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Wakayama, viaje a un sueño preciado

Oyó hablar del Kumano Kodo cuando le quedaban unos días para llegar a Compostela. Eran las dos únicas rutas de peregrinación del planeta reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Entendió que su camino no acababa en la ciudad gallega, ni siquiera en Finisterre…

13 de diciembre de 2018

Cuando ella camina no le interesan sus pasos, va pendiente de cómo avanzan otras huellas. Esas que a primeras horas de la mañana apenas se marcan en el suelo y se distancian unas de otras, pero que a la caída del sol se hunden como si el cuerpo fuera más pesado o viniera cansado, y las pisadas se juntan, acortando la distancia entre ellas.

Oyó hablar del Kumano Kodo cuando le quedaban unos días para llegar a Compostela. Eran las dos únicas rutas de peregrinación del planeta reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. No sabía con seguridad dónde localizar en el mapa la prefectura de Wakayama, pero entendía que su camino no acababa en la ciudad gallega, ni siquiera en Finisterre, ese dedo de tierra en el mar que alberga en su balcón rocoso el desembarco del caminante. Entendía que el océano tenía que continuar hasta tocar la arena del país del sol naciente, que su camino le llevaba irremediablemente al otro lado del mundo.

Viaje a Japón

Viaje a Japón

Wakayama fue durante meses su sueño más preciado y el más frágil, porque nunca se está del todo seguro de cuándo y cómo los viajes se harán realidad. Y ahora, al regresar de Japón, ella se funde entre postales e imágenes y examina dónde colocar las palabras, cómo relatar lo que no tiene final. Se agarra al cristal del vaso y ve que preparó el té verde tan claro como lo hacen en Japón, apenas un tono que mancha el agua caliente y un aroma venerado por su olfato. Esta bebida contiene para ella la naturaleza de una divinidad que aquieta sorbo a sorbo sus perplejidades humanas.

Al escribir, quería romper el orden cronológico de sus notas, pero finalmente se vio siguiendo sus marcas, la disposición de sus frases en las hojas. El viaje arrancaba en el templo Jison-in, a los pies del monte Koya o Koyasan. Fue el primer lugar donde sintió que aquel viaje tenía un propósito ignoto. Era mujer y madre, también hija y nieta, sus senos habían albergado la leche que alimentó a su hija durante muchos más meses de los que ella se habría sentido capaz. Aquel templo que inauguraba Wakayama estaba ligado a los pechos femeninos y en su cuaderno anotó: “dedicado al alma femenina de cualquier mujer”. Koyasan estuvo cerrado a las mujeres hasta el año 1800, pero hoy muchas peregrinas vienen a Kumano Kodo y comienzan en este templo. Allí se inicia la ruta Choishi-michi que lleva hasta la entrada Daimon de Koyasan, el centro monástico del budismo shingon fundado hace más de mil doscientos años por un monje llamado Kukai, conocido como Kobo Daishi.

Hubo más de dos mil templos durante la era Edo (1603-1868), de ellos se conservan más de un centenar y cincuenta y dos ofrecen alojamiento. En japonés, shukubo nombra la experiencia de recogerse, de dormir en un templo, y ella durmió. De aquellas dos noches, los detalles están vivos, por eso vuelve a sentir sus rodillas apoyadas en el tatami mientras observaba al monje servir con lentitud el té en pequeños cuencos. Estaban las ceremonias y meditaciones de los monjes a las que se unió durante su estancia, y estaban los ritos de las zapatillas a la entrada de los cuartos. “Antes de entrar en cualquier habitación, de pisar el tatami, me descalzo. Para salir a los pasillos uso un calzado que abandono a la entrada del baño, allí hay otro par de zapatillas de diferente color para andar por el interior. Cuando dejo el baño, recupero las primeras zapatillas, las de andar por el exterior y los pasillos, pero al llegar a la habitación, me descalzo de nuevo. Mis zapatos quedaron en el umbral de la puerta que separaba lo público y lo privado”.

Viaje a Japón

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Estaba ese momento de quitarse la yutaka, una bata de tela y estilo japonés que dejaban cuidadosamente doblada en una cesta, junto a un cinturón para atársela. Y estaba el momento de recostarse en el futón con aquella almohada baja llena de granos de soja, y el de pensar en el día mirando las láminas correderas que ella no cerraba del todo para, de madrugada, ver el jardín aparecer entre ellas. Estaba ese tiempo de la cena y el desayuno, donde descubrió la elaborada cocina vegetariana de los templos, shojin ryori, de vegetales, tofu y plantas silvestres comestibles, era la delicadeza extrema en pequeños bocados de colores claros que no siempre entendía el paladar.

Del monte Koya, ella anota con mayúsculas el cementerio de Okuno-in, el más antiguo de Japón, el lugar más sagrado de Koyasan, un hábitat espiritual del que el alma no sale indiferente. Caminó por la ruta Sando, sus dos kilómetros entre cedros y piedras, entre el musgo de las cortezas y las tumbas, entre miles de monumentos conmemorativos. En Okuno-in se entra en un ambiente etéreo que produce una sensación de reposo, donde se teje el extraño puente que une lo eterno y lo terreno. Ella repara en lo fácil que es morir y lo necesario que es vivir con el ánimo tranquilo. La senda termina en el conjunto de templos de Danjo-Garan, donde está el mausoleo Okuno-in Gobyo habitado por Kobo Daishi.

Por las montañas sagradas de Wakayama transcurren las rutas del Kumano Kodo, y a ella este paisaje le colma el pecho de ternura; por eso cuando llega al mirador conocido como Hyakkegura y contempla el atardecer sobre las colinas azules, entiende la fe que movió durante siglos a la familia imperial, a samuráis y a gente corriente, el impulso de atravesar este paraje en busca de lo que solo la naturaleza ofrece: vacío y belleza.

Viaje a Japón

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En el camino se asoma a los campos de té, a las cumbres y a las ramas como lo hace la lluvia. Visita Kumano Sanzan, el nombre que recibe el conjunto de los tres grandes templos, el de Kumano Hayatama Taisha, el Kumano Hongu y el templo Kumano Nachi Taisha, cada uno diferente pero los tres sobrecogedores. Ella enmarca entre sus frases el recuerdo del ascenso por Daimonzaka, la escalinata adoquinada que conduce a la catarata Nachi, una subida donde se respira el incienso de la divinidad que mora en la cascada más alta de Japón, 133 metros de altura, una meta sin relojes ni tiempos de llegada.

La experiencia de Koyasan y las rutas de Kumano Kodo contiene multitud de momentos que no se describen, se caminan, y por ello su cuaderno contiene muchas notas en blanco. Cuando deja Kumano apunta:

“Salgo con la intención de regresar, porque hay viajes que nunca se cierran, son esas vivencias en las se tiene la impresión de que el después prepara siempre un nuevo antes”.

Otra Wakayama espera detrás de los templos, porque ningún lugar tiene un solo rostro. Wakayama es también una tierra de árboles y agua, donde se mezclan muchos sabores: los de las frutas, el pescado fresco, las ciruelas saladas de las que se hace el umeboshi, el arroz o los condimentos esenciales de la cocina japonesa, como son la pasta de miso y la salsa de soja. Hace 750 años, la pequeña localidad de Yuasa se convirtió en la cuna de la salsa de soja, y aún conserva fábricas añejas donde aprender sobre la receta tradicional que data de los tiempos feudales, todo el proceso de elaboración es manual sin usar conservantes artificiales, y levanta olores que se pegan a las fosas nasales y estallan como pompas.

Viaje a Japón

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La costa en Wakayama está salpicada de belleza y misterio, con formaciones rocosas de aspecto asombroso. En los últimos días, ella esperó los cambios de luz sobre la piedra, amaneció frente a las rocas Hashigui-iwa, una línea recta de ochocientos cincuenta metros de peñas de diferentes tamaños como el esqueleto de un puente que parece no haber existido. También un atardecer junto al islote Engetsuto, aquel ojo fijo y sin párpado, abierto al horizonte. Los ryokan, que son alojamientos tradicionales japoneses, los hoteles y restaurantes son de una elegancia y una sencillez elevadas, propias de la estética japonesa, con un personal que acoge siempre con una inclinación y una sonrisa que reconforta el espíritu inquieto del viajero. Wakayama es un hermoso universo de sensibilidades, como también lo es Japón y la profunda relación de este país con la naturaleza.

Entre las líneas escritas, hay varias experiencias recuadradas en rojo, una es el contacto con la cultura de los onsen, los balnearios. Wakayama tiene una tradición centenaria de aguas termales, una costumbre tan arraigada en la vida japonesa, como lo está la reverencia que acompaña cada encuentro. Tras su primer onsen, ella describió cada baño visitado, cita lugares como Yunomine onsen, Kawayu onsen un balneario en el propio río y al aire libre, Ryujin onsen, Katsuura onsen. La experiencia de los onsen, decía, era la experiencia de ser una mujer entre mujeres de todas las edades, entregadas al lavado previo del cabello y el cuerpo para entrar en una inmersión pausada en el agua. Era una mezcla física y mental de relajación y purificación. Era un momento que parecía venido de los confines del tiempo o estar conectado con el origen de la vida, era tan bello y antiguo como los árboles del Kumano Kodo.

“Aquí estoy y estamos. Todas sumergidas en silencio, en una suerte de meditación en la balsa caliente. Aquí están nuestros movimientos femeninos y lentos si alterar la penumbra. Nuestros contornos curvos que aparecen para desaparecer en el vapor. Mi propia desnudez compartida de una forma natural y serena, mis arrugas, mis heridas, mis pechos desiguales y orgullosos de haber amamantado, mi piel caduca. Pongo sobre mi cabeza la pequeña toalla como he visto hacer a una mujer japonesa, y al salir me seco el rostro inundado de buenas emociones”.

Wakayama fue durante meses su sueño más preciado y el más frágil, porque nunca se está del todo seguro de cuándo y cómo los viajes se hacen realidad.

Viaje a Japón

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Con la colaboración del departamento de turismo de la prefectura de Wakayama.

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  • 14 de diciembre de 2018 a las 7:55

    Precioso articulo, el texto maravilloso y las fotos espectaculares. No me oermitió el sistema votar con 5 y me cogió solo dos y no me permitió corregir. Que sigamos dusfrutando de tus articulos y de tu experiencia. Gracias

    Por Ghassan Elkhouri