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29 de mayo de 2017
“Venecia quizá se aferra más a uno por no tener polvo que por cualquier otro ...
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Hijos del Nilo

XAVIER ALDEKOA

Editorial: PENINSULA
Lugar: BARCELONA
Año: 0
Páginas: 312
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda

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El Nilo siempre ha tenido quien le escriba y ha dado relatos magníficos. Los dos nilos, blanco y azul  de Alan Moorehead y las páginas que le ha dedicado Javier Reverte son algunos clásicos, pero el periodista Xavier Aldecoa vuelve  a recorrer sus orillas con otro  propósito: el del cronista a la búsqueda de pequeñas historias que nos  desvelen a  nosotros, los lectores, las circunstancias actuales  de los pueblos asentados en sus orillas. Como nos dice el autor "el Nilo sigue siendo cuna del mestizaje de las grandes culturas africanas y mediterráneas de ayer y hoy", y por ello todos somos hijos de sus aguas, todos  compartimos la lucha contra sus dictaduras, contra la desigualdad y los mismos anhelos de libertad y progreso.
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Viaje a las naturalezas simples

Todos los viajes son ese único viaje vital y letal, y las naturalezas simples lo saben. Les propongo hacer un trayecto con ellas, porque existe una aventura perfecta, variable y liviana cada día. Un viaje a ninguna parte y a todas las partes que son, en realidad, ninguna.

30 de marzo de 2017

Los viajes terminan, o tal vez, no hay viajes en plural sino un único viaje, que también termina.

Después de unos cuantos aeropuertos, una tiene la impresión de que busca a miles de kilómetros lo que va a encontrar a unas decenas de pasos o a unos cientos de metros. Con el tiempo, la duda se convierte en la última y más fangosa lección del viajero, que empieza cuando comienza a poner en tela de juicio la identidad de su impulso trashumante, de su carnet de trotamundos, y reconoce en su pulsión la expresión de una huida encubierta.

Filosofía del viaje

Belén Alvaro.

Filosofía del viaje

Belén Alvaro.

Tras varias salas de embarque y otras tantas estaciones, una percibe con la intensidad de quien no quiere darse cuenta, que la vida es tremendamente similar en cualquier punto del globo; que entre el origen y el destino se imponen las similitudes y no las diferencias.

Al preguntar el porqué del viaje y el aún más importante para qué, la respuesta gira entorno a la búsqueda de lo nuevo, de la aventura; se menciona el hecho de estar tranquilos, desconectar de la rutina, cambiar de aires. Es fácil afirmar que uno viaja porque su entorno ya no le ofrece nada nuevo, ninguna aventura interesante, aunque la infancia nos demuestre a diario lo contrario. Lo fácil es creer que habitamos lugares incompatibles con la calma y henchidos de rutinas, enclaves donde el aire está viciado, donde no es posible asirse a un rincón verde para reanimar los pulmones.

A fuerza de desaprender, una advierte que para las anteriores preguntas hay respuestas similares, respuestas que no tienen que ver tanto con el lugar como con la gente que nos rodea en ese lugar. No se viaja para cambiar de sitio; se viaja para cambiar de personas, aunque los motivos que empuñemos hablen de todo menos de eso.

Filosofía del viaje

Belén Alvaro.

Filosofía del viaje

Belén Alvaro.

Les propongo un viaje sin personas, en solitario, hacia destinos en los que físicamente no cabe un ser humano. Les propongo un viaje que puede durar apenas una hora o el tiempo que decidan arrancarle a la mañana. Un camino a pie, del que les dejo fotografías sin sello de calidad, tomadas con un móvil de bajo precio, hechas en un parque que podría ser el que tienen a la vuelta de su esquina. Les propongo una ruta cercana pero no un viaje a lo cercano; porque, por desgracia, no hay nada más lejano al hombre que un viaje a las naturalezas simples.

Les propongo salir al jardín, a la maceta de la ventana, al monte de al lado o al pasillo verde del barrio; ir en busca de su novedad, su propia aventura, su calma y su falta de rutinas, y renovar el aire estancado con ese otro aire en movimiento constante. Les hablo de observar horizontes donde nada se repite, cambiantes hora a hora, minuto a minuto; donde en unos pocos segundos las condiciones climáticas transmutan el color y las formas. Es el viaje a ninguna parte y a todas las partes que son, en realidad, ninguna. Les propongo pequeños paisajes en los no hallarán huella humana conocida; paisajes que ya conocen y han recorrido, pero que pasaron desapercibidos bajo sus pies, y a sus ojos.

Filosofía del viaje

Belén Alvaro.

Filosofía del viaje

Belén Alvaro.

Avanzar hacia este destino es tan fascinante como alcanzarlo. Les propongo desembarcar en una Ítaca diferente cada día. Mucho de lo que el hombre produce, emula los perfiles, las dinámicas y la utilidad de estos diminutos lugares siempre al alcance del bolsillo, porque sigue siendo cierto que nada con lo que se pueda comerciar vale la pena. Son las construcciones más prodigiosas, las esculturas mejor talladas, los espejos del corazón de la tierra, su luz, no sus tinieblas. Estos parajes tienen una profundidad y una ligereza que el ser humano no logra, porque se nos escapa la magia y se nos escapa el misterio entre tanta lógica metódica. Sin embargo, creemos que esa magia y ese misterio están ahí para el hombre, y nada más falso.

Estas geografías existieron antes de la primera mujer, y seguro existirán después de que la última de ellas cierre la Historia y declare el final la humanidad. Todas esas naturalezas pequeñas y silenciosas, terrenalmente bellas, omnipresentes y poderosas, continuarán cuando desaparezcamos, abonando nuestras grises ciudades vacías. Se comerán las ruinas de nuestros coches sin conductores, las baterías de nuestros teléfonos móviles, el cristal de las pantallas y el asfalto de las calles despobladas; cubrirán con sus raíces nuestras tiendas y artículos de consumo; se instalarán sobre los muros de nuestras oficinas y universidades, envolverán miles de kilómetros de cables y millares de tuberías perforadas en la corteza terrestre para trasportar el petróleo o nuestras aguas fecales.

Filosofía del viaje

Belén Alvaro.

Filosofía del viaje

Belén Alvaro.

Lo sabemos, el silencio no está sólo en una playa amplia y deshabitada, en la cumbre de un ocho mil por encima de las nubes, o en el interior de las ruinas de Angkor Wat. La calma no está sólo en el rumor del agua del Mar de Andamán, en la mata atlántica y la armonía de sus pájaros, en una habitación de hotel soleada y bien ventilada donde se cuela el atardecer del Pacífico. La aventura no es sólo cruzarse en bicicleta el continente africano, nadar entre grandes mamíferos, probar nuevas condiciones de vida y supervivencia. Una aprende, después de algunos viajes, que a veces a los trayectos cortos le corresponden idénticas experiencias que a las largas distancias.

Y aprende que un paso voluntario por ínfimo que sea, incluso dentro de una celda, es un gesto claro de libertad. Aprende que hay que saber caminar sin estar preocupado por ganarse el pan, pero lo suficientemente lúcido para no descuidar la salud básica.

Hablo con personas que dicen que del viaje no buscan ni calma ni silencio, tal vez hoy no, pero a todos nos llega un día en que sí. Y ese día suele coincidir con el momento en que avistamos la arista mortal del precipicio, el instante en que recordamos el contrato que firmamos para entrar en la Tierra y, en concreto, la cláusula que dispone que saldremos de ella. Todos los viajes son ese único viaje vital y letal, y las naturalezas simples lo saben. Les propongo hacer un trayecto con ellas, porque existe una aventura perfecta, variable y liviana cada día.

Filosofía del viaje

Belén Alvaro.

Experiencia de Viaje, Filosofía, grandes viajes

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Comentarios sobre  Viaje a las naturalezas simples

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  • 20 de abril de 2017 a las 10:17

    Fantástico artículo, Belén. Muchas gracias. Es tremendamente inspirador. Otra vez más gracias.

    Por Javier Cacho
    • 26 de abril de 2017 a las 19:44

      Muchas gracias a ti, Javier, por esas palabras que animan este viaje a las naturalezas simples.

      Por Belén Alvaro