar, viajar… Cuadernos de viaje

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  • 24 de mayo de 2013 a las 10:27

    Es una pena que que no dispongamos de más tiempo para viajar relajadamente y poder hacer eso, escribir y dibujar las impresiones del viaje. Con el paso del tiempo esos cuadernos adquieren mucho más valor para nosotros. Estupenda entrada y estupendos cuadernos!

    Por Pilar con autocaravana
  • 06 de junio de 2013 a las 12:19

    Querido Fernando,
    no se si escribes mejor que dibujas o dibujas mejor que escribes, me gusta ver como describes tus sentimientos y emociones, los cuadernos una maravilla, y si además son sobre viajes que es la afición que compartimos pues ya me tienes como tu ademirador numero uno. Te mando un gran abrazo!!
    Josemi

    Por Jose Miguel Garcia Sanchez
  • 12 de septiembre de 2013 a las 14:04

    Tus cuadernos de viajes más parecen maravillosos. Los puedo conseguir en alguna librería ?

    Por Paloma
  • Pingback: Artistas viajeros, nómadas creativos recorriendo el mundo