Azímut

20 de noviembre de 2017
“Estamos a punto de salirnos del mapa”. George Mallory.
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Japón perdido

ALEX KERR

Editorial: ALPHA DECAY
Lugar: ESPAÑA
Año: 0
Páginas: 304
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda

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Al igual que el suizo Nicolas Bouvier, Alex Kerr conoció el Japón de los sesenta, tan extraño aún a occidente, tan sumido en la incógnita que depararía el vertiginoso auge económico de las décadas posteriores. Bouvier quedó afectado de japonismo para siempre y volvió en otras ocasiones. En el caso del norteamericano  Kerr su japonismo le dejó clavado en el país hasta hoy convirtiéndose en un experto en arte y tradición japonesa. Sigue viviendo a caballo entre Bangkok y Kioto pero en este, su primer libro, al que después le siguieron otros, dejó testimonio de las más de tres décadas vividas hasta el momento de su escritura en 1993.
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Viaje al Canadá de Jack London

2 de abril de 2017

Jack London en el Yukón“Nada se movía. El Yukón dormía bajo una capa de hielo de tres pies de espesor. No soplaba el viento. Tampoco la savia se movía en los corazones de los abetos que cubrían a cada palmo las riberas de los ríos. Los árboles, cargados hasta el ultimo gramo infinitesimal de nieve que sus ramas podían sostener, se erigían en una petrificación absoluta”.

Jack London tenía 21 años cuando cogió la fiebre del oro del Yukón y se incorporó como minero en el Klondike, al oeste de Canadá, cerca de la frontera con Alaska. Como él, decenas de miles de expedicionarios arriesgaron su vida en pos de un sueño que acabó convirtiéndose en pesadilla. Así lo narraba el escritor en The Gold Hunters of the North:

“Se olvidaron del mundo y de sus costumbres, así como el mundo se olvidó de ellos. Se alimentaban de caza cuando la encontraban, comían hasta hartarse en tiempos de abundancia y pasaban hambre en tiempos de escasez, en su incesante búsqueda del tesoro amarillo. Cruzaron la tierra en todas las direcciones. Atravesaron innumerables ríos desconocidos en precarias canoas de corteza, y con raquetas de nieve y perros abrieron caminos por miles de millas de silencio blanco, donde nunca antes había andado un hombre. Avanzaron difícilmente, bajo la aurora boreal o el sol de medianoche, con temperaturas que oscilaban entre los 38ºC y los -70ºC, viviendo, en las dificultades de la tierra, de huellas de conejo y tripas de salmón”.

El invierno ártico acabó por deteriorar la salud de London: tenía la piel pálida, le dolían las articulaciones y las encías le sangraban. Después de meses comiendo habichuelas de primero, bacon de segundo y galletas de postres, había desarrollado un caso severo de escorbuto. Un sacerdote que ejercía a las veces de médico le aconsejó que regresara a casa si apreciaba en algo su vida.

Antes de abandonar el Territorio Yukón, dejó en una viga de su cabaña esta inscripción: “Jack London, Miner, Author, Jan 27, 1898”.

El Museo Jack London de Dawson City ha reconstruido la choza donde el escritor pasó casi un año, utilizando la mitad del material original (la otra mitad está en Oakland, California, su ciudad natal).

Durante el año escaso que estuvo fuera, ganó cuatro dólares y medio de oro en polvo y algo más valioso que el preciado metal: inspiración para relatos como To Build a Fire.  “En Klondike me encontré a mí mismo”, dijo.

Información práctica para los fans: desde Canadá eTA  se tramitan visados para poder viajar por el Yukón tras los pasos de Jack London.

Jack London, viaje a canadá, viaje de aventura

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