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Eva en los mundos

Escritoras y cronistas

RICARDO MARTINEZ LLORCA

Editorial: LA LINEA DEL HORIZONTE EDICIONES
Lugar: ESPAÑA
Año: 0
Páginas: 188
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo

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Es tiempo de tormentas y sobre ellas han escrito, y lo hacen hoy, mujeres de un talento extraordinario para la crónica. En este mes de marzo queremos dar voz y presencia a algunas de las que más nos gustan: Svetlana Aleksiévich, Sofía Casanova, Carmen de Burgos, Joan Didion, Hayasi Fumiko, Helen Garner, Martha Gellhorn, Leila Guerriero, Janet Malcolm, Edna O'Brien, Annemarie Schwarzenbach, Marina Tsvetaieva y Rebecca West. Eva en los mundos es una colección de perfiles escritos desde la admiración, porque la pasión la ponen ellas. Pertenecen a diferentes épocas, geografías y culturas pero todas ellas comparten una mirada singular sobre la realidad y un robusto sentido de la justicia.
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Histórico noticias



Viajes con Charley en busca de Estados Unidos

En otoño de 1960, John Steinbeck emprende una vuelta por Estados Unidos a bordo de su camioneta Rocinante y con su perro Charley como acompañante. Unos veinte mil kilómetros huyendo de la tiranía de los mapas y en busca de los rincones más auténticos de su país.

14 de julio de 2014

John Steinbeck detestaba a los críticos, le daban miedo los honores y premios, no era competidor. Con cincuenta y ocho años, escritor consagrado, viajero, corresponsal  y guionista, se propone sentir de nuevo su país. Quiere, además, ir solo, para demostrarse a sí mismo que la edad aún no le ha restado energía, pues ya ha tenido algunos avisos serios. El viaje es, pues, como todos los interesantes, exterior e interno.

A principios de otoño de 1960 emprende la vuelta a los Estados Unidos, empezando desde Nueva York hacia el norte, Maine, cruzando por el Midwest, bajando por el Pacífico y volviendo por Arizona, Texas y Nueva Orleans hacia el punto de partida. Unos veinte mil kilómetros con Rocinante (el autor fue un gran amante y conocedor de la cultura española), que era una camioneta General Motors adaptada para dormir en ella. Clásicos de los Estados Unidos son los travelogues, las epifanías de los espacios abiertos, de la libertad de las eternas carreteras, como On the road, de Kerouac, uno de los más conocidos. Me recuerda también lo que hizo años más tarde Julio Cortázar con Carol Dunlop en la Kombi Volkswagen, bautizada Fafner, que describió en Los autonautas de la cosmopista.

Huyendo de “la tiranía de los mapas” (lo que le hace cómica e irremediablemente perderse varias veces), Steinbeck busca los rincones de su país, no lo monumental y lo obvio (con sus inteligentes dudas sobre el concepto de parque nacional), y habla con camareros, cazadores, granjeros, taxistas, viajeros y vagabundos. Truena contra las autopistas, que conseguirán que se pueda atravesar el país “sin ver absolutamente nada”, contra los atascos y la confusión de las ciudades. Y va describiendo, sin juzgar, lo que ve, los trabajos y los días de sus compatriotas

Sabe percatarse de esa civilización del consumo y del desperdicio, del “crecimiento carcinomatoso” de la construcción desaforada y fea (en  California, sobre todo), casi una premonición de lo que sería pocas décadas después.

El libro tiene mucho humor, no sea más que por el diálogo sin palabras con su extravagante perro, Charley, lleno de personalidad, que Steinbeck describe de manera divertida y cariñosa. Cada diez o doce páginas, Charley se convierte en protagonista e interlocutor, con sus ocurrencias, desplantes y simpáticas rarezas. Es un truco perfecto de escritor para aligerar el relato y restarle egotismo. El escritor decía que se dividía siempre en tres: el narrador, el que criticaba lo que veía y un tercero que los ponía en relación. Esto aparece en algunos de los encuentros del viaje: el viajero, el granjero y el perro.

El viaje está situado hábilmente en su contexto histórico, pero sin caer en la crónica, como el zapatazo de Krushov en la ONU o la lucha contra la discriminación racial en las escuelas del Sur. Nos describe perfectamente algo que vio y que el pintor Norman Rockwell inmortalizó en el cuadro de la niña negra  acompañada de cuatro marshalls para ir a la escuela en Nueva Orleans, en medio de las pitadas y odio de muchos racistas. El cuadro The problem we all live with cuelga hoy en la Casa Blanca, solicitado en préstamo por Obama al museo Rockwell de Massachusetts.

The Problem We All Live With,1964.

Norman Rockwell.

Hay una simpatía y afecto por sus compatriotas (excepto por unos cuantos racistas con los que se topa) y un respeto por su país. Al hilo de su periplo va percibiendo los cambios, no siempre positivos; deplora que se vayan perdiendo los acentos y formas de hablar, debido a la radio y la televisión; la comida empaquetada en celofán le hace añorar los platos de Francia e Italia; los miles de pavos –seres depresivos para él– que esperan resignados el Día de Acción de Gracias.

También, sin pretensiones, nos descubre algo de los viajes, que no empiezan ni acaban cuando estamos en el trayecto, en los que no coincide lo físico con lo psíquico. El suyo termina antes de llegar y empieza mucho antes de partir.

La forma de escribir es ágil, como en tantos norteamericanos, con los adjetivos justos, los precisos, y se nota que Steinbeck, que fue gran amigo de Elia Kazan, conoce cómo ir describiendo un paisaje sin pararse necesariamente. Por ejemplo, su descripción del huracán Donna, al principio del libro, antes de emprender viaje, son tres páginas magistrales. Sin énfasis ni tremendismo, simplemente como poner una cámara a filmar lo que va sucediendo.

Y como dijo él, “supongo que me asusta escribir fin en un libro por temor a ser yo mismo quien acaba”, pues al lector también le gustaría que este viaje durase algo más. Pero también puede explorar otros libros de viajes de Steinbeck como Diario de Rusia (1948), con fotos de Capa, o Por el mar de Cortés (1941).

La edición es muy buena, como todo lo que hace Nórdica, aunque un simple mapa del itinerario, tal y como aparece en la edición de Penguin Classics, hubiera sido bienvenido, sobre todo para el lector español.

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